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1 de
Diciembre TEMAMOS DESOBEDECER A DIOS
Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor. Fil. 2: 12.
En este texto no se tolera el descuido, ni
la indolencia, ni la indiferencia; por el contrario, cada uno de nosotros
debe ocuparse de su salvación con temor y temblor. ¿Por qué?
Veamos: "Por tanto, amados míos. . . ocupaos en vuestra salvación
con temor y temblor". Bien, dirán ustedes, ¿tenemos
que andar todo el tiempo con temor y temblor? En cierto sentido,
sí, pero en otro, no.
Delante de ustedes está el temor de
Dios; pero también está el temblor, no sea que se aparten
de los consejos de Dios. Habrá ese temblor. Tienen que
ocuparse constantemente de su salvación con temor y temblor. ¿Y
eso es todo? No. Veamos cómo podemos recibir el poder divino:
"Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el
hacer, por su buena voluntad" (vers. 13). Aquí se nos presenta
la obra que le corresponde al hombre y la que le concierne a Dios.
Ambos colaboran. El hombre no puede hacer esta obra sin la ayuda
del poder divino.
El Señor no toma al hombre con sus
propios sentimientos y deficiencias naturales para ubicarlo de golpe en
el ámbito de la luz de su rostro. No, el hombre debe hacer
su parte, y mientras se ocupa en su propia salvación con temor y
temblor, Dios obra en él tanto el querer como el hacer por su buena
voluntad. Mediante la combinación de estos dos poderes el
hombre alcanzará la victoria y recibirá finalmente la corona
de vida. Contempla un cielo de felicidad, y el eterno peso de gloria
que se extiende delante de él, y teme perderlos, no sea que al dejar
de confiar en una promesa, no los alcance. No puede permitirse perderlos.
Anhela ese cielo de felicidad, y emplea a fondo todas las energías
de su ser para obtenerlos. Usa al máximo posible sus habilidades.
Pone a contribución, en la mayor medida posible, todo nervio y músculo
espiritual, para lograr el éxito pleno en esta tarea, y para obtener
el precioso premio de la vida eterna. . .
Cuando el mundo ve que tenemos un gran anhelo,
algo que no se ve pero que por la fe se convierte en una viviente realidad,
entonces se siente motivado a investigar, y descubre que hay algo que vale
la pena poseer, porque observa que esta fe ha producido un maravilloso
cambio en nuestra vida y en nuestro carácter (Manuscrito 13, del
1 de diciembre de 1888. Sermón pronunciado en esa fecha en
Des Moines, Iowa). 345
2 de Diciembre DONES QUE
SATISFACEN NUESTRAS NECESIDADES
Mira, yo he llamado por nombre a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá; y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría y en inteligencia, en ciencia y en todo arte. Exo. 31: 2, 3.
Dios siempre tiene hombres designados para
que aparezcan en el escenario justamente donde se necesita llevar a cabo
una obra determinada, hombres con quienes y por medio de quienes puede
trabajar. . . Dios ha confiado talentos a cada hombre: Dones que satisfacen
las necesidades de un determinado lugar. . .
El Señor dará entendimiento
a todos los que se quieran relacionar plenamente con su obra. No
tenemos que confiar sólo en la sabiduría humana. En
Dios hay sabiduría, y tenemos el privilegio de acudir a él
para obtener consejo. . .
Todos somos miembros de la familia del Altísimo,
y en mayor o menor medida tenemos talentos que él nos ha confiado,
por cuyo empleo nos hace responsables. Ya sea que nuestros talentos
sean grandes o pequeños, tenemos que emplearlos en el servicio del
Señor, y debemos reconocer el derecho de los demás de emplear
los talentos que se les han confiado.
Nunca debemos despreciar el más mínimo
capital físico o intelectual. Algunos sólo pueden negociar
con pesos y centavos y, con la bendición de Dios y gracias a una
labor diligente, esos humildes siervos pueden hacer inversiones con buen
éxito, y obtener ganancias proporcionadas al capital que se les
confió. Nadie debiera despreciar al humilde obrero que está
ocupando su lugar, y que está llevando a cabo una obra que alguien
debe hacer, por pequeña que ésta parezca.
¡Oh, cómo me duele el corazón
cuando veo a hombres que han tenido grandes oportunidades y que tratan
de ocupar puestos de menor importancia cuando, con un poco de aliento,
podrían haber ocupado un puesto de mayor responsabilidad!
El Señor usa los vasos grandes y pequeños. Muchos cuyas
vidas están llenas de actividades que cumplen con dedicación,
necesitan el consejo y el ánimo que les pueden dar los demás;
necesitan palabras de aprobación. Dios contempla con satisfacción
los progresos que hacen sus hijos cuando se ayudan y se animan mutuamente.
Todos, ya sea que tengan pocos o muchos talentos,
deben unirse íntimamente. Necesitamos más del espíritu
del Salvador para ayudar a los que se les ha impedido progresar (Carta
260, del 2 de diciembre de 1903, dirigida al Dr. George A. Hare, a quien
se había invitado para que se uniera al personal del sanatorio que
se quería fundar en Washington). 346
3 de Diciembre AGRADECIDOS
POR CADA MOMENTO QUE SE NOS CONCEDE
No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros. Juan 14: 18.
Aunque no pude dormir muy bien anoche, mi
paz era como un río. Mi amor por Jesús crece en mi
corazón, y ciertamente lo amo, y de él mana la gratitud.
El carácter precioso de la verdad divina aparece con mucha claridad
y fuerza en mi mente, y anhelo comunicarlo a todos los que pueda alcanzar,
para consolarlos y animarlos con el mismo consuelo con que yo soy consolada.
No siento en lo más mínimo depresión de espíritu.
Surgen en mi mente agradables visiones e ideas como si fueran preciosos
paisajes dorados, y mi corazón está lleno de alegría,
y siento un fuego en el alma que anhela hallar expresión.
Al leer las Escrituras, me parece que cada
letra resplandece (las sentencias parecen tan frescas, nuevas e importantes),
y mi corazón está en plena armonía con todas ellas.
Me siento constantemente agradecida, aun de noche, cuando no puedo dormir.
Sé que en mi experiencia de todos
los días está presente el Espíritu Santo cuando leo
su Palabra para implantar la verdad en mi corazón, para que pueda
manifestarla a los demás mediante mi vida y mi carácter.
El Espíritu de Dios extrae la verdad de las páginas sagradas,
donde él mismo las ha colocado, y la estampa en el alma. ¡Qué
santa alegría, qué consuelo pueden llegar a ser nuestros
para impartirlos a los demás!
Asistí a la reunión de la tarde
[en Ballarat, Nueva Gales del Sur, Australia], y había más
gente para oír la Palabra de lo que yo esperaba. Hablé
acerca de Juan 14: 15-24. El Señor me dio palabras para hablar
a la gente con el fin de presentarle la preciosa seguridad que da Cristo
a todos los que conocen sus mandamientos y los guardan.
Jesús pide evidencias de su amor por
él. "Si me amáis, guardad mis mandamientos" (Juan 14:
15). Si fuera imposible que guardáramos sus mandamientos,
¿por qué habría de dirigirnos, entonces, estas palabras?
El siguiente versículo nos presenta un tesoro de conocimiento: "Y
yo rogaré al Padre [aunque no esté con vosotros], y os dará
otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre" (vers.
16). . .
¿No hay seguridad, acaso, en esta
promesa? ¿Podrían ser más decididas y positivas otras
palabras del Unigénito de Dios? (Diario, Manuscrito 2, del 3 de
diciembre de 1892). 347
4 de Diciembre EL ANTÍDOTO
DE LA CODICIA
Si en verdad permanecéis fundados y firmes en la fe, y sin moveros de la esperanza del Evangelio que habéis oído. Col. 1: 23.
Sólo la influencia de la gracia de
Dios inducirá a los hombres a ocupar su puesto entre los generosos
y abnegados. La causa del Señor no debiera ser estorbada de
ninguna manera. El mensaje que dice: "Arrepentíos y convertíos"
debe ir a todo el mundo. Dios ha derramado generosamente sobre nosotros
los tesoros de su sol y su lluvia, para que la vegetación florezca,
y espera que cada creyente manifieste una generosidad espontánea
para promover el progreso de la causa de la verdad. Necesitamos trabajar
como nunca antes para que el Evangelio, que es poder de Dios para salvación,
pueda ser proclamado en todo el mundo. Y los que se han convertido
a la verdad deben ser los medios para mantener bien abastecida la tesorería,
gracias a su abnegación, para que haya alimento en la casa del Señor.
Cuando se alberga en el corazón el
Espíritu de Dios, se convierte en el más eficaz remedio para
la enfermedad de la avaricia. Hablemos acerca de esto; vivámoslo.
Revístanse de toda la armadura del Evangelio. Necesitamos
más espíritu de oración y más fe. El
primer capítulo de la epístola a los Colosenses nos presenta
nuestra gran responsabilidad.
Pablo dice: "Como lo habéis aprendido
de Epafras. . . quien también nos ha declarado vuestro amor en el
Espíritu. . . también nosotros, desde el día que lo
oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis
llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia
espiritual, para que andéis como es digno del Señor, agradándole
en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento
de Dios" (Col. 1: 7-10).
Debemos elevarnos cada vez a mayores alturas
espirituales. Debemos dejar de quejarnos y cultivar la gratitud.
Debemos trabajar por la salvación de las almas que perecen.
Debemos aferrarnos del Poder supremo, y dejar
de quejarnos y criticar. Aplastemos estas inclinaciones, y vaciemos
el templo del alma de malos pensamientos. No permitamos que ni un
solo pensamiento negativo quede allí. Las almas están
pereciendo en sus pecados. Trabajamos para gloria de Dios (Carta
372, del 4 de diciembre de 1903, dirigida al pastor O. A. Olsen y al Dr.
D. H. Kress, que en ese entonces estaban trabajando en Australia). 348
5 de Diciembre LA LUZ
IRRUMPE ENTRE LAS TINIEBLAS
He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción. Isa. 48: 10.
Todas las palabras de consuelo que le pueda
dirigir no valdrán mucho. Usted sabe cuál es la Fuente
de su fortaleza y su consuelo. No es ajeno a Jesús y a su
amor. Usted es uno de aquellos para quienes la vida es un largo conflicto
lleno de dolor, fatiga y desilusión. La esperanza diferida
ha entristecido su corazón, pero recuerde que este mundo es el escenario
de nuestras pruebas, nuestros pesares y dolores. Estamos aquí
para pasar la prueba a que Dios nos somete. El fuego debe ser avivado
hasta que consuma la escoria y nosotros salgamos como oro purificado en
el horno de la aflicción. Usted puede meditar, mi querido
hermano, en la misteriosa providencia de Dios que lo ha privado ahora de
la luz de sus ojos.
Usted cree que si no fuera por esta gran
pérdida, sería un hombre comparativamente feliz. Pero podría
ser que precisamente la pérdida de su hija fuera para usted, y no
sólo para usted, sino para mucha gente en Suiza, algo que ha acontecido
para la salvación de sus almas. De estas tinieblas, que a
veces parecen incomprensibles, surgirá la luz. "Jehová
dio, y Jehová quitó; sea el nombre Jehová bendito"
(Job 1: 21). Sea éste el idioma de su corazón.
La nube de misericordia se cierne sobre usted, y se derramará sobre
usted incluso en la hora más sombría. Los beneficios
de Dios son tan numerosos como las gotas de lluvia que caen de las nubes
sobre la tierra sedienta, para regarla y refrigerarla. La misericordia
de Dios está sobre usted. . .
El Señor lo ama, mi querido hermano.
Lo ama. "Los montes se moverán, y los collados temblarán,
pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz
se quebrantará" (Isa. 54: 10). "Todas las cosas les ayudan
a bien. . . a los que conforme a su propósito son llamados" (Rom.
8: 28). Si sus ojos se pudieran abrir, podría ver a su Padre
celestial amorosamente inclinado sobre usted, y si pudiera escuchar su
voz, descubriría que le habla en tono compasivo puesto que está
postrado por su sufrimiento y su aflicción. Sosténgase
en su fortaleza; hay descanso para usted, que está fatigado (Carta
7, del 5 de diciembre de 1878, dirigida al pastor J. N. Andrews, que acababa
de perder una hija mientras trabajaba en Europa). 349
6 de Diciembre DEMOS ASÍ
COMO RECIBIMOS
Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos. Mal. 3: 10.
El fin se acerca rápidamente y muchos
están durmiendo en nuestras iglesias. Hagamos todos ahora
del servicio del Señor nuestra tarea principal. Dios ha confiado
a su pueblo el talento de los medios económicos; a algunos ha dado
más y a otros menos. Para muchos la posesión de riquezas
ha sido una trampa. En su deseo de seguir las modas del mundo han
perdido su celo por la verdad, y están en peligro de perder la vida
eterna. Los hombres debieran devolver a Dios los bienes que les ha
confiado para que los administren, en la misma proporción como él
los ha prosperado. . .
Examinemos todos cuidadosamente nuestras
relaciones financieras con nuestro Creador. Los que no vacilen en
tratar pérfidamente a su Hacedor, no vacilarán tampoco en
tratar a sus semejantes de la misma manera.
Quisiera convencer a todos nuestros hermanos
que Dios considera robo la retención de los diezmos y ofrendas.
Somos sólo mayordomos de Dios. El dinero que pasa por nuestras
manos no nos pertenece. Al manejarlo, debemos colaborar con Jesucristo.
Debiéramos sentir un profundo interés
por el progreso de la obra de Dios. Ya ha crecido enormemente, pero
va a progresar aun con mayor rapidez. Necesitamos muchos obreros
más, y todos deberíamos manifestar un espíritu abnegado
a fin de proporcionar los medios para llevar el mensaje a nuevos territorios.
En muchos lugares la obra está muy atrasada debido a la escasez
de medios económicos. La reprensión de Dios recae sobre
los que no acuden en su ayuda. . .
En la gran obra de amonestar al mundo, los
que tienen la verdad en el corazón y están siendo santificados
por ella, harán su parte. Serán fieles en la devolución
de los diezmos y ofrendas. Todo miembro de iglesia, debido al pacto
que ha hecho con Dios, está obligado a evitar el derroche en el
empleo de los medios económicos. No permitamos que la falta
de economía en el hogar nos impida hacer nuestra parte para fortalecer
la obra ya establecida y para entrar en nuevos territorios (Manuscrito
103, del 6 de diciembre de 1906, "Dones y ofrendas"). 350
Cosas que ojo no vio, ni oído oyó ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. 1 Cor. 2: 9.
Cada pecado, cada acto injusto, cada transgresión
de la ley de Dios, recae con fuerza mil veces mayor sobre el autor que
sobre la víctima. Cada vez que una de las maravillosas facultades
con que Dios ha enriquecido al hombre sufre algún abuso o se la
usa mal, pierde para siempre una porción de su vigor y nunca volverá
a ser como antes. Todo abuso cometido contra nuestra naturaleza moral
en esta vida ejerce una influencia no sólo ahora sino por la eternidad.
Aunque Dios perdone al pecador, la eternidad no compensará la pérdida
voluntaria experimentada en esta vida.
Llegar a la vida futura desprovistos de la
mitad del poder que podríamos haber llevado allí, es un pensamiento
terrible. Los días de pruebas malgastados aquí cuando
debíamos prepararnos para el cielo, constituyen una pérdida
que nunca se recuperará. La capacidad de disfrutar será
menor en la vida futura debido al mal proceder y al abuso de las facultades
morales en esta vida. Por más alto que sea el nivel a que
lleguemos en la vida futura, podríamos haber alcanzado niveles mucho
más elevados, si hubiéramos aprovechado al máximo
los privilegios y las áureas oportunidades dadas por Dios para acrecentar
nuestras facultades aquí durante este tiempo de prueba. . .
Todos estamos a las órdenes de uno
de los dos grandes capitanes. El primero, Creador del hombre y del
mundo, es el mayor. Cada cual le debe lealtad plena, la devoción
de todos sus afectos. Si se le entrega la mente para que la dirija,
y si Dios dispone de la posibilidad de modelar y desarrollar las facultades,
cada día se recibirá nuevo poder moral de la Fuente de toda
sabiduría y fortaleza. La bendición moral y las bellezas
divinas recompensarán los esfuerzos de todos aquellos cuyas mentes
estén orientadas hacia el cielo. Podremos captar revelaciones,
bellezas divinas, que se encuentran más allá de la miope
visión de los mundanos, y que superan la imaginación de las
inteligencias más desarrolladas y de los filósofos más
eruditos, pero que no se han relacionado con el Poder infinito. . .
La justicia, el honor, el amor y la verdad
son los atributos del trono de Dios. Son los principios de su gobierno
que se establecerá en la tierra, cuando sea purificada con el fuego
de su justicia retributiva. Estas son las joyas que debemos buscar
y atesorar para ahora y la eternidad. . . (Carta 41, del 7 de diciembre
de 1877, dirigida a F. E. Belden, un conocido de 19 años). 351
8 de Diciembre LA TESTARUDEZ
IMPIDE TODO PROGRESO
Por cuanto conozco que eres duro, y barra de hierro tu cerviz, y tu frente de bronce. Isa. 48: 4.
La testarudez es un mal rasgo del carácter,
y si no se la vence, puede hacer mucho daño. El testarudo
nunca cede cuando se trata de sus propios conceptos e ideas. La causa
de la testarudez es la estrechez de mente. Hay hombres de gran capacidad
intelectual que han permitido que la testarudez llegue a formar parte de
su carácter, y no quieren creer que algo sea correcto porque no
se originó en ellos.
La testarudez impide todo progreso.
El obstinado no se convence fácilmente de nada cuya vista no logra
abarcar. No sabe lo que significa andar por fe. Se aferra a
sus propios planes y opiniones, sean correctos o incorrectos, porque ya
ha adoptado esos conceptos. Puede tener cantidad de razones para
verificar que está errado; sus hermanos pueden elevar sus voces
contra las opiniones y los métodos que quiera aplicar para el éxito
de la obra, pero él erige en su corazón una barrera prácticamente
inamovible contra la convicción. . . Insinuará conceptos
que no dispondrán del apoyo ni de la experiencia ni del juicio de
hombres que son en todo sentido tan inteligentes y tan sabios como él.
Presentará sus argumentos como si conociera el fin desde el principio,
y expondrá sus ideas como si fueran la última palabra.
El yo ha sido por tanto tiempo el elemento dominante, que el pobre hombre
considera que es virtud sostener, según él cree, sus propias
opiniones. Si no se siguen sus planes, a cada momento presentará
objeciones, ya sea en asuntos importantes o de menor cuantía.
Se aferrará a sus palabras, no importa si son verdaderas o totalmente
falsas. Esta costumbre, repetida a menudo, se convierte en un hábito
arraigado, y llega a formar parte del carácter. . .
Si dos o tres han hecho de la crítica
su sabiduría, y acostumbran a oponerse a casi todo, el mejor de
los proyectos será tratado en un nivel muy bajo. Esas personas
son capaces de sembrar más semillas de duda de las que quisieran
ver madurar para la cosecha. . .
Al Señor no le agrada que este espíritu
impida el progreso de la obra y lo eche a perder. Llama a hombres
para que hagan su voluntad, hombres que se dejen dirigir por el Espíritu
Santo (Manuscrito 159, del 8 de diciembre de 1898, "No habléis mal
de nadie"). 352
9 de Diciembre CÓMO
VE DIOS LA GRANDEZA
Habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Dan. 4: 30.
La fortaleza de las naciones y los individuos
no se funda en las oportunidades ni los elementos que parecen hacerlos
invencibles; no se la halla tampoco en su pregonada grandeza; lo único
que puede hacerlas grandes o fuertes es el poder y el propósito
de Dios. Ellas mismas, mediante su actitud hacia su propósito,
deciden su propio destino.
La historia humana relata los logros del
hombre, sus victorias en la guerra, su éxito en su propósito
de escalar las alturas de la grandeza mundanal. La historia, tal
como Dios la ve, presenta al hombre desde el punto de vista del cielo.
En los registros divinos todo su mérito consiste en obedecer los
requerimientos de Dios. Se anota su desobediencia con toda fidelidad,
como merecedora del castigo que seguramente recibirá. . .
Cientos de años antes que un pueblo
haya aparecido sobre el escenario, la pluma profética, bajo la dirección
del Espíritu Santo, bosqueja su historia. . .
La voz de Dios, escuchada en las épocas
pretéritas, ha resonado siglo tras siglo, a través de generaciones
que subieron al escenario y descendieron de él. ¿Hablará
Dios, y no se respetará su voz? ¿Qué poder trazó
toda esta historia, es a saber, que nación tras nación ocupara
su lugar y existiera de acuerdo con la predicción divina, dando
testimonio inconscientemente de la verdad acerca de la cual nada sabían?.
. .
Dios le ha asignado un lugar a cada hombre
en su gran plan. Ya sea mediante la verdad o la mentira, mediante
la insensatez o la sabiduría, cada cual está cumpliendo un
propósito, cada cual está produciendo ciertos resultados.
. .
A los ojos del mundo, los que sirven a Dios
pueden parecer débiles. Aparentemente se pueden estar hundiendo
bajo las ondas, pero cuando viene la próxima ola se los ve aparecer
de nuevo más cerca de la orilla. "Yo les doy vida eterna -dice
nuestro Señor-; . . . nadie las arrebatará de mi mano" (Juan
10: 28). Aunque caigan los reyes y las naciones desaparezcan, las
almas que por fe se vinculen con los propósitos divinos, vivirán
para siempre. "Los entendidos resplandecerán como el resplandor
del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como
las estrellas a perpetua eternidad" (Dan. 12: 3) (Manuscrito 36, del 9
de diciembre de 1896, "La obediencia, condición del éxito").
353
10 de Diciembre CORAZONES
LLENOS DE LA PAZ DE CRISTO
Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. Juan 17: 21.
Así como Cristo vino al mundo para
buscar y salvar las almas que perecen, a fin de que pudieran tener la luz
de la verdad, ha encomendado la misma obra a los que lo aceptan como su
Salvador. "Por ellos yo me santifico a mí mismo, para que
también ellos sean santificados en la verdad" (Juan 17: 19).
¡Cuán importante es que estemos
arraigados y fundados en la verdad! Lo falso nada tiene que ver con
la verdad. El Señor Jesús ha prometido que si lo recibimos
por fe y creemos que es nuestro Modelo, nos dará la "potestad de
ser hechos hijos de Dios". El Evangelio de Jesucristo contiene los
grandes principios de toda verdad, expresados mediante una vida pura.
Estos principios tienen que ser proclamados al mundo con amor y con verdadera
justicia. En todo nuestro trato mutuo tenemos que obedecer los preceptos
de la ley de Dios. "Y por ellos yo me santifico a mí mismo,
para que también ellos sean santificados en la verdad. Mas
no ruego solamente por éstos, sino también por los que han
de creer en mí por la palabra de ellos" (Juan 17: 19, 20).
Gracias a todas estas palabras podemos ver
cuánto depende del carácter de los que pretenden creer el
Evangelio de Jesucristo. El mundo juzgará al Salvador por
las vidas de sus seguidores. Cualquiera que, mediante palabras o
hechos, se aparte de los principios vivientes de la verdad, deshonra a
su Salvador y lo expone a pública vergüenza.
Crea cada alma en Cristo, y reciba el poder
que él ha prometido, para que pueda ser un hijo de Dios que sostiene
la verdad conscientemente, pues sus principios están entrelazados
con sus palabras, su espíritu y todo lo que hace. De ese modo
los cristianos pueden convertirse en una influencia refinadora y purificadora,
que contrarreste la religión falsa y la infidelidad. Su presencia
introduce la gran influencia de los principios celestiales y hace de ellos,
por medio de Cristo, un honor para el Evangelio. Aumentan su poder
para comunicar la gracia santificadora del cielo, con lo que también
se acrecienta continuamente su influencia por medio del permanente aumento
de su reverencia por la verdad. Sus corazones están llenos
de la paz de Cristo (Carta 327, del 10 de diciembre de 1905, dirigida a
W. C. White). 354
11 de Diciembre PARA
QUE VUESTRO GOZO SEA CUMPLIDO
Y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de Jehová su Dios estaba sobre Esdras. Esd. 7: 6.
Cristo desea que todos posean en abundancia
la gracia del cielo. Quiere que usted tenga su gozo, y que su propio
gozo alcance la plenitud. Cada alma debe disciplinarse mediante un
escrito y fiel servicio, tanto durante las reuniones como fuera de ellas.
Usted está plenamente a la vista de los ángeles celestiales,
y cada fiel discípulo puede estar, si así lo desea, como
Esdras delante del rey. La mano de Dios está para bien sobre
todos aquellos que lo buscan, pero su poder y su ira están en contra
de los que lo abandonan, los que confían en la ayuda y la amistad
del mundo, y acuden al Dios de Ecrón en vez de buscar el consejo
del Dios viviente.
Los hijos de Dios sabrán quién
es su Ayudador. Sabrán en quién pueden confiar sin
duda alguna, y con la ayuda de Cristo pueden tener, sin ninguna presunción,
una santa confianza. Sí, sus siervos pueden confiar sólo
en él, sin temor, mirando a Jesús, esforzándose por
obedecer sus requerimientos, abandonando todo lo que podría unirlos
al mundo, ya sea que éste se oponga a ellos o los favorezca.
Su éxito procede de Dios, y no fracasarán porque no disponen
ni de la riqueza ni de la influencia de los impíos. Si fracasan
se deberá a que no obedecieron los mandamientos de Dios, ya que
el Espíritu Santo no estaba con ellos. . .
Nuestra única seguridad consiste en
mantenernos unidos al Señor Jesucristo. Podemos permitirnos
perder la amistad de los mundanos. Los que se unen con ellos para
llevar a cabo sus propósitos impíos, cometen un terrible
error, porque se privan del favor y las bendiciones de Dios. Quiero
llamar insistentemente la atención de nuestros hermanos al hecho
de que el Señor mismo ha erigido un muro para separar al mundo de
lo que él ha establecido en la tierra. El pueblo de Dios debe
servirlo, porque Cristo lo ha llamado a salir del mundo, lo ha santificado
y lo ha refinado para que pueda servirlo. . . No hay tal cosa como lograr
armonía entre lo profano y lo sagrado. No puede haber acuerdo
entre Cristo y Belial. Porque "Jehová ha escogido [ha apartado
para si] al piadoso" (Sal. 4: 3). Y esta consagración al Señor,
esta separación del mundo, está claramente explicada y enseñada
positivamente tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo (Carta 329,
del 11 de diciembre de 1905, dirigida a J. A. Burden, gerente del Sanatorio
de Loma Linda). 355
12 de Diciembre LA FILOSOFÍA
DEL SEÑOR
¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido. Isa. 8: 20.
La filosofía del Señor, claramente
bosquejada en su Palabra, debe ser la regla de nuestra vida. Todo
el ser debe estar bajo la dirección de Aquel que conoce el fin desde
el principio. La Biblia y sólo la Biblia debe ser nuestra
guía. Debemos seguir y obedecer los principios vivificadores
del cielo, no sólo nuestras inclinaciones. La sabiduría
y el poder de Dios, al obrar sobre el corazón susceptible, pone
la mente y el carácter en armonía con las leyes y los requerimientos
del cielo. Cada uno de nosotros debe estar sometido a la dirección
del Espíritu Santo para comunicar al mundo los grandes hechos relativos
a la verdad y la justicia. . .
Se nos intima a que toquemos alarma para
que el pueblo oiga. Los vigías no deben fallar ahora.
Deben velar y orar, para poder tener una clara noción de sus obligaciones
hacia Aquel que, aunque era el unigénito de Dios, vino a este mundo
para librar a hombres y mujeres de la férula de Satanás.
Debemos instruir y guiar a las almas para
que vean en Cristo su ejemplo, y comprendan sus obligaciones hacia Aquel
a quien pertenecen por creación y por redención. Él
es Dueño de todo hombre, mujer y niño que viene a este mundo.
Llegó a serlo cuando pagó el precio de la redención.
Si los seres humanos caídos quieren llegar a ser hijos e hijas de
Dios mediante su obediencia voluntaria, serán uno con Cristo.
El Salvador los ha comprado al dar su vida para pagar la deuda del pecado.
. . Los que están verdaderamente convertidos revelarán la
gracia salvadora de Cristo al trabajar por esas almas enceguecidas por
Satanás. Los obreros de Dios deben manifestar mediante su
propia vida el poder de la verdad y la justicia. El mundo pronto
tendrá que comparecer delante del gran Legislador para responder
por el quebrantamiento de su ley. . .
Tenemos que enarbolar el estandarte que lleva
esta inscripción: "Los mandamientos de Dios y la fe de Jesús".
Este es el gran asunto. No lo perdamos de vista. Debemos luchar
para despertar a los miembros de la iglesia y a los que no hacen profesión
de fe, para que vean los requerimientos de la ley del cielo y los obedezcan.
Tenemos que magnificar la ley y engrandecerla. Tenemos que despertar
a los que están sumidos en un sopor espiritual (Carta 138, del 12
de diciembre de 1910, dirigida al pastor Starr y Sra., del Sanatorio Melrose
donde el pastor Starr era capellán y evangelista). 356
13 de Diciembre LA GRANDEZA
DE LA HUMILDAD
Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará. Luc. 9: 24.
Cristo dio a sus discípulos una lección
sumamente importante con respecto a cómo debían ser.
"En el reino que estableceré -les dijo-, la lucha por la supremacía
no tendrá cabida alguna. Todos ustedes son hermanos. Todos
mis siervos serán iguales. La única grandeza que se
reconocerá será la de la humildad y la devoción en
el servicio de los demás. El que se humille será ensalzado,
y el que se ensalce será humillado. El que trate de servir
a los demás mediante la abnegación y el sacrificio, recibirá
los atributos de carácter que lo recomendarán ante mi Padre,
y desarrollará sabiduría, verdadera paciencia, tolerancia,
bondad y compasión. Esto le dará el primer lugar en
el reino de Dios".
El Hijo de Dios se humilló para convertirse
en el siervo del Señor. Se sometió a la bajeza y al
sacrificio, incluso a la muerte, para dar libertad y vida, y un lugar en
su reino a los que creyeran en él. Dio su vida en rescate
por muchos. Esto debiera bastar para que se avergonzaran de su conducta
todos los que continuamente están tratando de ocupar el primer lugar
y luchan siempre por la supremacía.
"Si alguno quiere venir en pos de mí
-dijo Cristo-, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día,
y sígame" (Luc. 9: 23). Esta es la prueba del discipulado.
Si los miembros de la iglesia fueran hacedores de la Palabra, como solemnemente
se comprometieron hacerlo en ocasión de su bautismo, amarían
a sus hermanos y estarían tratando continuamente de fomentar la
unidad y la armonía. . .
Los que creen en Cristo y caminan humildemente
con él sin luchar por la supremacía, y tratan de ver qué
pueden hacer para ayudar, bendecir y fortalecer las almas de los demás,
colaboran con los ángeles que sirven a los herederos de la salvación.
Jesús les da gracia, sabiduría y justicia, y los convierte
en bendición para todos aquellos con quienes se relacionan.
Mientras más humildes son en su propia opinión, más
bendiciones reciben de Dios, porque éstas no los exaltan.
Usan correctamente sus bendiciones, porque las reciben para impartirlas.
Los ángeles servidores reciben instrucción
procedente del trono de Dios para colaborar con los instrumentos humanos.
Reciben la gracia de Cristo para impartirla a los hombres (Manuscrito 165,
del 13 de diciembre de 1898, "La humildad: Prueba de discipulado"). 357
14 de Diciembre CUANDO
LA VERDAD CONTROLA LA VIDA
El que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. Juan 8: 12.
El Señor Jesús asumió
la forma del hombre pecador, y revistió su divinidad con humanidad.
Pero era santo, tal como Dios es santo. Si no hubiera sido sin mancha
de pecado, no podría haber sido el Salvador de la humanidad.
Era el Portador del pecado; no necesitaba expiación. Puesto
que era uno con Dios en pureza y santidad de carácter, podía
presentarse como propiciación por los pecados de todo el mundo.
Cristo es la luz del mundo. Por medio
de él la luz resplandece entre las tinieblas morales. Si no fuera
la luz, las tinieblas no se notarían, porque la luz las pone de
manifiesto. Mientras más clara es la luz, más nítidamente
se percibe el contraste que existe entre la luz y las tinieblas.
Si eliminamos la luz, todo lo que queda es tinieblas.
Cristo ha declarado cuál es su posición.
"El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá
la luz de la vida". Es la estrella resplandeciente de la mañana.
Es el sol de justicia, el resplandor de la gloria del Padre. Es la
"luz verdadera, que alumbra a todo hombre" que viene a este mundo (Juan
1: 9). Como médico, vino a restaurar en el hombre la imagen
moral de Dios, que se había perdido debido a la transgresión.
Cuando Cristo mora en el alma por la fe,
hace del que lo ama una luz para el Señor. Es verdad que muchos
de los que dicen que creen la verdad sólo tienen una fe nominal.
No son hacedores de la Palabra. Profesan creer, pero su profesión
de fe no los convierte. . .
Cuando Cristo mora en el corazón,
su presencia es evidente. Mediante palabras y actos buenos y agradables,
manifiestan el espíritu de Cristo. Ponen en evidencia suavidad
de carácter. No hay ira, ni testarudez ni malas sospechas.
No hay odio en el corazón porque. . . los demás no aceptan
ni aprecian. . . sus ideas y métodos. . .
Cuando la verdad controla la vida, hay pureza
y liberación del pecado. La gloria y la plenitud del plan
evangélico se cumplen en la vida. La luz de la verdad irradia
desde el templo del alma. El entendimiento se adueña de Cristo
(Manuscrito 164, del 14 de diciembre de 1898, "Sed, pues, vosotros perfectos,
como nuestro Padre que está en los cielos es perfecto"). 358
15 de Diciembre YUGOS
DE FABRICACIÓN HUMANA
Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. 1 Cor. 12: 12.
Pronto el año viejo, con toda su carga
de información, pasará a la eternidad, y habrá comenzado
el nuevo año. Reunamos los tesoros del año pasado,
y llevemos con nosotros al nuevo año el recuerdo de las bondades
y la misericordia de Dios. Iluminemos el futuro con el pensamiento
de las bendiciones pasadas.
"Ocupaos en vuestra salvación con
temor y temblor, porque Dios es quien en vosotros produce así el
querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2: 12, 13). Tenemos
que colaborar con el Señor Jesús. Sólo así
podremos hacer nuestra parte en la obra. Tenemos que aferrarnos de
todo lo que obtenemos por medio de Cristo.
¡Oh, qué maravillosas ventajas
y oportunidades tienen los que llevan el yugo de Cristo! Tenemos
dificultades porque nos fabricamos yugos para nosotros y no queremos llevar
el yugo de Cristo. El es nuestra eficiencia. El nos dará
poder. Nuestra parte consiste en poner firmemente la planta sobre
la plataforma de la verdad eterna, y entonces podremos saber que reposa
sobre nosotros la protección de Dios.
"Justificados, pues, por la fe, tenemos paz
para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo" (Rom. 5: 1).
Ser justificados significa ser perdonados. A quienes Dios justifica
imputa la justicia de Cristo, porque el Salvador ha eliminado nuestros
pecados. Comparecemos delante del trono de Dios justificados y santificados.
Se nos vacía del yo y, por medio de la santificación de la
verdad, Cristo mora en nuestros corazones. . .
Estamos siendo sometidos a prueba.
Quiera protejernos el Señor del cielo para que el maligno no tenga
poder sobre nosotros. . .
Cristo es el gran Obrero Maestro. Nosotros
somos sus colaboradores. Tiene derecho a asignarle a cada cual su
tarea. Y cada cual asegúrese de hacer la tarea que le asignó.
Hagamos fielmente la obra que el Señor ha puesto en nuestras manos.
El que descuida la tarea que se le ha confiado para hacer en cambio la
de algún otro, está fuera de lugar. Se pierde tiempo,
se abusa de la confianza y se la debilita, y se impide el progreso de la
obra. Cuando aprendamos a hacer concienzudamente la obra que se nos
ha asignado especialmente, el Señor nos ayudará, y las diferentes
piezas de su causa se moverán en forma armoniosa (Carta 202, del
15 de diciembre de 1902, dirigida a "Mis queridos hermanos y hermanas").
359
16 de Diciembre RAREZAS
Y EXCENTRICIDADES
Y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder. 1 Cor. 2: 4.
No debemos sorprendernos al descubrir que
Satanás obra en la actualidad como lo hizo en lo pasado. Debemos
vivir por fe, porque sin ella es imposible agradar a Dios. . . Las pretensiones
ostentosas de justicia y las demostraciones ruidosas, tienen como fin lograr
que se tenga una experiencia teñida de fanatismo que confundirá
muchas mentes. Si alentamos tales cosas, se producirá una
ola de fanatismo en nuestras filas que será perjudicial para la
obra de Dios, y que arrastrará a muchas almas a engaños peligrosos.
Estas cosas han sido ideadas por Satanás para engañar, si
fuera posible, aun a los escogidos.
Tenemos el privilegio de predicar la Palabra
con manifestación del poder del Espíritu. Cada alma,
a su vez, tiene el privilegio de ejercer fe en nuestro Señor Jesucristo.
Pero la pura vida espiritual se manifiesta sólo cuando el alma se
entrega para hacer la voluntad del Altísimo por medio de Cristo,
el Salvador que nos vino a reconciliar con Dios. Tenemos el privilegio
de ser modelados por el Espíritu Santo. Por medio de la fe
entramos en comunión con Cristo Jesús, que mora en el corazón
de todos los mansos y humildes. Su fe obra por el amor y purifica
el alma; es una fe que da paz al corazón, y que conduce por la senda
de la abnegación y el sacrificio. . .
No haya rarezas ni excentricidades de parte
de los que presentan la Palabra de verdad, porque tales cosas debilitan
la impresión que ésta debe hacer. Debemos estar en
guardia, porque Satanás está resuelto a entremezclar su influencia
maligna con los servicios religiosos, si le es posible. No haya tampoco
nada de teatral, porque tal cosa no contribuirá a fortalecer la
fe en la Palabra de Dios. Por el contrario, desviará la atención
hacia el instrumento humano. . .
Los que estén realmente bajo la influencia
del Espíritu Santo, manifestarán su poder mediante la aplicación
práctica de los eternos principios de la verdad. Pondrán
de manifiesto que el aceite santo procedente de las dos olivas se derrama
en las vasijas del templo del alma. Sus palabras estarán llenas
del poder del Espíritu Santo para suavizar y subyugar el corazón.
Debe quedar de manifiesto que las palabras pronunciadas son espíritu
y son vida (Carta 352, del 16 de diciembre de 1908, dirigida al pastor
S. N. Haskell, presidente de la Asociación de California). 360
17 de Diciembre LA OBSERVANCIA
DE LA NAVIDAD
Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo. Luc. 2: 9, 10.
Hace mucho tiempo que se celebra el 25 de
diciembre para conmemorar el día del nacimiento de Jesús
y. . . no es mi propósito afirmar si es apropiado o no celebrar
ese acontecimiento en ese día, sino meditar en la niñez y
la vida de nuestro Salvador. Quiero llamar la atención de
los niños a la humildad del Redentor al venir al mundo.
Todo el cielo estaba interesado en el gran
acontecimiento del advenimiento de Cristo a la tierra. Mensajeros
celestiales vinieron para dar a conocer el nacimiento del tantas veces
prometido y tan esperado Salvador a los humildes pastores que cuidaban
sus rebaños de noche en las planicies de Belén. La
primera manifestación que atrajo la atención de los pastores
cuando el Salvador nació fue una luz radiante que irrumpió
en medio de las estrellas, y que los llenó de admiración.
. .
Los atónitos pastores apenas podían
comprender el precioso mensaje que les habían traído los
ángeles, y cuando desapareció esa luz esplendente, se dijeron
los unos a los otros: "Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto
que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron,
pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al
niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer
lo que se les había dicho acerca del niño" (Luc. 2: 15-17).
. .
¡Qué amor incomparable manifestó
Jesús por un mundo caído! Si los ángeles cantaron
porque el Salvador nació en Belén, ¿no se harán
eco nuestros corazones del alegre refrán que dice: "Gloria a Dios
en las alturas, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres"
(Luc. 2: 14). Aunque no sabemos exactamente en qué día
nació Jesús, debemos honrar este sagrado acontecimiento.
No quiera Dios que haya alguien tan estrecho de mente que pase por alto
este acontecimiento porque no tiene seguridad en cuanto a la fecha exacta.
Hagamos todo lo posible para que las mentes de los niños se concentren
en esas cosas que son tan preciosas para todos los que aman a Jesús.
Enseñémosles que vino a este mundo para traer esperanza,
consuelo, paz y felicidad para todos. Los corazones de todos respondan
con gozo inefable al don infinito del Hijo de Dios (Review and Herald,
del 17 de diciembre de 1889). 361
18 de Diciembre GUÍENOS
CRISTO
Entonces, acercándose los discípulos,
le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas?
El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios
del reino de los cielos, mas a ellos no les es dado.
Mat. 13: 10, 11.
Cristo dio a entender a sus discípulos
que predicaba por medio de parábolas y escondía las grandes
verdades que presentaba, mediante expresiones figuradas, para que las personas
que no tenían la verdad ni la amaban, aquellos cuyos corazones habían
sido desviados por sus propios caracteres y su inclinación a la
complacencia propia, no pudieran conocer sus doctrinas. . .
Nuestro Señor calificó a los
oidores infructuosos como escépticos, superficiales o secularizados.
Los tales no pueden percibir la gloria moral de la verdad, o su aplicación
práctica y personal a sus propios corazones. Carecen de la
fe que vence al mundo, y en consecuencia el mundo los vence a ellos. .
.
El entendimiento se vuelve rápido
y agudo sólo mediante la íntima comunión con Dios.
Los hombres del tiempo de Cristo se acarrearon esa ceguera que aun viendo
no ve, y esa sordera voluntaria que al oír no oye ni entiende. Jesús
les dijo que no tenían razón para sorprenderse de lo que
había dicho con respecto a su incredulidad, porque Isaías
había predicho la misma cosa. [Se cita Mat. 13: 13-15].
Muchos de los que profesan creer la verdad
para este tiempo estarán en una situación similar.
No comprenderán la maravillosa obra de Dios por medio de la cual
confirma su Palabra. No se darán cuenta de que la obra del
Espíritu Santo es consecuencia de su poder, no porque no haya suficientes
evidencias, sino porque la rebeldía y la corrupción de sus
propios corazones no les permitirán reconocer con honestidad y sencillez
el peso de esas evidencias, porque sus pecados han endurecido sus almas,
y la conformidad con el mundo ha nublado su concepto de las cosas divinas.
. . No están dispuestos a que se los conduzca por la senda de la
justicia que lleva hasta la ciudad de Dios. . .
Debemos confiar cabalmente en el Señor.
Será para nosotros un pronto auxilio en las tribulaciones.
Esperemos en el Altísimo y ejerzamos fe en sus promesas. Nos
escuchará. Limitémonos a creer. El Capitán
de nuestra salvación no nos dejará conducir nuestro propio
barco. Dispondremos de su ayuda y su sabiduría justamente
cuando las necesitemos (Carta 24, del 18 de diciembre de 1882, dirigida
a W. C. White). 362
Escogeos hoy a quién sirváis. Jos. 24: 15.
El viento está creciendo en intensidad
hasta convertirse en ciclón. No me aventuro a salir al puente [del
vapor Wairarapa]. Me alegro de mantenerme en calma. . .
Estaba elevando mi corazón a Dios
por medio de Cristo, quien calmó la tempestad al decir: "¡Calla,
enmudece!"
De repente el arco iris se extendió
en el cielo. Pude ver la señal de la promesa de Dios en ese
arco trazado en las nubes, y descansé en la confianza de sus brazos
protectores. . .
La camarera ha sido muy amable conmigo.
Le di El Camino a Cristo y algunos periódicos y folletos.
Le hablé acerca de la salvación de su alma. Le señalé
los peligros que corre la vida de todos los que se encuentran en el mar.
Me dijo que había pensado en ello a menudo, pero añadió:
"Si pudiera, sería cristiana; pero no puedo. Sería
imposible seguir a Dios en un barco como éste. Usted no sabe,
no puede tener la menor idea de la maldad de estos marineros. El
capitán y sus colaboradores poseen características tan similares
a las de la tripulación, que no pueden ejercer influencia sobre
ella para introducir reformas, si quisieran hacer tal cosa". Le pregunté
por qué no buscaba otro empleo. Me dijo: "De nada valdría.
Tengo cuatro hijos que sostener y no tengo fuerzas para hacer trabajo duro".
Era una mujer pequeña, frágil y de rasgos delicados. . .
Traté de hacerle entender lo peligroso
que es vivir sin orar. Me dijo: "No vale la pena orar aquí,
ni tratar de ser religioso". Le dije que si el Señor le había
señalado ese lugar, ella podría descubrir en Cristo su refugio,
si lo aceptaba como su Salvador. Me contestó con lágrimas
en los ojos: "Es imposible. Conozco la tripulación de este
barco. No puedo practicar aquí una religión viviente.
Espero que llegue el día cuando se me abra la oportunidad de vivir
sin tener que sostener a mi familia, y entonces voy a prestar atención
a las cosas serias de la vida. Si solamente pudiera estar con mis
hijos y sostenerlos en forma humilde, lo haría con mucho gusto".*
(Diario, Manuscrito 88, del 19 de diciembre de 1893. En viaje a Sydney,
Australia, desde nueva Zelandia). 363
20 de Diciembre RECOGED
LOS PEDAZOS
Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Juan 6: 12.
Esta mañana, más bien dicho
a las doce, me levanté para ajustar mis celosías que estaban
siendo sacudidas por el viento, cuando encontré el manuscrito que
tenía que leer antes de partir en el tren de las seis rumbo a San
Francisco, donde me tengo que reunir con el pastor Corliss para trabajar
con él durante la semana de oración. Con ese manuscrito
estaba una carta de ustedes para W. C. W. [White] que leí a media
noche. Esa carta era de especial interés para mí, y
después de leerla ya no pude ni siquiera pensar en dormir; por eso
me vestí, y en este momento estoy escribiendo. . .
Me he sentido más agradecida de lo
que puedo expresar por este agradable refugio [Elmshaven, cerca de Sta.
Elena, California], para los años de mi vejez. No me siento
más vieja ahora que hace veinte años, pero no me quedan muchos
más por vivir, y anhelo ardientemente cumplir la tarea de preparar
mis escritos de manera que si desaparezco de repente estén en condiciones
para que otros los puedan manejar, y para que de ese modo se cumpla la
tantas veces repetida instrucción que dice: "Recoged los pedazos
que sobraron, para que no se pierda nada". Aquí tenemos abundancia
de todas clases de frutos. Los alrededores son muy agradables a la
vista. Tenemos mucha agua pura proveniente de las colinas eternas,
y uvas en cantidad. . .
No voy a escribir más ahora, pero
espero que ustedes dos se encuentren donde por un tiempo no tengan que
estirar cada nervio y cada músculo al máximo posible.
No es lo mejor ser presuntuosos, de ninguna manera. El Señor
desea que sus cansados siervos tengan la oportunidad de ocupar un lugar
donde dispongan de la oportunidad de manifestar una amplia experiencia
por medio de la pluma y de la voz, sin tener que sacrificar la vida al
hacer el esfuerzo necesario. Los hombres debieran ser educados por
precepto y ejemplo para que puedan soportar la presión del trabajo,
y los que hasta este momento han llevado las cargas debieran cuidar la
vida que Dios les ha dado para que puedan comunicar sus palabras, es a
saber: "Este es el camino, andad por él".
Termino aquí mismo. Mi reloj
dice que son las tres de la mañana. Con amor, Elena G. de
White (Carta 161, del 20 de diciembre de 1900, dirigida a los Hnos.
Druillard, que trabajaron en África, y que habían sido invitados
a formar parte del personal que trabajaba con Elena G. de White). 364
21 de Diciembre LUCES
VACILANTES
Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mat. 5: 16.
Anhelo ver a la iglesia poniéndose
de pie con pleno sentido de su responsabilidad ante Dios, para que su luz
resplandezca sobre el mundo mediante rayos claros y persistentes.
La luz de muchos es demasiado vacilante, intermitente e insegura.
A veces brilla con un gran resplandor, y en otras ocasiones casi se extingue
Jehová, Dios de Israel, no puede ser glorificado a menos que la
luz alumbre permanentemente tanto en medio de las tinieblas morales como
en la plena luz. El resplandor del sol de justicia jamás es
difuso. Brilla constantemente sobre ustedes. Aunque Satanás
proyecta su sombra infernal sobre nuestro sendero, la luz alumbra más
allá todavía.
Entonces, ¿por qué no han de
andar los seguidores de Jesús en su luz, para reflejar los rayos
brillantes del Sol de justicia? Pueden hacerlo. Cristo los
ha intimado a que lo hagan y los capacita para hacerlo, porque nunca ordena
que alguien haga algo que no le es posible hacer. Lo que es posible
hay que hacerlo, no sólo para que uno mismo pueda gozar de felicidad
y paz, sino en beneficio del mundo.
Cada día necesitamos elevar el alma
hacia el cielo para captar los brillantes rayos de la luz que procede del
sol de justicia. ¿Ha olvidado Dios de manifestar su gracia hacia
el pueblo que lo teme y lo ama? No. ¿Ha cerrado la puerta
de su tierna misericordia de tal manera que ya no pueda alcanzar a los
probados y tentados? Les digo que no. Dirijan su vista hacia
las alturas, almas temblorosas y llenas de dudas. Contemplen el rostro
de Jesucristo, que resplandece de amor por lo que ha adquirido mediante
su sangre, y no duden más.
Jesús es nuestro Abogado, nuestro
gran Sumo Sacerdote. Es nuestro representante ante el Padre en las
cortes del cielo. Su mediación nos asegura todo lo que requiere
nuestra fe. "Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis;
llamad, y se os abrirá" (Mat. 7: 7). ¿Quién lo dijo?
El Padre eterno, el Príncipe de paz. Es nuestro Salvador.
Nunca dejará de cumplir su palabra. Nunca se negará
a sí mismo. Dios lo ha prometido. Aférrense con
fe de la promesa (Diario, Manuscrito 24, del 21 de diciembre de 1889).
365
22 de Diciembre EL AMOR
CUMPLE LA LEY
El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. Rom. 13: 10.
El atributo que Cristo aprecia más
en el hombre es la caridad (el amor) proveniente de un corazón puro.
Este es el fruto que produce el árbol cristiano. "Todo aquel
que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios" (1 Juan 4: 7). El Señor
Jesús dijo: "Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos
a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a
otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13: 34, 35).
Mientras se manifestaba mediante la columna
de nube, habló por medio de Moisés con los hijos de Israel
de esta manera: "No aborrecerás a tu hermano en tu corazón;
razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.
No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo,
sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová
(Lev. 19: 17, 18). "Esto os mando: Que os améis unos a otros"
(Juan 15: 17). Si somos cristianos de acuerdo con la Biblia, cada
cual tendrá un interés tan grande en su hermano obrero como
en sí mismo. La obra de impartir el pan de vida a las almas
que perecen debiera ser tan absorbente que mantenga bondadoso y tierno
el corazón de los obreros hacia sus colaboradores. Hay que
cultivar la cortesía cristiana, hay que educar la mente y el corazón
para realizar actos de bondad que manifiesten un interés sin egoísmo
por cada compañero de trabajo en la obra.
Considérense misioneros, no entre
los paganos, sino entre sus propios hermanos. Se necesita mucho tiempo
y trabajo para convencer a un alma de la verdad. ¡Cuánto dinero
se ha gastado para atraer a hombres y mujeres del pecado a la justicia!
¿Qué ocurre en el cielo cuando se traen almas a la verdad?
Hay más gozo en la presencia de los ángeles por un pecador
que se arrepiente que por noventa y nueve personas [que se creen] justas
y que no necesitan arrepentimiento. (Véase Luc. 15: 7). . .
Si nos mantenemos en el amor de Dios, rodeará
al alma una influencia que será sabor de vida para vida. Tenemos
que cuidar a las almas puesto que daremos cuenta de ellas (Manuscrito 16,
del 22 de diciembre de 1892, "Amor por los hermanos"). 366
23 de Diciembre EL AGUA
SE CONVIERTE EN VINO
Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria. Juan 2: 11.
Durante la fiesta de bodas, de Caná
de Galilea, a la cual asistió Cristo, se descubrió que por
alguna causa la provisión de vino no había sido suficiente.
Esto produjo mucha perplejidad y pesar. No era lo acostumbrado no
servir vino en tales ocasiones, y su carencia podría parecer falta
de hospitalidad. Como pariente de los contrayentes, María
había ayudado en los arreglos relativos a la fiesta, y en esa ocasión
le habló a Jesús para decirle: "No tienen vino" (Juan 2:
3). Estas palabras sugerían que él podía satisfacer
esa necesidad. Pero Jesús contestó: "¿Qué
tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora" (vers. 4).
La respuesta de Jesús no desanimó
a su madre. En el momento debido él haría su parte:
"Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere.
Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito
de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales
cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo:
Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba.
Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo
llevaron" (vers. 5-8).
Cuando llegó el momento, el milagro
realizado por Cristo fue reconocido. Tan pronto como el maestro de ceremonias
de la fiesta acercó el vaso a los labios y probó el vino,
miró con una mezcla de alegría y sorpresa. El vino
era de superior calidad, y nunca había probado uno igual.
Y era vino sin fermentar. Dijo al novio: "Todo hombre sirve primero
el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú
has reservado el buen vino hasta ahora" (Juan 2: 10).
Cristo no se acercó a los cántaros
ni tocó el agua; simplemente los miró y con sólo eso
se convirtió en el puro jugo de la vid, claro y purificado. ¿Qué
efecto tuvo este milagro? "Sus discípulos creyeron en él"
(vers. 11). . . Mediante este milagro Cristo también dio evidencias
de su misericordia y compasión. Manifestó que se preocupaba
por las necesidades de los que lo seguían para escuchar sus palabras
llenas de conocimiento y sabiduría (Diario, Manuscrito 79, del 23
de diciembre de 1900). 367
24 de Diciembre COMO
TENER ÉXITO
Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos. 1 Crón. 29: 14.
Espero que Dios les dé prosperidad.
Si nos sometemos a su cuidado y buscamos su aprobación, tendremos
buen éxito doquiera estemos y no importa qué hagamos.
Sin la bendición de Dios, la mayor prosperidad dejará de
ser éxito. Nuestra primera preocupación debiera ser
tratar de conseguir que Dios sea nuestro amigo. "Haga conmigo paz;
sí, haga paz conmigo" (Isa. 27: 5).
No nos habituemos a servirnos a nosotros
mismos y a manifestar indiferencia por los requerimientos de Dios.
Ustedes son propiedad suya. Tengan principios bien establecidos.
Recuerden que Jesús los compró a un precio infinito.
Mantengan puros los pensamientos, pues son del Señor. Dénselos
a él. No podemos merecer nada de Dios. No podemos darle
nada que no le pertenezca. ¿Retendremos lo que le pertenece?
No le robemos a Dios dedicando al mundo su tiempo, sus talentos y su fuerza.
Solicita sus afectos. Dénselos. Le pertenecen.
Solicita cada momento de su tiempo. Dénselos. Le pertenecen.
Requiere su inteligencia. Dénsela. Le pertenece.
Recuerden las palabras del apóstol
inspirado: "No sois vuestros. Porque habéis sido comprados
por precio" (1 Cor. 6: 19, 20). Han sido comprados. . . aunque perezcan.
El Señor quiere disponer de su propiedad. Cuando le hemos
entregado a Dios el alma, el cuerpo y el espíritu, cuando hemos
mantenido el apetito bajo el dominio de una conciencia iluminada, cuando
hemos luchado contra cada concupiscencia con la conciencia de que cada
órgano es propiedad de Dios, destinado a su servicio, cuando todos
nuestros afectos están en armonía con el Señor, y
que nuestra mira está puesta en las cosas "de arriba, no en las
de la tierra" (Col. 3: 2). Entonces le hemos dado al Señor
lo que le pertenece. ¡Oh Dios, "todo es tuyo, y de lo recibido de
tu mano te damos". . .
Por ningún motivo vivan para ustedes
mismos. Siempre hay quienes necesitan la ayuda que ustedes pueden
dar. Jesús se dio a sí mismo por nosotros. ¡Qué
condescendencia! Sometamos al yo y seamos una bendición para
los demás. Glorifiquen a Dios al elegir su camino y su voluntad.
Será el sabio Consejero de ustedes, y un Amigo inmutable y siempre
presente (Carta 23, del 24 de diciembre de 1873, dirigida a Edson y Emma
White). 368
25 de Diciembre EL INEFABLE
DON DE DIOS
¡Gracias a Dios por su don inefable! 2 Cor. 9: 15.
Anoche se celebró la Navidad en el
tabernáculo [de Battle Creek], y todo salió bien, con modestia,
solemnidad y gratitud manifestada en todo lo que se hizo y se dijo, porque
Jesús, el Príncipe de la vida, vino a este mundo como el
bebé de Belén para ofrecerse por nuestros pecados.
Vino para cumplir las predicciones de los profetas y videntes a quienes
había instruido para que comunicaran y cumplieran los consejos del
cielo, y para que al cumplir la gran misión que era su obra, se
verificara el cumplimiento de sus propias palabras. Y por eso cada
alma se encuentra bajo la más solemne obligación de agradecer
a Dios porque Jesús, el Redentor del mundo, se ha comprometido a
lograr la plena salvación de cada hijo e hija de Adán.
Sólo a sí mismos se podrán culpar si no aceptan el
don celestial. El sacrificio era amplio, y en plena armonía
con la justicia y el honor de la santa ley de Dios. El inocente sufrió
por el culpable, y esto debiera despertar la gratitud más plena.
A las diez y media [del 25 de diciembre]
hablé a los que se habían reunido en el tabernáculo.
El Señor puso en mis labios palabras fervientes. Traté
de presentar este asunto a la luz de la Palabra de Dios, es a saber, que
la obra en favor de la salvación de las almas no debe descansar
sólo sobre los pastores, sino sobre cada ser humano a quien Dios
haya encargado esta tarea. La obra del Señor debe ser realizada
por los miembros vivientes del cuerpo de Cristo, y para el cumplimiento
de la gran comisión divina hay que educar a cada cual para que haga
su parte en la conversión de las almas. Los ha incorporado
al ejército del Señor, no para que lo pasen bien, no para
que vean cómo entretenerse, sino para soportar pruebas como fieles
soldados de la cruz de Cristo. Cada recluta debe hacer su parte,
debe ser vigilante, valeroso y leal. Después de hablar unos
cincuenta minutos se dieron excelentes testimonios.
Al volver a casa invitamos a cenar a Fred
Walling, el hijo de mi sobrina, su esposa, su suegra y sus dos hijitos,
un bebé de tres meses y un chico de seis años. Eran
peregrinos y pobres y necesitaban un poco de ánimo (Diario, Manuscrito
24, del 25 de diciembre de 1889). 369
Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Efe. 4: 1-3.
Lean la oración que Cristo ofreció
por su pueblo justamente antes de su juicio y su crucifixión.
Cristo, en su condición de ser humano, sufrió desilusiones
y pruebas. Cuando leo en la Biblia cuántos no quisieron creer
que Cristo era el Hijo de Dios, el corazón se me llena de tristeza.
Leemos que hasta sus propios hermanos rehusaron creer en él.
Debemos presentar un frente monolítico
de unión y fe. Debemos ser fuertes en el Señor con
el poder de su gracia. . . Debido a la desunión, el enemigo se introduce
y siembra su simiente. Necesitamos conocer la verdad en todos sus
aspectos. Necesitamos menos de nuestras propias palabras y más
de la Palabra de Dios. Estamos cerca del fin del tiempo, y no podemos
permitirnos cometer errores. La verdad alcanzará la victoria.
"Amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables" (1 Ped. 3:
8). Debemos poner en práctica la cortesía cristiana.
La respuesta suave a la cruel arremetida disipa la ira. . .
Se hiere a Cristo cuando se producen diferencias
con tanta facilidad y tan a menudo. Vayan al capítulo 17 de
Juan y lean la oración de Cristo, y su ruego de que sus discípulos
fueran unidos así como él es uno con el Padre. Deshonramos
mucho a Dios cuando consideramos asunto de poca monta sacar a relucir nuestras
diferencias. El resultado de esto es que con seguridad debilitamos
nuestras propias almas y las de los demás. . .
Cuando ponemos sobre el tapete nuestras propias
ideas y opiniones, desviamos a otras personas. Démosle importancia
a un sencillo "Así dice Jehová", y seremos colaboradores
de Cristo.
"Sed, pues, imitadores de Dios como hijos
amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó,
y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio
a Dios en olor fragante" (Efe. 5: 1, 2). ¡Qué grandes y abarcantes
verdades surgen con todo su brillo de la Palabra de Dios, para modelar
las mentes y los corazones de acuerdo con la orden de Cristo! Durante
la noche escuché estas palabras dirigidas a diversos grupos por
el Maestro divino: "Pongan en armonía sus planes, no haya discrepancias
entre ustedes". . . (Carta 398, del 26 de diciembre de 1906, dirigida al
Dr. D. H. Kress y Sra.). 370
27 de Diciembre TRABAJEMOS
DE ACUERDO CON CRISTO
La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo. Sant. 1: 27.
Nuestra obra será incompleta si no
preparamos a otras personas para que sean colaboradoras de Dios, para visitar
a las familias y orar por ellas, y para mostrar al mundo lo que Jesús
ha hecho por nosotros. La Palabra de Dios declara: "La religión
pura y sin mácula delante de Dios el Padre es ésta: Visitar
a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse
sin mancha del mundo". Estas palabras están dirigidas a cada
seguidor de Cristo. No sólo el pastor, sino cada alma relacionada
con el Señor debe trabajar en su viña. "En esto es
glorificado mi Padre - dijo Cristo-, en que llevéis mucho fruto"
(Juan 15: 8). Mediante su propia vida Cristo pagó el fervor
y la cordial colaboración de cada uno de ustedes. Si no trabajan
como fieles misioneros, son desleales al cometido que se les confió,
y desilusionan a su Salvador. . .
Dios ha mostrado en su Palabra la única
manera como se puede hacer esta tarea. Debemos realizar una obra
fervorosa y fiel, para trabajar en favor de las almas como quienes tenemos
que dar cuenta. "¡Arrepentíos, arrepentíos!"
fue el mensaje que proclamó Juan en el desierto, el mensaje de Cristo
a la gente fue: "Si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente"
(Luc. 13: 3). Y a los apóstoles se les ordenó que predicaran
por todas partes que los hombres debían arrepentirse. El Señor
quiere que sus siervos prediquen hoy las antiguas doctrinas del Evangelio:
el dolor por el pecado, el arrepentimiento y la confesión.
Necesitamos sermones de estilo antiguo, costumbres de estilo antiguo, padres
y madres en Israel como los de antes, que posean la ternura de Cristo.
Hay que trabajar con el pecador en forma
perseverante, ferviente y sabia, hasta que se dé cuenta de que es
transgresor de la ley de Dios y manifieste arrepentimiento hacia el Altísimo
y fe hacia nuestro Señor Jesucristo. Cuando el pecador sea
consciente de su condición desesperada, y sienta su necesidad del
Salvador, acudirá con fe y esperanza al "Cordero de Dios, que quita
el pecado del mundo" (Juan 1: 29). Cristo aceptará al alma
que acude a él verdaderamente arrepentida. No rechazará
el corazón quebrantado. . .
Ya resuena el grito de guerra por todas partes.
Avance hacia el frente cada soldado de la cruz, no con suficiencia propia,
sino con mansedumbre y humildad de corazón (Signs of the Times,
27 de diciembre de 1899). 371
Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. Juan 15: 20.
No hay mayor evidencia de que Satanás
está obrando que cuando los que profesan haber sido santificados
para servir a Dios persiguen a sus semejantes porque no creen las mismas
doctrinas que ellos sostienen. Estos mismos se lanzarán con
furia contra el pueblo de Dios, para declarar que es verdad lo que saben
que no lo es. De ese modo pondrán de manifiesto que quien
los inspira es el acusador de los hermanos, y asesino de los santos de
Dios. Pero si Dios permite que los tiranos nos traten como los sacerdotes
trataron a su Hijo, ¿abandonaremos nuestra fe y nos lanzaremos a
la perdición? Dios permite que estas cosas nos ocurran, no
porque no se preocupe por nosotros, puesto que afirma: "Estimada es a los
ojos de Jehová la muerte de sus santos" (Sal. 116: 15).
Con Satanás a la cabeza para imbuirlos
de su espíritu, los hombres pueden afligir al pueblo de Dios, causarle
dolor y quitarle su vida temporal; pero no pueden tocar la vida que está
escondida con Cristo. No nos pertenecemos. En cuerpo y alma
hemos sido comprados mediante el precio que se pagó en la cruz del
Calvario, y debemos recordar que estamos en las manos de Aquel que nos
creó. No importa qué hagan los hombres impíos
inspirados por Satanás, debemos descansar en la seguridad de que
estamos bajo la protección de Dios y de que él nos va a fortalecer
mediante su Espíritu para que podamos persistir. . .
Pronto llegará el momento cuando el
Señor diga: "Anda, pueblo mío, entra en tus aposentos, cierra
tras ti tus puertas; escóndete un poquito, por un momento, en tanto
que pasa la indignación. Porque he aquí que Jehová
sale de su lugar para castigar al morador de la tierra por su maldad contra
él; y la tierra descubrirá la sangre derramada sobre ella,
y no encubrirá ya más a sus muertos" (Isa. 26: 20, 21).
Los que aman al Señor no necesitan
sorprenderse si los que pretenden ser cristianos se llenan de odio porque
no pueden doblegar la conciencia del pueblo de Dios. Dentro de poco
comparecerán delante del juez de toda la tierra para dar cuenta
del dolor que han causado a los cuerpos y almas de la heredad de Dios (Review
and Herald, del 28 de diciembre de 1897). 372
29 de Diciembre PERFECTA
CONFORMIDAD CON LA VOLUNTAD DE DIOS
Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Heb. 13: 8.
Mis hermanos y hermanas: Necesitamos tener
delante de nosotros el ejemplo de la perfección de Cristo.
Cuando permitimos que nuestras mentes se concentren en las imperfecciones
de los demás, nuestras propias almas se contaminan con la levadura
del mal.
Al tratar de presentar al mundo la verdad
para este tiempo, enfrentaremos muchas dificultades, pero si mantenemos
el corazón y la mente fijos en el precioso Salvador y hablamos de
su amor y su poder, las perplejidades pasarán y nos sentiremos felices
con la seguridad del amor del Señor. No dependemos del mundo
y sus veleidades. Aquel en quien mora la plenitud de la divinidad
corporalmente; y en quien se halla oculta la sabiduría y el conocimiento,
es la corona de nuestro regocijo, nuestra paz, nuestro poder, nuestra satisfacción.
Regocijémonos, entonces, no importa qué ocurra, tanto fuera
como dentro de nosotros.
Debemos obtener esa medida de la gracia de
Cristo que ha de capacitarnos para morar juntos en amor y unidad en esta
vida, pues en caso contrario no podremos morar juntos en la vida venidera.
Estoy tratando de mostrar a nuestros hermanos la necesidad de la unidad
por la cual Cristo oró. El alma debe poseer plenamente el
poder y la autoridad de la Palabra de Dios. Cristo, el ejemplo perfecto,
siempre está delante de nosotros. Debemos buscar en él
la gracia y el poder para vencer cada falta.
Debemos estar listos para el gran día
de Dios al poner en práctica cotidianamente en nuestra vida los
principios perfectos que nos presentó Cristo mediante su existencia.
Nos ha llamado para que seamos sus representantes. Somos hijos de
Dios. Mediante la adopción espiritual hemos llegado a ser
sus hijos e hijas. Debemos vivir de acuerdo con su voluntad para
representarlo mediante nuestra vida y nuestro carácter.
La perfecta conformidad con la voluntad de
Dios es la condición a partir de la cual se nos da la vida eterna.
. . Dios los bendiga, mi hermano y mi hermana, y los guíe por medio
del conocimiento de su Palabra hasta que lleguen a tener una perfecta comprensión
de su voluntad con respecto a ustedes (Carta 96, del 29 de diciembre de
1911, dirigida al Hno. J. J. Gravelle y Sra., miembros de iglesia de Dakota
del Norte). 373
30 de Diciembre
CAMINEMOS EN LAS HUELLAS DE JESÚS
A uno dio cinco talentos, y a otros dos, y a otro uno, a cada uno conforme a su capacidad. Mat. 25: 15.
Estudiemos las instrucciones que se encuentran
en Mateo 25: 14-46. Comparemos esas instrucciones con el registro
de nuestra vida. Cada cual debe dejar a una lado la vanagloria. .
.
Caminemos en las huellas de Cristo con toda
la humildad de la fe verdadera. Pongamos a un lado la confianza propia,
consagrándonos al Salvador día tras día y hora tras
hora, para recibir e impartir constantemente su gracia. Ruego a los
que profesan creer en Cristo que caminen humildemente delante de Dios.
El orgullo y la exaltación propia lo ofenden. "Si alguno quiere
venir en pos mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz,
y sígame" (Mat. 16: 24). Sólo a los que obedecen esta
orden reconocerá él como sus creyentes. "A todos los
que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser
hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad
de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios" (Juan 1: 12, 13).
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó
entre nosotros" (vers. 14). ¡Qué maravillosa condescendencia!
El Príncipe del cielo, el Comandante de las huestes celestiales
abandonó su elevada posición, depuso su atuendo real y su
corona, y revistió su divinidad de humanidad para convertirse en
el Maestro divino de todos los hombres, y para vivir entre los hombres
una vida libre de egoísmo y pecado, con el fin de dar un ejemplo
de lo que podrían llegar a ser mediante su gracia.
"Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó
entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del
Padre), lleno de gracia y de verdad" (vers. 14). Alabemos a Dios
por esta maravillosa declaración. Las posibilidades que presenta
nos parecen demasiado grandes para que las podamos entender, y nos avergüenzan
por nuestra debilidad y nuestra incredulidad. Alabo a Dios porque
por fe puedo ver a mi Salvador. Mi alma se apropia de ese gran don.
Nuestra única esperanza en esta vida consiste en levantar la mano
de la fe para estrechar la mano extendida para salvar. "He aquí
el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo" (Juan 1: 29).
Si quisiéramos apartar nuestra vista del yo para enfocarla en Jesús
con el fin de hacer de él nuestro Guía, el mundo vería
en nuestras iglesias un poder que ahora no ve (Manuscrito 166, del 30 de
diciembre de 1905, "Hay que hacer una obra agresiva"). 374
31 de Diciembre
NO PERMITAMOS QUE NADA NOS DESVÍE
Pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta. Fil. 3: 13, 14.
No permitamos que nada nos desvíe de
la senda de la abnegación. De los que en la antigüedad
se dedicaban a las justas deportivas leemos: "Todo aquel que lucha, de
todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible,
pero nosotros, una incorruptible" (1 Cor. 9: 25). Al emprender la
gran lucha, pensemos en lo que perderemos si fracasamos. Perderemos
la vida eterna adquirida para nosotros mediante la sangre del Hijo de Dios.
¿Abandonaremos, pues, la tarea de la eterna vigilancia? Si
hacemos todo lo posible para resistir el mal y superar los obstáculos,
lograremos la victoria. El vigor será la recompensa del esfuerzo
hecho para alcanzar el premio de nuestra elevada vocación en Cristo.
Se nos presentarán atracciones mundanales
para desviar nuestra atención del Señor Jesús; pero
al poner a un lado todo el peso del pecado que nos asedia, seguiremos avanzando
para mostrar al mundo, a los ángeles y a los hombres que la esperanza
de ver el rostro de Dios justifica todos los esfuerzos y sacrificios. .
.
"Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado;
pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta,
al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil.
3: 13, 14).
"Una cosa hago". Pablo no permitía
que nada lo apartara del gran propósito de su vida. . . En medio
de las numerosas actividades de la vida nunca perdió de vista su
gran propósito: Proseguir rumbo a la meta, al premio de su supremo
llamamiento. . .
Permitamos que los grandes propósitos
que indujeron a Pablo a proseguir rumbo a la meta frente a los problemas
y dificultades, los induzcan a ustedes también a consagrarse plenamente
al servicio de Dios. Todo lo que les llegue a la mano para hacer,
háganlo según sus fuerzas. Alegren la tarea con himnos
de alabanza. Si quieren tener un registro limpio en los libros del
cielo, nunca se quejen ni protesten. Sea ésta la oración
cotidiana de cada uno de ustedes: "Señor: Ayúdame a hacer
todo lo mejor posible. Enséñame a hacer mejor mi tarea.
Dame energía y alegría. Ayúdame a introducir
en mi servicio el ministerio amante del Salvador" (Carta 1, del 31 de diciembre
de 1903, dirigida a "Mis queridos hermanos y hermanas").
Última actualización 2 de Dic. 2,002