Como  afecta el alcohol a los hijos antes del nacimiento.

Por el Dr. ARTURO C. WALSH

CUATRO de cada cinco bebés nacidos de madres alcohólicas corren el riesgo de venir al mundo con defectos, como resultado de la intemperancia de sus padres.

De cada cien hijos de madres adictas a las bebidas alcohólicas, 83 están en peligro de tener una de numerosas deformidades causadas por la afición a la bebida de estas mujeres durante el embarazo. El Dr. M. S. Tenbrinck y el Dr. S. Y. Buchin, informaron sobre esto en la revista de la Asociación Médica Norteamericana, en junio de 1975.

Durante varios años los médicos habían sospechado la posibilidad de este daño, el que finalmente fue documentado científicamente en 1972 por el Dr. C. M. Ulleland, en Anales de la Academia de Ciencias de Nueva York. Este investigador médico demostró que los hijos de madres alcohólicas nacen con un peso bastante inferior al normal y que su crecimiento y desarrollo encuentran serios contratiempos.

Investigaciones adicionales publicadas en 1973 en la revista médica británica Lancet por los Dres. K. L. Jones y D. W. Smith, documentan la indiscutible relación de causa a efecto que existe entre graves deformidades de los hijos y el alcoholismo de las madres.

A continuación mencionaremos algunos de los defectos físicos más comunes: ojos anormales, caderas dislocadas, codos deformados, orejas en coliflor, defecto en el desarrollo de la mandíbula, y manos o pies con dedos dobles.

Algunos bebés al nacer presentan soplos (ruidos diversos) cardíacos. El peso promedio al nacimiento era inferior al normal, lo que era indicación de deficiencia del crecimiento prenatal.

 Además, el crecimiento y el desarrollo postnatales eran insuficientes. En algunos casos, al cabo de siete meses esos niños todavía no habían alcanzado el peso que debían tener al nacer. Había también numerosos casos de deficiencia mental.

 

Ha habido falta de conocimiento e información acerca de la forma como el alcohol daña al feto en el útero de la madre bebedora. Sin embargo, el estudio mencionado proporciona un número suficiente de hechos que permiten explicar la forma como el alcohol daña de modo irremediable al feto humano.

 

El descubrimiento de que el alcohol produce un efecto aglutinante en la sangre del feto, por lo que circula más lentamente, constituye un paso importante en la comprensión del daño causado por el alcohol en la criatura antes del nacimiento.

 

El Dr. M. H. Knisely y sus asociados han demostrado que el alcohol tiene un poderoso efecto aglutinador de la sangre, es decir hace que los glóbulos rojos se adhieran unos a otros y formen masas que terminan por bloquear la circulación en los capilares en ciertas regiones del cuerpo. Es indudable que en el caso de una madre alcohólica este efecto produce un daño grave en la circulación general del organismo de la madre, en la circulación en la placenta y en la circulación en el feto.

 

Hay otras condiciones que también pueden producir aglutinación de la sangre, como infecciones, enfermedades malignas, diabetes y fiebres; pero para los fines que nos interesan, el alcohol es el responsable más importante. Los graves efectos que la aglutinación de la sangre ejerce sobre los tejidos vivos fueron expuestos originalmente por el Dr. Knisely en su obra The American Handbook of Physiology (Manual de fisiología), y en numerosos artículos.

 

 De modo que ha sido establecido definitivamente que la aglutinación de la sangre es un mecanismo común a muchas enfermedades graves que antes no se consideraban relacionadas.

 

En apoyo a estas investigaciones, nuestros propios estudios clínicos han demostrado que el alcohol daña el cerebro debido a su efecto aglutinante, lo que determina una insuficiente provisión de sangre en ese órgano. Cuando administramos un anticoagulante a los enfermos con el cerebro dañado por el alcohol, la mayor parte de ellos experimentó una mejoría dramática. Aun antes de estas observaciones se vio que los enfermos con funciones cerebrales reducidas como resultado de la insuficiente circulación de la sangre, mejoraban cuando se les administraba este tratamiento.

 

La única explicación racional de esa mejoría es que algún proceso reversible, como una circulación cerebral lenta, se había normalizado gracias a un tratamiento adecuado, por el que las células cerebrales inhibidas habían reanudado su funcionamiento. Estudios adicionales realizados proporcionaron evidencia definida de que la aglutinación de los glóbulos rojos que hace circular la sangre con más lentitud puede ser un factor causal de importancia mayor en el

deterioro del cerebro.

 

Algunas investigaciones realizadas separan los efectos tóxicos del alcohol en tres grupos:

 

1. La aglutinación de los glóbulos rojos de la sangre.

2. Los efectos físicos producidos por la circulación en los tejidos y órganos donde ocurre dicha aglutinación: reducción de la velocidad de la circulación, taponamiento de vasos sanguíneos, y las consecuencias que esto acarrea.

3. El efecto directo de las moléculas de alcohol o de sus derivados sobre los procesos químicos en marcha: (a) en los fluidos o líquidos biológicos que rodean las células, (b) en las membranas y superficies de las células, y (c) en los delicados procesos biológicos moleculares que ocurren dentro de la célula.

 

En vista de los hechos expuestos, parece acertado concluir que los hijos de madres alcohólicas nacen con defectos y problemas de salud debidos a una circulación sanguínea defectuosa producida por el alcohol que la madre ha ingerido. Es muy probable que el efecto de aglutinación de los elementos de la sangre sea el factor principal antes que la toxicidad química, porque la concentración de alcohol en la sangre del feto no es suficiente para causar esta última.

 

Además, la reacción aglutinante de la sangre representa un mecanismo protector del organismo mediante el cual éste hace disminuir el flujo de sangre a través de los tejidos a fin de reducir la provisión del alcohol tóxico a los mismos. De esto resulta que el mecanismo protector mismo produce una gran cantidad de daño; es decir, el organismo experimenta una reacción excesiva de defensa y se daña a sí mismo. Es un caso semejante al de la coagulación intravascular insuficiente que causa apoplejía y ataques de corazón.

 

Es indudable que los efectos de la aglutinación de la sangre se complican notablemente en el caso de la mujer embarazada, porque no sólo se afectan los tres sistemas vasculares —las arterias, los capilares y las venas— sino que además sufren tres sistemas circulatorios diferentes: el de la madre, el de la criatura en formación y el de la placenta, incluyendo los vasos uterinos, el cordón umbilical y los vasos de la placenta misma.

 

La dinámica del deterioro de la circulación sanguínea se puede tornar increíblemente complicada, de manera que no es extraño que esas criaturas sufran deformaciones tan graves y variadas. La situación se complica más aún, cuando consideramos que el tipo de daño también dependerá, no solamente de la región afectada por insuficiencia circulatoria y del grado de dicha insuficiencia, sino además del período crítico del embarazo —especialmente en el primer trimestre—, cuando diversos órganos se encuentran en formación en el feto.

 

De este análisis se desprende una verdad importante, y es que una madre no necesita ser una "alcohólica" para dañar a su hijo en formación. Teóricamente podría requerirse una sola ingestión suficiente de alcohol que aglutine la sangre al punto de privar a un órgano específico del feto, como el cerebro, el ojo o la mandíbula, de la circulación adecuada en un momento crítico para el desarrollo de esa región.

 

Naturalmente, la madre puede resolver este problema si no toma nada de alcohol. La forma más sencilla de conseguirlo es mediante la educación del público acerca de los efectos del alcohol. Pero esto no basta en el caso de los que ya son alcohólicos. Estas personas deben recibir ayuda de otros con el fin de reforzar su voluntad debilitada. La magnitud de los defectos producidos en el feto por la ingestión de alcohol de parte de las madres hace pensar en la necesidad y conveniencia de hospitalizar a dichas mujeres alcohólicas durante el tiempo que dure el embarazo a fin de proteger a la criatura de un daño que la inutilizaría por toda su vida.

 

Los hijos de madres alcohólicas reciben un daño más grave y permanente que los hijos que son víctimas del abuso físico por parte de sus padres. Sin embargo, tales acciones restrictivas, plantean un problema legal, ya que habría que determinar cuáles son los derechos más fundamentales: los del hijo, los de la madre, o los de la sociedad que tendrá la responsabilidad de encargarse de los hijos deformados durante toda la existencia de los mismos, en muchos casos colocándolos en hospitales públicos. Una dificultad que encuentra la acción preventiva es que el daño del feto puede ocurrir antes de que la madre se dé cuenta de que está embarazada. Cuando consideramos los millones de personas que usan bebidas alcohólicas no podemos menos que entristecernos al pensar en la cantidad de criaturas que nacerán deformadas o con graves problemas de salud.

 

Frente a la amenaza que el alcohol representa para la salud, toda mujer embarazada debiera rechazar definitivamente el uso de bebidas alcohólicas, y bueno sería que aun las señoritas y los jóvenes, es decir las futuras madres y los futuros padres, hicieran lo mismo.       

(Publicado con permiso de la revista Listen.)

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