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Domingo - Abril 8

Año Bíblico - Jueces 9-10

DIOS LIBRA A SU PUEBLO DEL ENEMIGO
"Y extendió Moisés su mano sobre el mar, e hizo Jehová que el mar se retirase por recio viento oriental toda aquella noche" (Exo. 14: 21).

    "Que marchen" fueron las palabras transmitidas por Moisés y que repitieron los capitanes de las diferentes divisiones. En obediencia las huestes de Israel recorrieron el trayecto que de una manera sorprendente y maravillosa se les había preparado. La luz procedente de la columna de fuego de Dios resplandecía sobre las espumosas olas e iluminaba el camino que se había abierto como poderoso surco a través del mar.
    A medida que la nube avanzaba lentamente, los centinelas egipcios descubrieron que los israelitas habían abandonado el campamento y de inmediato el poderoso ejército se alistó para avanzar. Podían oír a los hebreos que marchaban, pero les era imposible verlos, pues la nube que iluminaba a Israel, era para los egipcios una muralla impenetrable de tinieblas. Guiados por el sonido los egipcios entraron por la asombrosa senda que Dios había preparado para su pueblo. Toda aquella noche prosiguieron, pero avanzaron con lentitud, pues sus carruajes se movían pesadamente. Pero seguían avanzando con la esperanza de que la oscuridad se disipara y pudieran aprehender al pueblo fugitivo.
    Al fin las sombras de la noche se desvanecieron y al romper el alba el ejército perseguidor ya casi daba alcance a los fugitivos hebreos... Ante sus ojos asombrados la misteriosa nube se transformó en una columna de fuego que ascendía desde la tierra hasta el cielo. Los truenos retumbaron y los relámpagos resplandecieron. "Las nubes echaron inundaciones de aguas; tronaron los cielos, y discurrieron tus rayos. La voz de tu trueno estaba en el torbellino; tus relámpagos alumbraron el mundo. Se estremeció y tembló la tierra".
    Los egipcios fueron presa de la confusión y la consternación. En medio de la ira de los elementos, en los cuales escuchaban la voz airada del Señor, se esforzaron por desandar sus pasos y huir hacia la costa que habían abandonado. Pero Moisés extendió su cayado y la muralla de agua con un silbido y rugido estrepitoso se precipitó devorando al ejército egipcio y sepultándolo en sus oscuras profundidades.
    Al romper el alba, se reveló ante los ojos de la multitud de Israel lo que quedaba de aquel poderoso enemigo: sólo algunos restos humanos que eran arrastrados por el mar hacia la costa. Lo que comenzó siendo una noche ensombrecida por terribles peligros amaneció con liberación en sus alas. . . Jehová solo les había traído rescate y hacia él se volvieron sus corazones con gratitud y con fe. Sus emociones prorrumpieron en cantos de alabanza (Manuscrito 6a, 1903).


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Lunes - Abril 9

Año Bíblico - Jueces 11-12 y Mateo 20

AL FINAL, LOS ENEMIGOS DE DIOS PERECERÁN
"Entonces Moisés extendió su mano sobre el mar, y cuando amanecía, el mar se volvió en toda su fuerza, y los egipcios al huir se encontraban con el mar, y Jehová derribó a los egipcios en medio del mar" (Exo. 14:27).

    En los vastos dominios del mundo que Dios ha creado, no hay un reino que sea independiente de Dios. Y cuando los hombres y las mujeres, ciudadanos de un reino terrenal o de una comunidad, comprenden las leyes diseñadas para gobernar a los súbditos del Hacedor del universo, pero se niegan a obedecerlas, caen bajo condenación de la ley que Dios, el supremo gobernante, ha establecido desde la fundación del mundo...
    A causa de la obstinación de Faraón, se determinó que la voz de Dios, y con tono de mando, reclamara que los israelitas fueran liberados de su vida de esclavitud. Faraón se negó, y el Señor castigó al reino porque aquel gobernante terrenal no permitía que el pueblo de Dios saliera a fin de transformarse en un reino bajo la soberanía divina. La negativa de Faraón trajo muchas plagas sobre Egipto, hasta que al fin el obstinado monarca se vio compelido a aceptar el plan divino. Y nuevamente endureció su corazón en abierta rebelión contra Dios y envió a sus inmensas huestes a traer de regreso a los israelitas para que continuaran sirviendo al soberano de Egipto.
    El Señor obró maravillas en favor de la salvación de su pueblo. Y abrió, a través de las aguas del Mar Rojo, un sendero hacia la libertad. Las aguas se amontonaron formando una poderosa muralla, y una senda de liberación se abrió delante de las huestes de Israel que seguían el liderazgo de Moisés.
    En el proceso de persecución de Israel el gran ejército de Egipto se aventuró a cruzar el mar por la misma senda que transitaron los hebreos. Una oscura nube se encontraba delante de ellos; con todo, prosiguieron su camino. Cuando todo el ejército --"los carros y la caballería y todo el ejército de Faraón"-- estuvo en el lecho mismo del mar, el Señor dijo a Moisés: "Extiende tu mano sobre el mar". Israel había pasado sin mojarse los pies, pero oía los gritos del ejército perseguidor. Cuando Moisés extendió su vara sobre el mar, las aguas que habían permanecido como una gran muralla fluyeron en su curso natural. No escapó ni uno de todo aquel vasto ejército de egipcios. Todos perecieron en su determinación de cumplir su propia voluntad y rechazar los caminos de Dios. Aquella ocasión señaló el fin de su tiempo de gracia.
    Así también ocurrirá con todo grupo que rechace la luz que Dios nos da y persista en seguir un curso de acción que invalide la ley del que es el supremo gobernante sobre todo otro rey; sobre todo poder mundanal que se oponga a la ley del supremo gobernante del universo y exaltándose a sí mismo se oponga a la expresa voluntad del gran Yo Soy (Manuscrito 35, 1906).


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Martes  - Abril 10

Año Bíblico - Jueces 13-14

SÓLO LA FE GENUINA SOPORTA LA PRUEBA
"Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo" (Exo. 14: 31).

    "Así salvó Jehová aquel día a Israel de mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar"... Las voces del pueblo se elevaron por encima del sonido de las aguas del Mar Rojo y prorrumpieron en glorioso triunfo.
    Pero pronto la fe de ellos fue probada. El Señor descubriría hasta qué punto podía depender de su pueblo y si éste le sería leal y fiel. Peregrinaron por tres días en el desierto y no encontraron una fuente de agua. "Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas"... "Entonces el pueblo murmuró contra Moisés diciendo: ¿Qué hemos de beber?" En vez de confiar y temer al Señor, creyendo en él en medio de circunstancias aparentemente desalentadoras, proyectaron su reproche sobre su dirigente.
    Lo mismo ocurre con esta generación. La estructura de las tentaciones de Satanás es siempre la misma. Mientras todo marcha bien, la gente cree que tiene fe. Sin embargo, cuando sufren o sobrevienen desastres o reveses, se desaniman fácilmente. La fe que sólo depende de las circunstancias, que únicamente se manifiesta cuando todo marcha bien, no es una fe genuina.
    En medio de este problema, Moisés clamó al Señor. Esto es lo que los hijos de Israel, recientemente liberados, debieron haber hecho. El Señor escuchó el clamor de su siervo, contra quien el pueblo había dicho cosas tan amargas. "Y Jehová le mostró un árbol; y lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron". No era ninguna virtud contenida en el árbol la que transformó el agua amarga en dulce; era el poder de Uno que estaba envuelto en la columna de nube, Uno que puede hacer todas las cosas...
    ¿Apreció y reconoció el pueblo la bendición de Dios? ¿Se llenaron sus corazones de gratitud y de agradecimiento? ¿Tuvieron un culto de alabanza mientras estuvieron en la costa del Mar Rojo? No tenemos evidencia alguna que nos indique que la fe de ellos se hubiera fortalecido gracias a la manifestación de la misericordia, la gracia y el amor que Dios tuvo por ellos...
    Cuando las dificultades llegan a probarnos, cuando no podemos percibir ningún aumento de nuestra prosperidad, sino una disminución de todas estas cosas, cuando se manifiesta una presión que requiere sacrificio de parte de todos, ¿cómo recibimos las insinuaciones de Satanás indicándonos que vendrán tiempos difíciles, que todo se desploma, que nos esperan problemas muy penosos?...Tenemos que recoger los fragmentos de las bendiciones celestiales corno indicios alentadores, diciendo, Señor, creo en ti, en tus siervos, en tu obra. Pondré toda mi confianza en ti (Carta 49a, 1896).


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Miércoles - Abril 11

Año Bíblico - Jueces 15-16 y Mateo 21

EL PECADO DE INCREDULIDAD SEPARA DE DIOS
"En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad. Mas ellos fueron rebeldes, e hicieron enojar su santo espíritu" (Isa. 63: 9, 10).

    Desde el comienzo del pecado Cristo estuvo con su pueblo a fin de disputar la autoridad de Satanás, pues él comprendió que el conflicto se desarrollaría aquí en la tierra. Satanás resistió cada esfuerzo del hijo de Dios por redimir a su pueblo. Envuelto en la columna de nube durante el día y en la columna de fuego por la noche, Cristo dirigió, guió y aconsejó a los hijos de Israel en su peregrinaje de Egipto a Canaán. Pero, ¡cuán poca disposición a ser orientados revelaron los hijos de Israel! ¡Cuán indispuestos estuvieron a escuchar la voz del Ángel del Señor! ¡Cuán prestamente trataron de vindicar su comportamiento y justificar sus sentimientos de rebeldía y seguir sus propias ideas y sus propios planes!
    Era el poderoso Consejero quien estaba encubierto por la columna de nube y de fuego, el que velaba por el campamento de su pueblo. Era él quien los corregía en sus caminos errados y los animaba a confiar en el Dios vivo que los habría de conducir con seguridad a la tierra prometida. Ellos estaban constantemente bajo la mirada de Uno cuyos ojos nunca se cierran ni duermen y, sin embargo, murmuraron contra Moisés, el hombre a quien Dios había designado como dirigente visible y con quien Jesús habló cara a cara, como un hombre habla con su amigo. A pesar de que Dios había obrado por medio de Moisés, cuando el enemigo los asedió con conjeturas malignas, celos y un espíritu de crítica, no opusieron resistencia a sus tentaciones.
    Pero este fracaso lo explica la Palabra inspirada que nos advierte a quienes hemos llegado hasta los fines de los siglos para que no caigamos en el mismo espíritu de incredulidad... Los hijos de Israel cayeron bajo el poder del enemigo al abrigar un corazón malvado de incredulidad y alejarse del Dios vivo y, una vez que estuvieron del lado del enemigo, éste se aprovechó de ellos y los transformó en sus máximos aliados. El pecado de la incredulidad, que destruyó por completo la confianza que habían depositado en el Hijo de Dios, extravió definitivamente a Israel. En el mismo momento cuando debían estar alabando a Dios y exaltando el nombre del Señor, hablando de su bondad, de su poder, se sumieron en la incredulidad, en la murmuración y en la queja. El engañador buscaba por todo medio posible sembrar la discordia en medio de ellos, crear envidia y odio contra Moisés y promover la rebelión contra Dios. Al escuchar la voz del gran engañador fueron conducidos a la aflicción, la prueba y la destrucción (Manuscrito 65, 1895).


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Jueves - Abril 12

Año Bíblico - Jueces 17-18

"¿HASTA CUÁNDO NO QUERRÉIS GUARDAR MIS MANDAMIENTOS?"
"Mas en el sexto día prepararán para guardar el doble de lo que suelen recoger cada día" (Exo. 16: 5).

    El Señor permitió que el pueblo de Israel fuera cautivo a Egipto porque no anduvieron en sus sendas, antes bien lo deshonraron con sus continuas transgresiones. Allí sometidos a la opresión y la dura servidumbre, no pudieron observar el sábado de Dios y por su prolongada relación con una nación idólatra confundieron y corrompieron sus creencias. La asociación con los impíos y los incrédulos ha de ejercer la misma influencia en quienes creen la verdad presente a menos que mantengan al Señor siempre ante ellos para que su Espíritu sea su escudo protector...
    Faraón vio las portentosas obras del Espíritu de Dios, vio los milagros que efectuaba el Señor mediante su siervo, pero rehusó obedecer la orden de Dios. El rebelde rey había preguntado orgullosamente: "¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz y deje ir a Israel?" Y a medida que los castigos de Dios caían más y más duramente sobre él, persistía en su resistencia obstinada. Al rechazar la luz del cielo, se endureció y dejó de ser impresionable... Los que exaltan sus propias ideas por encima de la voluntad de Dios claramente especificada, están diciendo como Faraón: "¿Quién es Jehová para que yo oiga su voz?" Cada rechazo de la luz endurece el corazón y oscurece el entendimiento, y así les resulta a los hombres más y más difícil distinguir entre lo correcto y lo erróneo y se vuelven más osados en su resistencia a la voluntad de Dios.
    Dios sacó a su pueblo Israel de Egipto para que pudiera guardar su sábado, y les dio indicaciones especiales acerca de cómo observarlo. Las instrucciones dadas a Moisés fueron registradas para beneficio de todos los que vivieran en la tierra hasta el fin del tiempo. Dios ha hablado; escuchemos sus palabras y pongámoslas por obra.
    Cuando se dio el maná, el pueblo fue probado en su obediencia de la ley de Dios. Entonces, el Señor dijo a los hijos de Israel por medio de Moisés: "He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y recogerá diariamente la porción de un día, para que yo lo pruebe si anda en mi ley, o no"...
    A pesar de esta indicación específica de Dios, algunos salieron a recoger maná el séptimo día, pero no encontraron nada y el Señor le dijo a Moisés: "¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes?" No debe haber error alguno en este asunto, el Padre y el Hijo descendieron sobre el Monte Sinaí y allí los preceptos de su ley se pronunciaron con magnífica grandeza ante la audiencia de todo Israel (Manuscrito 3, 1885).


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Viernes - Abril 13

Año Bíblico - Jueces 19-21

LA EXPERIENCIA DE ISRAEL NOS RECUERDA LA IMPORTANCIA DEL SÁBADO
"Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estése pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. Así el pueblo reposó el séptimo día" (Exo. 16:29, 30).

    Antes que la ley fuera promulgada desde el Sinaí, Dios operó un milagro cada semana a fin de convencer al pueblo de la santidad del sábado. Hizo llover maná del cielo como alimento y cada día lo recogieron, pero al sexto día debían recolectar una doble porción según las instrucciones de Moisés...
    "Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán". Fue así como por cuarenta años Dios operó un milagro semanal en favor de su pueblo a fin de demostrarle que su sábado era un día sagrado.
    Dios determinó que debía construirse un tabernáculo donde los israelitas pudieran adorarle durante su peregrinaje por el desierto. Las órdenes del cielo fueron dadas a fin de que el tabernáculo se construyera sin demora. A causa de la santidad del trabajo y la premura con que debía realizarse, algunos arguyeron que la obra en el tabernáculo debía continuarse durante el sábado así como en el resto de los días de la semana. Cristo escuchó estas sugerencias, y vio que su pueblo estaba ante el gran peligro de ser atrapado por un artificioso razonamiento que justificaba el trabajo en sábado para que el tabernáculo pudiera completarse tan pronto como fuera posible.
    Pronto el mensaje llegó indicando: "Ciertamente guardaréis mis sábados". Aunque la obra debía llevarse a cabo con prontitud, el sábado no debía emplearse como un día laboral. Aun la obra en la casa de Dios debía dar lugar a la sagrada observancia del descanso en el Día del Señor. Dios honra celosamente el memorial de la creación.
    El sábado es una señal entre Dios y su pueblo. Es el santo día de Dios, dado por el Creador como día de descanso y de meditación en las cosas sagradas. Dios indicó que debía ser observado en cada época como pacto perpetuo...
    Al negarnos a trabajar en el séptimo día, testificamos ante al mundo que estamos del lado de Dios y que nos afanamos por vivir en perfecta armonía con sus mandamientos. Así reconocemos como nuestro soberano al Dios que hizo el mundo en seis días y descansó el séptimo... El verdadero sábado ha de ser restablecido a su posición correcta como el día de descanso del Señor (Manuscrito 77, 1900).


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Sábado - Abril 14

Año Bíblico - Ruth 1-4

ADVERTENCIA CONTRA UN APETITO DEPRAVADO
"Y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud" (Exo. 16: 3).

    Era el plan de Dios derramar grandes bendiciones sobre su pueblo. Su propósito era conducirlos a una tierra buena que por su riqueza y fertilidad se la llamaba la tierra que "fluye leche y miel". Si se sometían a los requerimientos divinos era el plan del Señor establecerlos como un pueblo saludable, fuerte y poderoso. El pueblo de Israel se había alimentado de la rica y exótica comida de Egipto, que no era la más saludable para ellos, y ahora Dios los habría de traer a través del desierto hacia la buena tierra que les había prometido. En este peregrinar habría de prescindir de una dieta a base de carnes y nutrirse con alimentos sencillos aunque nutritivos, mientras se establecían en la buena tierra de Canaán, un pueblo poderoso donde no hubiera hombres, mujeres o niños endebles en ninguna de sus tribus...
    Desde la caída de Eva en Edén movida por el intemperante deseo de gratificar el apetito, éste ha sido el pecado que ha predominado en la familia humana. Eva, luego de la transgresión, invitó a su esposo para que también comiera. Adán no fue engañado como Eva, pero sí influido por ella para actuar del mismo modo: comer el fruto y arriesgarse a correr las consecuencias pues ningún daño, arguyó ella, le había sobrevenido. Adán cedió a la tentación de su esposa. No pudo soportar verse separado de ella. Y así comió y perdió su integridad. A partir de aquel lamentable episodio, que introdujo el pecado en el mundo, la intemperancia, el apetito pervertido y el poder de la influencia que una persona equivocada ejerce sobre otra, han producido un grado de miseria que el lenguaje no alcanza a describir. No ha habido un instrumento más exitoso que Satanás haya utilizado para tentar al género humano como el apetito.
    En su peregrinar por el desierto, y a causa del continuo deseo de satisfacer sus apetitos depravados, la rebelión y la insurrección continuamente estallaron en motines entre las huestes de Israel. Moisés afrontó enormes dificultades y su corazón se entristeció por las constantes murmuraciones de los hijos de Israel porque Dios, para el bien de ellos, no les había permitido comer carne.
    Continuamente imaginaban problemas y conjeturaban posibles males. Sintieron celos de Moisés y llegaron a pensar que los había sacado de Egipto impulsado por motivos egoístas y que abrigaba el secreto deseo de conducirlos al desierto para que perecieran allí para luego enriquecerse con sus posesiones. (Manuscrito 32, 1885).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez