
Tu guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado. Confiad en Jehová perpetuamente, porque en Jehová el Señor está la fortaleza de los siglos. Isa. 26: 3, 4.
Le deseo un feliz año nuevo.
Dejemos de lado para siempre toda desconfianza con respecto a Jesús.
Comencemos una vida de confianza sencilla, semejante a la de un niño,
que no se base en los sentimientos sino en la fe.
No deshonre al Señor dudando de sus
preciosas promesas. Quiere que creamos en él con fe resuelta.
Hay quienes dicen: "¡Creo, creo!" y desean recibir todas las promesas
que se otorgan sobre la base de la obediencia. Mientras reclaman
el cumplimiento de todas las promesas de Dios, no hacen las obras de Cristo.
No se honra a Dios con esa fe, pues es falsa. Hay quienes tratan
de guardar todos los mandamientos de Dios, pero muchos de ellos no están
a la altura de sus privilegios, y no le piden nada al Señor. Las
promesas de Dios son para los que guardan sus mandamientos y hacen las
cosas que le agradan. . .
Tengo que librar cada día la buena
batalla de la fe. Tengo que ejercer al máximo el poder de
la fe y no confiar en los sentimientos, y obrar como si el Señor
ya me hubiera escuchado, contestado y bendecido. La fe no es un revuelo
de los sentimientos. Es simplemente aceptar las palabras de Dios
y creer, porque él dijo que lo hará. . .
Espero que no se desanime por ningún
motivo. . .
Dios quiere que sea libre, que crea, que
tenga confianza y que deje de dudar. Quiera Dios ayudarla. . . Un nuevo
año se abre ante nosotros. Sea éste un año feliz.
. . Refúgiese en los brazos de Jesús y no se esfuerce por
desprenderse de ellos. Crea en Dios, alábelo y siga adelante.
Ya así hemos llegado a casa.
El Señor viene. Levante la vista
y regocíjese, porque su redención está cerca.
Veo en Jesús a un Redentor compasivo y amante, que puede salvar
hasta lo sumo a los que acuden a él. Deposite todo el peso
de su ser en las promesas de Dios. Crea; tiene el privilegio de creer
(Carta 31, del 1º de enero de 1887, dirigida a Martha Bourdeau, esposa
de uno de los primeros pastores enviados a Europa). 10
El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo. 1 Juan 2: 6.
Muchos están en el territorio encantado
del enemigo. Cosas superfluas como fiestas fatuas, cantos, bromas
y chistes ocupan sus mentes, de modo que sirven a Dios con corazón
dividido. Cuando hacen estas cosas un ser invisible se encuentra
entre ustedes. Satanás está presente con regocijo infernal.
No se presta atención a esta declaración de Cristo: "Ninguno
puede servir a dos señores" (Mat. 6: 24).
Después de la ascensión de
Cristo, el Espíritu Santo no descendió inmediatamente.
Pasaron diez días antes que el Espíritu Santo fuera derramado.
Los discípulos dedicaron ese tiempo a prepararse con mucho fervor
a fin de recibir tan precioso don. Los ricos tesoros del cielo fueron derramados
sobre ellos después de escudriñar diligentemente sus corazones
y sacrificar todo ídolo. Estaban ante Dios para humillar sus
almas, fortalecer su fe y confesar sus pecados. Sus corazones latían
al unísono. "Cuando llegó el día de Pentecostés,
estaban unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo
como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa
donde estaban sentados" (Hech. 2: 1, 2). La iglesia necesita una
experiencia similar aquí mismo, en el gran corazón de la
obra.* ¿Estamos examinando nuestros corazones y preparándonos
para recibir la gracia celestial? El Señor está esperando
para poder derramarla.
Dios se revelará a su pueblo, pero
todos debemos estar empeñados en la obra de buscarlo. . . La tarea
que se debe llevar a cabo en este tiempo es de lo más importante.
Esta es una cuestión de vida o muerte. . .
¿Se le permitirá al enemigo,
precisamente en este tiempo solemne, que cree tal ambiente de diversión
y placer, que absorba las mentes y las llene de cosas vanas y pensamientos
frívolos que no tienen nada que ver con Dios, ni con la eternidad
ni con el cielo? (Diario, 1890, del 2 de enero de 1890, Manuscrito 38).
11
3 DE ENERO EL CIELO ESTA
MUY CERCA
Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. Mat. 18: 20.
Trabajen, velen y oren por las almas como
quienes tienen que dar cuenta. Este año prueben el remedio
que el Señor prescribe para contrarrestar el mal. Haga cada
cual lo que el Señor le pide, mirando a Jesús, que es el
dueño de toda alma. . .
Congréguense pequeños grupos
en la tarde o en la mañana temprano para estudiar la Biblia.
Celebren una reunión de oración para que el Espíritu
Santo los pueda fortalecer, iluminar y santificar. . .
Si lo hacen serán grandemente bendecidos
por Aquel que dedicó totalmente su vida al servicio, y que nos redimió
por medio de ella. Deben recibir el poder del Espíritu Santo;
en caso contrario, no podrán vencer. ¡Qué testimonio
deberían dar de la cordial relación que mantienen con sus
compañeros de labor en esos preciosos momentos cuando buscan la
bendición de Dios! Cada cual cuente con palabras sencillas lo que
le ha ocurrido...
La obra de cada creyente debe ser agresiva.
Es una lucha diaria. Cristo nos dice. . .: "Vosotros sois mis testigos"
(Isa. 43: 10). Piensen en esto, hablen acerca de ello, háganlo.
El cielo está muy cerca. Abran la puerta que conduce al cielo
y cierren la que lleva a la tierra. . . ¿Escucharán ustedes
la voz de Jesús y le abrirán la puerta del corazón?
¿Amarán al que dio su vida por ustedes?
Reúnanse pequeños grupos para
estudiar las Escrituras. No perderán nada y ganarán
mucho. Los ángeles del cielo asistirán a sus reuniones
y al alimentarse con el pan de vida recibirán fortaleza espiritual.
Se estarán alimentando, por así decirlo, con las hojas del
árbol de la vida. Sólo así mantendrán
su integridad. La lealtad a Jesucristo les asegurará la más
preciosa recompensa. Procure cada alma la vida eterna, aceptando
a Cristo en palabra y en espíritu. Ha empeñado su palabra
de que nos reconocerá alegre, cordial y gozosamente ante su Padre
que está en los cielos: ¿No vale acaso la pena luchar por
esto? Vean qué pueden hacer personalmente para ser fieles
a los principios, para mantenerse incontaminados en todo aspecto de la
vida, y entonces contemplarán su gloria (Carta 2, del 3 de enero
de 1900, dirigida a la Hna. y el Hno. Sisley). 12
4 DE ENERO CULTIVEMOS
EL SUELO
Porque como la tierra produce su renuevo, y como el huerto hace brotar su semilla, así Jehová el Señor hará brotar justicia y alabanza delante de todas las naciones. Isa. 61: 11.
Los oráculos vivientes de Dios, un
"Escrito está", son las hojas del árbol de la vida, del cual
el ser humano ha de alimentarse para obtener la vida espiritual.
Cuando comemos las palabras del Señor Jesucristo, nos dan vida eterna.
"Las palabras que yo os he hablado -dijo él-, son espíritu
y son vida" (Juan 6: 63). La corriente vital y restauradora de Cristo
cura las heridas causadas por el pecado.
"¡Oh, qué amigo nos es
Cristo!
El sintió nuestra aflicción
y nos manda que llevemos
todo a Dios en oración".
No importa qué conducta sigan los
demás, nosotros, individualmente, tenemos que obrar nuestra propia
salvación con temor y temblor. ¿Por qué? Porque
es Dios quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer según
su buena voluntad. Sí, para glorificar su propio nombre, obra
en los corazones y las mentes de los seres humanos, a quienes considera
valiosos, si le permiten actuar.
Cuando el hombre cayó, Dios comenzó
a desbaratar los planes de Satanás. Dios obra en los seres
humanos. "Vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor.
3: 9). En el principio el Señor ordenó a Adán
que cultivara la tierra. Esta tarea resultó mucho más
difícil debido a la transgresión de la ley de Dios.
Al pecar, el hombre obró contra su propio bien presente y eterno.
La tierra fue maldita porque debido a la desobediencia humana Satanás
tuvo la oportunidad de sembrar en el corazón la semilla del mal.
La tierra, que al principio producía sólo lo bueno, comenzó
a producir cizaña, y su desarrollo produjo una lucha continua.
El cultivo de la tierra es una escuela en
la cual el hombre puede aprender lecciones espirituales. Al cultivarla
ve, como en un espejo, la obra de Dios en el alma humana. El cultivo
divino produce perfección. Si al relacionarnos con Dios la
obra progresa, el instrumento humano, por medio de Cristo, logrará
cada día victorias y honores en medio de la lucha. Vencerá
debido a la gracia, y se pondrá en terreno ventajoso (Carta 5, del
4 de enero de 1900, dirigida al Hno. Colcord). 13
Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Heb. 4: 13
El triunfo de la verdad es posible solamente
cuando los obreros llevan consigo conscientemente la permanente presencia
de Dios. Deben comprender que cada palabra, cada transacción,
tanto en la vida del hogar como en la comunidad, se registra fielmente.
Cristo debe dirigir cada plan que se trace y cada esfuerzo que se haga.
En cada concilio los miembros debieran hablar y actuar como si el telón
estuviera levantado, y se vieran a sí mismos deliberando en la presencia
del universo celestial. Porque en realidad las cosas son así:
Todo el cielo está observando a los obreros. Al trazar planes
para una campaña agresiva, no permitan que el yo sobresalga; debe
estar oculto, bien oculto en Cristo. . .
Todo lo que pueda ser sacudido, lo será
y lo que no lo pueda ser, permanecerá.
El Señor pide la totalidad de nuestro
afecto. Si los hombres no se entregan totalmente, fallarán
en el día de la prueba. Cuando el enemigo despliegue sus fuerzas
contra ellos, y la batalla arrecie, en el momento preciso cuando se necesiten
toda la fuerza y la capacidad intelectual, y toda sabiduría y estrategia
para rechazar al enemigo, los medio convertidos volverán sus armas
contra sus propios compañeros de milicia y debilitarán las
manos qué debieran ser fuertes para el combate. Dios está
probando a todos los que tienen el conocimiento de la verdad a fin de ver
si se puede confiar en ellos para librar las batallas del Señor
cuando los ataquen acerbamente los principados, potestades y gobernadores
de las tinieblas de este siglo, y las huestes espirituales de maldad en
las regiones celestes. Nos esperan tiempos peligrosos, y nuestra única
seguridad consiste en poseer cada día el poder regenerador de Dios
y someternos completamente a él para hacer su voluntad y caminar
en la luz de su rostro. (1 Ped. 2: 9.)
Ahora, cuando estamos llegando justamente
a los límites de la tierra prometida, nadie debe volver a cometer
el pecado de los espías infieles. . . Exageraron todas las dificultades
y las convirtieron en obstáculos insuperables. . .
De ese modo transmitieron su incredulidad
a toda la congregación (Manuscrito 6, del 5 de enero de 1892, "Obremos
de acuerdo con Cristo"). 14
6 DE ENERO EL CONFLICTO HA TERMINADO
Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido. Mat. 5: 18.
Cuando Cristo inició su campaña,
Satanás le salió al encuentro y le disputó cada centímetro
de terreno, ejerciendo al máximo su poder para vencerlo. Muchas
cosas estaban implicadas en ese conflicto. Intereses vitales estaban
en juego. Los interrogantes que había que responder eran:
"¿Es imperfecta la ley de Dios y es necesario enmendarla o abrogarla?
O, en cambio, ¿es inmutable? ¿Es estable el gobierno de Dios,
o necesita algunas rectificaciones?" No sólo en presencia de los
que vivían en la ciudad de Dios había que responder a esas
preguntas, sino ante los habitantes de todo el universo celestial. . .
Desde el pesebre hasta la cruz Satanás
persiguió al Hijo de Dios. Las tentaciones se acumularon sobre
él como una tempestad. Pero cuanto más fiero era el
conflicto más se familiarizaba con las tentaciones que asedian a
los hombres, y más preparado estaba para socorrer a los tentados.
La dureza de la prueba por la cual tuvo que
pasar Cristo guardaba proporción con el objeto que había
que ganar o perder mediante su éxito o su fracaso. No estaba
en juego sólo el interés de un mundo. Este planeta
era el campo de batalla, pero todos los mundos que Dios ha creado se verían
afectados por el resultado del conflicto... Satanás trató
de causar la impresión de que estaba trabajando por la libertad
del universo. Incluso cuando Cristo estaba en la cruz, el enemigo
decidió imprimir a sus argumentos tal alteración, tanto engaño,
un carácter tan insidioso, que todos se convencieran de que la ley
de Dios es tiránica. El mismo trazó todo plan, ideó
todo mal, encendió toda mente para causar aflicción a Cristo.
El mismo instigó las falsas acusaciones que se lanzaron contra Aquel
que sólo había obrado el bien. El mismo inspiró
los crueles actos que añadieron sufrimientos al puro, santo e inocente
Hijo de Dios.
Mediante su conducta Satanás forjó
una cadena con la cual él mismo será encadenado. El
universo celestial será testigo de cuán justo es Dios al
castigarlo. El cielo mismo vio lo que hubiera llegado a ser, si Satanás
hubiera estado en él. . .
No sólo en las mentes de unas pocas
criaturas finitas que habitan este mundo, sino en las de todos los habitantes
del universo celestial, ha quedado establecida la inmutabilidad de la ley
de Dios. . . A una voz alaban a Dios por su justicia, misericordia, abnegación
y equidad (Manuscrito 1, del 6 de enero de 1902 "La justicia de Dios").
15
7 DE ENERO APRECIEMOS LAS
PROMESAS
No sirviendo al ojo, como los que quieren
agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo
la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor
y no a los hombres. Efe. 6: 6, 7.
Esforcémonos constantemente al realizar
la obra de nuestra vida para responder a la oración de Cristo de
que permanezcamos unidos los unos con los otros y con él.
Procuremos siempre hacernos la pregunta a nosotros mismos antes de formularla:
"¿Le agradará esto a mi Señor? ¿Está
en armonía con la voluntad de Dios?" La conciencia de que estamos
incorporando la vida de Cristo a la experiencia diaria, le dará
una sagrada dignidad a los deberes cotidianos. Todo lo que hagamos
con lealtad, honrará al Maestro. De este modo mostraremos
al mundo lo que los cristianos pueden hacer en favor de los pecaminosos
seres humanos, al ayudarles a aumentar constantemente la eficiencia en
el servicio en sus vidas y preparándolos para una vida más
plena en el mundo venidero (Manuscrito 1, del 7 de enero de 1903, "Un llamamiento").
Alabo al Señor. Esta mañana
dormí hasta las cuatro. Pero no me desperté como otras
veces. Fue una bendición para mí, de la cual estoy
agradecida. He llevado una carga muy grande al considerar la condición
espiritual del pueblo de Dios, que se encuentra muy por debajo de sus privilegios.
Permanecí despierta rogándole a mi Salvador celestial que
venga en nuestra ayuda y suscite heraldos que traigan un mensaje adecuado.
"Tu palabra es verdad" (Juan 17: 17). Anhelo fortaleza y poder físico
para que de la abundancia del corazón impulsado por el Espíritu
Santo pueda hablar la boca.
A menudo en las visiones de la noche hablo
a grandes grupos y con vehementes llamamientos insto constantemente a la
gente que está delante de mí: "Si, pues, habéis
resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo
sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba,
no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida
está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra
vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados
con él en gloria" (Col. 3: 1-4).
¡Qué rica promesa se nos presenta!
Demostremos entonces que la apreciamos y trabajemos con miras a estar llenos
de fervor y a sentirnos agradecidos por esa seguridad. Nos beneficiará,
y beneficiará a todos aquellos con quienes nos asociamos, si en
nuestras labores públicas se ve que estamos buscando las cosas de
arriba (Diario, Manuscrito 173, del 7 de enero de 1905). 16
8 DE ENERO HUMILDAD CRISTIANA
Acercaos a Dios, y él se acercará
a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble
ánimo, purificad vuestros corazones. Sant. 4: 8.
El Señor tiene mucha paciencia con
los hombres, y cuando manifiestan la determinación de seguir su
propio juicio, les permite que lo hagan. Se me mostró la debilidad
y la ignorancia del hombre caído, aun en su mejor condición.
A medida que el hombre profundiza su estudio, para conocer mejor la voluntad
y los caminos del Señor, percibe con más claridad su propia
ignorancia, con lo que pone de manifiesto que está progresando.
Cuanto más cerca vive el cristiano
de Dios, más luz divina penetra en su mente. Tiene más conciencia
de su propia pequeñez, discierne sus defectos de carácter
y ve sus obligaciones tal como Dios se las presenta. Cuanto más
cerca esté de Jesús, más clara y nítida será
la impresión de sus propios defectos, que antes ni siquiera percibía,
y entonces verá la necesidad de humillarse a sí mismo bajo
la poderosa mano de Dios. Si se eleva, no será porque él
mismo se está elevando, sino porque el Señor lo exalta.
Con sus ojos fijos en la pureza y la perfección de Cristo Jesús,
al reconocer y obedecer a Dios en todos sus caminos, no estará ciego
a sus propias faltas e imperfecciones. Aunque su conducta a los ojos
de los hombres sea sin tacha e irreprochable, Dios lee las intenciones
y los propósitos del corazón.
La humildad cristiana es un don maravilloso,
un antídoto eficaz contra la apostasía de Satanás,
que está lleno de ambición impía y de todo engaño
que puede idear. La gracia de la humildad otorgada por medio de Cristo
Jesús, inducirá al hombre imperfecto a descubrir sus imperfecciones,
y a prepararlo para participar de la herencia de los santos, donde Dios
es todo y está en todo. . .
¿No ha reprobado el Señor su
conducta?. . . Se le han confiado dones que pueden mejorar muchísimo
y resultar eficaces bajo la disciplina de Dios. Entonces su justicia
irá delante de usted, y la gloria del Señor será su
retaguardia. "Separados de mí -dice Cristo-, nada podéis
hacer" (Juan 15: 5). Si rechaza su consejo, entonces estará
en peligro (Carta 21, del 8 de enero de 1892). 17
Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa. Isa. 52: 1 .
Durante la noche pasé por una experiencia
similar a la que había tenido en Salamanca, Nueva York, dos años
atrás. Cuando desperté después de dormir un
poco, me pareció que estaba rodeada de luz y que la habitación
estaba llena de ángeles celestiales. El Espíritu de
Dios descendió sobre mí, y mi corazón rebozaba. ¡Oh,
cuánto amor ardía en mi corazón! Exclamé en
alta voz: "Señor Jesús, te amo; tú sabes que te amo.
Mi Padre celestial, te alabo con todo mi corazón. ' De tal manera
amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para
que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna'
(Juan 3: 16). 'Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
que va en aumento hasta que el día es perfecto' (Prov. 4: 18).
Jesús, mi Redentor, representante del Padre, en ti confío".
Mi paz era como un río. Me pareció
que estaba muy junto a Dios, en dulce comunión con él tanto
durante mis horas de vigilia como de sueño. Qué grandes y
santos privilegios me parecía poseer en el amor de Jesús,
en su vida y bajo su protección. . .
¡Oh, por qué no se levanta la
iglesia de Cristo, y se viste de su hermosa túnica! ¿Por
qué no resplandece? La razón más importante
que explica esa debilidad en la cristiandad es que los que pretenden creer
la verdad conocen tan poco a Cristo, y tienen tan poco aprecio por lo que
él puede ser para ellos y por lo que ellos pueden ser para él.
Tenemos las más solemnes y estupendas verdades que jamás
se hayan confiado a los mortales.
Si nuestras palabras, nuestros pensamientos
y nuestras acciones fueran más puros y elevados, de acuerdo con
la santa fe que profesamos, veríamos nuestras responsabilidades
desde un punto de vista muy diferente. ¡Cuán solemnes y sagradas
nos parecerían! Tendríamos un profundo sentido de nuestras
obligaciones, y sería nuestra meta constante perfeccionar la santidad
en el temor de Dios. Las cosas terrenales y temporales estarían
subordinadas a las celestiales y eternas. . .
Estoy tan agradecida por el privilegio de
relacionarme con Dios de alguna manera. Me siento sumamente honrada.
Todo lo que pido al Señor en su gran misericordia, amor y bondad
es que me dé fuerza para usarla en su servicio (Carta 20 a, del
9 de enero de 1893, dirigida al capitán C. Eldridge). 18
10 DE ENERO EL ANTÍDOTO
DE LA APATÍA
Porque no me avergüenzo del evangelio,
porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al
judío primeramente, y también al griego. Rom. 1: 16.
No hay defecto en el plan de Dios para salvar
a los hombres. Si el Evangelio no es poder de Dios para la salvación
de cada alma, no se debe a que haya fallado, sino a que los hombres no
creen ni reciben en forma práctica la justicia de Cristo. . . Los
profesos creyentes no consideran a Cristo su Salvador personal, sino que
lo siguen a bastante distancia. Una de las razones de esta carencia de
religión personal consiste en que no han sido educados en estos
principios vitales.
Otra causa de la apatía y la indiferencia
que se manifiesta en nuestras iglesias consiste en que los jóvenes
no han sido enseñados con paciencia y perseverancia en cuanto a
cómo trabajar como fieles soldados en el ejército de Cristo.
. .
Muchos han aceptado la verdad sin cavar profundamente
para comprender sus principios fundamentales, y cuando tienen que hacer
frente a la oposición se olvidan de los argumentos y las evidencias
que les debieran servir de apoyo. En todos debiera grabarse la verdad
de que un conocimiento bien cimentado se puede obtener sólo mediante
ferviente esfuerzo y energía perseverante. Si las mentes de
la gente se sometieran a la disciplina por medio de un cabal escudriñamiento
de las Escrituras, habría cientos de conversos a la verdad donde
actualmente hay sólo uno. . .
Muchos son tan ignorantes como los mismos
paganos con respecto a cómo puede un pecador acudir a Dios y ser
justificado. Su ignorancia no tiene excusa, porque el oráculo
inspirado afirma: "La exposición de tus palabras alumbra; hace entender
a los simples" (Sal. 119: 130). "El temor de Jehová es el
principio de la sabiduría" (Prov. 9: 10).
Una experiencia religiosa que no se funda
en Cristo y sólo en él, no vale nada. . . Los hombres de
gran capacidad intelectual necesitan una presentación clara y bíblica
del plan de salvación. Presénteseles la verdad en su
sencillez y con su poder. Si esto no les llama la atención
ni despierta su interés, nunca se interesarán en las cosas
celestiales y divinas. En toda congregación hay almas insatisfechas.
Cada sábado necesitan escuchar algo definido acerca de cómo
pueden ser salvos y cómo pueden llegar a ser cristianos. Lo
más importante que quieren saber es: ¿Cómo puede el
pecador justificarse delante de Dios? (Carta 23 a, del 10 de enero de 1893,
dirigida al Hno. E. H. Gates). 19
11 DE ENERO TODO LO QUE NECESITAMOS
Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Sant. 1: 5.
Si hemos de ser colaboradores con Dios, debemos
tener comunión directa con él; debemos solicitar su dirección
en todo lo que emprendamos. . . Pero cuán pocos saben lo que significa
tener comunión con Dios. Con cuánta facilidad depositan
algunos la responsabilidad de sus deberes en los demás, y les piden
que les digan lo que tienen que hacer. A ellos les decimos: "Tenéis
que conocer vuestros deberes por indicación directa de Dios".
Muchos han dependido de tal manera de sus semejantes que no tienen una
experiencia personal. Se dejan arrastrar como un bote por un navío.
Todos deben ver y comprender por sí
mismos cuáles son sus deberes, después de solicitar sabiduría
a Dios. A él solamente se le puede encomendar la protección
del alma. Si acuden a Dios con fe, les revelará personalmente sus
misterios. Se pueden sentar en lugares celestiales con Cristo. Podemos
comprender individualmente cuál es la voluntad de Dios. Podemos
saber por nosotros mismos qué quiere que hagamos. Porque nos dirigirá
si nos disponemos a consagrarnos y a ser humildes de corazón delante
de él. A menudo nuestros corazones arderán dentro de nosotros
cuando Alguien se acerque para comulgar con nosotros como lo hizo con Enoc.
"¿Quién es ése que oscurece el consejo con palabras
sin sabiduría?" (Job 38: 2). Necesitamos al que es la luz
verdadera que alumbra a todo hombre que viene a este mundo.
Se debe hacer una obra que se ha descuidado
inexplicablemente. Debemos dar testimonio de la luz. Podemos
hacerlo, bajo la dirección del Espíritu Santo, mediante un
lenguaje puro, refinado, sencillo y claro como la corriente cristalina.
Muchas nubes y tinieblas se agolpan sobre nosotros. Sometan a Dios su yo,
ese yo de cada cual, para que puedan ser purificados, limpiados y santificados,
a fin de que reciban el poder de difundir luz en medio de las tinieblas
de un mundo que ama el pecado.
El Espíritu Santo colabora con los
instrumentos humanos que lo reconocen y cooperan con él, a fin de
presentar a Cristo como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
¿No sufrió Jesús acaso por la redención del
mundo? (Carta 55, del 11 de enero de 1897, a "Mis hermanos que se van a
reunir en el congreso de la Asociación General"), 20
12 DE ENERO NO NOS DURMAMOS EN MEDIO DE LA TAREA
Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Eze. 3: 17.
Dios tiene un deber para cada uno de ustedes.
No quiere que sean sólo fieles centinelas, sino obreros a carta
cabal. Nunca pierdan el interés, nunca sean descuidados e
inactivos, nunca se duerman en su puesto, y nunca dejen de cumplir exactamente
sus deberes de acuerdo con el cargo que se les ha confiado.
Se necesita agilidad, rapidez, ferviente
energía, profundo interés y una fidelidad inquebrantable.
Tienen que aprender a levantarse rápidamente para cumplir su deber
en cuanto les llegue la intimación. Por cuánto tiempo
se nos permitirá que trabajemos, no lo sabemos. Es un secreto
de Dios y, debido a un sabio propósito suyo, no lo ha revelado.
Pero mientras tengamos que trabajar, empleemos el tiempo como quienes tenemos
que dar cuenta. Pensemos con seriedad, teniendo en vista la eternidad,
cuánto hay que hacer en este mundo para despertar las mentes de
los descuidados, desatentos e ignorantes, para que lleguen a conocer las
leyes de Dios y sientan la necesidad de obedecerlas para su propio bien
y para la gloria del Señor. Porque la transgresión
produce no sólo mucho sufrimiento, sino pérdida de vidas
en este mundo y la pérdida de la vida eterna en el venidero.
Tienen que considerar detenidamente este asunto y comprender en qué
medida la felicidad y la desgracia de los hombres y las mujeres dependen
de ustedes.
La fidelidad de parte de ustedes puede salvar
muchas almas, mientras que la negligencia y el descuido pueden significar
la pérdida de la vida presente y futura para nuestros semejantes.
Pueden impedir mucha miseria y transgresión de la ley de Dios mediante
su fidelidad, al permanecer despiertos en su puesto. Debemos levantarnos
como un solo hombre y, con el poder y la fortaleza de Dios, abrir nuestros
sentidos a las demandas de los tiempos actuales. . .
Clamemos a Dios con fe, para que derrame
su luz y su gracia por medio de los canales que ha señalado para
el bien de los que están sufriendo por falta de conocimiento.
Mientras oran y se mantienen despiertos, con ferviente diligencia, para
suprimir males y permanecer en guardia contra la disipación y los
errores que están de moda, aférrense con fe viviente a la
fortaleza que pueden recibir y que va a bendecir todas sus labores (Carta
4 a, del 12 de enero de 1879, para dos jóvenes médicos del
Sanatorio de Battle Creek). 21
13 DE ENERO INSTRUMENTOS DEL CIELO
Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables. 1 Ped. 3: 8.
Cuánta necesidad hay de cultivar la
ternura y la gentileza. Nadie debería avergonzarse por manifestar
un espíritu tierno y compasivo con los que yerran; porque los que
piensan que no cometen errores están muy lejos de no tener falta
alguna delante de Dios. Nadie piense que al manifestar compasión
está haciendo algo de lo cual se debería avergonzar. . .
Cuando sobreviene una crisis en la vida de
un alma, y alguien intenta aconsejarla, ese consejo sólo tendrá
el peso de la influencia para bien que pueda ejercer el ejemplo del consejero.
Es la vida consecuente, la revelación de un interés sincero
y cristiano por las almas en peligro, lo que le dará eficacia al
consejo para persuadir y lograr que dicha alma retorne a la senda segura.
Los que se apresuran a censurar a los demás, los que pronuncian
palabras que cortan y maltratan al alma herida, están haciendo la
obra de Satanás y cooperan con el príncipe de las tinieblas.
. .
Recuerden las almas tentadas y probadas que
cuando cae sobre ellas el castigo, se debe a que el Señor los quiere
salvar de la muerte. Recuerden las almas que son reprendidas que
"yo reprendo y castigo a todos los que amo" (Apoc. 3: 19).
El instrumento humano, imbuido del Espíritu
de Cristo, velará por las almas como quien tiene que dar cuenta.
Estamos a las órdenes de Cristo y debemos comprender cuál
es nuestro deber y cumplirlo en el temor a Dios, con la mira puesta en
su gloria, y no ser infieles. No alberguemos pensamientos egoístas
ni sentimientos que silencien nuestros labios. Hablen sin temor.
Con el corazón lleno de ternura y amor por las almas, adviertan,
exhorten y supliquen.
No dejen de trabajar por las almas mientras
haya un rayo de esperanza. Hay palabras que pueden herir el corazón.
¡Oh! Sean cuidadosos entonces, y revístanse del amor
y la ternura de Jesús. El amor y la simpatía deben
suavizar el tono de la voz. . . Así como tratan a los demás,
así como juzgan a otros, así los tratará y juzgará
el Señor. Quien pretenda ser hijo de Dios debe poner en práctica
las lecciones de Cristo. Si cree que tiene que herir, siéntase
obligado a curar también. Siempre hay que comunicar la verdad
con amor, con el Espíritu de Cristo en el alma (Carta 70, del 13
de enero de 1894, para los "queridos hermanos dirigentes de la Review and
Herald"). 22
Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová. Lam. 3: 25, 26.
El Señor quiere que pidamos para que
podamos recibir. Hay mensajeros celestiales que esperan una petición
sincera para acercarse al alma hambrienta y sedienta. Busquen a Dios,
entonces, con toda el alma. Esperen en el Señor. Los
mensajeros celestiales se vaciarán a sí mismos por medio
de los tubos de oro en los recipientes de oro para iluminar a los demás.
Si piden creyendo, recibirán. Nunca, nunca se priven del aceite
dorado porque de esa manera conservarán sus lámparas encendidas.
Crean que van a recibir las cosas que piden
y las tendrán. Acudan con corazón humilde, pero invoquen
la promesa. Entonces crean que van a recibir. El nombre supremo
de nuestro Salvador es nuestra seguridad y la razón de nuestra osadía.
Dios se nos presenta como quien escucha las oraciones. Mantengan
buenas relaciones con Dios, para que puedan tener el testimonio del Espíritu
de que se cuentan entre los elegidos y fieles, en quienes él confía.
Nunca permitan que Satanás los desanime.
No se pongan en las manos de M , sino en las de
Dios. Oren; cultiven la humildad y la mansedumbre; encomienden el
cuidado del alma a Dios. Dependan del Espíritu Santo en todo
cuanto hagan, pues él es nuestra fuerza y nuestra eficiencia.
El Señor siempre nos está preparando por medio de las dificultades:
Oren, oren, manténgase siempre en condición de orar.
Encomienden todo a Dios en oración: preocupaciones de trabajo, desengaños,
gozos y temores.
Haga esto, N
, y tendrá la sensación de estar ante la presencia de Dios,
y la gratitud fluirá de su corazón y de sus labios por medio
de la alabanza. Su corazón se enternecerá y con él
entonará melodías para Dios. . .
Mantengan una norma elevada. No se
dediquen a conversaciones vanas; en cambio, expresen sus almas el amor
de Jesús por medio de sus labios.
Seamos siempre sobrios y reverentes en nuestra
relación con la Palabra de Dios. Hay consecuencias eternas
implicadas en el uso adecuado de los talentos del lenguaje, la voz y todo
don que se nos haya dado para que lo ejerzamos y lo mejoremos. Nuestro
lenguaje debe ser puro, nuestra conducta debe ser santa, para que nos podamos
acercar a Dios y él se pueda acercar a nosotros (Carta 166, del
14 de enero de 1897, dirigida a una pareja de obreros). 23
15 DE ENERO SE PROMETE
AYUDA
¿No es mi palabra como fuego, dice
Jehová, y como martillo que quebranta la piedra? Jer. 23:
29.
El Señor anhela que sus hijos se desempeñen
bien y que estén en paz los unos con los otros mediante Cristo,
el pacificador. Cuando Jesús mora en el corazón, las facultades
del ser funcionan armoniosamente. La razón y los afectos,
al saber cómo tienen que desempeñarse, trabajan unidos.
Como el rey en su trono, la razón dirige todo el mecanismo.
Puede ser que se necesite mucho trabajo para
edificar el carácter y que ustedes sean piedras toscas que deben
ser escuadradas y pulidas antes que estén listas para ocupar su
lugar en el templo de Dios. No tienen por qué sorprenderse
si con martillo y cincel Dios elimina sus defectos de carácter,
hasta que estén en condiciones de ocupar el lugar que Dios les ha
preparado. Nadie puede hacer esta obra. Sólo Dios puede
hacerla. Pueden estar seguros de que él no dará un
golpe en vano. De cada golpe con amor, para el eterno bien y la felicidad
perdurable de ustedes. Conoce sus flaquezas y obra para restaurar,
no para destruir.
¿Por qué nos apartamos de la
sabiduría divina en procura de la humana? Dios ve cómo
lo deshonramos. Sabe que en los seres humanos no encontraremos consuelo
para nuestros males, y se apiada de nosotros porque estamos tan necesitados
y al mismo tiempo tan poco dispuestos a hacer de él nuestro confidente,
el portador de nuestras cargas. Ve que los seres humanos menosprecian
el amor y la misericordia provista para ellos, y dice tristemente: "Y no
queréis venir a mí para que tengáis vida" (Juan 5:
40).
Nuestra desconfianza es un insulto para Aquel
que ha hecho tanto por nosotros. Nunca abandonará a los que
acuden a él. Del alma pobre y desfalleciente, cansada de acudir
a los seres humanos, solamente para recibir traición y olvido, Cristo
dice: "¿O forzará alguien mi fortaleza? Haga conmigo
paz; sí, haga paz conmigo" (Isa. 27: 5).
Cristo anhela decir hoy de su pueblo lo que
dijo del Israel de antaño: "Y salió tu renombre entre las
naciones a causa de tu hermosura; porque era perfecta, a causa de mi hermosura
que yo puse sobre ti, dice Jehová el Señor" (Eze. 16: 14).
(Manuscrito 5, del 15 de enero de 1901, "Nuestro pronto auxilio"). 24
16 DE ENERO LA USINA DEL UNIVERSO
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. Isa. 41: 10.
Jesucristo es el Maestro más grande
del mundo. Yo he comprobado esta bendita verdad. Me ha hecho
su mensajera para comunicar grandes verdades espirituales a miles de personas.
Mediante la pluma y la voz lo he estado haciendo durante medio siglo. ¡Cuánto
anhelo presentar sus instrucciones de tal manera que muchos sean conducidos
a él! Nunca dudo de su dirección, y sé que me
sostiene el que ordenó a sus discípulos que salieran a proclamar
el mensaje del Evangelio con estas palabras: "Enseñándoles
que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy
con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" (Mat. 28: 20).
Desde 1844 he estado empeñada en labores
públicas. El Señor siempre me fortalece. Me doy
cuenta de que recibo un poder superior que me da eficiencia física,
mental y espiritual. Tengo la completa seguridad de que Cristo me
concede su gracia, y la evidencia de que él es la Luz del mundo.
Reconozco su poder. Quiero hacer por él todo lo posible mientras
viva. Deseo, con perfecta calma y confianza, encomendar a Dios el
cuidado de mi alma hasta aquel día. Cuando termine mi trabajo
aquí, entonces descansaré. El dormir en Jesús
no me atemoriza. En la mañana de la resurrección lo
veré tal como él es. Alabo al Señor por el consuelo
de su gracia. . .
Asegurémonos de que nuestras almas
están en perfecta relación con Dios, de modo que el Señor
pueda enseñarnos, guiarnos y revelarnos su voluntad. Por favor,
consideremos estas cosas. Dediquemos mucho tiempo a orar. El
Señor es nuestro auxilio, nuestra fuerza y nuestro bastión.
Si caminamos humildemente con Dios y tememos y glorificamos su nombre,
estará en nuestros pensamientos y corazones, y llegaremos a ser
semejantes a él. Examinemos diligentemente nuestro corazón,
y obtengamos la sabiduría que sólo Dios puede otorgar.
Recordemos que es peligroso dudar.
Si se las alimenta, las dudas conducen a la incredulidad. . . Todo nuestro
pueblo necesita tratar ahora de recibir el Espíritu Santo.
No participemos de discusiones; por el contrario, dejemos a un lado las
disensiones y contiendas, y tratemos de contestar la oración que
aparece en el capítulo 17 de Juan. Les ruego que oren, con
el corazón, el alma y la voz (Carta 58, del 16 de enero de 1906,
dirigida a los Hnos. Washburn, Prescott, Daniells y Colcord). 25
17 DE ENERO LA MEDIDA DEL CRISTIANISMO
Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciera, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres. Mat. 5: 13.
Los que ocupan cargos de responsabilidad,
deben disponer de autoridad para poder actuar, pero nunca deben usarla
para negar ayuda a los necesitados y desamparados. Nunca se la debe
ejercer para desanimar y deprimir a un alma que lucha. Los que ocupan puestos
de influencia recuerden siempre que Dios desea que tengan la actitud de
Cristo quien, tanto por creación como por redención, es el
dueño de todos los hombres. . .
La verdadera piedad se mide por el trabajo
realizado. La profesión de fe no vale nada; el cargo que se ocupa,
tampoco. Un carácter semejante al de Cristo es la evidencia
que debemos dar de que Dios envió a su Hijo al mundo. Los
que profesan ser cristianos, pero no actúan como Cristo lo haría
en su lugar, perjudican grandemente la causa de Dios. Representan
mal a su Salvador y están en una posición falsa.
El verdadero discípulo, en cuyo corazón
Cristo habita, manifiesta ante el mundo el amor de Jesús por la
humanidad. Es la mano ayudadora de Dios. El resplandor de la
salud espiritual vivifica todo su ser a medida que recibe gracia del Salvador
para proporcionarla a los demás. . .
La religión pura e incontaminada no
es un sentimiento, sino obras de amor y misericordia. Esta religión
es necesaria para la salud y la felicidad. Entra en el templo contaminado
del alma, y con un azote expulsa al pecaminoso usurpador. Al tomar
posesión del trono, lo santifica todo con su presencia, e ilumina
el corazón con los resplandecientes rayos del Sol de Justicia.
Abre las ventanas del alma hacia el cielo, para permitir que penetren los
rayos del amor de Dios. Esto trae serenidad y tranquilidad.
Aumenta la fuerza física, mental y moral, porque la atmósfera
del cielo, como un medio viviente y activo, llena el alma. Cristo,
la esperanza de gloria se forma en el corazón. . .
Cuando los cristianos no revelan a Cristo,
¿cuánto valen? ¿No son como la sal insípida
que "no sirve para nada"? Pero cuando manifiestan en sus vidas las
propiedades salvadores de la verdad, las pobres almas pecadoras no quedan
abandonadas para perecer en su corrupción. . . (Carta 7, del 17
de enero de 1901, dirigida a los hermanos que ocupan puestos de confianza).
26
18 DE ENERO HAZ TODO LO QUE PUEDAS
Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. 1 Cor. 12: 4-6.
Contemplen al que es la luz y la vida del
mundo. Contemplen, repito, a quien ha prometido ser su ayudador en
todo momento de necesidad. Dios ha dado a cada hombre su obra, de
acuerdo con sus diversas habilidades. . .
No siempre los hombres que aparentemente
poseen las más notables capacidades logran más éxito
en algunos ramos de la obra. El Señor usa gente que se considera
menos capaz. Es posible que no sean elocuentes, pero si están
en comunión con Dios, él los bendice ricamente. Sus palabras
toscas y contundentes, que provienen directamente del corazón, son
de gran valor y el Señor las aprecia.
Los que están relacionados con el
servicio del Maestro no deben buscar a hombres de notables habilidades
para que hagan la obra en lugar de ellos. Dios respalda al que hace
lo mejor que puede. Confíe cada nombre en su capacidad, y
Dios impresionará los corazones de aquellos por quienes trabaja.
Mucho bien puede realizar el obrero sincero y humilde que sabe que el éxito
no depende de las apariencias, sino del que le encomendó su tarea.
. .
Dios anhela que se dé a su obra una
forma diferente. Salgan los hombres a trabajar, confiando en el Señor,
y él irá con ellos convenciendo y convirtiendo a las almas.
Un obrero puede tener facilidad de palabra, otro puede ser un escritor
de pluma fácil, otro puede tener el don de orar sincera, ardiente
y fervientemente, otro el don del canto. Otro puede tener la capacidad
especial de exponer la Palabra de Dios con claridad. Cada don debe
llegar a ser poderoso para Dios, porque él trabaja con los obreros.
A uno da Dios el don de la sabiduría, a otros del conocimiento y
a otros de la fe. Pero todos deben trabajar a las órdenes
de la misma Cabeza. La diversidad de dones conduce a una diversidad
de operaciones, "pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo"
(1 Cor. 12: 6).
Dios ciertamente bendecirá a los obreros
que se dedican de todo corazón a la tarea. Si el Señor
les pide que dediquen sus pies a la obra, denle los pies. Con los
pies pueden ganar almas (Carta 1, del 18 de enero de 1902 dirigida al pastor
S. N. Haskell y señora, que estaban empeñados en tareas de
evangelización). 27
19 DE ENERO UN DÍA
A LA VEZ
Esperad en él en todo tiempo, oh pueblos;
derramad delante de él vuestro corazón; Dios es nuestro refugio.
Sal. 62: 8.
Qué privilegio es que nosotros, mortales
pecadores, tengamos la oportunidad de hablar con Dios. En nuestra
habitación, cuando caminamos por la calle, cuando estamos trabajando,
nuestros corazones pueden ascender a Dios para requerir su consejo; podemos
elevar el alma a Dios para recibir el aliento celestial. Dios escuchará
todas las súplicas del alma. Podemos llevar al Señor
todos nuestros problemas. Sus manos llenas de amor infinito se mueven
para suplir nuestras necesidades. Cuán agradecida estoy porque
sólo tenemos que vivir un día a la vez. Un día
para mantener nuestras almas en el buen camino, un día para velar,
un día para progresar en nuestra vida espiritual de modo que nuestros
días puedan ser fructíferos, preciosos para nosotros.
Tenemos que llevar a cabo la tarea de un
soldado, ganar victorias, porque no debemos ignorar las artimañas
de Satanás. Oremos y velemos, no sea que Satanás aparezca
de repente y nos induzca a olvidar nuestra necesidad de hacerlo.
En la lucha cristiana, a menos que mantengamos
la vista fija en el adversario y en nosotros mismos, caeremos en la trampa
de Satanás. Nuestra seguridad depende del estado de nuestro
corazón. Dios nos ayude a estar en guardia; de lo contrario,
ciertamente perderemos el cielo. El apartarnos un poquito de lo que
es correcto, las pequeñas complacencias, parecen sin importancia
en el momento, pero Satanás lo usará todo para conducirnos
por un sendero que nos separará de la justicia y de Dios.
No queremos seguir nuestros caminos sino los de Dios. Queremos luchar
con todas nuestras fuerzas para aplastar a Satanás y para estar
seguros de que estamos en buenas relaciones con Dios, para que podamos
disponer de credenciales impecables que garanticen nuestra herencia inmortal.
Tenemos que despojarnos de todo antes de
presentarnos en humilde sumisión para ser conducidos, dirigidos
y dominados por la voluntad de Dios. Necesitamos ser humildes y confiados
como un niño, además, ser mansos; no tener confianza propia
sino una humilde confianza en Jesús. ¿Qué rasgos de
carácter estamos cultivando? ¿Los que perdurarán por
toda la eternidad? ¿Dedicamos nuestro tiempo a muchas actividades,
pero nuestras almas no gozan de bendición y no glorificamos a nuestro
Padre celestial? (Carta 81, del 19 de enero de 1887, dirigida a Edson y
Emma White). 28
20 DE ENERO EL CIELO ESTA
DE MI PARTE
La lámpara del cuerpo es el ojo; así
que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz.
Mat. 6: 22.
La tarea que desempeña hoy Satanás
es la de engañador y acusador. El Señor declara que
acusa a los hermanos de día y de noche. Debido a su experiencia,
se ha puesto muy diestro en su oficio de criticar, y preparará a
todo hombre que pueda usar para que se le una en su tarea. Está
engañando a muchos que avanzan a ciegas por los senderos que él
mismo traza.
El poder central de la tierra le pertenece
a un demonio. Su trono está en medio del mundo, donde tendría
que haber estado el trono de Dios. Recibe el apoyo de la iglesia
que se ha amoldado al mundo, y que está transgrediendo la santa
ley de Dios.
Cristo se dio a sí mismo para rescatar
al hombre del poder del destructor. Al convertirse en el portador
del pecado, quebrantó el poder de Satanás. Dice: "Llegaré
a ser el Centro del mundo redimido". . .
"Pondré en actividad todo santo instrumento
-dice Dios-, para que se oponga al ejército del enemigo invisible;
para destruir su poder. El eterno poder del Espíritu Santo
rescatará al hombre de los efectos del pecado, y restaurará
en él la imagen de Dios". . .
El Señor no permitirá que su
tesoro humano, ganado por Cristo, la Cabeza, se pase a las filas del enemigo,
sin hacer todos los esfuerzos posibles en su favor. La única
esperanza de los redimidos consiste en cumplir los mandamientos de Dios.
Este es el Evangelio que ha resonado a través de los siglos hasta
llegar a nuestros días.
A todos Cristo nos hace llegar la invitación:
"Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y
yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended
de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi
carga" (Mat. 11: 28-30). Por mucho tiempo esta invitación,
venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, ha
resonado en claros tonos en medio de un mundo confundido y lleno de problemas.
Dios no dejará que el hombre siga sus propios caminos y haga su
propia voluntad, para que se pierda, sin hacer un esfuerzo definido para
recuperarlo. El propósito del ministerio de Cristo, el ámbito
de su misericordia y su poder, no tienen límites (Carta 78, del
20 de enero de 1900, dirigida al Hno. Haysmer y Sra.). 29
21 DE ENERO EL MAS BRILLANTE Y EL MEJOR
Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo; yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré. Isa. 46: 4.
Me preocupa que en nuestra vejez nosotros,
los que conocimos la verdad hace tanto tiempo, perdamos el vigor tanto
en nuestro espíritu como en nuestros métodos de trabajo;
que entendamos verdaderamente las verdades sencillas pero importantes y
abarcantes del mensaje del tercer ángel; y que las recibamos en
el amor de Dios, para impartirlas a los demás. . .
Revístanse cada día de Cristo.
Mantengan firme, hasta el fin, la confianza que tuvieron al comienzo.
El Señor no los ha abandonado. Quiere que crezcan en la gracia,
que aumenten su capacidad de ayudar a la gente. Pero si han logrado
interesarla, deben hablar en forma concreta, y deben terminar antes de
impartir la mitad de lo que podrían decir.
No puedo soportar el pensamiento de que disminuya
la influencia y la eficiencia de nuestros creyentes de edad. El Señor
desea que ustedes cooperen haciendo todo lo que esté de su parte.
Si se unen voluntariamente a él en su obra, sus últimos días
serían los más brillantes y mejores.
Abran hacia el cielo la ventana del alma
y cierren la que da hacia la tierra. Permitan que los rayos del Sol
de Justicia resplandezcan en las cámaras de su mente. Cultivar
la mansedumbre y la bondad de Cristo, para llevar su yugo y sus cargas,
es la lección que deben aprender, y que es de interés para
ustedes y para todos los que se relacionan con ustedes. Cultiven
las virtudes celestiales. Purifiquen el alma de toda contaminación.
Prepárense para dedicarse a realizar todas las diversas formas de
ministerio que él llevó a cabo. Con fervor y sinceridad
deben hablar a los hombres acerca de las inescrutables riquezas y de los
inmortales tesoros del cielo. Tienen que estar llenos del Espíritu
Santo. Deben repetir el ofrecimiento celestial de paz y perdón.
Han de señalar hacia los portales de la ciudad de Dios, y decir:
"Bienaventurados los que lavan sus ropas [guardan sus mandamientos], para
tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas
en la ciudad" (Apoc. 22: 14).
Dios espera que cada uno trabaje para él
de acuerdo con sus diversas capacidades. Las actividades del hombre no
han de ser reprimidas, sino santificadas y correctamente dirigidas (Manuscrito
27, del 22 de enero de 1907, "El Sanatorio de Nueva Inglaterra"). 30
Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Sal. 119: 105.
Al obrero de Dios no se lo deja sin un modelo
que imitar. Se le ha dado un ejemplo que, si lo sigue, hará de él
un espectáculo para el mundo, los ángeles y los hombres.
Se le pide que glorifique a Dios mediante la realización de propósitos
desinteresados. El Señor comprende la naturaleza humana, y le muestra
las leyes del reino celestial, que debe honrar y obedecer. Pone la Biblia
en sus manos, el Libro guía que le mostrará la verdad, y
le dirá lo que debe hacer para heredar la vida eterna. Este Libro
desvía la atención de los intereses temporales a las realidades
espirituales. Le dice al hombre que, a pesar de haber caído
y pecado, puede llegar a ser príncipe y rey en las cortes celestiales,
heredero de Dios y coheredero de Cristo.
Dios sabe cuán fuerte es la inclinación
del hombre a acumular tesoros en la tierra. Por eso, por los caminos
y senderos del mundo se escucha su voz que dice: "Porque ¿qué
aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?"
(Mar. 8: 36). "No os hagáis tesoros en la tierra, donde la
polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino
haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla, ni el orín corrompen,
y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro
tesoro, allí estará también vuestro corazón"
(Mat. 6: 19-21).
Los mensajeros de Dios han sido comisionados
para realizar exactamente la misma obra que Cristo hizo en esta tierra.
Deben dedicarse a realizar todas las diversas formas de ministerio que
él llevó a cabo. Con fervor y sinceridad deben hablar
a los hombres acerca de las inescrutables riquezas y de los inmortales
tesoros del cielo. Tienen que estar llenos del Espíritu Santo.
Deben repetir el ofrecimiento celestial de paz y perdón. Han
de señalar hacia los portales de la ciudad de Dios, y decir: "Bienaventurados
los que lavan sus ropas [guardan sus mandamientos], para tener derecho
al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad"
(Apoc. 22: 14).
Dios espera que cada uno trabaje para él
de acuerdo con sus diversas capacidades. Las actividades del hombre
no han de ser reprimidas, sino santificadas y correctamente dirigidas (Manuscrito
27, del 22 de enero de 1907, "El Sanatorio de Nueva Inglaterra"). 31
23 DE ENERO DIVIDENDOS CELESTIALES
Has dado a los que te temen bandera, que alcen por causa de la verdad. Sal. 60: 4.
Asegúrese de que la verdad está
inscripta en su bandera en todas las ocasiones y en todos los lugares.
Todos los humanos son seres queridos para
el corazón de Dios; porque han sido comprados por precio.
Como nación, los judíos no quisieron aceptar a Cristo.
Los había conducido en sus viajes, como su invisible e infinito
Guía. Les había comunicado su voluntad, pero cuando
fueron puestos a prueba, lo rechazaron a él que era su única
esperanza, su única salvación; y Dios los rechazó
a ellos. "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su
nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1: 12).
Para todos los que aceptan y obedecen las condiciones, los dones de Dios
fluyen continuamente, sin arrepentirse por otorgarlos y sin retaceos.
Dios impartió dones al hombre para que los use, no de acuerdo con
ideas heredadas o antojadizas, no de acuerdo con impulsos o inclinaciones
naturales, sino de acuerdo con su voluntad. . .
Los que temían a Dios debían
pensar por sí mismos. No debían permitir que otros
pensaran por ellos. Sus mentes ya no debían estar encadenadas
a máximas, teorías y doctrinas erróneas. La
ignorancia y el vicio, el crimen y la violencia, la opresión que
se ejerce desde las altas esferas, debían ser desenmascarados.
La Luz de la vida vino a este mundo a resplandecer en medio de la oscuridad
moral. El Evangelio debía ser proclamado entonces entre los
pobres y los oprimidos. A los humildes se les daría la oportunidad
de entender cuáles son los verdaderos requisitos que hay que llenar
para entrar en el reino de Dios.
Los instrumentos del Señor son muchos.
Pero todos los que se sienten inclinados a trabajar de acuerdo con los
planes de Dios, están comprendidos en las palabras "porque. . .
vosotros sois labranza de Dios, edificio de Dios" (1 Cor. 3: 9).
Los siervos de Dios deben avanzar de manera que no se pierda ni uno solo
de los dones del Señor. Su voluntad debe estar completamente
sometida a Dios, de manera que cuando llegue el momento establecido por
él, su vara reverdezca. Nadie sabe exactamente qué
rumbo tomará la obra, pero los siervos del Altísimo deben
estar siempre dispuestos, en condiciones de comprender los procedimientos
y la voluntad de su Jefe (Carta 8, del 23 de enero de 1889, dirigida al
Dr. J. H. Kellogg, director médico del Sanatorio de Battle Creek,
Míchigan). 32
Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. Mat. 5: 48.
Dios requiere perfección moral en todo.
Los que han recibido luz y oportunidades deberían, como administradores
de Dios, apuntar hacia la perfección, y nunca, nunca rebajar la
norma de la justicia para acomodarla a las tendencias hacia el mal, ya
sean heredadas o cultivadas. Cristo tomó nuestra naturaleza
humana y vivió nuestra vida para demostrarnos que podemos ser semejantes
a él al participar de la naturaleza divina. Podemos ser santos,
como Cristo lo fue en su condición de ser humano. ¿Por qué,
entonces existen tantos personajes desagradables en el mundo? Se
debe a que se imaginan que su desagradable y tosca manera de ser y su lenguaje
descortés son el resultado de un corazón impío. .
.
La fragancia de nuestro amor hacia nuestros
semejantes revela nuestro amor a Dios. La paciencia en el servicio
imparte descanso al alma. Por medio de obreros humildes, diligentes
y fieles se promueve el bienestar de Israel. Dios sostiene y fortalece
a quien está dispuesto a aprender los métodos de Cristo para
lograr la semejanza divina.
Dios quiere que los obreros de cada rama
de trabajo lo consideren el Dador de todo lo que poseen. Todos los
inventos útiles y las mejoras adecuadas tienen su origen en Aquel
que es maravilloso en consejo y excelente para obrar. No importa
qué hagamos, no importa en qué departamento de la obra estemos
ubicados, Dios anhela refinarnos y ennoblecernos. Anhela controlar
la mente del hombre para que pueda hacer un trabajo perfecto.
El suave toque de la mano del médico,
su poder sobre los músculos y nervios, sus conocimientos acerca
del delicado funcionamiento de nuestro cuerpo, es sabiduría que
proviene del poder divino para ser usada en favor de la sufriente humanidad.
La habilidad con que el carpintero usa el martillo, el vigor con que el
herrero hace sonar el yunque, provienen de Dios. Le ha dado capacidades
a los hombres, y espera que ellos lo busquen para requerir su consejo.
Así podrán usar sus dones con exactitud y pericia dando testimonio,
para gloria de Dios, de que son sus colaboradores. De este modo purificarán
sus almas por la santificación que les imparta el Espíritu
por medio de la verdad. En su experiencia se cumplen las palabras
de Cristo: "Los de limpio corazón verán a Dios"
(Véase Mat. 5: 8.) (Carta 9, del 24 de enero de 1889, para los que
ocupan cargos importantes en la Asociación General). 33
25 DE ENERO EL TRABAJO NO ES MALDICIÓN
Es como el hombre que yéndose lejos, dejó su casa, y dio autoridad a sus siervos, y a cada uno su obra, y al portero mandó que velase. Mar. 13: 34.
Tenemos ante nosotros una gran tarea.
No ha sido ideada ni planificada por nosotros. Todo el cielo está
interesado en esta obra, y los que están empeñados en ella
deben estar en pie bajo la bandera ensangrentada del Príncipe Emanuel.
Dios quiere que estemos en pie con nuestros rostros hacia el frente, observando
cada movimiento de nuestro Jefe, preparados para obedecer sus órdenes.
A cada hombre ha dado su obra. Dios concedió dones a los hombres
y las mujeres, que no han de ser malgastados en consideraciones ociosas
y emociones sin sentido, sino empleados en acciones decididas. Nuestros
talentos no deben ser absorbidos por lo abstracto ni malgastados en palabrerías.
Todo lo que ocurre en el mundo exterior tiene su origen en un poder infernal.
Los que conocen la verdad debieran estar llenos de la inspiración
de Dios. Las lámparas del alma debieran mantenerse preparadas
y encendidas.
No es la obra que hacemos lo que nos cansa
más. Lo que nos fatiga en realidad es el pecado que impregna
todo lo que hacemos. Dios quería que el trabajo fuera sólo
una bendición. El hombre nunca podría ser feliz sin
tener algo que hacer. Antes de la entrada del pecado, cuando el hombre
no tenia pensamientos tenebrosos que lo condenaban, su propia compañía
no era una carga gravosa. Podía contemplar la naturaleza con
suma satisfacción. Pero el tenue rastro de la serpiente dejó
su huella de miseria en la conciencia endurecida. El trabajo no produce
fatiga; lo que agota las facultades de la mente y el cuerpo es el exceso
en la realización de tareas lícitas. Una vida de ardua
labor produce más satisfacciones que una de ociosidad.
La Palabra de Dios es clara y definida con
respecto al trabajo. Todo el que se haya convertido a Dios no puede
ser otra cosa sino un trabajador. . .
Se está extendiendo ahora la última
invitación a la cena. La lámpara del alma debiera estar
preparada y encendida mediante la provisión del aceite santo. (Véase
Zac. 4: 11-14.) En el nombre del Señor intimo a cada alma a que
se aparte ahora de toda iniquidad, para que el día del Señor
no la sorprenda como ladrón. La verdad debe ser proclamada
en forma clara y definida, pero siempre tal como es en Jesús (Carta
11, del 25 de enero de 1889, dirigida a "mis queridos hermanos"). 34
26 DE ENERO PASAPORTE PARA EL CIELO
Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas. 2 Cor. 4: 17, 18.
Me dirijo a usted y a sus hijos. Simpatizo
con usted en estos momentos de aflicción. Si estuviera con
usted, podría hablarle palabras que lo confortarían.
Pero como no lo estoy, solamente puedo escribir unas pocas líneas.
Deseo que sepa que no lo he olvidado en su aflicción. No estamos
llegando a los peligros de los últimos días; estamos en medio
de ellos.
Estamos en el ocaso de la historia terrenal
y podemos dejar a nuestros muertos sabiendo que estarán ocultos
por un corto tiempo hasta que pase la indignación. No necesitamos
lamentarnos por ellos como los que no tienen esperanza, porque su vida
está escondida con Cristo en Dios. Tenemos toda la razón
del mundo para regocijarnos. . .
Las dificultades que tienen que enfrentar
los que han aceptado a Cristo y guardan sus mandamientos no proviene de
él. "Si alguno quiere venir en pos de mí -dice-, niéguese
a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mat. 16: 24).
El deber de las almas inteligentes es aferrarse de la verdad y practicar
la virtud. Hemos nacido con un desafecto congénito hacia ambas.
Es triste comprobar que nuestro propio carácter se opone a las virtudes
que son agradables a la vista de Dios, tales como la sumisión, la
caridad, la dulzura de espíritu y la paciencia que no se altera
frente a la provocación. Díganse, queridos hijos: "Somos
débiles, pero Dios es fuerte. Nos ha asignado nuestro deber.
El General a quien servimos nos intima a ser vencedores".
Sea una bendición para todos ustedes
la aflicción que les ha sobrevenido. Nuestra querida hermana,
la madre de ustedes, amaba a Jesús. Su lucha ha terminado.
Recuerden que descansa en paz. "Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste,
entonces vosotros también seréis manifestados con él
en gloria" (Col. 3: 4). Llenen cada corazón la paz y el consuelo
del Espíritu Santo. Abran la puerta de sus corazones, para
que Jesús pueda entrar como un huésped honrado, y tendrán
un Consolador. "Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros"
(Juan 15:12). Únanse estrechamente los corazones de los que quedan
vivos. Trate cada cual de ser una bendición para el otro,
y no un tropiezo. . .
Preparémonos para la venida del Hijo
del hombre. Seamos fieles a Dios y recibiremos la corona de la vida
(Carta 10, del 26 de enero de 1898, dirigida al Hno. Hare). 35
Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de
nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa,
y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente
unidos en una misma mente y en un mismo parecer.
1 Cor. 1: 10.
Anoche me pareció estar de pie ante
un gran número de personas que no estaban unidas. Unos deseaban
quedarse mientras otros querían avanzar. No estaban unidos.
Vi a un ser celestial que apareció ante ellos, y le escuché
decir: "¡Formen fila! Nadie va al combate por su propia cuenta.
El Dirigente de la congregación dice: ¡Formen fila!"
Después de esto no pude dormir más.
Me preguntaba si en esa reunión nuestros hermanos estarían
formando fila. Frecuentemente es muy difícil que un grupo numeroso
de obreros esté perfectamente de acuerdo. Pero todos deben formar
fila y ocupar su lugar. Quiera Dios ayudar a sus siervos a hacerlo, es
mi oración.
Aunque algunos hayan hecho las cosas a su
manera por un tiempo, es posible que se rectifiquen y se pongan en la fila.
El Señor ve que no es lo mejor para sus hijos que hagan las
cosas a su manera, y que no quieran unirse con sus hermanos que ven ciertas
cosas en una forma un poco diferente a como ellos las ven. Invita
a los que pretenden creer las verdades de su Palabra a que formen fila
mientras todavía tienen la oportunidad de hacerlo, para que armonicen
con sus hermanos.
Hay quienes no responden rápidamente
a la invitación a abandonar sus propios caminos para seguir los
de Dios. Prefieren seguir su camino. Los que quieran hacerlo
tienen el privilegio de seguir caminando por sus propios caminos no consagrados,
pero sepan que el fin de esa senda es dolor y destrucción.
El Señor tiene hombres a quienes ha
asignado para trabajar en su obra con la condición de que se dejen
usar de acuerdo con los planes divinos. Nunca usará a alguien
que trate de humillar a los demás. Humíllense, hermanos.
Si lo hacen, es posible que los santos ángeles se comuniquen con
ustedes, y los coloquen en terreno ventajoso. Entonces su experiencia,
en lugar de ser defectuosa, rebosará de felicidad. Traten de estar
en armonía con la dirección de Dios, y entonces serán
sensibles a las impresiones del Espíritu Santo.
El Señor viene. El fin de todas
las cosas está cerca. Nos queda poco tiempo para desarrollar
el carácter (Manuscrito 47, del 27 de enero de 1910, "Formen fila").
36
28 DE ENERO !SEÑOR, TU LO SABES TODO!
Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Efe. 6: 12.
Desde que vine a esta reunión [el congreso
bienal de la Unión del Pacífico], he pasado por una experiencia
extraña. Cierto día, después de presentarme
ante el congreso para leerles algo, la carga que me oprimía el alma
continuó manifestándose después de regresar a mi habitación.
Me sentía angustiada. Esa noche no pude conciliar el sueño.
Me pareció que los ángeles malignos estaban en la misma habitación
donde yo me encontraba. Y mientras sufría mentalmente me pareció
que estaba sufriendo al mismo tiempo un gran dolor corporal. Mi brazo
derecho, que por años ha sido preservado casi siempre de enfermedades
y sufrimientos, parecía no tener fuerza. No lo podía
levantar. Después me sobrevino un dolor fuerte y casi insoportable
en el oído; a continuación un dolor terrible en la mandíbula.
Tuve ganas de gritar. Pero seguí diciendo: "Señor,
tú lo sabes todo".
Mi angustia era total. Tenía
la impresión de que el cerebro y cada órgano de mi cuerpo
padecía algún dolor. Quise levantarme y pensé:
"No me quedaré aquí ni un instante más". Pero
acto seguido reflexioné: "Lo único que conseguirás
será despertar a los que están en la casa, y tampoco podrán
hacer nada por ti". De manera que me mantuve con la vista fija en
el Señor, mientras decía: "Señor, tú sabes
todo lo concerniente a mi dolor". El sufrimiento continuó,
a veces en la mandíbula, otras en el cerebro, y otras en los diversos
miembros del cuerpo, casi hasta el amanecer. Poco antes que amaneciera
me quedé dormida y descansé por espacio de una hora.
Mi brazo está bien esta mañana.
Había legiones de ángeles malos en esa habitación,
y si no me hubiera aferrado por fe al Señor, no sé qué
hubiera sido de mí. . .
He comenzado a recibir luz en el sentido
de que a menos que tengamos manifestaciones más evidentes del Espíritu
de Dios y mayores demostraciones del poder divino entre nosotros, muchos
de los miembros del pueblo de Dios serán vencidos. Vendrán
instrumentos satánicos, como en mi caso. Pero no podemos ceder
ante la fuerza del enemigo.
Hermanos: Dios nos está hablando en
serio (Manuscrito 25, del 28 de enero de 1910, "Un mensaje a los obreros
reunidos en el congreso de la Unión del Pacífico"). 37
29 DE ENERO EL DESCANSO DEL CRISTIANO
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Mat. 11: 29.
[Addie Walling], tú eres para mí
como mi propia hija. He desempeñado por mucho tiempo, desde
que tenías seis años, el deber de una madre para ti. Te has
incorporado a mi vida; eres parte de mí misma, y si estás
en dificultades, si tienes necesidad de algo, si te faltan medios económicos,
espero que vengas a verme como si fuera tu madre.
Confío en que se cumpla mi propósito
al adoptarlas [a Addie y May Walling], es a saber, verlas convertidas en
mujeres útiles, en hijas de Dios cuyos caracteres sean adecuados
para las mansiones que Cristo ha ido a preparar en beneficio de los que
lo aman. Mi gran anhelo es que ustedes hagan de esto el principal
motivo de sus vidas. La formación del carácter es una
obra de suma importancia. Es una tarea que no termina en esta vida,
sino que continúa en la futura. Lo que hagan de sí
mismas ahora por medio de los méritos y la gracia de Cristo, perdurará
por los edades eternas, y me intereso mucho en que no se conformen con
una norma baja. "Aprended de mí -dice el gran Maestro-, que
soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para
vuestras almas". La paz que Cristo da, nunca nos causará tristeza
y dolor. Estoy deseosa de que aprendan diariamente en la escuela
de Cristo. Espero mucho de ustedes.
Sean sobrias y velen en oración.
Examínense rigurosamente y trabajen con diligencia. Sean sinceras.
. .
Addie, trata de ser una mujer noble, una
cristiana sincera. Toma en serio la verdad. Quiero que conozcas
por ti misma cuán precioso es el amor del Salvador. Si Jesús,
la esperanza de gloria, se forma en ti, con toda seguridad lo pondrás
de manifiesto al hablar acerca de él. Si su paz mora en tu
corazón, lo expresarás mediante tus palabras y tus acciones.
Sé sincera contigo misma y sé humilde. No te apresures
a hablar; sé discreta. Nunca te alabes; por el contrario, piensa
cada vez menos en ti, habla menos de ti misma y deposita todas tus cargas
en Jesús. Deseo que el Señor te ayude a lograr la vida
eterna. . .
Con mucho amor,
tu tía Elena
(Carta 92, del 29 de enero de 1886, dirigida
a su sobrina Addie Walling, hija adoptiva de Elena G. de White, a quien,
con su hermana May, llevó a su hogar para criarlas después
de la muerte de su madre). 38
30 DE ENERO SU CASO NO ES DESESPERADO
Pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra. Isa. 62: 2.
Se me presentó su caso como el de alguien
dominado por la duda y la desesperación. Cristo le dice lo
mismo que le dijo a Pedro: "He aquí Satanás os ha pedido
para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte"
(Luc. 22: 31, 32). Le traigo buenas noticias: Jesús lo ama,
alma sacudida por la tempestad. Su fe no ha naufragado, aunque Satanás
ha tratado de hacerle creer que esto es precisamente lo que ha ocurrido,
Mire y viva. Venga a Cristo tal como está. Acéptelo
como su Salvador personal.
Ha cometido errores, pero no premeditadamente.
Ha sido arrastrado por la tentación. La posesión de
grandes sumas de dinero intoxicó su mente y pervirtió su
juicio. No sabía cómo usar sabiamente esos medios para
la gloria de Dios. No obstante, invirtió medios en su causa,
y donde podían ser usados para la gloria de Dios. Mi hermano,
aunque usted no ha manifestado toda la sabiduría que podría
y debería haber ejercido, Dios acepta todo lo que ha hecho con el
deseo de promover su gloria.
Estas fueron las palabras que se me dijeron
acerca de usted: "Por lo cual debía ser en todo semejante a sus
hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que
a Dios se refiere, para expiar los pecados de¡ pueblo" (Heb. 2: 17).
El pecador arrepentido debe creer que Cristo es su Salvador personal.
Es su única esperanza. Puede recurrir a la sangre de Cristo
para presentar a Dios, como propios, los méritos del Salvador crucificado
y resucitado. De ese modo, mediante la ofrenda de sí mismo
hecha por Cristo, el inocente en lugar del culpable, se remueven todos
los obstáculos y el amor perdonador de Dios puede fluir en ricos
raudales de misericordia en favor del hombre caído.
Acuda a Jesús ahora mismo, entretanto
que se dice hoy. La experiencia por la cual ha pasado le resultará
sumamente valiosa cuando se una en yugo juntamente con Cristo para ser
colaborador de Dios. Se ha deleitado en la verdad, la ha creído,
y la cree aún creyendo contra toda esperanza, porque el Espíritu
Santo está luchando con usted.
Se ha desviado de la senda por causa de la
tentación, pero resista al diablo y él huirá de usted;
alléguese a Dios y él se allegará a usted (Carta 91,
del 30 de enero de 1895, dirigida a un comerciante adventista de buena
posición económica). 39
31 DE ENERO DIOS TRABAJARA CON USTED
Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio. Gén. 18: 19.
Quisiera escribirle palabras de consuelo y
aliento. El Señor no la ha abandonado; sus brazos eternos
la están sosteniendo. Le ha dado una experiencia en la vida
cristiana que es del más alto valor. Ha permitido que su luz
ilumine a su familia, y ya se siente en ella la influencia de los rayos
divinos. Pero existe el peligro de que usted permita que el afecto
por sus hijos la induzca a aceptar las peticiones de ellos que su buen
criterio le dice no son ni para su bien ni para la gloria de Dios.
Usted ha sido el instrumento elegido del
Señor, por medio del cual ha trabajado y trabajará para la
salvación de las almas de sus hijos. Tiene que dar el testimonio
que dio Juan, cuando repitió las palabras de Cristo de amarnos los
unos a los otros como él los amó. El Espíritu
Santo dará testimonio de que están unidos a Cristo, y creyentes
e incrédulos reconocerán que han estado con Cristo y que
han aprendido de él. A medida que conozcan más al Señor,
irán reflejando el carácter de Cristo.
Estará sujeta a las debilidades de
la humanidad, y sin duda cometerá equivocaciones, pero el compasivo
y amante Salvador perdonará todos sus errores, porque usted se lo
pide, y porque ama a Jesús. Su espíritu exhalará
la mansedumbre de Cristo, y será una luz en su hogar. Su conversación
estará sazonada por la gracia, y una santa unción impregnará
sus oraciones. El Señor colaborará con sus esfuerzos,
como lo ha hecho en el pasado, y su justicia irá delante de usted
y la gloria de Jehová será su retaguardia.
Tiene toda la razón del mundo para
alabar a Dios por su bondad y su tierna misericordia. Su sangre que
todo lo expía está a disposición de todos sus hijos.
Si no abusa de sus facultades físicas, usted puede hacer mucha obra
preciosa en el nombre de Jesús. . . Para usted, que es creyente,
él es precioso. . . Caminen en amor como hijos amados. El
Espíritu de Dios está contendiendo con sus hijos y los invita
a venir a Cristo con estas palabras: "Venid, que ya todo está preparado"
(Luc. 14: 17). ¿No obedecerán? (Carta 94, del 31 de enero
de 1895, dirigida a una viuda, madre de una familia numerosa, con hijos
adultos). 40
Última actualización 26 de Diciembre 2,001