El Enemigo N°. 1

El Enemigo No. 1

Allan R. Magie

 

EL ALCOHOLISMO es el enemigo N°. 1 de los latinoamericanos, de los norteamericanos y de los europeos. Sin embargo, en ninguna parte se lo combate como es debido. La gente en general considera el alcohol como una bebida y lo acepta como parte normal de su vida.

 Los productores de cerveza, vino y bebidas fuertes mantienen constantemente en pie una intensa y costosa campaña publicitaria que ha inducido a miles de personas a incluir las bebidas alcohólicas como parte normal de su estilo de vida.

 

El consumo de cerveza, vino y bebidas espirituosas ha alcanzado niveles impresionantes en muchos países, incluyendo los Estados Unidos. Por ejemplo, el Estado de Nevada marcha a la cabeza de este país con un consumo promedio anual de bebidas alcohólicas de más de 220 litros por cada habitante de más de 14 años de edad. Pero es más alarmante aún el uso generalizado de bebidas alcohólicas entre la juventud de este país. De los aproximadamente 100 millones de bebedores norteamericanos, unos 10 millones son alcohólicos o van en esa dirección. Entre las muchas personas que mueren anualmente en las carreteras del país mencionado, cerca de 30 mil tienen alcohol en la sangre en el momento del accidente. La situación no es mejor en los países latinoamericanos y europeos.


    Nadie necesita consumir bebidas alcohólicas. No existe prueba alguna de que la salud mejore con su uso. Carece de valor nutritivo. Aunque proporciona calorías, el alcohol no contiene proteínas, minerales ni vitaminas.

A diferencia de los alimentos en general que deben ser digeridos y transformados antes de que d organismo humano pueda utilizar sus elementos nutritivos, el alcohol es absorbido directamente por el torrente sanguíneo sin experimentar ninguna transformación. Pasa rápidamente primero al hígado, y luego a todos los órganos, inclusive el cerebro. A los pocos minutos de haber sido ingerido, puede detectarse la presencia de alcohol en todos los tejidos, órganos y secreciones del cuerpo.

 

    Un nivel bajo da alcohol en la sangre, como el producido por la ingestión de un solo trago (28 gr. de alcohol puro), produce un efecto suave debido a que el alcohol deprime el sistema nervioso central. Las primeras zonas cerebrales que son afectadas corresponden al comportamiento aprendido, como el control de sí mismo. Después de uno o dos tragos, los controles característicos desaparecen momentáneamente, por lo que el bebedor puede, perder sus inhibiciones, lo cual lo lleva a actuar en forma característica, a hablar en exceso y a convertirse en el "alma de la fiesta".Otras personas se vuelven agresivas o deprimidas.

 

    La ingestión de tragos adicionales eleva el contenido de alcohol en la sangre a un nivel  que deprime aún más la actividad cerebral. Como resultado, se trastornan transitoriamente la memoria, la coordinación muscular y el equilibrio. La ingestión de nuevas dosis de alcohol deprime los centros cerebrales profundos, con lo que disminuye más aún la función de control de este órgano, se entorpecen las percepciones sensoriales y queda severamente afectado el juicio crítico. Si la persona sigue bebiendo, el alcohol termina por  anestesiar los niveles cerebrales más profundos y el bebedor puede tornarse inconsciente y hasta puede morir.

           

    Los bebedores ocasionales de cerveza, vino, whiski, a veces oyen decir que unos pocos tragos no hacen daño y que hasta podrían resultar beneficiosos. Sin embargo, ese concepto carece do apoyo científico. La verdad es que unos cuantos tragos pueden dañar el cuerpo del bebedor, y en ningún caso resultaran beneficiosos. Esta idea ha sido desacreditada en los últimos años. Un trago de licor no calentará el cuerpo en un día helado. El alcohol no es un antídoto contra la congelación de una parte del cuerpo producida por la, nieve o el hielo. No hay evidencia que indique que el alcohol ayude al corazón en su trabajo. No es un estimulante cardíaco.

           

Uno de los efectos del alcohol que debiera preocupar a los bebedores es una especie de sedimentación de la sangre. El alcohol aglutina los glóbulos rojos, por lo que la sangre circula con mayor lentitud. Este aglutinamiento produce diversas enfermedades.
 Cuando los glóbulos rojos aglutinados llegan a los delgadísimos capilares, podrían  obstruirlos, con lo que se produciría un déficit de oxigeno en una parte de un órgano o en el órgano completo. El aglutinamiento se detecta fácilmente en la red  de  capilares que irrigan la superficie transparente del ojo. Las personas que consumen una cantidad abundante de alcohol pueden experimentar pequeñas hemorragias en el tejido del ojo debidas a esta causa. 

 

    Mientras la incidencia de enfermedades mayores recientemente ha experimentado una disminución, no ha ocurrido lo mismo con el cáncer. Juntamente con una cantidad de otros factores ambientales, el alcohol se encuentra implicado en el aumento de algunos cánceres humanos en varios órganos del cuerpo como la boca, la garganta, la lengua y el esófago. Cuanto más bebe una persona, tanto mayor es el riesgo de desarrollar algunos de estos cánceres. Otros cánceres que, también se piensa, están conectados con el consumo de bebidas alcohólicas, son: el del hígado (hepatoma), del páncreas, de los intestinos, y de la parte superior del estomago.

    La cirrosis del hígado es una causa importante de enfermedad debilitadora y de muerte prematura entre los alcohólicos.

 

El primer cambio que se observa en el hígado después del consumo de bebidas alcohólicas es la acumulación de grasa en las células de diversos sectores hepáticos. Esta condición se conoce con el nombre de hígado graso. Este órgano se inflama, cambia tanto la estructura como la función de diversos tipos de células y algunas partes mueren. Como consecuencia, en todo el órgano se forman bandas fibrosas.

 

     La cirrosis es el cambio más grave que ocurre en la estructura del hígado. Esta enfermedad degenerativa es el resultado de una drástica transformación del tejido del hígado, de una pérdida de función y de una atrofia y engrosamiento del órgano. La muerte resulta inevitable cuando la enfermedad llega a este punto.

 

    Ya en el siglo XVIII la medicina había advertido que una madre que consumía bebidas alcohólicas podía dañar el feto en desarrollo. Algunos de los problemas que afectan a los hijos de madres bebedoras son: peso reducido al nacimiento, tamaño menor que el normal, crecimiento y desarrollo lentos y anormalidades del corazón, de la cara y de la estructura de los huesos de la cabeza. Una cantidad de otras anormalidades congénitas de origen desconocido se sospecha que también son causadas por el uso de bebidas alcohólicas por la mujer embarazada.

 

    Cuando se bebe alcohol, todos los tejidos del organismo quedan afectados en una forma u otra, porque debido a que es transportado por la sangre, puede llegar prácticamente a todos los tejidos y células del organismo.

 

El alcohólico tiene una resistencia disminuida contra numerosas infecciones.
 

    La desnutrición se observa comúnmente entre los alcohólicos. Generalmente se debe a que éste consume menos alimentos. Pero aunque el bebedor tenga un régimen de alimentación adecuado, el consumo de alcohol puede producir desnutrición al interferir con el proceso normal de la buena digestión y de la absorción de los alimentos. Como resultado, se produce una digestión insuficiente.

    Antes se creía que, mientras una persona estuviera bien alimentada, podía beber cualquier cantidad de alcohol sin recibir daño alguno. Hoy  en cambio, se considera errónea esta creencia. Numerosos estudios recientes han demostrado que el consumo de una cantidad suficiente de alcohol puede dañar gravemente el hígado independientemente de cuan bien alimentado se encuentre el bebedor.

 

Uno de las efectos más evidentes del alcohol sobre la existencia humana es el que produce en los conductores de vehículos y los operarios de toda clase de maquinaria. Cada año, miles de personas mueren como consecuencia de accidentes automovilísticos e industriales, en los países latinoamericanos y en el resto del mundo, el alcohol disminuye la fuerza muscular, la coordinación manual y el tiempo de reacción. Debido a esto, el bebedor frecuentemente se ve envuelto en accidentes graves o fatales.

 

Un trago vuelve más lentos los reflejos de una persona. Esto incluye aun una pequeña cantidad de vino, que retarda la coordinación de los ojos y la percepción a través de ellos hasta el punto de poner en serio peligro la capacidad de conducir un vehículo.

 

Nadie debe suponer que el alcohol es inofensivo. Al contrario, se trata de una droga que puede resultar mortífera.

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