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La Actitud Debida en la oración

 

Mensajes Selectos Tomo 2

HE RECIBIDO cartas en las que se me preguntaba acerca de la actitud que debía adoptar una persona que ofrecía una oración al Soberano del universo. ¿ De dónde han sacado nuestros hermanos la idea de que deben permanecer de pie mientras oran a Dios? A uno que se había educado por cinco años en Battle Creek se le pidió que guiara en oración antes de que la Hna. White hablara al pueblo. Pero al verlo permanecer de pie cuando sus labios estaban por abrirse para orar a Dios, experimenté la viva necesidad de reprocharlo directamente. Lo llamé por su nombre y le dije: "Arrodíllese". Esta es siempre la posición correcta.

"Y él se apartó de ellos a distancia como de un tiro de piedra; y puesto de rodillas oró" (Luc. 22: 41). "Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó" (Hech. 9: 40). "Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: Señor, no les tomes en cuenta este pecado. Y habiendo dicho esto, durmió" (Hech. 7: 59, 60).

"Cuando hubo dicho estas cosas, se puso de rodillas, y oró con todos ellos" (Hech. 20: 36).

"Cumplidos aquellos días, salimos, acompañándonos todos, con sus mujeres e hijos, hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la playa, oramos" (Hech. 21: 5). 360

"Y a la hora del sacrificio de la tarde me levanté de mi aflicción, y habiendo rasgado mi vestido y mi manto, me postré de rodillas, y extendí mis manos a Jehová mi Dios, y dije: Dios mío, confuso y avergonzado estoy para levantar, oh Dios mío, mi rostro a ti, porque nuestras iniquidades se han multiplicado sobre nuestra cabeza, y nuestros delitos han crecido hasta el cielo" (Esd. 9: 5, 6).

"Venid, adoremos y postrémonos; arrodillémonos delante de Jehová nuestro hacedor" (Sal. 95: 6).

"Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo" (Efe. 3: 14). Y todo este capítulo, si el corazón es receptivo, constituirá una de las más valiosas lecciones que podamos aprender.

La actitud debida cuando se ora a Dios consiste en arrodillarse. Se requirió este acto de culto de los tres hebreos cautivos en Babilonia... Pero ese acto constituía un homenaje que debe rendirse únicamente a Dios, Soberano del mundo y Gobernante del universo; y los tres hebreos rehusaron tributar ese honor a ningún ídolo, aunque estuviera hecho de oro puro. Al hacerlo así, se habrían estado postrando en realidad ante el rey de Babilonia. Al rehusar hacer lo que el rey había ordenado, sufrieron el castigo y fueron arrojados al horno de fuego ardiendo. Pero Cristo vino en persona y anduvo con ellos en medio del fuego, y no recibieron daño.

Tanto en el culto público como en el privado, nuestro deber consiste en arrodillarnos delante de Dios cuando le ofrecemos nuestras peticiones. Este acto muestra nuestra dependencia de él.

En ocasión de la dedicación del templo, Salomón se puso delante del altar. En el atrio del templo había una plataforma de bronce, y después de subir a ella, extendió sus manos al cielo y bendijo a la inmensa congregación de Israel, y toda la congregación de Israel estaba de pie...

"Porque Salomón había hecho un estrado de bronce de cinco codos de largo, de cinco codos de ancho y de altura de 361 tres codos, y lo había puesto en medio del atrio; y se puso sobre él, se arrodilló delante de toda la congregación de Israel, y extendió sus manos al cielo" (2 Crón. 6: 13).

La prolongada oración que pronunció era apropiada para la ocasión, estaba inspirada por Dios, y revelaba sentimientos de la más elevada piedad mezclados con la humildad más profunda.

Un descuido creciente

Al presentar estos pasajes probatorios pregunto: "¿Dónde obtuvo su educación el Hno. H?" En Battle Creek. ¿Es posible que a pesar de toda la luz que Dios ha dado a su pueblo acerca del tema de la reverencia, los ministros, los directores y los profesores de nuestros colegios, por precepto y ejemplo, enseñen a los jóvenes a permanecer erguidos durante la devoción tal como lo hacían los fariseos? ¿Debemos considerar esto como una señal de suficiencia propia y de la importancia que se atribuyen a sí mismos? ¿Han de tornarse prominentes estos rasgos? "A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto de pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano" (Luc. 18: 9-12). Notad que fue el fariseo lleno de justicia propia el que no ocupaba una posición humilde y reverente delante de Dios; pero puesto de pie lleno de altiva suficiencia propia le habló al Señor de todas sus buenas obras. "El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo" (Luc. 18: 11); y SU oración no se elevó más arriba de su propia altura.

"Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió 362 a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido" (Luc. 18: 13, 14).

Esperamos que nuestros hermanos no manifestarán menos reverencia y respeto cuando se aproximan al único Dios verdadero y viviente, que la que manifiestan los paganos por sus deidades idolátricas, porque en caso contrario esa gente nos juzgará en el día de la decisión final. Quiero dirigirme a todos los que ocupan el puesto de profesores en nuestras escuelas. Hombres y mujeres, no deshonréis a Dios con vuestra irreverencia y ostentación. No estéis en pie con una actitud farisaica al ofrecer vuestras oraciones a Dios. Desconfiad de vuestra propia fuerza. No confiéis en ella, sino postraos con frecuencia de rodillas delante de Dios para adorarle.

Con las rodillas dobladas

Y cuando os reunís para adorar a Dios, cuidad de arrodillaros delante de él. Demostrad por medio de este acto que vuestra alma, vuestro cuerpo y vuestro espíritu están por entero sometidos al Espíritu de verdad. ¿Quiénes han escudriñado detenidamente la Palabra para buscar ejemplos y dirección en este asunto? ¿En quiénes podemos confiar como maestros en nuestros colegios en los Estados Unidos y en los países extranjeros? Después de años de estudios, ¿han de regresar los estudiantes a sus propios países con ideas falseadas acerca del respeto, la honra y la reverencia que deberían tributarse a Dios, y no sentir la obligación de honrar a los hombres de cabellos grises, a los hombres de experiencia, a los siervos escogidos por Dios que se han relacionado con la obra de Dios durante casi todos los años de su vida? Aconsejo a todos los que asisten a los colegios en los Estados Unidos o en cualquier otro lugar, a que no se contagien del espíritu de irreverencia. Aseguraos de comprender por vosotros mismos qué clase de educación necesitáis, a fin de poder educar a otros para que obtengan una preparación del carácter 363 que soporte la prueba que muy pronto sobrevendrá a todos los que viven en la tierra. Andad en compañía de los cristianos más sólidos. No elijáis como compañeros a los instructores o alumnos presuntuosos, sino a los que manifiestan una mayor piedad y a los que revelan tener comprensión de las cosas de Dios.

Vivimos en tiempos peligrosos. Los adventistas profesan ser el pueblo de Dios que guarda los mandamientos, pero están perdiendo su espíritu de devoción. El espíritu de reverencia a Dios enseña a los hombres cómo deben aproximarse a su Hacedor: con santidad y respeto mediante la fe, no en sí mismos, sino en un Mediador. Así es como el hombre se mantiene seguro bajo cualquier circunstancia en que se lo coloque. El hombre debe ponerse de rodillas, como un súbdito de la gracia, cuando suplica ante el estrado de la misericordia. Y puesto que recibe diariamente los dones de la mano de Dios, siempre debería tener gratitud en el corazón y expresarla en palabras de agradecimiento y alabanza por esos favores inmerecidos. Los ángeles han guardado su camino durante toda su vida, y no ha visto muchas de las trampas de las que ha sido librado. Y en vista de esa protección y esos cuidados prestados por seres cuyos ojos nunca dormitan ni duermen, debe reconocer en cada oración el servicio que Dios realiza por él.

Todos deberían apoyarse en Dios en su desvalimiento y necesidad cotidianos. Deberían mantenerse humildes, vigilantes y en actitud de oración. La alabanza y el agradecimiento deberían expresarse en términos de gratitud y amor sincero a Dios.

Cuando están en compañía de los justos y en la congregación deberían alabar al Altísimo. Todos los que reconocen su relación vital con Dios deberían estar delante del Señor como testigos suyos, y expresar el amor, la misericordia y la bondad de Dios. Que las palabras sean sinceras, sencillas, fervorosas y coherentes; que el corazón arda de amor a Dios; 364 que los labios estén santificados para tributarle gloria, no sólo para dar a conocer las misericordias de Dios en la congregación de los santos, sino para ser sus testigos en todo lugar. Los habitantes de la tierra deben saber que él es Dios, y que es el Dios único y viviente.

Debería haber un conocimiento bien fundado acerca de la forma como acudir a Dios con reverencia, temor piadoso y amor devocional. Está aumentando la falta de reverencia hacia nuestro Hacedor, y está creciendo la desconsideración por su grandeza y su majestad. Pero Dios nos habla en estos días finales. Oímos su voz en la tormenta y en el retumbar del trueno. Nos enteramos de las calamidades que él permite que ocurran, tales como los terremotos, las inundaciones y la acción de los elementos destructivos que barren con todo lo que encuentran a su paso. Oímos hablar de barcos que se hunden en el mar tempestuoso. Dios habla a las familias que han rehusado reconocerlo, algunas veces por medio de los tornados y las tormentas, otras veces lo hace cara a cara como lo hizo con Moisés. Además, susurra su amor al niñito confiado y al anciano padre en su chochez. Y la sabiduría terrenal adquiere su sentido más pleno cuando contempla lo invisible.

Cuando se oye la voz apacible y delicada que sobreviene después del torbellino y la tempestad que arranca las rocas, que todos cubran sus rostros, porque Dios está muy cerca. Que se oculten en Jesucristo, porque él es su lugar de protección. La hendidura de la roca queda protegida con su propia mano horadada, mientras el humilde buscador espera en actitud de recogimiento para escuchar lo que el Señor tiene que decir a su siervo (Manuscrito 84b, 1897).

Ningún lugar es inadecuado para orar

No hay tiempo o lugar en que sea impropio orar a Dios. No hay nada que pueda impedirnos elevar nuestro corazón en ferviente oración. En medio de las multitudes de las 365 calles o en medio de una sesión de nuestros negocios, podemos elevar a Dios una oración e implorar la dirección divina, como lo hizo Nehemías cuando presentó una petición delante del rey Artajerjes (El camino a Cristo, pág 99.).

Podemos comulgar con Dios en nuestros corazones; podemos andar en compañerismo con Jesús. Mientras atendemos a nuestro trabajo diario, podemos exhalar el deseo de nuestro corazón, sin que lo oiga oído humano alguno; pero aquella palabra no puede perderse en el silencio, ni puede caer en el olvido. Nada puede ahogar el deseo del alma. Se eleva por encima del trajín de la calle, por encima del ruido de la maquinaria. Es a Dios a quien hablamos, y él oye nuestra oración (Obreros evangélicos, pág. 271).

No siempre es necesario arrodillarse para orar. Cultivad la costumbre de conversar con el Salvador cuando estéis solos, cuando andéis o estéis ocupados en vuestro trabajo cotidiano (El ministerio de curación, pág. 408). 366






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