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Domingo - Enero 21

Año Bíblico - Exodo 14-16

EL PECADO HIZO QUE DIOS CAMBIARA SUS PLANES
"Tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo... maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá, y comerás plantas del campo" (Gén. 3:16-18).

    A Eva se le habló de la tristeza y los dolores que sufriría. Y el Señor dijo: "A tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti". En la creación Dios la había hecho igual a Adán. Si hubieran permanecido obedientes a Dios, en concordancia con su gran ley de amor, siempre habrían estado en mutua armonía; pero el pecado había traído discordia, y ahora la unión y la armonía podían mantenerse sólo mediante la sumisión del uno o del otro.
    Eva había sido la primera en pecar, había caído en tentación por haberse separado de su compañero, contrariando la instrucción divina. Adán pecó a sus instancias, y ahora ella fue puesta en sujeción a su marido. Si los principios prescritos por la ley de Dios hubieran sido apreciados por la humanidad caída, esta sentencia, aunque era consecuencia del pecado, habría resultado en bendición para ellos; pero el abuso de parte del hombre de la supremacía que se le dio, a menudo ha hecho muy amarga la suerte de la mujer y ha convertido su vida en una carga.
    Junto a su esposo, Eva había sido perfectamente feliz en su hogar edénico; pero, a semejanza de las inquietas Evas modernas, se lisonjeaba con ascender a una esfera superior a la que Dios le había designado. En su afán de subir más allá de su posición original, descendió a un nivel más bajo...
    Dios manifestó a Adán: "Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida; espinos y cardos te producira, y comerás hierba del campo; en el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado".
    Era voluntad de Dios que la inmaculada pareja no conociese absolutamente nada de lo malo. Les había dado abundantemente el bien, y vedado el mal. Pero, contra su mandamiento, habían comido del fruto prohibido, y ahora continuarían comiéndolo y conocerían el mal todos los días de su vida. Desde entonces el linaje humano sufriría las asechanzas de Satanás. En lugar de las agradables labores que se les habían asignado hasta entonces, la ansiedad y el trabajo serían su suerte. Estarían sujetos a desengaños, aflicciones, dolor, y al fin, a la muerte (Patriarcas y profetas, págs. 42, 43).


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Lunes - Enero 22

Año Bíblico - Exodo 17-19 

DIOS ADVIRTIÓ A SATANÁS
"Y pondré enemistad entre ti y la mujer" (Gén. 3:15).

    Hay una contienda entre las fuerzas del bien y las del mal, entre los ángeles leales y los infieles. Cristo y Satanás no concuerdan y jamás podrán hacerlo. En cada época la verdadera iglesia de Dios ha librado una lucha contra las agencias del mal. Y esta pugna, entre los ángeles malignos y las personas malvadas, por un lado, contra los ángeles del cielo y los verdaderos creyentes, por el otro; ha de continuar hasta el fin del conflicto.
    Esta violenta batalla incrementará su fiereza a medida que se acerque el fin. A los que se han unido a los agentes satánicos, el Señor los ha designado como hijos de las tinieblas. No existe, ni podrá existir, enemistad natural entre los ángeles caídos y los seres humanos caídos. Ambos son malvados. Por causa de la apostasía ambos abrigan malos sentimientos. Los ángeles malvados y los impíos se han asociado en una confederación desesperada en contra del bien. Satanás sabía que si podía inducir a la raza humana a unirse con él y su rebelión, como lo había hecho con los ángeles, conformaría una poderosa fuerza con la cual podría llevar adelante su rebelión.
    En medio de las huestes del mal reina la irritación y las rencillas, sin embargo, todos están firmemente aliados en la lucha contra el cielo. El objetivo común es menospreciar a Dios, y su gran número los induce a abrigar la esperanza de que serán capaces de destronar al Dios Omnipotente.
    Cuando Adán y Eva fueron puestos en el jardín del Edén, eran inocentes y puros y estaban en perfecta armonía con el Creador. En la naturaleza de sus corazones no había la menor sombra de enemistad. Pero cuando cayeron en transgresión perdieron su pureza. Llegaron a ser malvados porque se colocaron del lado del enemigo caído e hicieron lo que Dios específicamente les ordenó que no hicieran. Y si Dios no hubiera intervenido la raza humana caída habría establecido una firme alianza con Satanás en abierta enemistad con el cielo. Pero cuando el Señor dijo: "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar", Satanás supo que aunque había tenido éxito al hacer pecar a los seres humanos, aunque los había conducido a creer en su mentira y cuestionar a Dios, aunque había logrado depravar la naturaleza humana, algún arreglo se había hecho por el cual los seres que habían caído alcanzarían una posición ventajosa y su naturaleza recuperaría la piedad. Comprendió que sus propias acciones al tentarlos se volverían contra él y que sería colocado en una posición desde la cual jamás llegaría a ser un vencedor. Al decir, "Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya", Dios se comprometió a implantar en los seres humanos un nuevo principio, el odio por el pecado, el engaño, la vanidad y por todo aquello que lleve el sello de las estratagemas de Satanás (Manuscrito 72, 1904).


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Martes  - Enero 23

Año Bíblico - Exodo 20-22

LA ENEMISTAD ENTRE CRISTO Y SATANÁS
"Y pondré enemistad entre... tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar" (Gén. 3:15).

    Con respecto a Satanás, la serpiente antigua, el Señor dijo que heriría el calcañar de Cristo, pero que éste a su vez lo heriría en la cabeza. Gracias a Dios el enemigo no puede tocar la cabeza. "Con la mente sirvo a la ley de Dios", dice el escritor sagrado. La mente y el corazón participan activamente en el servicio de Cristo, mientras que Satanás ha hecho que los seres humanos y los ángeles malignos se unan a sus filas para luchar contra el bien. Ellos solamente pueden herirnos en el calcañar. Sin embargo, cuando todo haga parecer que Satanás está alcanzando el triunfo mediante la tortura y la muerte, los fieles que están a favor de la ley de Jehová herirán al gran rebelde en la cabeza.
    Esta profecía sobre la enemistad entre Cristo y Satanás es de largo alcance. Se delinea en el infatigable conflicto entre Cristo y sus seguidores y Satanás y sus ángeles y la caída humanidad que se unen en un compañerismo desesperado para criticar, herir y exterminar a los seguidores de Cristo hasta el fin de los tiempos. Este conflicto entre Cristo y Satanás se llevó a cabo aquí en este mundo. Satanás afligió constantemente al Hijo de Dios y despertó el prejuicio en la mente de la gente. No sólo pervirtió e interpretó erróneamente las enseñanzas y doctrinas de Cristo despojándolas de su verdadero sentido, sino que lo siguió a todas partes. Las falsedades y distorsiones que los principales sacerdotes, los fariseos y los saduceos derramaron en los oídos del pueblo apelaron a las más bajas pasiones de los adúlteros, fornicarios y hombres deshonestos y encendieron el fuego del prejuicio al punto que le resultó casi imposible al Señor vivir en este mundo durante tres años y medio desde que comenzó su ministerio.
    ¿Por qué creéis que Cristo dijo que quienes llevan la verdad de Dios al mundo se desanimarían y flaquearían en sus corazones? "Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros". "Ya no sois del mundo, como yo tampoco soy del mundo". Ellos os "vituperan y os persiguen, y dicen toda clase de mal contra vosotros por mi causa, mintiendo". "Viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí".
    La maldad de Satanás alcanzó su apogeo cuando el Señor de Gloria fue crucificado y podemos esperar que en nuestros días los seres humanos se abran a los prejuicios y las falsedades, las impías tergiversaciones y la calumnia de parte de aquellos que aman esta clase de obra satánica. Esa es una sabiduría degradada. Nace en el infierno y sus resultados serán semejantes a lo que fue en los días de Cristo (Manuscrito 55, 1886).


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Miércoles - Enero 24

Año Bíblico - Salmos 9-12

SÓLO CRISTO PUEDE EXPIAR EL PECADO
"Sabiendo que fuisteis rescatados... no con cosas corruptibles... sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" (1 Ped. 1:18, 19).

    La caída del hombre llenó todo el cielo de tristeza. El mundo qué Dios había hecho quedaba mancillado por la maldición del pecado, y habitado por seres condenados a la miseria y a la muerte. Parecía no existir escapatoria para aquellos que habían quebrantado la ley. Los ángeles suspendieron sus himnos de alabanza. Por todos los ámbitos de los atrios celestiales, había lamentos por la ruina que el pecado había causado.
    El Hijo de Dios, el glorioso Soberano del cielo, se conmovió de compasión por la raza caída. Una infinita misericordia conmovió su corazón al evocar las desgracias de un mundo perdido. Pero el amor divino había concebido un plan mediante el cual el hombre podría ser redimido. La quebrantada ley de Dios exigía la vida del pecador. En todo el universo sólo existía uno que podía satisfacer sus exigencias en lugar del hombre. Puesto que la ley divina es tan sagrada como el mismo Dios, sólo uno igual a Dios podría expiar su transgresión. Ninguno sino Cristo podía salvar al hombre de la maldición de la ley, y colocarlo otra vez en armonía con el Cielo. Cristo cargaría con la culpa y la vergüenza del pecado, que era algo tan abominable a los ojos de Dios que iba a separar al Padre y su Hijo...
    Cristo intercedió ante el Padre en favor del pecador, mientras la hueste celestial esperaba los resultados con tan intenso interés que la palabra no puede expresarlo. Mucho tiempo duró aquella misteriosa conversación, el "consejo de paz" en favor del hombre caído. El plan de la salvación había sido concebido antes de la creación del mundo; pues Cristo es "el Cordero, el cual fue muerto desde el principio del mundo". Sin embargo, fue una lucha, aun para el mismo Rey del universo, entregar a su Hijo a la muerte por la raza culpable... ¡Oh, el misterio de la redención! ¡El amor de Dios hacia un mundo que no le amaba! ¿Quién puede comprender la profundidad de ese amor "que excede a todo conocimiento"?
    Dios se iba a manifestar en Cristo, "reconciliando el mundo a sí". El hombre se había envilecido tanto por el pecado que le era imposible por si mismo ponerse en armonía con Aquel cuya naturaleza as bondad y pureza. Pero después de haber redimido al mundo de la condenación de la ley, Cristo podría impartir poder divino al esfuerzo humano. Así, mediante el arrepentimiento ante Dios y la fe en Cristo, los caídos hijos de Adán podrían convertirse nuevamente en "hijos de Dios" (Patriarcas y profetas, págs. 48, 49).


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Jueves - Enero 25

Año Bíblico - Exodo 23-25

LOS ÁNGELES SE SORPRENDEN POR EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN
"¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?" (Heb. 1:14).

    El único plan que podía asegurar la salvación del hombre afectaba a todo el cielo en su infinito sacrificio. Los ángeles no podían regocijarse mientras Cristo les explicaba el plan de redención, pues veían que la salvación del hombre iba a costar indecible angustia a su amado Jefe. Llenos de asombro y pesar, le escucharon cuando les dijo que debería bajar de la pureza, paz, gozo, gloria y vida inmortal del cielo, a la degradación de la tierra, para soportar dolor, vergüenza y muerte.
    Se interpondría entre el pecador y la pena del pecado, pero pocos le recibirían como el Hijo de Dios. Dejaría su elevada posición de Soberano del cielo para presentarse en la tierra, y humillándose como hombre, conocería por su propia experiencia las tristezas y tentaciones que el hombre habría de sufrir. Todo esto era necesario para que pudiese socorrer a los que iban a ser tentados.
    Cuando hubiese terminado su misión como maestro, sería entregado en manos de los impíos y sometido a todo insulto y tormento que Satanás pudiera inspirarles. Sufriría la más cruel de las muertes, levantado en alto entre la tierra y el cielo como un pecador culpable. Pasaría largas horas de tan terrible agonía, que los ángeles se habrían de velar el rostro para no ver semejante escena. Mientras la culpa de la transgresión y la carga de los pecados del mundo pesaran sobre él, tendría que sufrir angustia del alma y hasta su Padre ocultaría de él su rostro.
    Los ángeles se postraron de hinojos ante su Soberano y se ofrecieron ellos mismos como sacrificio por el hombre. Pero la vida de un ángel no podía satisfacer la deuda; solamente Aquel que había creado al hombre tenía poder para redimirlo. No obstante, los ángeles iban a tener una parte que desempeñar en el plan de redención. Cristo iba a ser hecho "un poco... inferior a los ángeles, para que... gustase la muerte". Cuando adoptara la naturaleza humana, su poder no sería semejante al de los ángeles, y ellos habrían de servirle, fortalecerle y mitigar su profundo sufrimiento. Asimismo, los ángeles habrían de ser espíritus auxiliadores, enviados para ayudar a los que fuesen herederos de la salvación. Guardarían a los súbditos de la gracia del poder de los malos ángeles y de las tinieblas que Satanás esparciría constantemente alrededor de ellos.
    Cristo aseguró a los ángeles que mediante su muerte iba a rescatar a muchos, destruyendo al que tenía el imperio de la muerte (Patriarcas y profetas, págs. 49, 50).


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Viernes - Enero 26

Año Bíblico - Exodo 26-28

SERES CAÍDOS PUEDEN UNIRSE A DIOS
"De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas" (2 Cor. 5:17).

    El hombre cortó su conexión con Dios y su alma quedó paralizada y débil por el veneno mortal del pecado. Pero hubo un momento cuando se proclamó en las cortes celestiales: "¡Se ha encontrado redención! Se ha dado una vida divina como rescate por el hombre. Uno igual al Padre ha llegado a ser el sustituto del ser humano".
    Dios dio a su Hijo unigénito a la raza humana para que el hombre pudiera llegar a ser partícipe de la naturaleza divina mediante la aceptación del remedio provisto para el pecado y permitiendo que la gracia de Cristo obre en su vida. El poder de la Divinidad obrando en la humanidad puede colocar al hombre en una relación correcta con Dios. El hombre caído que se aferra del poder divino puesto a su alcance puede llegar a ser uno con Dios. La vida eterna es la bendición que Cristo vino a dar al mundo.
    "Y a los ángeles que no guardaron su dignidad", afirmó el Señor, "los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día". El elemento de maldad que se introdujo en la esfera celeste cuando los primeros ángeles cayeron nunca más será permitido en el cielo. Sin embargo, mientras estemos en la tierra, tendremos que afrontar el mal y luchar con denuedo en su contra. Hay una lucha que se libra en cada alma. Satanás pondrá a su servicio a todos aquellos que elijan hacer su propia voluntad y rehúsen convertirse a las sendas del Señor. Y el conocimiento que han adquirido en las cosas divinas será unido al conocimiento que Satanás emplea para fortalecer su posición en el conflicto.
    La gracia abunda en Cristo y los que se pongan de parte del Redentor serán nuevas criaturas. En carácter serán uno con Dios. ¡En esto hay amor! Dios implanta las virtudes de su caracter en quienes lo reciben. En virtud de su infinito sacrificio, él eleva a la raza humana de su condición de esclavitud a la voluntad de Satanás y hace de estos hombres y mujeres, hijos a hijas del Rey del cielo...
    Cristo vino a sufrir en favor de la raza caída, porque Satanás afirmaba con soberbia que nadie podría resistir sus estratagemas y vivir una vida inmaculada. Revestido de la naturaleza humana, el Redentor se sometió a todas las tentaciones que acosan a los seres humanos y en cada una alcanzó la victoria. El mundo tiene ante sí el registro de su vida, por lo que nadie debiera dudar del poder de la gracia de Dios. Cada alma que se afana por alcanzar la perfección del carácter cristiano encontrará en este mundo un campo de batalla en el que lidian el bien y el mal. Y los que confían en Cristo alcanzaran la victoria (Carta 38, 1907).


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Sábado - Enero 27

Año Bíblico - Exodo 27-31

NO BUSQUEMOS EL CONOCIMIENTO DE LOS NECIOS
"Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal. " (Gén. 3:22).

    Siglo tras siglo, la curiosidad de los hombres los ha inducido a buscar el árbol del conocimiento, y con frecuencia piensan que están arrancando el fruto más importante, cuando, a semejanza de las indagaciones de Salomón, encuentran que todo es vanidad y vacío en comparación con la ciencia de la verdadera santidad, que les abrirá las puertas de la ciudad de Dios. La ambición humana ha ido en procura de la clase de conocimiento que le proporciona gloria, exaltación propia y supremacía. Así obró Satanás con Adán y Eva hasta que las restricciones divinas volaron en pedazos y comenzó su educación bajo el maestro de la mentira, para que alcanzaran el conocimiento que Dios les había vedado: conocer las consecuencias de la transgresión.
    Los hijos de los hombres han tenido un conocimiento práctico del mal; pero Cristo vino al mundo para mostrarles que ha plantado para ellos el árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones.
    Todo el período de prueba es un tiempo de inspección y evaluación, pero los que obedezcan a Cristo experimentarán las inspiradas palabras del apóstol Juan: "Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios". El Señor Jesús vino para fortalecer a cada uno que sinceramente busca la verdad y a revelar al Padre. No permitió que nada desviara su mente de la gran obra de restaurar a los hombres y mujeres a la imagen moral de Dios. Y cada agente humano debiera procurar que la obra grande e importante para él en esta vida sea la de recibir la semejanza divina, para preparar un carácter para la vida futura...
    Satanás ha trabajado con denuedo con el fin de oscurecer las verdades fundamentales que son esenciales para el bienestar de la familia humana y para tornar difusa y carente de toda importancia la obediencia que se debe rendir a los mandamientos de Dios. Pero la humanidad caída debe regresar a la obediencia a Dios y a caminar en comunión con él como lo hizo Enoc. El Señor ayudará a cada alma que extraiga sus lecciones de la Palabra...
    La obra de Satanás consiste en evitar que el mundo aprenda de Cristo. Ha planificado colmar la mente al grado que ni siquiera tenga tiempo de considerar lo que debe hacer con el conocimiento que ha logrado, ni en la calidad de sus estudios, ni si ha incrementado su conocimiento de Dios y de Jesucristo a quien ha enviado. Si su educación es según la norma del mundo, si buscan el conocimiento para alcanzar el favor y los honores mundanales, el Señor dice que son necios (Manuscrito 67, 1898).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez