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1 de Septiembre
RECIBIMOS PARA DAR
Y el que planta y el que riega son una misma cosa; aunque cada uno recibirá su recompensa conforme a su labor. 1 Cor. 3: 8.
Cuando Cristo llamó a sus discípulos
y los íntimo a dejar sus redes, les dijo que haría de ellos
pescadores de hombres. Con estas palabras quería decir que
debían trabajar. Al comunicar la verdad a los demás,
debían dejar caer las redes al lado derecho del barco. Con
esto quería decir que debían trabajar con fe para salvar
almas. Y al obrar en favor de los individuos, gracias a la providencia
de Dios, lo harían también por las comunidades. No
debían pisar que cada uno de ellos constituía un elemento
distinto en la obra, sino como las hebras individuales de un gran conjunto,
inseparablemente unido; como los eslabones de una cadena, relacionados
con sus semejantes y con Dios.
El Señor desea que los jóvenes
sean eficientes, obreros cabales, capaces de llevar el yugo de Cristo y
de levantar sus cargas. "Sois colaboradores de Dios" nos dice.
Los niños y jóvenes debieran tratar muy seriamente de progresar
en comprensión y en su desarrollo mental; su propósito debería
ser progresar de acuerdo con el plan de la adición tanto en las
cosas espirituales como en las temporales. "Poniendo toda diligencia
-dice el apóstol Pedro-. . . añadid a vuestra fe virtud;
a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio
propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal;
y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en
vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos y sin fruto en cuanto
al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo" (2 Ped. 1: 5-8). .
.
El progreso en la verdadera educación
no concuerda con el egoísmo. El verdadero conocimiento procede,
de Dios y vuelve a Dios. Sus hijos reciben para dar. Los que
por la gracia de Dios han recibido beneficios intelectuales y espirituales
tienen que llevar a otros, juntamente con ellos, a mayores alturas de excelencia
a medida que progresan. Y esta obra, hecha con el propósito
de promover el bien de los demás, contará con la colaboración
de instrumentos invisibles. A medida que continuemos fielmente la
obra, tendremos la elevada aspiración de lograr justicia y santidad,
y un perfecto conocimiento de Dios. Nosotros mismos lograremos ser
completos en Cristo en esta vida, y llevaremos a las cortes celestiales
nuestros talentos desarrollados aquí, para continuar allá
nuestra educación superior (Manuscrito 108, del 1 de septiembre
de 1898, "La educación superior"). 254
2 de Septiembre ESCRITO
PARA NUESTRA ADMONICIÓN
Encaminará a los humildes por el juicio, y enseñará a los mansos su carrera. Sal. 25: 9.
Dios trabajará con los que quieren
escuchar su voz.
La Palabra de Dios debiera ser nuestra consejera,
y debiera guiarnos en nuestra experiencia. Las lecciones de la historia
del Antiguo Testamento, si se las estudia con fidelidad, nos mostrarán
cómo se puede lograr esto. Cristo, envuelto en una columna
de nube de día y en una columna de fuego de noche, era el Guía
y la Luz de los hijos de Israel mientras peregrinaban por el desierto.
Tenían un Guía infalible.
Mediante todas sus vicisitudes, Dios estaba
enseñándoles a obedecer a su Guía celestial, y a que
tuvieran fe en su poder libertados. Su liberación de las aflicciones
de Egipto, y su paso a través del Mar Rojo, les manifestaron su
poder para salvar. Cuando se revelaban contra él y desobedecían
su voluntad, Dios los castigaba. Cuando persistían en su rebelión
y se decidían a seguir su propio camino, Dios les daba lo que pedían,
y de esa manera les mostraba que cuando los privaba de algo era para su
propio bien. Todo juicio que les sobrevino como resultado de sus murmuraciones
era una lección para esa vasta multitud que el pesar y el sufrimiento
son siempre el resultado de la transgresión de las leyes de Dios.
La historia del Antiguo Testamento se registró
en beneficio de las generaciones venideras. También son muy
necesarias las lecciones del Nuevo Testamento. Aquí de nuevo
Cristo es el Instructor, que conduce a su pueblo para que busque esa sabiduría
que viene de lo alto, y para que obtenga esa instrucción acerca
de la justicia que modelará el carácter de acuerdo con la
semejanza divina. Las Escrituras, tanto del Antiguo Testamento como
del Nuevo, nos enseñan los principios en que se basan tanto la obediencia
a los mandamientos como los requisitos para obtener esa vida que se equipara
con la de Dios, porque por medio de la obediencia llegamos a participar
de la naturaleza divina, y aprendemos a huir de la corrupción que
encontramos en el mundo debido a la concupiscencia. Por lo tanto,
debemos estudiar sus máximas y obedecer sus mandamientos y principios,
que son más preciosos que el oro, para incorporarlos a nuestro diario
vivir (Carta 342, del 2 de septiembre de 1907, a los obreros del sur de
California). 255
3 de Septiembre SEREMOS
MAYORES QUE LOS ÁNGELES
JAH, si mirares a los pecados, ¿quién, oh Señor, podrá mantenerse? Pero en ti hay perdón, para que seas reverenciado. Sal. 130: 3, 4.
Para aquellos que se han desviado del camino
el Señor ofrece palabras de ánimo. Aceptará
sus oraciones si se arrepienten y convierten. Por medio del infinito
sacrificio de Cristo y por fe en su nombre pueden beneficiarse con el cumplimiento
de las promesas de Dios. Los hijos de Adán pueden llegar a
ser hijos de Dios.
¡Oh, cuán agradecidos debiéramos
estar de que al asumir Cristo la naturaleza humana, los hombres caídos
puedan recibir una segunda oportunidad! Cristo los ubica en terreno
ventajoso. Al relacionarse con él pueden ser colaboradores
de Dios. Por medio de la gracia que cada día les da Cristo,
pueden ser elevados y ennoblecidos hasta llegar a ser hijos e hijas de
Dios. Tal amor no tiene parangón.
Jesús pide perfecta obediencia.
Debe hacerse una obra cabal y práctica. Cada día debemos
crecer en el conocimiento de la voluntad divina. Cristo impartirá
su Espíritu a todos los que quieran trabajar unidos. . .
"¿Que no sois vuestros? Porque
habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro
cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" (1 Cor. 6:
19, 20). ¡Qué precio se pagó para redimir a la raza
caída! ¿No debiera entrar cada alma en el servicio de Dios
tratando de mejorar los talentos que se le han confiado para poder devolvérselos
con usura?
"Venid a mí -dice Jesús- todos
los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y
humilde de corazón; y [al aprender y practicar estas lecciones]
hallaréis descanso para vuestras almas" (Mat. 11: 28, 29).
Si queremos vivir la vida cristiana debemos
colaborar constantemente con Dios, de manera que el yo desaparezca al depender
de Jesucristo. Cada día debiéramos trabajar como si
fuera para la eternidad.
El hombre fue hecho un poco menor que los
ángeles. No obstante, cuando sea purificado y trasladado a
las cortes celestiales, tendrá aún más privilegios
que los ángeles.
Todo lo que necesitan sus hermanos y hermanas,
todo lo que cada uno de nosotros necesita es vivir una humilde vida cristiana
para revelar, mediante el carácter, la fortaleza recibida de Jesucristo
gracias a nuestra unión con él (Carta 196, del 3 de septiembre
de 1903, dirigida a un hombre de negocios). 256
4 de Septiembre FUERZAS
INVISIBLES EN CONFLICTO
El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad porque no hay verdad en él. . . Porque es mentiroso, y padre de mentira Juan 8: 44.
Todos debemos comprender que hay un ángel
caído que una vez estuvo ocupando un lugar inmediatamente inferior
al de Cristo en honor entre la hueste celestial. Su obra de engaño
la hizo con tanta astucia que los ángeles menos exaltados supusieron
que él era el gobernante del cielo. Satanás afirmó
que todas las insinuaciones erróneas que se manifestaba en el cielo
habían tenido su origen entre los ángeles, mientras él
mismo había hecho sugerencias que nunca podrían haber sido
concebidas por lo ángeles si él no los hubiera creado.
En forma artera presentaba estas cosa a Dios como provenientes de los ángeles,
en circunstancias que todas ella se originaban en él mismo.
Debido a que no era capaz de presentar directamente
sus engaños acerca de Cristo, decidió desprestigiarlo mediante
declaraciones e informes falsos. Como resultado de ello hubo guerra
en el cielo y Satanás fue expulsado. Se convirtió en
el enemigo modal de Cristo. Su esfuerzo constante consistió
en contrarrestar de todas las maneras posibles su gran obra de salvar almas.
Jesús, en las cortes celestiales,
había tratado de convencer a Satanás de su terrible error,
hasta que por fin el maligno y sus simpatizantes fueron hallados en abierta
rebelión contra Dios mismo. Entonces pretendió ocupar
un lugar más exaltado que el de Cristo como querubín cubridor.
Cuando fue expulsado del cielo descendió a esta tierra decidido
a trabajar contra Cristo. . .
Cuando Cristo vino a este mundo Satanás
constantemente le siguió las pisadas para tratar de invalidar su
obra. Cuando Jesús sanaba a los enfermos y afligidos Satanás
estaba allí para dificultar en la mayor medida posible su obra de
salvar almas. . .
Cuando las almas convencidas y conscientes
de su peligro comenzaban a preguntar: "¿Qué puedo hacer para
obtener la vida eterna?" Satanás estaba allí para excitar
las mentes de los sacerdotes y dirigentes a fin de que se opusieran a la
obra del Salvador y llenaran de escollos su camino. Pero Cristo siempre
fue superior a Satanás. Al reprender a los personeros de Satanás
daba libertad a las pobres almas encadenadas por el enemigo, y las dejaba
en libertad (Carta 292, del 4 de septiembre de 1906, dirigida al Dr. D.
H. Kress y Sra., del Sanatorio de Sidney, Australia). 257
5 de Septiembre NOS GUIARA
A TODA VERDAD
Y yo rogaré al Padre, y os dará otro consolador, para que esté con vosotros para siempre. Juan 14: 16.
Cristo afirmó que después de
su ascensión enviaría a su Iglesia su don mayor, el Consolador,
que iba a ocupar su lugar. El Consolador es el Espíritu Santo.
Es el alma de su vida, la eficiencia de su iglesia, la luz y la vida del
mundo. Con su Espíritu Dios envía una influencia reconciliadora.
. .
Dios me ha instruido que les diga, como asimismo
a todo su pueblo, que tengan cuidado de no oponerse a la obra del Espíritu
Santo, el Consolador enviado por Cristo, y que teman dar el primer paso
presuntuoso en la senda de la rebelión. Cuando Cristo habló
con los discípulos acerca del Espíritu Santo, trató
de elevar sus pensamientos y ampliar sus expectativas para que lograran
tener el más alto concepto de lo que es la excelencia. Tratemos
de comprender sus palabras. Tratemos de apreciar el valor del maravilloso
don que nos ha conferido. Tratemos de buscar la plenitud del Espíritu
Santo. . .
No veo otro camino para nosotros que prestar
atención a las palabras de Cristo: "Si alguno quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame"
(Mat. 16: 24). Tenemos que obedecer estas palabras si hemos de lograr
la vida eterna. La Majestad del cielo descendió a este mundo
para enseñarnos esta lección mediante una vida de abnegación
constante. ¿No prestaremos atención a sus instrucciones?
Para ser salvos debemos tener una experiencia
cabal en las cosas de Dios. La expiación del pecado ha sido
hecha mediante el don del Hijo del Dios infinito. . .
Traer al pecador a los pies de Cristo es
la obra del Consolador, del Espíritu Santo. El Salvador es
el ejemplo divino, la perfección de la santidad y él modela
el alma de nuevo. Tenemos el privilegio de recibir de Cristo toda
la excelencia necesaria para perfeccionar el carácter. Pero
para obtener esta excelencia debemos manifestar más abnegación
y más espíritu de sacrificio. . .
Cristo ha hecho todas las provisiones del
caso para que seamos hijos de Dios. "¡Oh -dice mi corazón-,
alabad su santo nombre para que de su plenitud podamos recibir gracia sobre
gracia!" Luchemos, mediante la aceptación de su Palabra, para alcanzar
la más elevada norma de perfección. Sólo estamos
seguros cuando procuramos las cualidades que hacen de nosotros hijos de
Dios, poseedores de una excelencia santificada (Carta 155, del 5 de septiembre
de 1902. dirigida al Juez Arthur y Sra., abogado adventista del Sanatorio
de Battle Creek). 258
A ti, oh Dios de mis padres, te doy gracias y te alabo, porque me has dado sabiduría y fuerza. Dan. 2: 23.
En esta época de maravillas satánicas
se hará y se dirá todo lo imaginable para engañar,
si fuera posible, a los mismos elegidos. No digan nada los creyentes
para exaltar el poder de Satanás. El Señor distinguirá
a su pueblo guardador de sus mandamientos con señales distintivas
de su favor, si quiere ser modelado por su espíritu y edificado
en la santísima fe mediante la estricta obediencia a la voz de su
palabra.
Humillemos nuestras almas delante de Dios.
Trabajemos con la mira puesta en su gloria. Esté su alabanza
siempre en nuestros labios porque los beneficios que nos concede se renuevan
diariamente y debieran ser reconocidos mediante acción de gracias.
Dios es paciente, tierno y misericordioso. Si nos tratara de acuerdo
con nuestra perversidad, nuestra locura, nuestra conducta imprevisible,
nuestra volubilidad, ¿dónde estaríamos? Pero
"él conoce nuestra condición; se acuerda de que somos polvo"
(Sal. 103: 14). Recuerda que nadie es autosuficiente para resistir
a este terrible enemigo. Ocúltate en Dios y asegúrate
que el Espíritu Santo está contigo. Podrás vencer
al enemigo sólo si el Señor va delante de ti.
Si subsistimos en el gran día del
Señor, con Cristo como nuestro refugio y nuestra fortaleza, debemos
abandonar toda envidia y toda contienda por la supremacía.
Debemos destruir completamente la raíz de estas cosas impías
para que no puedan surgir de nuevo a la vida. Debemos ponernos plenamente
del lado del Señor. . .
Busca la justicia y ocúltate bajo
el amplio escudo de la omnipotencia. Es tu única seguridad.
Dios te invita a buscarlo con humildad de corazón. Lee !a oración
de Daniel y verifica si tu experiencia será capaz de resistir la
prueba de fuego. Dios bendecirá ricamente a los que se humillan
delante de él. . .
No debemos permitir que nos transmitan su
frío mortal los que no saben qué significa andar con Dios.
. . No debemos permitirnos entrar en controversias. Debernos pronunciar
palabras pacificas y llenas de gracia y de verdad. Debemos escudriñar
diligentemente nuestros corazones para humillarnos delante de Dios.
Debemos respetar a nuestros hermanos, pero no ponerlos en el lugar de Dios,
porque sólo son hombres (Carta 195, del 6 de septiembre de 1903,
dirigida a W. C. White). 259
7 de Septiembre ANTES
DEL ORGULLO VIENE LA CAÍDA
Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. 1 Cor. 10: 12.
Antes que Pedro cayera, Cristo le dijo: "Simón,
Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearas
como a trigo" (Luc. 22: 31).
¡Cuán leal era la amistad del
Salvador por Pedro! ¡Cuán, compasiva fue su advertencia! Pero
a Pedro lo hirió. Basándose en su suficiencia propia
afirmó con toda confianza que jamás haría lo que Cristo
le había advertido. "Señor -dijo- dispuesto estoy a
ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la
muerte" (Luc. 22: 33). Su confianza propia fue su ruina. Tentó
a Satanás a que lo tentara, y cayó en la trampa de su mortal
enemigo. Cuando Cristo más lo necesitaba se puso de parte
del enemigo y negó abiertamente a su Señor. . .
Muchos en la actualidad se encuentran donde
se hallaba Pedro cuando con confianza propia afirmó que no iba a
negar a su Señor. Debido a su suficiencia propia son presa fácil
de los engaños de Satanás. Los que son conscientes
de su debilidad confían en un poder superior. Y mientras miran
a Dios, Satanás no tiene poder sobre ellos. Pero los que confían
en si mismos son fácilmente derrotados. Recordemos que si
no prestamos atención a las advertencias de Dios, caeremos. Cristo
no evitará las heridas de los que se introduzcan por su cuenta en
el terreno del enemigo. Deja que el autosuficiente avance impulsado
por su supuesta fortaleza, actuando como si supiera más que su Señor.
Entonces sobrevienen el sufrimiento y una vida trunca, o tal vez la derrota
y la muerte.
En la guerra el enemigo aprovecha los puntos
débiles de la defensa de aquellos a quienes ataca. En ese
punto concentra sus más fieros asaltos. El cristiano no debiera
tener puntos débiles en su sistema defensivo. Debiera estar
protegido por el apoyo que brinda la Escritura al que está dispuesto
a hacer la voluntad de Dios. El alma tentada logrará la victoria
si sigue el ejemplo del que enfrentó al tentador con las palabras
"Escrito está". Puede permanecer seguro bajo la protección
de un "Así dice Jehová". . .
El Señor permite que sus hijos caigan,
y entonces, si se arrepienten de sus malas acciones, les ayuda a ponerse
en terreno ventajoso. Así como el fuego purifica el oro, Cristo
purifica a su pueblo mediante la tentación y la prueba (Manuscrito
115, del 7 de septiembre de 1902, "El peligro de la suficiencia propia").
260
8 de Septiembre PARA QUE
TU FE NO FALTE
En Jehová se gloriará mi alma; lo oirán los mansos, y se alegrarán. Sal. 34: 2.
Cuando ustedes trabajan por la salvación
de las almas y los pecadores se convencen de sus pecados y ustedes tienen
evidencias de que Cristo se ha compadecido de ellos, que ha surgido una
nueva esperanza en sus corazones, no es correcto decir: "Oramos por él,
entregó su corazón a Dios y se salvó". Esto
es engañoso. Tienen el privilegio de decir solemne, seria
y alegremente: "Creo que Jesucristo le ha perdonado sus pecados".
Animen a cada alma a albergar esperanza y fe, pero jamás. . . digan
de nadie: "Es salvo". . .
Debemos ejercer una paciencia tierna y piadosa
por los que yerran, para traer de vuelta a la oveja descarriada.
Tenemos un ejemplo de esto en la forma como trató Cristo a Pedro
cuando negó a su Señor con maldiciones y juramentos.
Pedro creía que era fuerte. Dijo: "Señor, ¿por
qué no te puedo seguir ahora? Mi vida pondré por ti"
(Juan 13: 37). Pero Jesús le contestó: "De cierto te
digo que tú, hoy, en esta noche, antes que el gallo haya cantado
dos veces, me negarás tres veces" (Mar. 14: 30). Pero Pedro
"con mayor insistencia decía: Si me fuere necesario morir contigo,
no te negaré" (Vers. 31).
No es prudente vanagloriarse. Pedro
cayó porque ignoraba su propia debilidad. . . El Señor le
dijo a Pedro: "Simón, Simón, he aquí Satanás
os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que
tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos" (Luc.
22: 31, 32).
Si se le hubiera permitido a Satanás
que hiciera las cosas a su manera, no habría habido esperanza para
Pedro. Su fe habría naufragado por completo. Si Pedro
hubiera procurado la ayuda divina con fervor y humildad, si hubiera estado
escudriñando su propio corazón sin que nadie lo supiera,
no habría sido zarandeado ni probado. Satanás no puede
vencer al que humildemente aprende de Cristo y camina con oración
delante del Señor. "Porque vendrá el enemigo como río,
mas el Espíritu de Jehová levantará bandera", en favor
de él y contra el enemigo (Isa. 59: 19). Cristo se interpone
como refugio, como lugar de retiro, y el enemigo no lo puede vencer (Manuscrito
109, del 8 de septiembre de 1898, "La caída y la restauración
de Pedro"). 261
9 de Septiembre
EL CONVENCIMIENTO DEL PERDÓN DE LOS PECADOS
Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe. Juan 3: 30.
Me siento triste cuando veo la falta de religión
práctica en nuestro mismo seno. El yo es sumamente evidente
mientras el Espíritu de Cristo no se nota. Necesitamos iluminación
divina. Necesitamos renovar cada día nuestra consagración
a Dios.
¿Por qué no somos conscientes
de que nuestros pecados han sido perdonados? Porque somos incrédulos.
No estamos poniendo en práctica las enseñanzas de Cristo
ni estamos incorporando sus virtudes en nuestras vidas. Si se nos
concedieran el gozo, la exaltación y la esperanza impartidos por
el Señor Jesucristo, muchos de nosotros haríamos de ello
objetos de estima propia y de orgullo. Cuando Jesús mora en
el corazón por la fe, se ponen en práctica las lecciones
que él dio. Tendremos un concepto tan excelso de Jesucristo
que el yo será abatido. Nuestros afectos se concentrarán
en Jesús y nuestros pensamientos se dirigirán firmemente
hacia el cielo. Cristo aumentará y el yo disminuirá.
Hay que entrenar la mente para que se espacie
en las cosas espirituales. La humildad será el resultado de
comprender el carácter amoroso de Jesucristo. Al meditar en
las excelencias del carácter de Cristo nos daremos cuenta de cuán
ofensivo es el pecado, y nos aferraremos de la justicia de Jesucristo.
Cultivaremos las virtudes que residen en Jesús para que podamos
reflejar su carácter ante los demás. Si contempláramos
la cruz del Calvario no exaltaríamos el yo, sino que mantendríamos
constantemente delante de nosotros nuestra propia indignidad, y cuánto
le costó al cielo nuestra salvación; percibiríamos
el amor inmaculado de Cristo.
Muchos permiten que sus mentes se espacien
en su propia indignidad como si esto fuera una virtud. Es un impedimento
para que acudan a Jesús con plena certidumbre de fe. Debieran
sentir su indignidad, y a causa de esto, a causa de su carácter
pecaminoso, debieran sentir la necesidad de acudir al Salvador, que es
su mérito, y que será su justicia si se arrepienten y humillan.
Su indignidad es un hecho evidente por sí mismo. Pero los
méritos de Jesucristo son seguros. Por lo tanto, cada alma dubitativa
tenga esperanza y cobre valor porque hay Alguien que es digno y este es
su Salvador. Su única esperanza es una salvación de
la cual se pueden aferrar por fe en méritos que no son propios,
pero que serán suplidos por Jesucristo, nuestra justicia (Diario,
Manuscrito 21, del 9 de septiembre de 1899). 262
10 de Septiembre CRISTO
NO ESTA DIVIDIDO
Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso. . . Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. 1 Cor. 12: 18, 21.
El hecho de que no todos los hombres tengan
el mismo carácter, no es razón para que se separen.
Si somos hijos del rey celestial, no discreparemos tanto que obstaculicemos
el camino de los demás.
Es el plan de Dios que sus siervos tengan
diversos dones. Es su voluntad que hombres de distintos criterios
ingresen en la iglesia para colaborar con él. Tenemos que
hacer frente a diferentes opiniones, y se necesitan dones distintos.
Los siervos de Dios deben trabajar en perfecta armonía. Le
agradezco a Dios porque no somos exactamente iguales, aunque debemos tener
el mismo espíritu: El espíritu que moraba en Cristo.
El apóstol Juan no era igual al apóstol Pedro. Cada
cual tenía que someter sus peculiaridades y suavizar su temperamento,
para que pudieran ayudarse mutuamente mediante la fe en la verdad y la
santificación que ella produce.
La justicia de Cristo va delante de nosotros.
Tenemos que imitar su carácter. Y entonces, ¿qué?
La gloria de Jehová será nuestra retaguardia. Nuestro
Jefe va adelante de nosotros, y mientras lo seguimos nos imparte su justicia
que se revela en nosotros mediante una vida bien ordenada y una piadosa
conversación. La fe y las obras nos hacen cristianos, y nos
preparan para sentarnos en lugares celestiales con Cristo.
¿Está dividido Cristo?
No. Si Cristo mora en un alma no discutirá con el Cristo que mora
en otra alma. Tenemos que aprender a tolerar las particularidades
de los que nos rodean. Si nuestra voluntad está dirigida por
Cristo, ¿cómo podremos discrepar con nuestros hermanos?
Si ello ocurre, es evidente que el yo tiene que ser crucificado.
Aquél a quien Cristo otorga libertad es verdaderamente libre.
No estamos completos en Cristo a menos que nos amemos como el Señor
nos amó. Cuando lo hagamos, tal como Cristo nos lo ordenó,
daremos evidencias de que estamos completos en él.
Debemos tener la fe que los profetas predijeron
y que predicaron los apóstoles: La fe que obra por el amor y purifica
el alma (Carta 141, del 10 de septiembre de 1902, dirigida al pastor S.
N. Haskell, dedicado en ese entonces a obra evangélica en Nueva
York). 263
11 de Septiembre TENGAMOS
DOMINIO PROPIO
Porque ejemplo os he dado. Juan 13: 15.
Estamos formando caracteres para el cielo.
Ningún carácter se perfeccionará sin pasar por la
prueba y el sufrimiento. Tenemos que ser sometidos a pruebas.
Cristo soportó la prueba del carácter en favor de nosotros,
para que nosotros podamos pasarla por nosotros mismos gracias a la fortaleza
divina que nos concede. Jesús es nuestro ejemplo de paciencia,
tolerancia, mansedumbre y humildad. Discrepaba con todo el
mundo impío, y estaba en guerra con él, y sin embargo no
dio rienda suelta ni a la pasión ni a la violencia, ya sea mediante
palabras o actos, aunque recibió un vergonzoso maltrato en cambio
de sus buenas acciones. Se lo afligió, se lo rechazó
y se lo trató con desprecio, pero él no tomó represalias.
Tenía dominio propio, dignidad y grandeza. Sufrió con
calma y respondió a los malos tratos sólo
con compasión, piedad y amor. . .
Imiten a su Redentor en estas cosas.
No se salgan de quicio cuando las cosas salen mal. No se sulfuren
ni pierdan el dominio propio porque piensan que las cosas no son como debieran
ser. El que otros obren mal no los excusa a ustedes para hacer lo
mismo. El fruto de dos errores no es una cosa correcta. Tienen
victorias que ganar para vencer como Cristo venció.
El Señor jamás murmuró;
jamás manifestó descontento, disgusto o resentimiento.
Nunca se descorazonó, se desanimó, se enojó o se enfureció.
Era paciente, tranquilo y lleno de dominio propio en medio de las circunstancias
más enojosas y difíciles. Realizaba todas sus obras
con una tranquila dignidad y con suavidad, no importa qué conmoción
se pudiera estar produciendo a su alrededor. El aplauso no lo entusiasmaba.
No temía las amenazas de sus enemigos. Se movía en
un mundo de excitación, violencia y crimen, tal como el sol se mueve
entre las nubes. Estaba por encima de las pasiones humanas, los disturbios
y las pruebas. Avanzaba como el sol por encima de todo ello.
Pero no era indiferente a los males de la humanidad. Su corazón
se conmovía por los sufrimientos y las necesidades de sus hermanos
como si él mismo fuera el afligido. Poseía una gozosa
calma interior, una serena paz. Su voluntad siempre estaba subordinada
a la de su Padre. "No se haga mi voluntad, sino la tuya", fueron
las palabras que surgieron de su labios pálidos y temblorosos (Carta
512, del 11 de septiembre de 1874, dirigida a Edson y Emma White). 264
12 de Septiembre SEAMOS
CRISTIANOS AHORA
Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados. 1 Juan 2: 28.
Muchos piensan que algún día
serán cristianos, pero no se quieren decidir ahora. . . No sólo
están perdiendo mucho ustedes mismos al dedicar al enemigo la mayor
parte de su vida, sino que están criando a sus hijos mientras descuidan
las cosas eternas. Todo el ejemplo que ustedes les dan, va en mala
dirección. Su descuido los está privando precisamente
del conocimiento que Dios considera es deber de ustedes darles para que
puedan aprender a amar, reverenciar y obedecer los requerimientos de Dios.
Esto debiera ser objeto de seria meditación.
Sus hijitos son ágiles mentalmente
y observan a los adultos. Les están modelando la mente para
que piensen y obren como ustedes, es decir, que no doblen sus rodillas
ante el Soberano del universo porque ustedes no lo hacen. Ya es suficientemente
malo y terrible verificar que ustedes están perdiendo su propia
alma, a menos que se entreguen a Dios, y que no están entrando por
la puerta de la salvación, pero más terrible aún es
pensar que le están impidiendo la entrada a sus hijos. . . Olviden
por un momento todo lo que tiene que ver con su propia dignidad y posición
social, y comiencen delante de sus hijos como alumnos en la escuela de
Cristo. Confiesen que se han equivocado al no reconocer que son hijos
de Dios. Díganles que desean como familia comenzar ahora mismo
a vivir para Dios, y entonces lean la Palabra y oren con sus hijos. . .
Sólo en Jesús van a encontrar
tranquilidad y paz. El mundo, sus máximas y costumbres, engendran
innumerables sufrimientos. Muchos sufren porque no pueden satisfacer
sus deseos. Se cargan a sí mismos de deseos insatisfechos.
Con una conciencia culpable, que no está de acuerdo con Dios, con
el temor al desagrado y la ira de Dios, viven en constante ansiedad.
El sufrimiento no da consuelo celestial. Se teme el castigo. . .
¿Quieren que ésa sea la condición de ustedes? . .
.
Se pagó un rescate por las almas,
un sacrificio infinito: Un Monarca que sufrió por sus súbditos
rebeldes para que pudieran escapar del pecado, la corrupción y la
miseria. Todos podrán recibir perdón y pureza del cielo
gracias a la gran condescendencia del Hijo de Dios. . . (Carta 26, del
12 de septiembre de 1879, un testimonio personal a un esposo y su esposa).
265
13 de Septiembre TENGAN
CUIDADO CON LO QUE DICEN
Escrito está. . . Escrito está también. . . Porque escrito está. Mat. 4: 4, 7, 10.
Algunos que en tiempos pasados fueron honrados
por Dios, han caído en las trampas y los engaños del enemigo.
Se les advirtió de su peligro, pero como no quisieron escuchar las
amonestaciones que se les enviaron, fueron engañados más
y más, hasta que finalmente se los halló combatiendo al Señor
y a sus obreros.
Los que se hallan de pie sobre la roca de
la verdad eterna tendrán que enfrentar a veces una oposición
tan abierta que se verán en la obligación de tomar decisiones
muy firmes. En esas ocasiones cada palabra debiera ser cuidadosamente
pesada, no sea que hiramos a las almas que queremos ayudar. Sujetemos
nuestra lengua como con una brida, y recordemos que Dios no nos ha encomendado
la tarea de juzgar a nuestros hermanos. . .
Obtengamos de la Palabra de Dios todo el
consuelo y el ánimo posible y presentémoselos a las almas
que luchan con perplejidades y dificultades. Pero nunca lancemos
acusaciones injuriosas contra los que están engañados. .
.
Al hacer frente al enemigo en el desierto
la respuesta de Cristo a sus malvadas insinuaciones fue: "Escrito está".
Cuando Satanás pretendió llegar a ser el dueño de
todo el mundo, y le pidió que lo adorara como Dios, Aquel a cuya
palabra hubieran acudido en su ayuda legiones de ángeles se limitó
a decir: "Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor
tu Dios adorarás, y a él sólo servirás" (Mat.
4: 10). Sólo comprendemos parcialmente la intensidad de este
conflicto. Parecía que el Salvador iba a morir en el campo
de batalla, pero resistió a su perverso enemigo. Sus palabras
tan bien escogidas eran como una aguda espada de dos filos. Satanás
fue completamente derrotado. Se dio cuenta de que el Príncipe
de la vida no podía ser engañado por ningún sofisma.
Estamos ahora en el campo de batalla. . .
Sea la Palabra de Dios el motivo de nuestro
estudio. . .
A todos los que creen en él, Cristo
les dio la facultad de ser hijos de Dios. Todos los que son considerados
miembros de la familia real vivirán para Aquel que es la propiciación
de sus pecados. A medida que conocen más y más la verdad,
sus pies se afirman más y más sobre el fundamento seguro.
Ni la inundación ni la tempestad los pueden sacar de allí
(Carta 289, del 13 de septiembre de 1905, dirigida a mis hermanos en el
ministerio). 266
14 de Septiembre CULTIVEMOS
EL AMOR CRISTIANO
El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal, y sus labios no hablen engaño. 1 Ped. 3: 10.
El padre cristiano jamás debiera perder
de vista que es uno de los hijos de Dios y que debe cultivar una disposición
cortés y compasiva porque es un educador. Debe representar
a Jesús ante sus hijos. Al tratar con ellos, no debiera haber
impetuosidad, ni tampoco esa fría dignidad que congela el amor en
el corazón. Debiera ser tan amable y tierno que los corazones
de sus hijos se suavicen y se sometan, y se preparen para recibir el amor
y la gracia de Cristo. El cristiano no debe dirigir palabras ásperas
a nadie, ya sea viejo o joven. El enemigo sugiere esas palabras.
. .
La Palabra de Dios nos enseña a ser
amables, tiernos, compasivos y corteses. Cultivemos el amor cristiano.
Lleve todo lo que hagamos el sello de este amor. Los que no hablan
las palabras de Cristo ni hacen sus obras, tratan de entrar al cielo de
otra manera y no por la puerta.
No traten de conservar su fría y poco
cristiana dignidad. Esto no es religión; no es cristianismo.
Lo que necesitan es la luz que resplandece en el rostro de Cristo para
que los rostros de ustedes resplandezcan con la luz de su amor. Dejen
a un lado su férrea dignidad. Dios no les pide que conserven
semejante cosa. Llénense sus corazones con el amor de Cristo;
entonces el rostro de ustedes brillará con una simpatía semejante
a la de Cristo.
Hay quienes están atendiendo asuntos
sagrados que no tienen fe en Dios ni en su poder. Multiplican sus
esfuerzos para obtener la salvación mediante sus propios medios.
¡Cuán lamentables son sus vanos esfuerzos para justificarse
y tratar de no perder pie en medio de la descendente corriente del mal!
Son impotentes porque no confían en Dios. . .
Dios es la eterna e increada fuente de todo
bien. Todos los que lo contemplan y confían en él lo descubren.
A los que lo sirven aferrándose de él como de su Padre
celestial, les asegura el cumplimiento de sus promesas. Su gozo se
hallará en sus corazones, y alcanzará su plenitud (Carta
203, del 14 de septiembre de 1903, dirigida a los administradores de la
Casa Editora de Nashville). 267
15 de Septiembre SI JUDAS
SE HUBIERA ARREPENTIDO
El que come pan conmigo, levantó contra mí su calcañar. Juan 13: 18.
Cristo se podría haber librado.
Cuando pronunció las palabras [en el Getsemaní] "Yo soy",
inmediatamente lo rodearon los ángeles, y esa multitud tuvo plena
evidencia de que Cristo contaba con el poder de Dios. Cuando esa
turba asesina retrocedió tropezando, mientras trataba de aferrarse
del aire para sostenerse y caía pesadamente en tierra, hubiera sido
fácil para Cristo mantenerlos indefensos y postrados, para pasar
en medio de ellos sin sufrir daño alguno. Mediante un breve
resplandor de su gloria podía haberlos extinguido. Eso era
lo que Judas esperaba, porque en varias oportunidades Cristo había
escapado. . .
No es extraño que Judas, aún
entonces, se aferrara a su odio y mantuviera su propósito hasta
el mismo fin. Si se hubiera arrepentido, si en ese momento hubiese
confesado su pecado, si su corazón de traidor se hubiese quebrantado,
habría recibido perdón. Pero la obstinación
satánica aumenta en proporción directa con la luz recibida
y rechazada. Las invitaciones, las amonestaciones acerca de los peligros
venideros, no modificaron el propósito de Judas, porque su corazón
no había cambiado. Frente a la luz y la evidencia decidió
seguir su propia conducta y hacer su voluntad. La paciencia de Cristo,
su amable reprensión que brotó al fin de los labios divinos,
no quebrantaron su terco corazón. Su prolongada persistencia
endureció su corazón. Vio adónde lo conducían
sus pasos, pero los agentes satánicos lo rodeaban, y no tenía
poder para librarse de la trampa. Los atributos humanos tan largamente
acariciados, la decisión de no aceptar la luz, le impidieron ver
todas las consecuencias de sus actos.
Judas no es el único ser humano que
ha transitado por ese terreno. . .
Judas era un hombre que poseía cualidades
valiosas. Pero no quería aprender. . .
Cuando alguien se relaciona con otra persona
que lleva el mensaje del cielo, y oye la verdad pero no la pone en práctica,
ésta se empequeñece hasta llegar a ser indigna de atención
para él. Así ocurrió con Judas.
El hombre debe creer la verdad; debe modificar
su conducta y ponerse de acuerdo con la luz que resplandece sobre él
(Manuscrito 100, del 15 de septiembre de 1897, "El arresto de Cristo").
268
16 de Septiembre RECLAMEMOS
EL CUMPLIMIENTO DE SU PROMESA
Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Fil. 4: 6.
Tengo presente tu caso y me preocupa que estés
afligida. Me gustaría consolarte si pudiera. ¿No ha
sido Jesús, el precioso Salvador, un pronto auxilio para ti en tus
tribulaciones? No contristes al Espíritu Santo; deja de quejarte.
De esto has hablado mucho y muchas veces con otras personas. Consuélente
las palabras de los que no están tan enfermos como tú, y
que Dios te ayude, es mi oración.
Si fuera la voluntad del Señor que
murieras, deberías creer que tienes el privilegio de entregar todo
tu ser, es decir, tu cuerpo, tu alma y tu espíritu, en las manos
de un Dios justo y misericordioso. El no te quiere condenar, como
tú crees. Quiero que dejes de pensar que el Señor no
te ama. Acepta sin reservas las misericordiosas provisiones que ha
hecho. . .
No necesitas pensar que has hecho algo que
haya inducido a Dios a tratarte con severidad. Yo sé bien
como son las cosas. Cree sólo en su amor y confía en
su promesa. . .
El quiere que tú creas y que pongas
en práctica lo que crees. Cristo nos dio en su vida una ilustración
del carácter amable que todos debiéramos poseer. . . Ni la
sospecha ni la desconfianza debieran posesionarse de nuestra mente.
Ningún temor, causado por la grandeza de Dios, debiera confundir
nuestra fe. Quiera Dios ayudarnos a ser humildes y mansos.
Cristo depuso su atuendo real y su corona
para relacionarse con la humanidad y demostrar que los seres humanos pueden
llegar a ser perfectos. Ataviado con el manto de la misericordia
vivió en este mundo una vida perfecta para darnos evidencias de
su amor. Por causa de lo que ha hecho, la desconfianza en él
debiera ser imposible. Desde su elevado puesto de comando en las
cortes celestiales, descendió para asumir la naturaleza humana.
Su vida es un ejemplo de lo que pueden ser nuestras vidas. Para que
ningún temor causado por la grandeza de Dios borrara nuestra confianza
en el amor del Señor, Cristo se convirtió en varón
de dolores, experimentado en quebranto. El corazón humano,
cuando se lo entregamos, se transforma en un arpa sagrada que difunde música
santa (Carta 365, del 16 de septiembre de 1904, dirigida a Marian Davis,
una de las correctoras de originales de Elena G. de White, que se encontraba
muy enferma). 269
17 de Septiembre TODOS
LOS HOMBRES SON HERMANOS
El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay. . . De una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres. Hech. 17: 24, 26.
Dios ha manifestado por los seres humanos
un amor infinitamente profundo, y sin embargo, cuán lejos estamos
de apreciarlo. Cristo murió en la cruz del Calvario para que los
pecadores pudieran ser redimidos de la esclavitud del mal, y ubicados en
terreno ventajoso delante de Dios. Pensemos en el maravilloso amor
que el Padre manifestó al hacer este sacrificio. Es nuestra
responsabilidad señalar este amor a los que están fuera de
la grey, contarles a los pecadores lo que Cristo ha hecho por ellos, y
lo que pueden llegar a ser debido a su gracia transformadora.
Queremos que como resultado de todo lo que
se haga el nombre del Señor sea glorificado y su causa progrese.
Ahora, como nunca antes, se necesita una sabia estrategia. El prejuicio
humano no proviene de Dios. Dejarnos guiar por los impulsos es muy
peligroso. El impulso humano es un elemento muy pobre y no puede
reemplazar a la razón santificada.
El Señor Jesús considera cada
alma con profundo interés. Ha afirmado que las características
espirituales de su iglesia deben ser cuidadosamente preservadas.
La iglesia esta en el mundo y debe trabajar para el mundo, pero no debe
abrir sus puertas a la mundanalidad. "Toda planta que no plantó
mi Padre celestial, será desarraigada" (Mat. 15: 13). La iglesia
debe ser celosamente protegida, debe manifestar ante el mundo su carácter
sagrado. "Vosotros sois labranza de Dios, edificios de Dios" (1 Cor.
3: 9). "Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,
porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el
hacer, por su buena voluntad" (Fil. 2: 12, 13). . .
La verdad debe ser proclamada hoy a toda
nación, tribu, lengua y pueblo. Cristo desea que la obra se
haga de tal manera que no suscite prejuicio, porque cuando éste
se manifiesta, algunos no quieren oír la verdad. . .
Todavía estamos en este mundo, donde
existen estas barreras, y debemos trabajar de tal manera que alcancemos
a todas las clases sociales. No permitan que los obstáculos
presentes destruyan su fe y su confianza en Dios (Manuscrito 114, del 17
de septiembre de 1904, "Pautas relativas a la obra en favor de la gente
de color"). 270
18 de Septiembre NO DESPRECIEMOS
A LOS QUE YERRAN
Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. Mat. 12: 34, 35.
Nunca tratemos como infieles a aquellos por
quienes trabajamos, a menos que tengamos evidencias indubitables de que
lo son. Y aún cuando la infidelidad de un obrero sea plenamente
probada, nunca trate con él de manera que tenga excusa para decir:
"Usted fue duro conmigo". No debe hacer nada que provoque a ira a
los que yerran. No trate a creyentes o incrédulos de tal manera
que llegue a excitar los peores sentimientos de sus corazones. No
lance acusaciones que puedan ser crueles e injustas. Mediante esta
manera de proceder, puede conducir a las almas a la perdición. .
.
Usted debe manifestar en su obra la simpatía
de Cristo. Sus palabras deben ser una expresión de ella.
Debe hablar el idioma de Canaán. Usted ya no forma parte del
mundo. Ha salido de él y debe evitar sus métodos y
procedimientos. Mediante sus palabras y actos debe manifestar los
amantes propósitos de Dios. Debe tratar siempre con respeto
a sus colaboradores, recordando que fueron creados a imagen de Dios.
El que sirve en lugar de Cristo sólo
cumple su deber cuando manifiesta las gracias del Espíritu de Dios
a todos los que se relacionan con él. No deben escucharse
ni reprimendas ni expresiones airadas, porque esas palabras deshonran a
Cristo y son un baldón para el nombre de cristiano.
Parte del deber del que sirve como director
consiste en aprender a ejercer dominio propio.
El Señor Jesús ha elegido a
seres humanos para que sean su instrumento. Deben cumplir su propósito.
Su muerte en la cruz del Calvario fue la culminación de su humillación.
Su obra redentora trasciende el entendimiento finito. . .
Debemos seguir el ejemplo de Cristo en nuestra
vida diaria. Entonces se manifestará en nuestra vida religiosa
esa paz que sobrepuja todo entendimiento. No debemos aceptar ningún
empleo ni iniciar ninguna empresa sólo con el propósito de
obtener la alabanza y la honra de los hombres. No debemos pronunciar
ni una sola palabra ni cometer una sola acción que degrade en las
mentes de los demás el ideal que alientan del que murió una
muerte vergonzosa en la cruz, para tener el privilegio de salvar a sus
enemigos (Carta 196, del 18 de septiembre de 1901, dirigida a un administrador
del Sanatorio de Santa Elena). 271
19 de Septiembre COMO
TENER EL CIELO AQUÍ
Anhelaban una [patria] mejor, esto es, celestial. Heb. 11: 16.
Debemos escudriñar con todas las facultades
que Dios nos ha dado a fin de dar a entender las Escrituras a los que están
en tinieblas. Hay felicidad, esperanza y paz para los desanimados.
No podemos permitirnos dedicar las habilidades que Dios nos dio a los asuntos
comunes de la vida. Necesitamos una fe que se aferre de la
promesa que nos presenta el Evangelio. ¿Qué pasaría
si perdiéramos nuestra alma? Sería mejor para nosotros
no haber nacido. Una alma vale más que todo el oro y la plata
que podríamos acumular sobre la tierra. . .
Necesitamos cultivar una fe viva en Dios.
Necesitamos apartar los ojos de las atracciones de esta tierra para fijarlos
en las cosas celestiales. No queremos que ésta se interponga
entre Dios y nosotros; por el contrario, queremos mantener la vista fija
en la gloria de Dios. Hablamos del cielo y sus bendiciones, y sería
una calamidad que lo perdiéramos. Pues bien, si el cielo es
tan atractivo, tan deseable, introdúzcanlo en esta vida, introdúzcanlo
en el seno de sus familias y eduquen a sus hijos de manera
que no vivan para este mundo, sino para la vida futura e inmortal.
. .
Pueden tener un poco del cielo aquí
si están dispuestos a mantener la vista fija en Dios, no mirando
a Cristo la mitad del tiempo y al mundo la otra mitad. Si ustedes
viven para Dios, los sostendrá con su brazo eterno y les dirá:
"Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga" (Mat. 11: 30). ¿Lo
creen? Puedo dar testimonio de ello. Basándome en mi
experiencia anterior puedo dar testimonio de que no estaba dispuesta a
evitar pruebas y pesares porque Pablo dice: "Porque esta leve tribulación
momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente
y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven, sino
las que no se ven" (2 Cor. 4: 17, 18). Necesitamos considerar las
cosas de interés eterno para que pensemos seriamente acerca del
empleo que hemos hecho de nuestra facultad de raciocinio, para verificar
si hemos tratado de fortalecería con cosas vanas que no podremos
llevar con nosotros cuando seamos arrebatados para recibir a Cristo en
el aire. . .
Queremos estar preparados para poder entrar
sin obstáculos en la ciudad de Dios. . . Todo lo demás carece
de valor en comparación (Manuscrito 16, del 19 de septiembre de
1886, "El privilegio de ser cristianos"). 272
20 de Septiembre CRISTO
ES EL CAMINO
Felipe le dijo: Señor, muéstranos
el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo
hace que estoy con
vosotros, y no me has conocido, Felipe?
El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. Juan 14: 8, 9.
No podríamos encontrar a Dios si lo
buscáramos. En cambio, él se ha revelado en el carácter
de Cristo, que es el resplandor de la gloria del Padre, y la expresa imagen
de su persona. Si queremos conocer a Dios, debemos ser semejantes
a Cristo. . .
Quien no trate de acercarse cada día
más a Cristo no podrá conocer el carácter de Dios.
El vivir una vida pura por fe en Cristo como Salvador personal le da al
creyente un concepto más claro y elevado de Dios. Nadie, cuyo
carácter no sea noble y semejante al de Cristo, puede representar
a Dios en forma correcta. Puede predicar acerca de él, pero
sus oyentes no verán que Cristo sea un huésped permanente
en su corazón. . .
Los que participan del amor de Cristo al
aceptar la verdad, darán evidencias de ello al hacer esfuerzos fervientes
y abnegados para dar el mensaje de Dios a los que se encuentran en error.
De esa manera se convierten en colaboradores de Cristo. El amor a
Dios y el amor mutuo unen las almas a Cristo con los áureos eslabones
del amor. El alma se une a él mediante un vínculo santo
y elevado.
La verdadera santificación une a los
creyentes a Cristo y a los unos con los otros mediante lazos de tierna
simpatía. Esta unión permite que fluyan continuamente
del corazón ricas corrientes de amor cristiano que vuelven a surgir
en amor mutuo.
Las cualidades esenciales que todos debemos
poseer son las que señalaron la perfección del carácter
de Cristo: su amor, su paciencia, su generosidad y su bondad. . .
Es el mayor y más fatal de los engaños
suponer que alguien tenga fe en la vida eterna sin manifestar un amor por
sus hermanos que sea semejante al de Cristo. Quien ame a Dios y a
su prójimo está lleno de luz y amor. Dios está
en él al mismo tiempo que lo envuelve. Los cristianos aman
a los que están en torno de ellos como almas preciosas por las cuales
Cristo murió. El cristiano sin amor no existe; "porque Dios
es amor" (Manuscrito 133, del 20 de septiembre de 1899, "La importancia
de la ley de Dios"). 273
21 de Septiembre DIOS
ES UNA PERSONA
Por fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Heb. 11: 3.
Todo el mundo natural da testimonio de las
obras del Dios viviente. La naturaleza es nuestro libro de
texto, que nos ha dado Dios, el Creador de todas las cosas. No debemos
adjudicar el nombre de Dios a las cosas de la naturaleza. Manifiestan
su carácter, pero no son Dios. Por medio de las cosas creadas
podemos comprender a Dios, su amor, su poder y su gloria, pero existe el
gran peligro de que los hombres adoren a la naturaleza como si fuera Dios.
La habilidad humana produce excelentes ejemplos
de hermosa artesanía, que deleitan los ojos y que nos dan una idea
de su autor, pero la cosa creada no es el hombre. No es el objeto
lo que se debe exaltar, sino que se debe apreciar al que lo diseñó.
Lo mismo ocurre en la naturaleza. El poder de Dios se manifiesta
constantemente como una fuerza capaz de realizar milagros, para que la
familia humana, muy por encima y más allá de las cosas creadas,
pueda saber que él creó a ese ser que llamamos hombre, como
asimismo todas las bellezas del mundo natural.
Está muy difundida la idea en nuestro
mundo de hoy, en el sentido de que el Creador no es un ser personal.
Dios es un ser; y el hombre fue creado a su imagen. Cuando el Señor
lo creó a su imagen, el hombre era perfecto en todo sentido, pero
no tenía vida. Entonces un Dios personal y que existe por
sí mismo sopló en esa forma el aliento vital, y el hombre
llegó a ser un ser viviente, inteligente y que respiraba.
Todas las piezas de la maquinaria humana se pusieron en movimiento.
Se sometió a las leyes físicas el corazón, las arterias,
las venas, la lengua, las manos, los pies, las percepciones mentales y
los sentidos. Entonces el hombre llegó a ser alma viviente.
Por medio de Cristo, Dios, no un efluvio,
no algo intangible, sino un Dios personal, creó al hombre y lo dotó
de inteligencia y de poder. . .
El Señor es un Dios personal y viviente.
Un Salvador personal y viviente vino a este mundo para anular los efectos
de las torcidas insinuaciones y las tergiversaciones serpentinas de Satanás.
(Manuscrito 117, del 21 de septiembre de 1898, "Un Dios personal"). 274
22 de Septiembre ¿HEMOS
PASADO DE MUERTE A VIDA?
Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a lo hermanos. El que no ama a su hermano, permanece en muerte. 1 Juan: 3: 14
He estado meditando en lo poco que apreciamos
las definidas declaraciones de la Palabra de Dios con respecto a nuestras
relaciones mutuas. Existe ese egoísmo en el corazón
humano que nos induce a concentrar nuestros pensamientos en nosotros mismos,
e incluso entre los que mantienen relación con Dios, nos sentimos
apenados a veces al ver cuánto de sus pensamientos se concentran
en sí mismos de manera que no ven ni sienten las necesidades de
los demás. Estamos relacionados los unos con los otros en
la gran tela de la humanidad, y en todas nuestras relaciones mutuas debiéramos
manifestar la actitud de Cristo. Cerrar los ojos frente a las necesidades
de los que perecen, dejar que los pecadores sigan sin amonestar, y que
debido a nuestra indiferencia y egoísmo se sientan tentados a decir:
"Nadie se preocupa de mi alma", equivale a deshonrar a Dios y acarrear
baldón sobre su causa. Nuestra obra debe edificarnos en la
santísima fe.
Si no existe una armonía perfecta
entre nosotros, no debiéramos pensar que no tenemos la culpa de
esa situación. Si los pensamientos y los sentimientos de los
demás no recorren los mismos cauces que los nuestros, no debiéramos
creer que ellos están equivocados y nosotros en lo cierto.
Debiéramos mantener constantemente afinada la mente para responder
a la oración de Cristo que aparece en Juan 17: 21-23. Necesitamos
saber en qué consiste el yugo que Cristo quiere que llevemos, y
las responsabilidades que tenemos que asumir en este tiempo, y tratar constantemente
de demostrar con bondad y amor a nuestro hermano que nos interesamos en
él, y poner amor en nuestras acciones cotidianas. Este es
el oro afinado en fuego: La fe y el amor. Si viéramos que
alguien está en error en algún aspecto, no debiéramos
pasar a su lado sin decirle nada, sino que debiéramos tratar de
traerlo de las tinieblas a la luz. Debiéramos cuidar los intereses
de los demás como de los propios. No valoramos el alma como
debiéramos. Tendríamos que unirnos en una gran hermandad,
y ubicarnos donde podamos soportar las faltas de los otros con toda paciencia
y humildad, tratando de compartir las cargas de los demás. (Véase
Efe. 5: l. 2.)
Bien, dirán ustedes, esa es la tarea
del pastor; pero también es la obra de cada uno de nosotros (Manuscrito
13, del 22 de septiembre de 1886, "La hermandad cristiana"). 275
23 de Septiembre SIEMPRE
ESTA CONMIGO
Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han aborrecido a mí y a mi Padre. Juan 15: 24.
Todos los milagros que Jesús realizó
fueron para bendecir a los que los dirigentes judíos abandonaban,
despreciaban y no querían ayudar. Fue amado [por la gente
común] porque era el Restaurador, el gran Médico. Todos
sus beneficios eran luz del cielo. Mediante todas sus buenas obras
trató de inducirlos a aceptarlo como su Salvador personal.
Su vida era fragante, con sabor de vida para vida. Trajo la luz del
sol al corazón y al hogar. Acudían a él afligidos,
y se iban alegres, con himnos de alabanza. Se ofreció a sí
mismo para que ellos le dieran un hogar en sus corazones.
Pero ellos [los dirigentes judíos]
no lo querían recibir. Mientras pretendían guardar
la ley, la invalidaban mediante sus acciones. Aunque tenían
ojos, no veían debido a la ignorancia que había en ellos
por la dureza de su corazón. La impureza de sus corazones,
las costumbres contaminadoras de sus vidas, su egoísmo, su envidia,
sus celos, sus malas sospechas, su transgresión de la ley de Dios
mientras pretendían guardarla, continuamente daban testimonio de
su carácter. Al árbol se lo conoce por sus frutos.
Cristo desenmascaró su verdadero carácter. Declaró
que estaban "enseñando como doctrinas mandamientos de hombres" (Mar.
7: 7). Además dijo: "Ignoráis las Escrituras, y el
poder de Dios" (Mar. 12: 24).
"Bienaventurados los de limpio corazón,
porque ellos verán a Dios" (Mat. 5: 8). ¿Cómo podrían
ver a Dios? Tal como Enoc lo vio. Tenían el privilegio
de andar y hablar con Dios. Enoc vivió por fe en la presencia
de Dios por trescientos años. Por fe vio la fe de Jesús.
Gozó de su favor especial. Los sacerdotes y dirigentes necesitaban
precisamente una experiencia como la de Enoc. Necesitaban la permanente
sensación de la presencia de Dios. ¡Oh, qué riquezas
de gracia anhelaba derramar el Señor sobre el pueblo elegido!
Este anhelo está representado mediante la invitación a la
cena preparada para ellos: "Todo está dispuesto: venid" (Mat. 22:
4) (Manuscrito 96, del 23 de septiembre de 1897, "Los judíos rechazan
a Cristo"). 276
24 de Septiembre SOCIOS
DE DIOS
Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento. 1 Cor. 3: 7.
Necesitamos entender que individualmente somos
socios de Dios. "Ocupaos en vuestra salvación con temor y
temblor -nos amonesta y añade-, porque Dios es el que en vosotros
produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad" (Fil.
2: 12, 13). Aquí vemos la colaboración que existe entre
los instrumentos divinos y los humanos. . .
Se necesita la lluvia temprana y la tardía.
"Somos colaboradores de Dios" (1 Cor. 3: 9). Sólo el Señor
puede dar las preciosas lluvias temprana y tardía. Las nubes,
la luz del sol, el rocío de la noche, son las más preciadas
provisiones del cielo. Pero todos estos favores generosamente derramados
por el cielo serán de muy poco valor para los que no se apropien
de ellos mediante esfuerzos diligentes y penosos. La agricultura
requiere esfuerzos personales. Hay que arar primero y arar cruzado
después. Hay que disponer de implementos y maquinarias, y
la pericia humana los tiene que usar. Hay que sembrar la semilla
a su debido tiempo. Hay que tener en cuenta las leyes que controlan
el tiempo de sembrar y cosechar, pues de lo contrario no habrá cosechas.
. .
El apóstol emplea otra ilustración:
"Vosotros sois. . . edificio de Dios" (1 Cor. 3: 9), un edificio que hay
que levantar. El arte de construir requiere de pericia en el empleo
de la madera que Dios ha permitido se produzca para felicidad y bendición
del hombre. Dios ha provisto los árboles del bosque y ahora
el hombre los debe usar. Tienen que ser cortados y preparados mediante
el hacha, la sierra, la cuña y el martillo, para que ocupen su lugar
en el edificio. . .
De esa manera se ilustra la coparticipación
que debe existir entre lo humano y lo divino. Todo el poder pertenece
a Dios. "Separados de mí -dice Cristo- nada podéis
hacer" (Juan 15: 5). Por lo tanto, ¿cuántas horas
podremos trabajar seguros sin el Señor? Toda la gloria procede
de Dios y le debiera ser atribuida de todas las maneras posibles, mediante
nuestra cooperación con él. . .
Necesitamos considerar cuidadosamente nuestro
propio interés espiritual. Si moramos en Cristo, no permitiremos
que ninguna ambiciosa transacción comercial, incluso para servir
a Dios, anule la fragancia espiritual que debiera caracterizar nuestra
relación con nuestros hermanos (Manuscrito 182, del 24 de septiembre
de 1897, "Labranza de Dios sois"). 277
25 de Septiembre LA GRACIA
DIVINA ES NUESTRA MAYOR NECESIDAD
Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme. 1 Cor. 9: 16.
La conversión genuina nos pone cada
día en comunión con Dios. Habrá tentaciones
que enfrentar y una fuerte tendencia a apartamos de Dios para sumirnos
en nuestra antigua indiferencia y en un pecaminoso olvido del Señor.
No hay corazón humano que pueda permanecer fuerte desprovisto de
la gracia divina. Nadie podrá seguir siendo convertido a menos
que se cuide y que el Maestro lo cuide. A menos que el corazón
se aferre firmemente de Dios, y Dios se aferre firmemente de él,
asumirá confianza propia y se exaltará, y ciertamente tropezará
y caerá. El poder de Dios recibido por fe era la confianza
de Pablo. "Ya no vivo yo -declaró con humildad- , mas vive
Cristo en mí" (Gál. 2: 20). "Así que, yo de esta manera
corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea
el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que
habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado" (1 Cor.
9: 26, 27).
Pablo tenía constantemente el temor
de que sus malas inclinaciones lograran la supremacía. Por
eso estaba continuamente combatiendo y resistiendo firmemente los apetitos
y pasiones que trataban de manifestarse. Si el gran apóstol
temblaba al considerar sus debilidades, ¿con qué razón
nos vamos a sentir nosotros confiados y dispuestos a vanagloriarnos?. .
.
Nuestra única defensa segura contra
los pecados que nos asedian es la oración, la oración de
cada día y de cada hora. No debemos estar un día llenos
de celo para sumirnos el siguiente en la negligencia, sino como resultado
de la vigilancia y el fervor debernos revitalizarnos gracias a nuestra
comunión con Dios. La oración es necesaria, y no debiéramos
esperar que se manifiesten los sentimientos sino orar, fervorosamente,
ya sea que sintamos algo o que no sintamos nada. El cielo está
abierto para recibir nuestras oraciones. La oración es el
canal que conduce hasta el trono de Dios nuestra gratitud y los ardientes
deseos de nuestra alma por recibir la bendición divina, y que nos
llega en retribución como la lluvia refrescante de la gracia divina.
Muchos permiten que este canal se obstruya, de manera que se interrumpa
la conexión con el cielo. . . ¡Oh, cuánto deseo que
dediquemos más tiempo a permanecer sobre nuestra rodillas, y menos
a planificar por nosotros mismos y a pensar que podemos hacer grandes cosas
(Carta 52, del 25 de septiembre de 1874, dirigida a Edson y Emma White).
278
26 de Septiembre LA PERMANENTE
INVITACIÓN DE DIOS
Los pecados de algunos hombres se hacen patentes antes que ellos vengan a juicio, mas a otros se les descubren después. Asimismo se hacen manifiestas las buenas obras; y las que son de otra manera, no pueden permanecer ocultas. 1 Tim. 5: 24, 25.
Muchos de los que aman la complacencia propia
y murmuran contra el recto testimonio contenido en el mensaje a Laodicea,
ignoran cuán pecaminosas son realmente sus acciones; pero en ocasión
del juicio se avergonzarán de su ingratitud y su rebelión
contra Aquel que tanta paciencia tuvo con ellos, y no los separó
de su pueblo por causa de sus pecados. No habrá entonces confesión
ni llanto que valga para los que hayan mancillado su registro. Muchos
que en la actualidad pretenden ser discípulos de Cristo se contarán
entre los que no se arrepintieron, sino que engañaron sus almas
para su ruina eterna. El evadir la verdad no le dará valor
a ninguna alma en el día del juicio para que abra sus labios en
defensa propia. . .
Dios ha enviado mensajes de su Palabra a
las almas que viven descuidadamente, y que no se avergüenzan de su
conducta errónea. Oí pronunciar estas palabras: "¿Por
qué dices, oh Jacob, y hablas tú, Israel: Mi camino está
escondido de Jehová, y de mi Dios pasó mi juicio? ¿No
has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el
cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se
fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quiera lo alcance" (Isa.
40: 27, 28). Si las almas descuidadas y complacientes buscaran al Señor
y confesaran sus pecados, comprenderían que mediante sus vidas inconversas
han desviado a otras, y entonces se arrepentirían y se convertirían.
. .
Dios está llamando constantemente
al corazón humano, induciéndole a reconocer su amor y su
misericordia, y a aceptar su justicia en lugar de los principios del mal.
De ese modo le ha suplicado a la humanidad en todas las épocas.
En los días de Noé Cristo habló a los hombres por
medio de un instrumento humano, y predicó a los que se hallaban
en la esclavitud del pecado. Se presentó a Israel envuelto
en una columna de nube de día y en una columna de fuego de noche.
. .
Hay quienes no valoran suficientemente estas
cosas. La instrucción dada a Israel debiera ser comprendida
hoy por toda alma viviente. El hombre puede pretender ser muy inteligente,
pero se necesita más que inteligencia humana para captar las revelaciones
del Evangelio (Carta 106, del 26 de septiembre de 1909, dirigida a nuestras
Iglesias de Oakland y Berkeley). 279
27 de Septiembre NO DESCUIDEMOS
LAS COSAS PEQUEÑAS
¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo? Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan. Mat. 6: 27, 28.
Se me invitó a hablar [a una gran audiencia
en Oakland, California] acerca de la necesidad de una obra profunda y cabal
esencial para cada alma, para que pudiera ser fortalecida con todo poder,
y como debiéramos hacer los más fervientes esfuerzos para
ayudar a todos los que se relacionan con nosotros, por precepto y ejemplo,
para luchar con el fin de hacer esta obra completa en favor de ellos por
medio de Jesucristo nuestro Señor y Salvador.
Es posible que muchos sean engañados
con respecto a su condición espiritual. En Cristo tendremos
la victoria. En él tenemos un modelo perfecto. Aunque
odiaba el pecado con un odio total, podía llorar por el pecador.
Tenía naturaleza divina, pero a la vez tenía la humildad
de un niño. Su carácter poseía lo que debieran
tener los nuestros: Una perseverancia sin desviaciones en la senda del
deber, de la cual no podían apartarlo ni los obstáculos ni
los peligros, al mismo tiempo que su corazón estaba tan lleno de
compasión que los males de la humanidad lo conmovían con
la más tierna compasión. No podía pasarlos por
alto, porque era el gran Médico que había venido a curar
las enfermedades de la raza humana.
Era la Majestad del cielo, que trabajaba
con la mira puesta en el futuro, y que al mismo tiempo atendía los
asuntos del presente, sin descuidar lo más insignificante, y trazaba
los más amplios planes en favor de los habitantes de un mundo caído.
Jesús, el precioso Salvador, hablaba
a sus oyentes para referirse a los deberes comunes de la vida, su preocupación
por la ropa, la comida y la bebida. Les enseñó que
estos asuntos no debían absorber su interés como si debieran
continuamente llevar esa carga. Les señaló las aves
y les dijo que su Padre celestial se preocupa hasta del gorrioncito.
Sostiene los mundos, y al mismo tiempo se interesa por las avecillas. ¡Con
cuánta mayor razón se preocupará por los seres formados
a su imagen! Les mostró las flores resplandecientes de hermosura,
y les pidió que las observaran, y declaró que en su desnuda
sencillez superan la gloria de Salomón; y a pesar de ello, de un
día al otro desaparecen. ¿No sois vosotros mejores que ellas?
(Diario, Manuscrito 21, Del 27 de septiembre de 1889). 280
28 de Septiembre AVANCEMOS
HACIA LA META
Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Fil. 3: 14.
Todos tenemos que ganar en experiencia y también
tenemos cruces que llevar. Si hacemos planes para satisfacer nuestros
propios gustos y deseos, seremos hallados faltos en el día de la
retribución y las recompensas. Si vivimos para beneficiar
a los demás y glorificar a Dios, no nos estaremos preocupando de
nosotros mismos, sino de ser útiles para el mundo y de bendecir
a la humanidad, y recibiremos la bendición del "Bien hecho" de los
labios del Maestro.
Debemos vivir para el mundo venidero.
Frustra tanto vivir una vida azarosa y sin sentido. Necesitamos un
objetivo en la vida; debemos vivir con un propósito en vista.
Dios nos ayude a ser sacrificados, a no preocuparnos de nosotros mismos,
a olvidarnos más de nosotros y de nuestros intereses egoístas;
y hacer el bien, no por la honra que esperamos recibir aquí, sino
porque ese es el objetivo de nuestra vida y porque satisface el propósito
de nuestra existencia. Oremos cada día a Dios para que extirpe
de nosotros el egoísmo. . .
He visto que los que viven con un propósito,
que tratan de beneficiar y bendecir a sus semejantes, y honrar y glorificar
a su Redentor, son los verdaderamente felices en la tierra, en tanto que
los inquietos, los descontentos, los que tratan de probar esto y aquello
con la esperanza de encontrar la felicidad, siempre se están quejando
y siempre están desilusionados. Siempre anhelan algo y nunca
están satisfechos porque viven sólo para sí mismos.
Sea tu propósito hacer el bien y hacer tu parte en la vida con fidelidad.
Hay apresuramiento y excitación.
Los hombres invierten febrilmente su capital en bonos y acciones, se enriquecen
en un día y sin embargo están insatisfechos. Siguen
invirtiendo, víctimas de una loca expectación. Las
acciones se vienen al suelo; el que era millonario en la mañana
se convierte en pordiosero al llegar la noche, y le parece que la mejor
manera de solucionar el problema es la pistola, la cuerda o las aguas de
la bahía. El dinero es una bendición cuando los que
lo usan consideran que son mayordomos del Señor, que están
administrando el capital de Dios y que deben rendir cuenta de su mayordomía.
La Biblia condena el amor al dinero como la raíz de todo mal, un
amor de tal naturaleza que, cuando el hombre pierde dinero, la preciosa
vida que Dios le ha dado no vale nada por causa de dicha pérdida
(Carta 17, del 28 de septiembre de 1872, dirigida a J. E. White). 281
29 de Septiembre NUESTRO
NEGOCIO ES DEL SEÑOR
¿Has visto hombre solícito en su trabajo? Delante de los reyes estará; no estará delante de los de baja condición. Prov. 22: 29.
Todo verdadero seguidor de Cristo considerará
que sus transacciones comerciales forman parte de su religión, tal
como la oración. El estudio de las Escrituras también
formará parte de su religión porque por ese medio recibe
sus órdenes del cielo. A la luz de las Escrituras el hombre
se considera siervo de Dios, empleado para hacer su voluntad. A veces
descubre que las órdenes del cielo se oponen a lo que él
habría elegido si hubiera tenido que decidir por su cuenta, pero
no cree que su obra sea defectuosa por causa de ello. Y al tratar
de cumplir la voluntad del Maestro, lo acompañan los ángeles
de Dios para defenderlo de las redes de Satanás. La Palabra
de Dios debe ser cada día nuestro Maestro. Es la única
verdadera fuente de consuelo en todas nuestras tribulaciones, la única
fuente de ánimo e instrucción en nuestro trabajo.
El cristiano debe ser un representante de
los principios del cielo. Está comprometido por sagradas obligaciones
a presentar la verdad con su virtud y su bondad. La gentileza, la amabilidad,
la estricta veracidad debieran caracterizar sus palabras y actos.
Consagrado a Dios, apartado para su servicio, siempre honrará su
fe religiosa. Ni una sola hebra de egoísmo debe estar entrelazada
con su carácter. Debemos educarnos para revelar el Espíritu
de Dios en toda la obra de nuestra vida. El Espíritu Santo
nunca desviará las pisadas de los hijos del Señor.
Gracias al poder que imparte podemos extirpar de nuestras vidas todo lo
dudoso. Si queremos salir de las tinieblas que rodean al alma que
carece de fe, para ubicarnos donde descienda plenamente sobre nosotros
la clara y resplandeciente luz de la Palabra de Dios, seremos guiados paso
a paso por el sendero que conduce a la santidad. . .
Tenemos el privilegio, al estudiar fervientemente
la Palabra, de ser conscientes de si estamos manifestando o no sus principios
en nuestra vida diaria. Y así como el espejo revela nuestros
defectos, mediante la oración ferviente y la fe debemos tratar de
eliminarlos y alcanzar la norma que se nos ha propuesto. Al tratar
de llegar a la perfección que Dios desea que logremos, se irá
manifestando para nosotros insensiblemente la imagen de Dios mediante nuestras
palabras, nuestros actos y nuestro espíritu. El ser humano
recibirá el molde del Ser divino (Carta 300, del 29 de septiembre
de 1907, dirigida al pastor O. A. Olsen, presidente de la Unión
Australasiana). 282
30 de Septiembre
UNA GRAN OBRA QUE HACER
Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla? Así también vosotros, si por la lengua no diereis palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís? Porque hablaréis al aire. 1 Cor. 14: 8, 9.
Muchos han estado esperando escuchar el "sonido
certero" del mensaje para hacer frente a la emergencia. Por todas
partes en nuestro país el Señor tiene almas honestas que
yacen en la incertidumbre. . .
Hay que proclamar el mensaje con habilidad
santificada. La Palabra del Señor ha sido ya proclamada.
Dios requiere corazones y labios santificados. Hay que dar los mensajes
de advertencia en las grandes ciudades y también en las ciudades
pequeñas y las aldeas. Los hombres señalados por Dios
deben estar trabajando celosamente para colocar nuestros libros y diseminar
la luz. Los artículos de nuestros periódicos no deben
presentar la verdad como si fuera una novela, porque tal cosa debilitaría
la impresión que debiera producir la más solemne verdad jamás
encargada a los mortales. Deben contener un claro "Así dice
Jehová". Hay que repetir los mensajes, y hay que dar
razones bíblicas, no con el estilo de las novelas, sino con
el de la Biblia. . .
El Señor declara: "Hay que dar el
mensaje con palabras de solemne advertencia. No deben introducir
en sus planes nada que obstaculice la clara presentación del mensaje.
Repítanlo. Está aumentando la maldad en las ciudades.
El adversario ejerce gran influencia sobre los hombres, porque mi pueblo
no se ha dedicado a descubrir en qué consiste su responsabilidad.
Díganle a mi pueblo que se dedique a su obra y proclame el mensaje.
Deben hablar y obrar con la sencillez de la verdadera piedad, y mi Espíritu
estará allí para impresionar los corazones. Resuene
la certera nota de amonestación. Mi ángel irá
delante de ustedes si se disponen a que la verdad los santifique".
Hay una gran obra que hacer. Hay que
proclamar la verdad con claros acentos. Debemos trabajar santificados
por el Espíritu Santo para avanzar humildemente delante de Dios.
Debemos enviar mensajeros a todos los territorios no trabajados todavía,
y el Señor impresionará los corazones. Los mensajes
de los dos primeros ángeles avanzaron gracias al poder del Espíritu
Santo, y los que anduvieron y trabajaron con humildad para proclamarlos
recibieron gran bendición. Despertémonos y con gran
energía emprendamos la tarea que hay que hacer (Carta 88, del 30
de septiembre de 1910, dirigida al pastor A. G. Daniells, presidente de
la Asociación General). 283