Carta 1: La encarnación - ¿Estuvo Cristo exento?

Cartas a las Iglesias por M.L. Andreasen.

 La palabra “encarnación” deriva de dos palabras latinas, in carnis, lo cual significa “en carne” o “en la carne”. Como un término teológico, denota el hecho “de Jesús tomar la forma y la naturaleza humana, concebido como el Hijo de Dios”. En este sentido usa Juan la palabra cuando dice, “De esta manera conocéis el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo vino en la carne es de Dios”.
 “Y todo espíritu que no confiesa que Jesús Cristo vino en la carne no es de Dios” (1 Juan 4:2-3). Esto muestra que la encarnación es una prueba de discipulado, ya que indudablemente está queriendo decir que es mucho más que una simple creencia en la apariencia histórica de Cristo.
 La venida al mundo de una nueva vida, el nacimiento de un bebé, es en sí misma un milagro. Infinitamente más debe ser la encarnación del propio Hijo de Dios. Permanecerá siempre como un misterio para la comprensión humana. Todo lo que el hombre puede hacer es aceptarlo como siendo parte del plan de la redención, el cual ha sido gradualmente revelado desde la caída del hombre en el Edén.
 Por razones que no podemos explicar, Dios permitió el pecado. Al así hacerlo, sin embargo, Él también proveyó un remedio. Este remedio contempla el plan de la redención y está ligado con la encarnación, la muerte, y la resurrección del Hijo de Dios. No puede ser concebido que Dios no supiera lo que le iba a costar la creación; y el consejo de paz que decidió este punto, debe haber incluido provisiones para cada contingencia. Pablo llama a este plan de la “sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios ordenó antes de los siglos para nuestra gloria” (1 Cor. 2:7).


 La frase “antes del mundo” (NT: así dice en la KJV) significa antes de que hubiera creación de cualquier especie. De esta manera el plan de salvación no fue un pensamiento posterior (a la creación). Fue “preordenada”. Aún cuan-do Lucifer pecó, el plan no fue completamente revelado, sino que “fue mantenido en silencio a través de los tiempos eternos” (Rom. 16:25). Para esto Dios no dio ninguna razón. Pablo nos informa “que por la revelación Él (Dios) me hizo saber el misterio ... “el misterio de Cristo ... el cual en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu” (Efe. 3:3-5).

Se hizo.-

 Existen dos palabras en la epístola a los Hebreos que son de interés en este análisis. Estas son “se hizo” en el verso 10 del segundo capítulo, y “convenía” en el verso 17 del mismo capítulo.
 La palabra Griega para “se hizo” es “prepo”, y es definida como “conveniente, propio, adecuado, justo, gentil”. Pablo, que creemos que es el autor de Hebreos, es muy audaz cuando presume en atribuir un motivo a Dios y declara que es adecuado y justo para Dios hacer Cristo “perfecto a través del sufrimiento” (Heb. 2:10). Él considera “conveniente” por parte de Dios hacer esto; esto es, él lo aprueba. Al juzgar a Dios, él emula a Abraham, el cual fue aún más audaz que Pablo. No entendiendo lo que Dios intentó hacer, Abraham aconsejó a Dios que no lo hiciera. Le dijo, “¿Destruirás también al justo con el impío?”.
 “Lejos de ti el hacerlo así, que hagas morir al justo con el impío... ¡Nunca tal haga! El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?” (Gen. 18:23,25).

 Moisés también quiso amonestar a Dios e instruirlo. Cuando Israel danzó alrededor del becerro de oro, Dios le dijo a Moisés, “... Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira contra ellos y los consuma” (Éx. 32:10). Moisés trató de apaciguar a Dios y dijo, “¿Por qué, Jehová, se encenderá tu furor contra tu pueblo?”
 “Vuablar sobre algunos temas con sus santos; si, y con aquellos que no son santos. Su invitación a la humanidad es: “Ven y razonemos juntos” (Isa. 1:18). Dios está ansioso de comunicarse con su pueblo. Ni Abraham ni Moisés fueron rechazados por su audacia.

Debía ser (convenía).-

 La otra palabra sobre la cual queremos llamar la atención es “convenía”. (NT: en la RV95 dice: “debía ser”; en la ARA dice: “convenía”; en la KJV dice: “behoved”, correspondía, convenía). Hablando de Cristo, Pablo dice, “Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo Sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo” (Heb. 2:17). Mientras “se hizo” en el versículo 10 es una palabra moderada, “debía ser” en el versículo 17 (ophilo en Griego) es una palabra contundente, y es definida como “bajo obligación”, “convenir”, “debe”, “debía”, “ligado”, “endeudado”, “deber”, “ser deudor de“. Si Cristo debe ser un sumo Sacerdote misericordioso y fiel, Pablo dice que debía ser “en todas las cosas” semejantes a sus hermanos. Esto es obligatoriedad. Es un deber del cual Él es deudor y que no debe evitar. No puede hacer una reconciliación para el hombre, a menos que tome su lugar con él y que se haga en todas las cosas semejantes a él. No es una cuestión de escoger. Él debía, tenía, tenía el deber de, está bajo la obligación de hacerlo, es deudor de... A menos que tuviese que batallar con las mismas tentaciones que tienen los hombres, no podría simpatizar con ellos. Uno que nunca ha tenido hambre, que nunca ha estado enfermo ni debilitado, que nunca ha batallado con las tentaciones, no está completamente capacitado para simpatizar con aquellos que son así afligidos.
 Por esta razón es necesario que Cristo fuese en todas las cosas semejantes a sus hermanos. Si tiene que ser afecta-do por los sentimientos de nuestras enfermedades, tiene que estar “rodeado de enfermedad” (Heb. 4:15; 5:2). Por lo tanto, si el hombre es afligido, Él también tiene que ser afligido “en todas sus aflicciones” (Isa. 63:9). El propio Cristo testifica: “Yo no fui rebelde, ni me volví atrás”.
 “Ofrecí mis espaldas a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban los cabellos; no escondí mi rostro de los que me afrontaban (humillaban, deshonraban) y me escupían” (Isa. 50:5-6 ARA). Él “mismo tomó nuestras debilidades, y llevó nuestras enfermedades” (Mat. 8:17). Cristo no se reservó (escatimó) en nada. No pidió ser exento de ninguna prueba o sufrimiento humano; y Dios no lo hizo exento de nada.

 Estas experiencias eran todas necesarias si Cristo debía ser un sumo Sacerdote misericordioso. Ahora, Él puede simpatizar con cada hijo de la humanidad; porque conoce el hambre por experiencia propia, y la enfermedad, y la debilidad, y la tentación, y la pena, y la aflicción, y el dolor, y el sentirse separado (abandonado, alejado) de Dios y de los hombres. Ha sido “en todos los puntos tentado así como nosotros lo somos, pero sin pecado” (Heb. 4:15). Es Cristo participando de las aflicciones y debilidades lo que lo habilita para ser el Salvador simpatizante que Él es.

¿Estuvo Cristo exento?

 Con estas reflexiones en mente, leemos con asombro y perplejidad, mezclado con pena, la declaración falsa que aparece en “Questions on Doctrine” en la página 383, que Cristo estaba “exento de las pasiones heredadas y de las poluciones que corrompen a los descendientes naturales de Adán”. Para apreciar la importancia de esta declaración, necesitamos definir lo que significa “exento” y “ pasiones”.
 El Diccionario Standard College define “exento” así: “Libre o excusado de alguna carga obligada; libre o exento de alguna restricción o carga”. El Diccionario Webster New World, Edición College, define “exento” como: quitar, liberar, dejar libre de alguna regla que otros tienen que observar; excusar, liberar ... libertar de una regla, obligación, etc., que obliga a otros; excusado, liberado, exento implica una liberación de alguna liberación o de algún requerimiento legal, especialmente cuando otros no son así liberados”.
 “Pasión” es definido como: “sufrimiento original o agonía ... cualquier emoción como odio, aflicción, amor, miedo, alegría; la agonía y los sufrimientos de Jesús durante la crucifixión o durante el periodo que siguió a la última Cena. La pasión normalmente implica una fuerte emoción que tiene un efecto compelente”. La pasión es una palabra abarcante. Aún cuando originalmente tenía relación con pena, sufrimiento, agonía, no queda confinada a estos significados ni a pasiones de la carne exclusivamente, sino que incluye todas las emociones del hombre como fueron mencionadas anteriormente, tales como rabia, pena, anhelo, piedad; incluyen, de hecho, todas las tentaciones que incitan al hombre a la acción. Sacarle estas emociones a un hombre, para hacerlo exento de toda tentación, lo convierte en una criatura inferior al hombre, una especie de no-hombre, la sombra de un hombre, una no-entidad, la cual Markham llama de “hermano buey”. Las tentaciones son los ingredientes que permiten conformar el carácter de la vida para el bien o para el mal, dependiendo de cómo reacciona el hombre ante ellas.
 Si Cristo fue exento de las pasiones de la humanidad, entonces fue diferente de los otros hombres, ninguno de los cuales estuvo exento. Una enseñanza tal es trágica, y totalmente contraria a lo que los Adventistas del Séptimo Día han enseñado y creído. Cristo vino como un hombre entre los hombres, no pidiendo ningún favor, ni recibiendo ninguna consideración especial. De acuerdo a los términos del pacto, no recibió ninguna ayuda de Dios que no estuviera disponible para cualquier ser humano. Ésta era una condición necesaria si su demostración hubiese de ser de algún valor, y su obra hubiese de ser aceptable. El menor desvío de esta regla invalidaría el experimento, anularía el acuerdo, invalidaría el pacto y destruiría realmente toda la esperanza del hombre.

 La acusación de Satanás ha sido siempre que Dios es injusto al requerir que el hombre guarde la ley, y doblemente injusto al castigarlo por no hacer lo que no se puede hacer, y lo que nunca nadie ha hecho. Su reclamación es que Dios debería por lo menos hacer una demostración para mostrar que puede ser hecho, y hecho bajo las mismas condiciones a las cuales el hombre está sujeto. Noé, Job, Abraham y David, fueron todos buenos hombres, pero todos fallaron en llegar al nivel que Dios les exigía. “Porque todos han pecado”, dice Pablo (Rom. 3:23).

 Dios no fue movido por causa del desafío de Satanás; desde mucho antes, aún desde la eternidad, Dios había decidido su curso de acción. De acuerdo a él, cuando llegó la plenitud del tiempo, Dios envió a “Su propio Hijo en la semejanza de carne pecaminosa, y por el pecado, condenó al pecado en la carne” (Rom. 8:3). Cristo no perdonó al pecado en la carne; Él lo condenó, y al así hacerlo confirmó el poder y la autoridad de la ley. Al morir en la cruz, reforzó aún más la ley al pagar la penalidad requerida tendría que vencer a Cristo, o perecer. Una cosa le preocupó mucho: ¿vendría Cristo a esta tierra como un hombre con sus limitaciones, debilidades y enfermedades que el hombre ha traído sobre sí mismo a causa de sus excesos? Si así fuese, Satanás creyó que podría vencerlo. Si Dios lo hiciese exento de las pasiones que corrompen a los descendientes naturales de Adán, él reclamaría que Dios estaba haciendo favoritismo, y entonces la prueba resultaría invalidada. En las siguientes citas tenemos la respuesta de Dios:
“Dios permitió que su Hijo viniera como un bebé indefenso, sujeto a la debilidad de la humanidad. Él permitió que enfrentase los peligros comunes a la vida de cada ser humano, que pelease la batalla como cada hijo de la humanidad tiene que pelearla, con el riesgo de poder fallar y tener una eterna pérdida” (DTG:49). “Muchos dicen que era imposible para Cristo ser vencido por la tentación. Entonces no podría haber sido puesto en el lugar de Adán ... Nuestro Salvador tomó la humanidad, con todas sus debilidades. Él tomó la naturaleza del hombre con la posibilidad de ceder a la tentación” (DTG: 117).

“Las tentaciones a las cuales Cristo estuvo sujeto fueron una terrible realidad. Como un agente libre, fue puesto a prueba con la libertad de ceder a las tentaciones de Satanás y de trabajar en los propósitos de la cruz con Dios. Si esto no fuese así, si no hubiese sido posible que cayese, no habría podido ser tentado en todos los puntos así como la familia humana es tentada” (Youth Instructor, 26 de Octubre de 1899).

“Cuando Adán fue asaltado por el tentador, ninguno de los efectos del pecado estaban sobre él. Estaba en pie en la fuerza de su perfecta humanidad, poseyendo el completo vigor de la mente y del cuerpo ... No fue así con Jesús cuando entró en el desierto para contender con Satanás. Durante cuatro mil años la raza había estado decreciendo en fuerza física, en poder mental, y en valor moral; y Cristo tomó sobre sí mismo las enfermedades de la humanidad degenerada. Sola-mente así podía rescatar al hombre de las más bajas profundidades de su degradación” (DTG: 117).


Cristo “derrotó a Satanás con la misma naturaleza sobre la cual Satanás obtuvo la victoria en el Edén. El enemigo fue vencido por Cristo en la naturaleza humana. El poder divino del Salvador estaba oculto. Él venció en la naturaleza humana, confiando en el poder de Dios. Este es el privilegio de todos” (Youth Instructor, 25 de Abril de 1901).

“Me han llegado cartas, afirmando que Cristo no pudo haber tenido la misma naturaleza del hombre, porque si la hubiera tenido, habría caído bajo tentaciones similares. Si Él no hubiese tenido la naturaleza humana, no podría ser nuestro ejemplo. Si no participó de nuestra naturaleza, no habría podido ser tentado como lo es el hombre. Si no le fuese posible ceder a la tentación, no podría ser nuestro ayudador. Fue una solemne realidad que Cristo vino a pelear las batallas como un hombre, en beneficio del hombre. Su tentación y victoria nos dicen que la humanidad debe copiar este Modelo; el hombre debe hacerse participante de la naturaleza divina” (Review and Herald, 18 de Febrero de 1890).

“Cristo cargó los pecados y las enfermedades de la raza tal cual existieron cuando Él vino a la tierra para ayudar al hombre ... Él tomó la naturaleza humana, y cargó las enfermedades de la raza degenerada” (Las Tentaciones de Cristo: 30-31).

 Si Cristo hubiese sido exento de pasiones, no habría estado capacitado para entender o ayudar a la humanidad. Por lo cual, debía ser semejante “en todas las cosas ... para que sea hecho semejante a sus hermanos, para que pueda ser un misericordioso y fiel sumo Sacerdote”.

 “Pues en cuanto Él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados” (Heb. 2:17-18). Un Salvador que nunca ha sido tentado, que nunca ha tenido que batallar con las pasiones, que nunca ha “ofrecido oraciones y súplicas con fuerte llanto y lágrimas delante de Aquel que estaba capacitado para salvarlo de la muerte”, quien “aún cuando era un Hijo” no aprendió a obedecer a través de estas cosas, que estaba “exento” de las cosas que un Salvador debe verdaderamente experimentar: tal salvador es lo que esta nueva teología nos ofrece. No es la clase de Salvador que yo necesito, ni tampoco el mundo. Uno que nunca ha enfrentado pasiones no puede entender su poder, ni nunca ha tenido el gozo de vencerlas. Si Dios le concedió favores especiales y exenciones a Cristo, en ese mismo hecho lo descalificó para su obra. No puede haber una herejía más dañina que ésta que aquí estamos analizando. Esto aleja al Salvador que yo he conocido y lo substituye con una personalidad débil, considerado por Dios como incapaz de resistir y conquistar las pasiones que Él le pide al hombre que venza.
 Es, desde luego, patente para todos, que nadie puede pretender que creamos en los Testimonios y al mismo tiempo que creamos en la nueva teología según la cual Cristo fue exento de las pasiones humanas. O bien es una cosa, o la otra. La denominación está siendo ahora llamada a decidir. Aceptar las enseñanzas de “Questions on Doctrine” implica abandonar la fe que Dios le ha dado a este pueblo.

Algo de historia.-

 Puede ser que al lector le interese saber la forma en que estas nuevas doctrinas fueron aceptadas por los dirigentes, y cómo vinieron a ser incluidas en “Questions on Doctrine”, y de esa manera recibieron un apoyo oficial.

 El problema de la naturaleza de Cristo mientras estuvo en la carne es uno de los pilares fundamentales de la Cristiandad. De esta doctrina depende la salvación del hombre. El apóstol Juan la convierte en un factor decisivo al decir, “Todo espíritu que confiesa que Jesucristo vino en la carne es de Dios”
 “Y todo espíritu que no confiesa que Jesús Cristo vino en la carne no es de Dios” (1 Juan 4:2-3). ¿En qué tipo de carne vino Jesús a esta tierra? Repetimos una cita que ya hemos dado antes: “Cristo tomó sobre Él mismo las enfermedades de la humanidad degenerada. Solamente así podía rescatar al hombre de las más bajas profundidades de su degradación” DTG: 117).

 Solamente colocándose a sí mismo al nivel de la humanidad que vino a salvar, podía Cristo mostrar al hombre cómo vencer sus enfermedades y pasiones. Si el hombre con el cual Él se asoció hubiese entendido que estaba exento de las pasiones con las cuales tienen que batallar los hombres, su influencia hubiera sido inmediatamente destruida y Él hubiera sido contado como un impostor. Su declaración, “Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33), sería aceptada como una jactancia deshonesta; porque sin pasiones no tenía nada que vencer. Su promesa de que “al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono” (Apoc . 3:21), sería enfrentada con la reclamación de que si Dios los hiciese también a ellos exentos de las pasiones, entonces ellos también podrían hacer lo que Cristo hizo.

 Que Dios hizo exento a Cristo de las pasiones que corrompen naturaleza era sensible a la menor ofensa, falta de respeto, o desprecio, su prueba fue más dura y sus tentaciones más fuertes que cualquiera que nosotros hayamos jamás enfrentado. Él resistió “aún hasta la sangre”. No, Dios no lo dispensó, no lo eximió. En su agonía, “ofreció oraciones y súplicas con fuerte llanto y lágrimas al que lo podía librar de la muerte, y fue oído a causa de su temor reverente” (Heb. 5:7). “Aunque era Hijo, aprendió a obedecer mediante las cosas que sufrió” (Heb: 5:8).

 En vista de todo esto, repetimos la pregunta, ¿cómo consiguió entrar esta doctrina que deshonra a Dios en nuestra denominación? ¿Fue el resultado de un estudio profundo y de oración, por parte de hombres competentes a través de los años, y fueron las conclusiones finales sometidas a la denominación en reuniones públicas, advirtiendo de antemano en la Review, dando los detalles de cuáles eran los cambios contemplados, tal como la denominación ha establecido como método correcto? Nada de esto fue hecho. Apareció un libro anónimo, y se oprimió y juzgó a todos aquellos que no concordaron.
 Aquí está la historia de cómo estas nuevas doctrinas encontraron un camino para entrar en la denominación, según informa el Dr. Donald Grey Barnhouse, editor del diario religioso protestante Eternity, en Septiembre de 1956, publicado en su revista, posteriormente publicado como un artículo con derechos de autor titulado “¿Son Cristianos los Adventistas del Séptimo Día?” Con la debida autorización estamos citando de ese artículo. Queremos resaltar que el Dr. Barnhouse nos advirtió que todo el contenido del artículo fue sometido a los hermanos Adventistas para que fuese aprobado antes de ser publicado. El hecho de que este informe ha estado siendo impreso por aproximadamente tres años y no ha aparecido ninguna corrección o protesta por parte de nuestros dirigentes, es un fuerte argumento en el sentido de confirmar que aceptaron la veracidad de la descripción.

 El Dr. Barnhouse informa que “hace un poco menos de dos años se decidió que el Sr. Martin debería emprender una investigación en relación con el Adventismo del Séptimo Día”. El Sr. Walter R. Martin era en aquel tiempo un candidato al grado de Doctor en Filosofía en la Universidad de Nueva York y también estaba ligado con el equipo editorial de la revista Eternity. Queriendo obtener  información fidedigna de primera mano, el Sr. Martin fue a Washington a la oficina central de los Adventistas, donde se encontró con algunos de los dirigentes. “La respuesta fue inmediata y entusiasta”.

 El Sr. Martin “percibió  inmediatamente que los Adventistas estaban negando fuertemente ciertas posiciones doctrinarias, las cuales habían sido anteriormente atribuidas a ellos”. Entre las más importantes de ellas estaba la marca de la bestia y la naturaleza de Cristo durante su encarnación. El Sr. Martin “les señaló que en la librería contigua al edificio donde se estaban llevando a cabo las reuniones, un cierto libro publicado por ellos y escrito por uno de sus ministros, decía categóricamente lo contrario a aquello que ellos estaban diciendo ahora. Los dirigentes buscaron el libro y descubrieron que el Sr. Martin estaba en lo correcto, e inmediatamente trajeron este hecho a la atención de los oficiales de la Conferencia General, diciendo que la situación tenía que ser remediada y que tales publicaciones tenían que ser corregidas”.

 Esto tenía relación con la doctrina de la marca de la bestia, una de las doctrinas fundamentales de la iglesia Adventista casi desde sus comienzos. Cuando los dirigentes descubrieron que el Sr. Martin llevaba razón, sugirieron a los oficiales que la situación fuese “remediada y que tales publicaciones tenían que ser corregidas”. Así se hizo. No estamos informados sobre qué publicaciones fueron así “remediadas y corregidas”, ni si sus autores fueron notificados antes de hacer los cambios, ni si el comité de los libros señalados fue consultado, ni si los editores de los libros o las casas publicadoras concordaron con estos cambios. Sabemos sin embargo, que en los libritos de la Escuela Sabática del segundo trimestre de 1958, que tenían relación con el libro de Apocalipsis capítulo por capítulo, el capítulo 13 que analizaba la marca de la bestia, fue completamente omitido. El capítulo 12 estaba ahí, y también el 14, pero no estaba el capítulo 13. Los libritos de la Escuela Sabática habían sido evidentemente “remediados y corregidos”.
 Es ciertamente anormal cuando un ministro o alguna denominación tiene influencia suficiente como para hacer que nuestros dirigentes corrijan nuestra teología, efectúen un cambio en las enseñanzas de la denominación en una doctrina vital de la iglesia, y aún irrumpan en las Escuelas Sabáticas del mundo y oculten de ellas las importantes lecciones de Apocalipsis 13. El que nuestros dirigentes acepten esto es equivalente a una abdicación de su liderazgo.

El mismo procedimiento.-

 Pero esto no es todo. El Dr. Barnhouse informa que se actuó de igual modo con respecto a la naturaleza de Cristo durante la encarnación, el asunto que hemos estado tratando aquí. Nuestros dirigentes le aseguraron al Dr. Martin que “la mayoría de la denominación ha mantenido siempre (la naturaleza de Cristo durante la encarnación) que era sin pe-cado, santa, y perfecta, a pesar del hecho de que algunos de sus escritores fueron a la imprenta ocasionalmente, publicando puntos de vista completamente contrarios y repugnantes a la mayoría de la iglesia”.

 Si nuestros dirigentes le dijeron esto al Sr. Martin, entonces le dijeron la mentira más grande que se puede decir, ya que la denominación nunca mantuvo otro punto de vista diferente al expresado por la Sra. White en las citas reproducidas en este artículo. Desafiamos a nuestros dirigentes, o a cualquiera, a que prueben sus aseveraciones. Es una declaración falsa, el que ciertos escritores fueron a la imprenta con puntos de vista “completamente repugnantes a la mayoría de la iglesia”. La Sra. White fue uno de esos escritores que “fueron a la imprenta”. Escuchen también lo que nuestro libro básico, “Bible Readings for the Home”, (Las Hermosas Enseñanzas de la Biblia) vendido por millones, tiene que decir al respecto. Tengo ante mí dos copias, una impresa por la Pacific Press en 1916, y la otra por la Southern Publishing en 1944. Ambas dicen lo mismo. Aquí están las enseñanzas aceptadas por la denominación:

 “En su humanidad Cristo participó de nuestra naturaleza pecaminosa. Si no fuese así, entonces Él no fue “hecho semejante a sus hermanos”, no fue “tentado en todos los puntos así como nosotros lo somos”, no venció así como nosotros tenemos que vencer, y no es, por eso, el completo y perfecto Salvador que el hombre necesita y tiene que tener para ser salvo. La idea de que Cristo nació de una madre inmaculada o sin pecado (los Protestantes no reclaman esto de la virgen María), que no heredó tendencias al pecado, y por esta razón no pecó, lo sustrae de la esfera de un mundo caído y del mismo lugar donde la ayuda es necesaria. En su parte humana, Cristo heredó justamente lo que cualquier hijo de Adán hereda: una naturaleza pecaminosa. En s ;n del pecado (Juan 3:3-7)” Página 21.

 En una explicación de cómo estos escritores “fueron a la imprenta” con sus puntos de vista, nuestros dirigentes le dijeron al Sr. Martin que “tenían algunos entre ellos que eran ‘lunáticos marginales’, así como hay locos irresponsables en cada campo del Cristianismo fundamental”. Evidentemente, eso es ir demasiado lejos. La Sra. White nunca estuvo entre los “lunáticos marginales” que fueron a la imprenta, como tampoco los autores de “Bible Readings for the Home” (Las Hermosas Enseñanzas de la Biblia). Nuestros dirigentes deberían pedir la más humilde disculpa a la denominación por tal calumnia hacia sus miembros. Es casi increíble que hayan hecho esas declaraciones. Pero las acusaciones han estado siendo impresas por casi tres años, y no ha habido ninguna protesta de ninguna especie. Estoy humillado de que tal acusación pudiera haber sido hecha, y aún más, de que nuestros dirigentes estén completamente insensibles en su actitud hacia ellos.

 El lector puede ver por sí mismo el informe del Dr. Barnhouse. Reproduzco aquí porciones del mismo: ¿Son Cristianos los Adventistas Del Séptimo Día? Este no es todo el informe, sino solamente aquella parte que está relacionada con las preguntas aquí analizadas. Posteriormente presentaré otras partes.
 “Un poco menos de dos años atrás se determinó que el Sr. Martin emprendiese una investigación en relación con el Adventismo del Séptimo Día. Entramos en contacto con los Adventistas diciendo que queríamos tratarlos con justicia y que apreciaríamos la oportunidad de entrevistar algunos de sus dirigentes. La respuesta fue inmediata y entusiasta”.

 “El Sr. Martin fue a Takoma Park, Washington, DC, a las oficinas generales del movimiento Adventista del Séptimo Día. Al principio los dos grupos se miraron el uno al otro con mucha desconfianza. El Sr. Martin había leído una gran cantidad de literatura Adventista y les presentó una serie de aproximadamente 40 preguntas relacionadas con la posición teológica de ellos. En una segunda oportunidad se le presentó una serie de páginas con respuestas detalladas a sus preguntas. Se percibió inmediatamente que los Adventistas estaban negando firmemente algunas posiciones doctrinales que antes se les habían atribuido. A medida que el Sr. Martin leía las respuestas de ellos, llegó, por ejemplo, a una declaración que repudiaba completamente el pensamiento de que la observancia del Sábado del Séptimo Día fuera una base para la salvación, y la negación de cualquier enseñanza de que la observancia del primer día de la semana significase el recibimiento de la “marca de la bestia” del anticristo. Él les señaló que en la librería contigua al edificio en el cual se estaban celebrando estas reuniones, un cierto libro publicado por ellos y escrito por uno de sus ministros, declaraba categóricamente lo contrario a aquello que ellos ahora estaban afirmando. Los dirigentes buscaron el libro, descubrieron que el Sr. Martin estaba en lo correcto, e inmediatamente trajeron este hecho a la atención de los oficiales de la Conferencia General, diciéndoles que esta situación debía ser remediada y que tales publicaciones debían ser corregidas. Este mismo procedimiento se repitió en relación con la naturaleza de Cristo durante la encarnación, que la mayoría de la denominación había siempre mantenido que era sin pecado, santa, y perfecta, a pesar del hecho de que algunos escritores hayan ocasionalmente ido a la imprenta con puntos de vista contrarios, completamente repugnantes a la mayoría de la Iglesia. Después le explicaron al Sr. Martin que tenían entre ellos algunos miembros ‘lunáticos marginales’, así como hay locos irresponsables en todas las áreas del Cristianismo fundamental. Esta acción de los Adventistas del Séptimo Día fue indicativa de pasos similares que se tomaron subsecuentemente”.

 “El libro del Sr. Martin a respecto de los Adventistas del Séptimo Día aparecerá en algunos meses. Va a traer un prefacio de algunos dirigentes responsables de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, para certificar que ellos no han si-do erróneamente citados en el libro y que en las áreas donde hay acuerdo y desacuerdo según lo muestra el Sr. Martin, se han expuesto de forma fidedigna sus puntos de vista, como también bajo el punto de vista evangélico nuestro. Todas las referencias del Sr. Martin a un nuevo libro Adventista sobre sus doctrinas (se llamaría 'Questions on Doctrine' (Preguntas sobre Doctrina)), se referirán a la primera versión (edición de prueba) de dicho libro, el cual será definitivamente impreso en coincidencia  con la publicación de la obra del Sr. Martin. De ahí en adelante toda crítica justa del movimiento Adventista deberá referirse a estas publicaciones simultáneas”.

 “La posición de los Adventistas nos parece a algunos de nosotros en algunos casos como siendo una nueva posición; para ellos tal vez sea meramente la posición del grupo mayoritario del liderazgo sano, el cual está determinado a colocar un freno a cualquier miembro que procure mantener puntos de vista divergentes de aquel que tiene el liderazgo responsable de la denominación”.

 “Para evitar acusaciones que les han formulado los evangélicos, los Adventistas han tomado las medidas necesarias para que el programa radial La Voz de la Esperanza y la revista más importante Signs of the Times, sean identificados como pertenecientes a la iglesia Adventista del Séptimo Día”.

  Para terminar este documento, quisiera hacer resaltar ciertos hechos:

 1.- Questions on Doctrine, página 383, declara que Cristo estuvo exento. El Espíritu de Profecía  deja claro que Cristo no estaba exento de las tentaciones y pasiones que afligen a los hombres. Cualquiera que acepte la nueva teología tiene que rechazar los Testimonios. No hay otra opción.

 2.- El Sr. Martin fue el instrumento empleado para que nuestra enseñanza sobre la marca de la bestia y la naturaleza de Cristo en la carne cambiaran. Cambios similares fueron hechos en otros libros, pero no fuimos informados cuales fueron esos cambios.

 3.- Nuestros dirigentes han prometido no hacer proselitismo. Esto efectivamente va a detener nuestra obra en el mundo. Y hemos prometido informar al Sr. Martin de aquellos que trasgredan esto.

 4.- Hemos sido amenazados de que se le aplicarían los frenos a quien lo haga, como siendo una falla en confiar y seguir a los dirigentes. Esto ha sido caracterizado como ser “irresponsable” y se ha dicho que constituye ser un “lunático marginal”.

 5.- Estamos espantados al ver que de alguna manera estos hombres evangélicos laicos hayan tenido suficiente in-fluencia con nuestros dirigentes como para hacer que la Voz de la Esperanza y Signs of the Times  hayan tomado las medidas tendentes a “evitar acusaciones que les han formulado los evangélicos”. Estas son noticias terribles. Estos organismo son instrumentos de Dios, y es increíble que los dirigentes puedan permitir que cualquier influencia externa los condicione. En esto se ha cometido un gran pecado contra la denominación, el cual solamente podrá ser limpiado a través de un profundo arrepentimiento por parte de las partes culpables, o bien, que los hombres implicados renuncien discretamente a su oficio sagrado.

 Nuestros miembros están grandemente desinformados de las condiciones existentes, y se está haciendo todo para mantenerlos en la ignorancia. Se han emitido órdenes para mantener todo en secreto, y se notará que aún hasta en la última sesión de la Conferencia General (1958) no hubo ningún informe por parte de nuestros dirigentes en el sentido de que han estado traficando con los evangélicos y han estado haciendo alianzas con ellos. Nuestros oficiales están jugando con fuego, y la conflagración resultante cumplirá la predicción de que el movimiento Omega “será de una naturaleza asombrosa”.
 Siete veces he solicitado una entrevista, y se me ha prometido una, pero solamente bajo la condición de que sostenga un encuentro privado con cierto hombre, y de que no se me daría ninguna grabación de las entrevistas. He solicitado una entrevista pública, o en el caso de que sea una entrevista privada, que sea hecha una grabación, y que yo reciba una copia. Esto se me ha negado. Como yo no he podido tener esa entrevista, estoy escribiendo estas cartas, las cuales contienen, y contendrán, lo que yo habría dicho en esa entrevista. ¿Puede el lector deducir las razones por las cuales los oficiales no quieren efectuar dicha entrevista?

 Soy un Adventista del Séptimo Día, y amo este mensaje que he predicado por tanto tiempo. Sufro profundamente cuando veo que los pilares fundamentales están siendo destruidos, cuando veo que las verdades benditas que han hecho de nosotros lo que somos, están siendo abandonadas.
 Estoy agradecido de gozar de buena salud, y deseo las bendiciones del Señor para cada lector. Hemos llegado a tiempos difíciles, y a cada uno corresponde el mantenerse de parte de Dios en estos tiempos peligrosos. Que el Señor esté contigo.

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Autor:  Pastor M. L. Andreasen
Impreso por:  Destinity Press
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   Palmwoods
   Queensland 4555 Australia



Última actualización  12 de Feb  2,002