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Como enfrentar las desilusiones en el matrimonio.

LA ENCICLOPEDIA Wikipedia define «desilusión» como el sentimiento de insatisfacción que se produce como resultado del fracaso de las expectativas.

De tanto en tanto experimentamos desilusiones, y es inevitable que así sea. Puede que parezca desalentador, pero es así. Los hombres y las mujeres ven las cosas de manera diferente.    

Por lo tanto, en la relación matrimonial siempre habrá conflictos, desacuerdos y expectativas insatisfechas.

Si una esposa se siente herida y desilusionada porque su esposo no está a la altura de sus expectativas y ella se rehúsa a perdonarlo, se llenará de amargura y dolor. Si por el contrario decide perdonado, experimentará la libertad. Desde el momento en que escoge hacer lo que la Biblia enseña (perdonar y tratado como si nada hubiera sucedido, como dice Mateo 6: 14-15), ella será libre. Para ello, tiene que comunicar sus sentimientos de dolor a su esposo, y esto es posible gracias al amor que siente por él. Por ello, se nos amonesta a ser como Jesús: rechazar la situación de dolor, pero seguir amando al cónyuge.

El poder terapéutico del perdón

El acto de perdonar al cónyuge constituye una elección que cada uno tiene que realizar con sinceridad. Puede que esto lleve algún tiempo, pero si hacemos lo que podemos, Dios hará lo que no podemos lograr. No podemos hacer que desaparezcan los sentimientos equivocados y que vengan los apropiados como por arte de magia.

No podemos cambiar mentes y actitudes, pero según dice la Biblia, Dios "puede hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginar o pedir» (Efesios 3: 20).

 

 

Las Escrituras nos amonestan a perdonar antes que nada a los que nos han herido. El amor que sentimos por los demás nos capacita para perdonados y tratados como si no nos hubieran hecho nada malo. A continuación, se nos pide que oremos por ellos. Es por eso que tenemos que ofrecer nuestro cónyuge a Dios. El tercer requisito es bendecirlos y reafirmados. Bendecirlos significa hablar bien de alguien o desearle buenas cosas. En nuestro caso, significa desearle el bien a nuestro cónyuge. Gálatas 6: 9 nos dice: «No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos damos por vencidos». ¡No nos rindamos! Sigamos haciendo lo correcto, y esperemos a que Dios transforme nuestros sentimientos.
 

¿Cómo está la copa de su matrimonio: medio vacía o medio llena? La respuesta depende, en gran medida, de sus expectativas y de la calidad de sus sentimientos.

Cuando quedan heridas

Puede que los esposos no estén buscando herirse de manera intencional. Lo que sucede es que, como seres humanos, somos falibles e imperfectos. Si uno de los integrantes de la pareja hiere a la otra (y es muy probable que esto suceda tarde o temprano, debido a que cada persona tiene diferente cultura, y a veces diversidad de objetivos, valores y expectativas), recuerde que Dios es su sanador, y que él siempre está disponible para sanar sus heridas.

No deberíamos cometer el error de asumir que algunos no tienen desafíos en la vida simplemente porque no hayan verbalizado qué cosas los hacen sufrir. Muchas personas cargan sobre sí el peso del dolor. La teoría de la personalidad de Carl Jung describe a una persona introvertida como alguien que es tranquilo, retraído y que está más interesado en las ideas que en las personas. Por el contrario, el extrovertido está orientado hacia los demás. Estos últimos pueden hablar con otros de sus problemas y sentirse aliviados, pero los introvertidos escogen no compartir sus cargas con otros y en cambio sufrir en silencio. Más allá de cuál sea nuestra categoría personal, reconforta saber que hay un Dios que nos libera de la prisión en la que nos hallamos.

Si no superamos nuestras desilusiones, podemos caer en la depresión y la desesperación. El enojo y la amargura no producen los resultados que anhelamos; debemos probar entonces algo diferente. Por ejemplo, podemos concentramos en lo positivo en medio de la realidad de nuestras desilusiones, heridas y dolores. Desarrollemos entonces una actitud de alabanza, perdón y humildad. Sigamos el consejo de la Biblia: Perdonemos a los demás setenta veces siete. Perdonemos porque también nosotros necesitamos el perdón de Dios y de los demás. Si practicamos estos principios, alcanzaremos la victoria sobre los sentimientos negativos (ver Mateo 18: 22).

Carol J Daniel posee una maestría en Psicología Educacional de la Universidad Andrews, Míchigan, Estados Unidos. Actualmente es directora del Departamento de Desarrollo Vocacional de la Unversidad del Sur del Caríbe, en Trínidad y Tobago.
Tomado de Prioridades para hoy Año 5 - Noviembre 2009, Páginas 6 y 7.