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3. El hombre fósil- Australopithecus.-

En 1924, Raymond Dart encontró un cráneo fósil en Sudáfrica y lo llamó Australopithecus ("mono austral"). Este cráneo, aunque más bien era simiesco en su apariencia general, tenía en su dentadura algunos rasgos de parecido notable con el hombre. Dart pretendía que el Australopithecus era un verdadero "eslabón perdido" que poseía tanto rasgos simiescos como humanos. Posteriormente fueron encontrados muchos otros restos fósiles de este mismo tipo en Sudáfrica. Más recientemente el extinto Louis Leakey y su hijo Richard han descubierto gran número de huesos fósiles del tipo australopitecino en el cañón del río Olduvai, en Tanzania y en el lago Rodolfo cerca de Kenya.
Es importante recordar que el grupo de los fósiles australopitecinos es complejo. Los hombres de ciencia que estudian los fósiles sudafricanos llegaron a la conclusión de que existen dos tipos, uno más delicado originalmente, llamado Australopithecus africanus, y uno más grande y más fuerte llamado Australopithecus robustus. J. T. Robinson ha llegado a la conclusión de que estos dos tipos eran lo suficientemente diferentes, no sólo en su morfología sino también en sus hábitos de alimentación, como para permitir la existencia de dos géneros separados (Robinson 1972, pág. 3). Louis Leakey creía que un tercer tipo más similar al hombre que cualquiera de los tipos sudafricanos estaba en el cañón del río Olduvai, un tipo que él llamó Homo habilis, aunque algunos otros estudiosos de la evolución humana han llegado a la conclusión de que el Homo habilis era tan sólo una forma un poquito más semejante al hombre que el Australopithecus africanus. Por lo general, ahora se cree que el famoso Zinjanthropus boisei de Louis Leakey, también del cañón del río Olduvai, está estrechamente relacionado con el Australopithecus robustus.
Sin embargo, la controversia acerca de las relaciones de los diversos tipos de australopitecinos entre sí y con el hombre verdadero permanece en todo su vigor. Hasta que fue desbaratado por los descubrimientos de 1972, en los círculos científicos se había llegado a uno consenso general que apoyaba el punto de vista de que por lo menos uno de los australopitecinos era el antepasado directo del hombre en la cadena de la evolución. Es típica la siguiente cita de un libro de texto de 1973 respecto a antropología física: "Los descubrimientos de especímenes antiguos de Australopithecus son importantes porque, ya sea que finalmente se trate de dos o más especies (algunas de ellas separadas del linaje humano), por lo menos los miembros antiguos de este género deben haber sido directamente antepasados del hombre" (Lasker 1973, pág. 258). Este consenso se apoyaba principalmente en la evidencia que sugiere que los australopitecinos caminaban erectos a semejanza del hombre y también se apoya en algunos parecidos notables de la dentadura.
Algunos creacionistas han considerado que los australopitecinos son formas degeneradas de hombres posteriores al diluvio, pero la mayor parte de los creacionistas se han opuesto a la interpretación que los considera como hominidos, debido a sus afinidades con el hombre, y más bien hacen resaltar su afinidad con los monos. Los creacionistas que piensan de esta manera se han sentido apoyados por el hecho de que unos pocos científicos evolucionistas prominentes también han resistido con firmeza ese consenso. El más notable en este respecto es el anatomista inglés Lord Solly Zuckerman. Zuckerman puso en tela de juicio la interpretación de que el modo de caminar de los australopitecinos fuese en posición erecta, e insistió en que los australopitecinos eran sencillamente monos y no homínidos: "Cuando se 67 comparan con cráneos humanos y simiescos, el cráneo de los australopitecinos es en apariencia evidentemente simiesco, y no humano. Afirmar lo contrario sería pretender que lo blanco es negro" (Zuckerman 1966, pág. 93).
Los restos fósiles encontrados por Richard Leakey en el África Oriental posiblemente apoyan en parte a Lord Zuckerman. Por lo menos existe la opinión creciente entre los estudiantes del hombre prehistórico de que el tipo más grande y más robusto de australopitecinos puede no haber poseído la capacidad de locomoción bípeda semejante al hombre (Leakey 1973, pág. 172). Son ahora muchos los evolucionistas que creen que el tipo robusto de australopitecinos nunca estuvo dentro del linaje humano. Por otro lado, la evidencia del carácter plenamente bípedo de la locomoción del Homo habilis y del Australopithecus africanus es más convincente, y la atención ha continuado enfocándose en estos dos tipos como que fueran verdaderos hombres.
Sin embargo, un descubrimiento clave realizado en el África Oriental por Richard Leakey en 1973 proyecta grandes dudas en cuanto a la opinión de que cualquiera de los australopitecinos fuera antepasado directo del hombre. El llamado "cráneo 1470", sorprendentemente moderno, encontrado por él en 1972 cerca del lago Rodolfo, en los mismos estratos geológicos donde fueron encontrados los restos de fósiles del Australopithecus, puede significar que todos los australopitecinos que ahora se conocen tendrán que ser eliminados de cualquier pretendido linaje evolucionista que llegue directamente hasta el hombre verdadero. El cráneo 1470 no es plenamente el moderno Homo sapiens, pero da la apariencia de ser el cráneo de un hombre de verdad. Ciertamente, en diversos aspectos este cráneo parece ser más parecido al de un hombre moderno que los cráneos del Homo erectus encontrados en niveles estratigráficos más altos. Es significativo que se hayan encontrado artefactos en el mismo nivel en que se halló el cráneo 1470. Se ha informado que su capacidad craneana es de 775 cc. Si esta cifra no es demasiado moderada, es pequeña en comparación con el término medio de casi 1.400 cc que corresponde al hombre moderno, pero es muy grande si se la compara con los valores atribuidos a los australopitecinos y se superpone con la gama de los valores correspondientes al Homo erectus.
Si el cráneo 1470 representa en realidad los restos de un hombre verdadero, los restos fósiles de australopitecinos encontrados en las mismas capas de rocas y en los niveles estratigráficos superiores no pueden corresponder con antepasados directos de un verdadero hombre, y la búsqueda de eslabones perdidos que conserven características simiescas y humanas tiene que ser derivada a niveles geológicos aún inferiores. El concepto creacionista implica que las formas intermediarias buscadas nunca serán halladas, aun en los estratos más bajos.
Por lo tanto, el registro fósil correspondiente a hombres prehistóricos proporciona otro ejemplo del problema general de los eslabones perdidos en el registro de los fósiles, y no documenta una evolución gradual del hombre a partir de un antepasado simiesco. En su esencia, permanece la distancia morfológica entre el verdadero hombre y los simios. Las normas de comportamiento constituyen un abismo aún mayor entre el hombre y otros miembros del reino animal. En un sentido, el cuerpo del hombre es sólo una variación del modelo común de los mamíferos. Pero en lo que atañe a su comportamiento, la adaptación cultural del hombre es única. La cultura del hombre es posible a lo menos por dos facultades exclusivamente humanas que están relacionadas entre sí: el característico modo de hablar del hombre y su capacidad para crear y manejar símbolos. Aunque recientes experimentos han demostrado que los chimpancés tienen una capacidad sorprendente para formar 68 conceptos cuando se les enseñan modos de comunicación mediante una serie de signos similares al "lenguaje" de los sordomudos que no dependen de palabras, no hay la evidencia de que el chimpancé o cualquier otro animal posea la capacidad lingüística innata en el hombre. Probablemente es más difícil comprender por medio de una selección natural el surgimiento de la peculiar cultura del hombre y de su comportamiento intelectual que lo que es explicar el desarrollo de las características físicas propias del hombre, aunque ambas explicaciones plantean graves problemas para la ingeniosidad de los teorizadores de la evolución. La brecha de comportamiento y de morfología que existe entre el hombre y el resto del reino animal se explica mejor mediante el "fíat" de una creación.

Comentario Biblico Adventista del Séptimo Día, Tomo 1, Artículos Generales. Páginas 63-68

 

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