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Domingo - Mayo 6

Año Bíblico - 2 Samuel 7-8

PODEMOS SEGUIR AL SEÑOR CON CONFIANZA
"Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos? Él respondió: No; mas como príncipe del ejército de Jehová he venido ahora" (Jos. 5:13, 14).

    Después de la muerte de Moisés el gobierno pasó a manos de Josué. Como siervo de Dios, debía realizar una tarea especial. Desempeñó su oficio con gran honor y responsabilidad y las instrucciones impartidas a Moisés le fueron transferidas de un modo singular. "Ahora pues", dijo el Señor, "levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que yo les doy a los hijos de Israel. Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie..."
    Cuando Josué contempló la ciudad de Jericó y consideró sus fortificaciones, elevó en su intimidad una oración a Dios, pues todo aquello parecía ir en su contra. Entonces, "alzó sus ojos y vio a un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano". En esta ocasión, no era una visión. Era Cristo en persona con su gloria oculta tras el vestido de la humanidad...
    Si los ojos de Josué hubieran sido abiertos habría contemplado la presencia de las huestes celestiales dispuestas a derribar los muros de Jericó y poner a la ciudad en las manos del pueblo de Dios. Ahora, con toda confianza, Josué podía seguir las instrucciones y dejar su carga, grande y compleja, en las manos del Eterno...
    El Señor favoreció al pueblo escogido con prosperidad... Dios declaró que éste sería un pueblo santo, apartado para él, y prometió que si ellos guardaban el pacto establecido con el Cielo, él proveería lo que necesitaran para su felicidad.
    Muy claras y definidas habían sido las instrucciones que Cristo había dado a Moisés al establecer los términos de la prosperidad que habrían de gozar y de la protección contra toda enfermedad . "Jehová tu Dios te ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra. No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de Egipto..."
    Esta misma seguridad se extiende hoy al pueblo de Dios en su peregrinar hacia la Canaán celestial, donde una abundante heredad ha sido dispuesta para todos los que aman a Dios y guardan sus mandamientos. "Guarda, por tanto, los mandamientos, estatutos y decretos que te mando hoy que cumplas" (Manuscrito 134, 1899).


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Lunes - Mayo 7

Año Bíblico - 2 Samuel 9-10 y Marcos 3

LAS VICTORIAS SE LOGRAN POR EL PODER DE DIOS, NO POR EL NUESTRO
"Entonces... el pueblo gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad... y la tomaron" (Jos. 6: 20).

    En obediencia al mandamiento divino, Josué reunió los ejércitos de Israel. No debían emprender asalto alguno. Sólo debían marchar alrededor de la ciudad, llevando el arca de Dios y tocando las bocinas. En primer lugar, venían los guerreros, o sea un cuerpo de varones escogidos, no para vencer con su propia habilidad y valentía, sino por obediencia a las instrucciones dadas por Dios. Seguían siete sacerdotes con trompetas. Luego el arca de Dios, rodeada de una aureola de gloria divina, era llevada por sacerdotes ataviados con las vestiduras de su santo cargo. Seguía el ejército de Israel, con cada tribu bajo su estandarte...
    No se oía otro sonido que el de los pasos de aquella hueste numerosa, y el solemne tañido de las trompetas que repercutía entre las colinas y resonaba por las calles de Jericó...
    Durante seis días, la hueste de Israel dio una vuelta por día alrededor de la ciudad. Llegó el séptimo día, y al primer rayo del sol naciente, Josué movilizó los ejércitos del Señor. Les dio la orden de marchar siete veces alrededor de Jericó, y cuando oyesen el fuerte tañido de las trompetas, gritasen en alta voz, porque Dios les había dado la ciudad...
    Cuando acabó la séptima vuelta, la larga procesión hizo alto. Las trompetas, que por algún tiempo habían callado, prorrumpieron ahora en un ruido atronador que hizo temblar la tierra misma. Las paredes de piedra sólida, con sus torres y almenas macizas, se estremecieron y se levantaron de sus cimientos, y con grande estruendo cayeron desplomadas a tierra en ruinas. Los habitantes de Jericó quedaron paralizados de terror, y los ejércitos de Israel penetraron en la ciudad y tomaron posesión de ella.
    Los israelitas no habían ganado la victoria por sus propias fuerzas; la victoria había sido totalmente del Señor; y como primicias de la tierra, la ciudad, con todo lo que ella contenía, debía dedicarse como sacrificio a Dios... Sólo la fiel Rahab, con todos los de su casa, se salvó, en cumplimiento de la promesa hecha por los espías...
    La destrucción total de los habitantes de Jericó no fue sino el cumplimiento de las órdenes dadas previamente por medio de Moisés con respecto a las naciones de los habitantes de Canaán: "Del todo las destruirás". "De las ciudades de estos pueblos,... ninguna persona dejarás con vida"... Muchos consideran estos mandamientos como contrarios al espíritu de amor y de misericordia ordenado en otras partes de la Biblia; pero eran en verdad dictados por la sabiduría y bondad infinitas... Los cananeos se habían entregado al paganismo más vil y degradante; y era necesario limpiar la tierra de lo que con toda seguridad habría de impedir que se cumplieran los bondadosos propósitos de Dios (Patriarcas y profetas, págs. 522-525).


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Martes  - Mayo 8

Año Bíblico - 2 Samuel 11-12

FIJEMOS LOS OJOS EN CRISTO
"Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús" (Fil. 3:14).

    A través de toda la vida tendremos conflictos con los poderes de las tinieblas y obtendremos preciosas victorias. Hemos de fijar nuestra vista en el galardón. Cuando Josué subió del Jordán a tomar Jericó, se encontró ante un ser majestuoso y, de inmediato, le dijo con tono desafiante: "¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?" La respuesta fue, "No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora... Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo". No fue Josué, sino el dirigente de Israel, Cristo, quien estuvo a cargo de la toma de Jericó.
    Estas eran las lecciones que se daban continuamente a los hijos de Israel. Al dirigir su atención al Dios del cielo, Cristo les enseñó que no debían adjudicarse la gloria ellos mismos. No hemos de abrigar un espíritu de exaltación propia. En el momento en que comencemos a pensar que somos importantes, recordemos que no poseemos nada que nos haga diferentes o mejores que los demás mortales, excepto lo que Dios nos ha dado.
    Cuando estéis en necesidad, recordad nuestra relación con los hijos de Israel. La pluma de la inspiración traza claramente su historia. No debemos imitar su ejemplo de murmuración y descontento. Dios no puso en los labios de Moisés palabras de condenación. Eran un pueblo apartado y diferente de otras naciones.
    Al aceptar la religión de Jesucristo, muchos parecieran pensar que están iniciando un camino descendente. Estas personas debieran bajarse de los peldaños de su elevada estima propia y de su justicia propia y humillarse delante de Dios. Sin embargo, los que se pongan en relación con el Dios viviente, como hijos e hijas de Dios, han de tomar una senda ascendente...
    Hablemos del cielo y de las cosas celestiales, manteniéndonos en una actitud de súplica delante de Dios. No es seguro que ninguno de nosotros se sienta en una posición en la que su pie no puede resbalar, antes bien debiéramos percibir que el terreno donde estamos es santo. Limpiad el templo de vuestro espíritu de toda contaminación, para que Cristo entre y reine con poder supremo. Contemplando a Jesús, hemos de crecer a su semejanza. Cuanto más nos relacionemos con él, tanto más percibiremos nuestras imperfecciones... Dondequiera que estemos, nuestras oraciones debieran ascender al Señor reclamando más luz. Acudamos a él pare recibir las órdenes... A fin de conocer el poder y la fortaleza de la verdadera vida de devoción, hemos de escondernos en Jesús, dedicándonos a él sin reservas... Consagrad por completo a Dios vuestras fuerzas, vuestra mente y vuestras habilidades. Dondequiera que el Señor os ponga, por humilde que sea dicha responsabilidad, cumplidla fielmente (Manuscrito 36, 1885).


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Miércoles - Mayo 9

Año Bíblico - 2 Samuel 13-14 y Marcos 4

LA FE Y LA CONFIANZA EN CRISTO NOS ASEGURAN EL ÉXITO
"Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo" (Juan 16: 33).

    Nuestro Señor está informado del conflicto de los suyos, en estos últimos días, con los instrumentos satánicos combinados con hombres inicuos que descuidan y rehusan esta gran salvación. Con la mayor sencillez y franqueza, nuestro Salvador, el poderoso General de los ejércitos del cielo, no oculta el severo conflicto que ellos experimentarán. Señala los peligros, nos muestra el plan de la batalla y la difícil y peligrosa obra que debe hacerse; entonces levanta la voz antes de entrar en el conflicto para contar el costo, al mismo tiempo que anima a todos a tomar las armas de su contienda y a esperar que la hueste celestial integre los ejércitos para guerrear en defensa de la verdad y la rectitud.
    La debilidad de los hombres encontrará fuerza sobrenatural y ayuda en cada conflicto severo para realizar las obras de la Omnipotencia, y la perseverancia en la fe y la perfecta confianza en Dios asegurarán el éxito. Aunque la antigua confederación del mal está en orden de batalla contra ellos, él les ordena que sean valientes y fuertes y luchen valerosamente, pues tienen un cielo que ganar y más que un ángel en sus filas: el poderoso General de los ejércitos que conduce las huestes del cielo. En la conquista de Jericó ninguno de los ejércitos de Israel pudo jactarse de haber empleado su limitada fuerza para derribar las murallas de la ciudad, ya que el Capitán de las huestes del Señor hizo los planes de esa batalla con la mayor sencillez, de modo que sólo el Señor recibiera la gloria y no se exaltara al hombre. Dios nos ha prometido todo poder, "porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que estáis lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare".
    No son grandes talentos lo que queremos ahora, sino corazones humildes y consagrados, esfuerzo personal y una actitud vigilante, oración y trabajo con toda perseverancia... Cristo ha enviado a su representante, el Espíritu Santo, para asistir a sus agentes vivientes que han sido empleados para destruir la ignorancia con los potentes rayos del Sol de Justicia. Su voz nos trasmite absoluta certeza, "He aquí yo estoy con vosotros, todos los días hasta el fin del mundo". La realidad que siempre debemos tener en cuenta es que llevamos adelante una lucha ante la presencia de un mundo invisible.
    Al considerar los obstáculos y la terca incredulidad y al considerar los riesgos que deben ser sorteados, con toda serenidad y dependencia en Dios, abramos nuestros oídos a la voz de Jesús, quien nos aseguró: "Confiad, yo he vencido al mundo". Sí, Cristo es el vencedor. Es nuestro dirigente, nuestro capitán, con quien podemos avanzar a la victoria. Porque él vive, también nosotros viviremos. Quiera el Señor darnos valor, fe, esperanza y gracia para seguir adelante (Carta 51, 1895).


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Jueves - Mayo 10

Año Bíblico - 2 Samuel 15-16

CÓMO VE DIOS AL SUPUESTO PECADO "PEQUEÑO"
"Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros"
(Jos. 7:13).

    Aquellos que profesando el cristianismo fallan en la piedad práctica son como luces y señales falsas que apuntan hacia un camino equivocado... No han integrado los principios de la verdad que dicen creer a la vida práctica y miran benévolamente a sus pecados y errores considerándolos de poca importancia. Cuando Acán robó el lingote de oro y el manto babilónico, también pensó que era una nimiedad, aunque Dios claramente había ordenado que todos los bienes de Jericó debían ser destruidos por completo. Acán creyó que aquello era algo de poca importancia y que, si no se apropiaba de ellos dichos artículos habrían de perecer. Pero la historia demuestra que aquello que a sus ojos no tenía mucho valor, era para Dios de mucha importancia, pues se había desobedecido la Palabra del Señor...
    Por causa del pecado de este hombre, la presencia del Señor se retiró de las huestes de Israel. Por causa de sus pecados, Dios no los ayudaría. Cuando los hijos de Israel fueron contra Ai, fueron derrotados y regresaron frustrados, pues habían perdido a treinta y seis guerreros y "el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua"...
    Cuando regresaron derrotados y deshonrados por el enemigo, "Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas. Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! ¡Ay Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestros nombres de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre"?
    Si tenéis discernimiento espiritual, podréis ver en la oración de Josué que lo que Acán estimó como cosa muy pequeña fue causa de gran angustia y pesar para los hombres responsables de Israel... Acán, la parte culpable, no sintió la aflicción. Tomó todo muy fríamente...
    Antes de ir a Jericó se les había impartido instrucción sobre el curso de acción que debían seguir. Josué había dicho: "la ciudad será anatema a Jehová; ella con todas las cosas que están en ella"... Acán había escuchado todas estas indicaciones, pero codició el anatema de Jericó, destinado a la destrucción. Estuvo listo para robar el oro y la plata que debían ser consagrados a Dios para ponerlos en la tesorería de su casa...
    Escuchad las palabras que brotan de los labios de Jesucristo, quien envuelto en la columna de nube, dijo: "No estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros" (Carta 13, 1893).


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Viernes - Mayo 11

Año Bíblico - 2 Samuel 17-18

NO SE PUEDE OCULTAR NINGÚN PECADO DE LA VISTA DE DIOS
"Y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel" (Jos. 7:15).

    El Señor no especificó quién era la parte culpable, pero dio instrucciones con respecto a cómo debía procederse. Dijo: "Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que Jehová tomare, se acercará por sus familia; y la familia que Jehová tomare, se acercará por sus casas; y la casa que Jehová tomare, se acercará por los varones"...
    Así, tamizando el asunto desde el fondo, el Señor revela el hecho de que está al tanto de las cosas deshonestas escondidas, aunque las personas crean que están escondidas. En todo el proceso, Acán manifestó una clara decisión de no reconocer su pecado; pero ahora el Señor habría de arrojar su pecado sobre él. Si Josué hubiera denunciado el pecado de Acán, muchos habrían simpatizado con el culpable cuando éste hubiera dicho ser inocente y, de este modo, con su criterio humano, lo habrían considerado un maltratado. Cuando algunas personas son reprobadas por su pecado hay muchos que, ignorando a Dios, actúan de este modo. Por esta razón, Josué se dirigió a Acán y dijo: "Hijo mío, da gloria a Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras".
    El Señor le había indicado a Josué lo que Acán había hecho, pero como había quienes se guiaban por la conmiseración, excusando con frecuencia al transgresor, Dios tenía ahora el propósito de darle a Israel una lección que sería de beneficio aún en nuestros días. Por lo tanto, Josué apeló al joven para que confesara lo que había hecho...
    Si se hubiese determinado algún castigo sobre Acán antes que con sus labios hubiera confesado su agravio, el pueblo, naturalmente proclive a la rebelión, habría acusado a Josué de actuar rudamente con ese hombre y lo habría denunciado como carente de misericordia al ejecutar semejante castigo...
    Acán confesó, y dijo: "Verdaderamente, yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así y así he hecho. Pues vi entre lo despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ellos"...
    "Y todos los israelitas los apedrearon, y los quemaron después de apedrearlos" (Carta 13, 1893).


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Sábado - Mayo 12

Año Bíblico - Salmos 57-60

DIOS CUMPLE FIELMENTE SUS PROMESAS
"Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa; porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros" (Jos. 23: 3).

    Las guerras de conquista habían terminado, Josué se había retirado a su heredad en Timnat... El Señor había impresionado a su fiel servidor para que actuara como Moisés antes de él: recapitular la historia del pueblo y recordar las condiciones que el Señor había establecido con ellos cuando les otorgó su heredad.
    Muchos años habían pasado desde que el pueblo se había asentado en aquella tierra y ya parecían estar brotando los mismos males que antes habían acarreado los juicios que cayeron sobre Israel. A medida que Josué sentía el peso de los años sobre él, su corazón se llenó de ansiedad por el futuro de su pueblo. Cuando se reunieron una vez más en derredor suyo, su preocupación por ellos superaba al simple cuidado paternal... Si bien los cananeos habían sido subyugados, aún poseían una considerable porción de la tierra prometida a Israel y Josué exhortó al pueblo a no contentarse con lo fácil, olvidando las órdenes que el Señor les había dado con respecto a despojar a estas naciones idólatras..
    Josué apeló al pueblo poniéndolo como testigo y recordándole que, en la medida en que ellos habían cumplido fielmente con las condiciones, Dios había cumplido fielmente las promesas que les había hecho... Satanás engaña a muchos con la sugestiva teoría de un amor divino tan grande que excusará todos sus pecados y que si bien las advertencias de la Palabra de Dios estaban destinadas a cumplir cierto papel en su gobierno moral, nunca se habrían de cumplir en forma literal. Sin embargo, en la relación de Dios con sus criaturas el Señor siempre mantuvo los principios de justicia revelando así el verdadero carácter del pecado, demostrando que su consecuencia inevitablemente será la miseria y la muerte. Jamás se pronunció un perdón incondicional del pecado; y nunca lo habrá. Un perdón de esa magnitud implicaría el abandono de los principios de justicia que son el fundamento del gobierno de Dios...
    Dios ha señalado fielmente los resultados del pecado y si estas advertencias no fueran genuinas, ¿cómo se podría creer que sus promesas habrían de cumplirse? La así llamada benevolencia, que hace a un lado la justicia, no es benevolencia, sino debilidad.
    Después de presentar la bondad de Dios para con Israel, Josué pronunció un llamamiento al pueblo; una apelación en el nombre de Jehová, para que eligieran a quien habrían de servir... Josué deseaba orientarlos a servir a Dios, no por compulsión, sino voluntariamente. El amor a Dios es el fundamento de la religión. Comprometerse en su servicio por la mera esperanza del galardón o el temor al castigo no serviría de nada. La abierta apostasía no sería más ofensiva a Dios que la hipocresía y una adoración meramente formal (Manuscrito 135, 1899).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez