Un nombre maravilloso

 Poco después de la muerte del rey Salomón, nació un niñito en la tierra de Galaad, al este del río Jordán.

La Biblia no nos dice nada acerca de sus padres, ni siquiera sus nombres. Pero deben de haber sido muy buena gente, porque llamaron a su hijito Elías, que significa "Mi Dios es Jehová". ¡Que nombre maravilloso para un muchacho!

Sin duda que sus padres lo dedicaron a Dios desde el nacimiento, y oraron para que se desarrollara como un valiente y noble campeón de la verdad y la justicia.

De tiempo en tiempo, en su pequeño hogar, lejos de Jerusalén, se enteraban de las cosas terribles que ocurrían en la ciudad santa –cómo lo ídolos erigidos por las esposas de Salomón eran adorados por todas partes-, y reiteraban su firme resolución de que, no importara lo que ocurriera, ellos permanecerían leales a Jehová, el Dios de Abrahán, Isaac y Jacob.

Pronto recibieron noticias según las cuales Jeroboam, el nuevo rey de Israel, ¡había hecho becerros de oro y le habían; dicho al pueblo que ésos eran los dioses que los habían sacado de Egipto ! Así Elías creció en una época en que el pueblo estaba escogiendo entre la lealtad a Dios y la lealtad a los dioses paganos. Al hablar con otros muchachos que el conocía, algunos decían: "Nosotros adoramos a Baal: él es el mejor dios"; y otros: "A nosotros nos gusta Astoret; tendrías que ver lo que se hace ante ese dios"; y aun otros: "Nosotros vamos al templo de Moloc; las cosas son mucho más emocionantes allí" Pero Elías les decía con mucho valor: "Mi Dios es Jehová" Y nada podía moverlo de su determinación. Por mucho que los otros se burlaran de él, respondía: "Mi Dios es Jehová"

Cuanto más veía el mal que se hacía en nombre del culto de los ídolos, tanto más seguro estaba de que se hallaba en lo recto. ¿Cómo podía la gente estar tan ciega y tan extraviada, se preguntaba él, como para pensar que a Dios le agradaba toda esa maldad? ¿Cómo podían creer que él quería que se quemaran niñitos como sacrificios, como se hacía en el templo de Moloc? Todo aquello estaba tan mal, era tan decididamente perverso, que resolvió consagrar su vida y todo lo que poseía a la tarea de enseñar a la gente acerca del verdadero Dios.

Al hablar con otros muchachos y niños, al mezclarse con la gente en el mercado de la aldea, o solo en la ladera de la montaña, se repetía una y otra vez: "Mi Dios es Jehová", "Mi Dios es Jehová". De manera que su nombre llegó a ser parte de sí mismo. Y la gente llegó a conocerlo como el joven extraño que odiaba a los ídolos y adoraba al Dios del cielo. Los que lo conocían afirmaban que estaba chapado a la antigua, que se hallaba fuera de época. Le decían que no llegaría a ninguna parte en vida si conservaba esas ideas tan tontas. Pero el ojo de Dios estaba sobre él. ¡Allí había un muchacho a quien el Señor podía usar¡ ¡ Aquí estaba el campeón a quien él buscaba! ¡Y que destino era el suyo!

Hoy en día, casi tres mil años más tarde, "tiende Jehová sus ojos por toda la tierra para sostener a los que tienen paz con él corazón perfecto". Por doquiera sus oídos prestan atención esperando ávidamente las preciosas palabras de lealtad: ¡Mi Dios es Jehová !" ¡ Benditos sean los muchachos y las niñas que las pronuncian de una manera sincera y con corazón llenos de amor! ¡Qué destino les espera! ¡Cuánto hará Dios por ellos, aquí y en el más allá!

Tú también puedes ser un muchacho -o una niña – con un nombre maravilloso- Haz la misma decisión que hizo Elías.

Di ahora mismo: "Mi Dios es Jehová", y vive de acuerdo con ese lema.

 
 

 

 

 

 

 

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