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Domingo - Septiembre 9

Año Bíblico - Cantares 1-2 y 2 Corintios 4

LA MUERTE DEL SALVADOR PUSO FIN AL PODER QUE SATANÁS EJERCÍA SOBRE NOSOTROS
"No hablaré ya mucho con vosotros, porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí" (Juan 14: 30).

    El Comandante del cielo fue asaltado por el tentador. Su paso por el mundo no estuvo desprovisto de dificultades. No le faltaron obstáculos y dificultades a su campaña de conquistar para su reino, por medio de su gracia y su misericordia, las almas de los seres humanos... Ningún ser humano llegado a este mundo había escapado del poder del engañador. Todas las fuerzas de la confederación del mal fueron lanzadas en su persecución. Satanás sabía que debía vencer o ser derrotado...
    En el carácter y la persona de Jesucristo, Satanás vio la imagen de Dios. El diablo sabía que si Cristo llevaba a cabo su plan, su autoridad demoníaca llegaría a su fin. Por lo tanto, la vida de Cristo fue una perpetua contienda en contra de los agentes satánicos...El conflicto se incrementó en fiereza y malignidad y vez tras vez la presa fue arrebatada de sus manos [de Satanás]...
    Poco antes de su crucifixión, el Salvador dijo: "Porque viene el príncipe de este mundo y él no tiene nada en mí". Aunque era la hora del poder de las tinieblas, sin embargo, en anticipación a su triunfo Cristo pudo decir: "Porque el príncipe de este mundo ha sido juzgado". "Ahora es el juicio de este mundo. Ahora será echado fuera el príncipe de este mundo". Al contemplar la obra de la redención como un hecho terminado, él podía, aún ante la muerte, hablar de la grandiosa liberación final y representar las cosas que eran futuras como presentes. El unigénito Hijo del Dios infinito pudo llevar a cabo con éxito el plan que aseguró definitivamente la salvación de la humanidad...
    La condición del mundo antes de la primera venida de Cristo es un cuadro de la condición del mundo precisamente antes de su segunda venida. Existirá la misma iniquidad. Satanás manifiesta el mismo poder engañoso sobre la mente de los hombres... Dispone su ejército de instrumentos humanos para que participen en el último gran conflicto contra el Príncipe de la vida, para derribar la ley de Dios que es el fundamento de su trono. Satanás hará milagros para afirmar a los hombres en la creencia de que él es lo que pretende ser: el príncipe de este mundo, y que la victoria es suya. Empleará sus fuerzas contra los que son leales a Dios; pero aunque pueda causar dolor, angustia y agonía humana, no puede mancillar el alma... El pueblo de Dios debe esperar en estos últimos días que entrará en lo más recio del conflicto, pues dice la palabra profética: "El dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo" (Carta 43, 1895).


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Lunes - Septiembre 10

Año Bíblico - Cantares 3-4 y 2 Corintios 5

CRISTO VINO PARA IMPARTIR LA PAZ A SU PUEBLO
"La paz os dejo, mi paz os doy, yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón ni tenga miedo" (Juan 14: 27).

    En el Oriente el saludo acostumbrado que se ofrecía toda vez que se visitaba la casa de un amigo era: "La paz sea en esta casa", y al salir se pronunciaban las mismas palabras. Pero la despedida de Cristo tuvo un carácter completamente diferente. Hay mucho comprendido dentro de estas palabras. Ellas son de gran importancia y habrán de repetirse hasta las fronteras más remotas de la tierra...
    Cristo trajo consigo esa paz al mundo. El vino a impartir esa paz a fin de que todo aquel que cree en él pueda poseer la paz que sobrepuja todo entendimiento. Él, el Redentor del mundo, había llevado esa paz a lo largo de su vida terrenal y ahora llegaba el tiempo cuando ofrecería su vida de tal forma que el tesoro de la paz pudiese habitar por la fe en el corazón. El Señor dejó con sus discípulos esa paz y la implanta y sostiene en los corazones de todos los que estén dispuestos a recibirla...
    Había llegado el tiempo cuando Satanás lanzaría su último intento de vencer a Cristo. Pero Cristo declaró: Él no tiene nada en mí; no abrigo ningún pecado que me ponga bajo su poder. En mí no puede encontrar nada que responda a sus sugerencias satánicas...
    ¿Por qué este severo conflicto con el príncipe del mundo siendo que Jesús a lo largo de su infancia, juventud y madurez siempre vivió en armonía con la ley de Dios?... Emitiendo una sola palabra Cristo pudo haber dominado los poderes de Satanás... Sin embargo, vino al mundo para soportar cada prueba y provocación que los seres humanos tendrían que soportar, y no por ello ser provocados ni vengarse en palabra, en espíritu o en acción. El Señor habría de ofrecer un sacrificio inmaculado al Padre para su gloria y honor... Los mundos que no habían caído, los ángeles celestiales y la humanidad caída estaban contemplando cada paso del Representante del Padre y, a la vez, Representante de la humanidad perfecta. Y su carácter no tenía defecto alguno...
    Pronto vendría el último ataque. La gran victoria que habría de lograrse era la unión de su pueblo elegido de tal forma que, aunque Cristo fuera quitado de la tierra al cielo, su iglesia continuara en comunión con él...
    A veces nuestras pruebas no se presentan en forma aislada, seguidas por un período de paz y de descanso, sino que las tentaciones vienen como una ola arrolladora que destruye todo a su paso. La aflicción no produce cristianos, sino que desarrolla en ellos la mente y la voluntad de Cristo; inculca en ellos los principios de virtud y santidad (Manuscrito 44, 1897).


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Martes  - Septiembre 11

Año Bíblico - Cantares 5-6 y 2 Corintios 6

JESÚS, EL CORDERO PASCUAL, FUE SACRIFICADO POR NUESTROS PECADOS
"Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos" (Luc. 22:7, 8).

    Cristo había escogido a Pedro y a Juan, quienes estaban estrechamente asociados en sus labores, para que prepararan la cena... "Y envió a dos de sus discípulos, y les dijo: Id a la ciudad, y os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle, y donde entrare, decid al señor de la casa: El Maestro dice: ¿Dónde está el aposento donde he de comer la pascua con mis discípulos?"...
    Cristo quería resguardarse de cualquier movimiento prematuro que pudieran llevar a cabo los traidores que viniesen a la cena, reaccionando así a la acción pergeñada por Judas. Era costumbre que quienes vivían en la ciudad acomodaran a los visitantes en ocasión de la celebración de la Pascua. El mensaje tomó la forma de una orden. Y aunque pudiera parecer impropio que estos dos galileos le hablasen así a un extraño, las circunstancias indican que todo sucedió como Cristo lo había predicho. Los discípulos encontraron un hombre que llevaba un cántaro. Lo siguieron y entrando en su morada le dieron el mensaje que fue bien recibido por el dueño de casa...
    Esta era la última Pascua que Jesús habría de guardar con sus discípulos. El Señor sabía que había llegado su hora. Él era el Cordero pascual y en el día que comiera la Pascua, también sería sacrificado. Sabía que las circunstancias relacionadas con esta ocasión jamás serían olvidadas por sus discípulos.
    Las primeras palabras de Cristo después que se congregaron en torno a la mesa, fueron: "¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta Pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más hasta que se cumpla en el reino de Dios!"
    En esta última noche con sus discípulos Jesús tenía muchas cosas que decirles. Y, si ellos hubieran estado dispuestos a recibir lo que les tenía que impartir, se habrían librado de una desgarradora angustia y de mucha desilusión e incredulidad. Pero el Señor vio que no podrían soportar lo que deseaba decirles. Al mirar sus rostros, las palabras de advertencia y consuelo se detuvieron en sus labios.
    Se produjo un prolongado silencio. Jesús parecía esperar algo. Los discípulos se mostraban incómodos. Las miradas que intercambiaban unos con otros reflejaban celos y contienda... Pronto se aferraron a uno de sus temas favoritos: Cristo debía manifestar su poder y asumir su cargo en el trono de David. En el corazón de cada uno de ellos latía la esperanza de alcanzar el lugar de mayor privilegio en el reino (Manuscrito 106, 1903).


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Miércoles - Septiembre 12

Año Bíblico - Cantares 7-8 y 2 Corintios 7

SI ESPERAMOS SER GRANDES, TENEMOS QUE OFRECER UN SERVICIO HUMILDE
"Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor" (Luc. 22: 24).

    La petición de Juan y Santiago de sentarse a la derecha y a la izquierda del trono de Cristo, había excitado la indignación de los demás. El que los dos hermanos se atrevieran a pedir el puesto más alto, airaba tanto a los diez que el enajenamiento amenazaba penetrar entre ellos. Consideraban que se los había juzgado mal, y que su fidelidad y talentos no eran apreciados. Judas era el más severo con Santiago y Juan.
    Cuando los discípulos entraron en el aposento alto, sus corazones estaban llenos de resentimiento. Judas se mantenía al lado de Cristo, a la izquierda; Juan estaba a la derecha. Si había un puesto más alto que los otros, Judas estaba resuelto a obtenerlo, y se pensaba que este puesto era al lado de Cristo. Y Judas era traidor.
    Se había levantado otra causa de disensión. Era costumbre, en ocasión de una fiesta, que un criado lavase los pies de los huéspedes, y en esa ocasión se habían hecho preparativos para este servicio. La jarra, el lebrillo y la toalla estaban allí, listos para el lavamiento de los pies; pero no había siervo presente, y les tocaba a los discípulos cumplirlo. Pero cada uno de los discípulos, cediendo al orgullo herido, resolvió no desempeñar el papel de siervo....
    Al contemplar los semblantes perturbados de los discípulos, Cristo se levantó de la mesa. Poniendo a un lado el manto exterior que habría impedido sus movimientos, tomó una toalla y se ciñó.
    Judas fue el primero a quien Jesús le lavó los pies. Ya había cerrado éste el contrato de entregar a Jesús en manos de los sacerdotes y los escribas. Sólo Jesús sabía su secreto. Sin embargo, no lo desenmascaró, Jesús anhelaba salvarlo. Su corazón clamaba: "¿Cómo he de dejarte?" Esperaba que su acto de lavar los pies de Judas tocara el corazón de este discípulo equivocado y lo salvase de completar su acto de deslealtad. Por un momento, el impulso de confesar entonces y allí mismo su pecado conmovió intensamente el corazón de Judas. Pero no quiso humillarse. Endureció su corazón contra el arrepentimiento; y los antiguos impulsos, puestos a un lado por el momento, volvieron a dominarle. Judas se ofendió entonces por el acto de Cristo de lavar los pies de sus discípulos. Si Jesús podía humillarse de tal manera, pensaba, no podía ser el rey de Israel...
    Aún Judas, si se hubiera arrepentido, habría sido recibido y perdonado. La sangre expiatoria de Cristo habría lavado la culpa de su alma. Pero su confianza propia y su soberbia enaltecieron su sabiduría y justificó así su curso de acción (Manuscrito 106, 1903).


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Jueves - Septiembre 13

Año Bíblico - Isaías 1-3 y 2 Corintios 8

HAY QUE LIMPIARSE DEL PECADO EN LA FUENTE ABIERTA DEL SALVADOR
"Entonces vino a Simón Pedro: y Pedro le dijo: Señor, ¿tú me lavas los pies?" (Juan 13: 6).

    Cuando llegó el turno de Pedro, éste exclamó con asombro: "Señor, ¿tú me lavas los pies?"
    Con toda calma, Jesús le respondió: "Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después". Sintiendo en su alma la humillación de su Señor y con amor y reverencia hacia él, con gran énfasis, exclamó: "¡No me lavarás los pies jamás!"
    Solemnemente, Cristo dijo a Pedro: "Si no te lavare, no tendrás parte conmigo".
    Un rayo de luz penetró la mente del discípulo. Comprendió que el servicio rechazado implicaba una purificación superior: la pureza de la mente y del corazón. No podía soportar el pensamiento de estar separado de Cristo; habría significado la muerte para él. "No sólo mis pies --dijo--, mas aun las manos y la cabeza".
    Dijo Jesús: "El que está lavado, no necesita sino lavarse los pies, pues está todo limpio".
    El que salía del baño, estaba limpio, pero los pies calzados de sandalias se cubrían pronto de polvo, y volvían a necesitar que se los lavara. Así también Pedro y sus hermanos habían sido lavados en la gran fuente abierta para el pecado y la impureza. Cristo los reconocía como suyos. Pero la tentación los había inducido al mal, y necesitaban todavía su gracia purificadora. Cuando Jesús se ciñó con una toalla para lavar el polvo de sus pies, deseó por este mismo acto lavar el enajenamiento, los celos el orgullo de sus corazones. Esto era mucho más importante que lavar sus polvorientos pies. Con el espíritu que entonces manifestaban, ninguno de ellos estaba preparado para tener comunión con Cristo... para participar en la cena pascual, o del servicio recordativo que Cristo estaba por instituir. Sus corazones debían ser limpiados. El orgullo y el egoísmo crean disensión y odio, pero Jesús se los quitó al lavarles los pies.
    Se operó un cambio. Mirándolos, Jesús dijo: "Vosotros limpios estáis". Ahora sus corazones estaban unidos por el amor mutuo. Habían llegado a ser humildes y a estar dispuestos a ser enseñados. Excepto Judas, cada uno estaba listo para conceder a otro el lugar más elevado...
    Antes de participar de los emblemas del cuerpo quebrantado de Cristo y de su sangre derramada, toda diferencia entre hermanos debe desaparecer... Debemos buscar la preparación a fin de sentarnos con Cristo en su reino (Manuscrito 106, 1903).


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Viernes - Septiembre 14

Año Bíblico - Isaías 4-6 y 2 Corintios 9

LA INDULGENCIA DE LA CODICIA Y LA CONCUPISCENCIA LLEVAN A LA RUINA
"De cierto, de cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar" (Juan 13: 21).

    Los discípulos habían examinado mutuamente sus rostros al preguntar: "¿Soy yo, Señor?" Y ahora el silencio de Judas atraía todas las miradas hacia él. En medio de la confusión de preguntas y expresiones de asombro, Judas no había oído las palabras de Jesús en respuesta a la pregunta de Juan. Pero ahora, para escapar al escrutinio de los discípulos, preguntó como ellos: "¿Soy yo, Maestro?" Jesús replicó solemnemente: "Tú lo has dicho".
    Aún en esa circunstancia, Judas pudo haber reconocido su culpa; aún podía romper el hechizo. Cristo estaba a su lado dispuesto a ayudarlo. Pero su orgullo y la tentación del enemigo resultaron tan fuertes que no pudo escapar a esa trampa. En vez de arrojarse a los pies del misericordioso y compasivo Salvador, se afianzó en su resistencia...
    La historia de Judas presenta el triste fin de una vida que pudo haber sido honrada por Dios... Judas había solicitado un lugar en el círculo íntimo de los discípulos. Con gran fervor y aparente sinceridad, declaró: "Maestro, te seguiré a dondequiera que fueres"...
    Los discípulos anhelaban que Judas llegara a ser uno de ellos. Parecía un hombre respetable, de agudo discernimiento y habilidad administrativa, y lo recomendaron a Jesús como un hombre que le ayudaría mucho en su obra.
    El semblante de Judas no era repulsivo. Era vivaz e inteligente, aunque carecía de la ternura y la compasión que se ven en una persona que verdaderamente se ha convertido... Al ministrar a otros, Judas pudo haber desarrollado un espíritu abnegado. Y aunque escuchó diariamente las lecciones que Cristo impartía y fue testigo de su vida consagrada, abrigó una disposición a la codicia...
    Cristo leyó su corazón y en su enseñanza se detuvo en los principios de la benevolencia que golpean en las mismas raíces de la codicia. Expuso ante Judas el horroroso carácter de la codicia y, muchas veces, el discípulo comprendió que se había descrito su carácter y señalado su pecado. Pero, no lo confesó, ni abandonó su injusticia. Judas era autosuficiente y en vez de resistir la tentación continuó con sus prácticas fraudulentas...
    Aunque Jesús conocía a Judas desde el principio, le lavó los pies. Y el traidor tuvo ocasión de unirse con Cristo en la participación del sacramento... A él le ofreció el pan de vida y el agua de la salvación. A él le fueron impartidas las lecciones que el Salvador ofreció. Sin embargo, Judas rechazó su beneficio (Manuscrito 106, 1903).


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Sábado - Septiembre 15

Año Bíblico - Isaías 7-9 y 2 Corintios 10

HACEMOS LA OBRA DE SATANÁS CUANDO SEMBRAMOS LA SEMILLA DE LA DUDA Y
LA INCREDULIDAD
"Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce" (Juan 6: 70, 71).

    Judas ejercía gran influencia sobre los discípulos. Hombre de presencia dominante y dotado de excelentes cualidades. Pero estos dones naturales no habían sido santificados por Dios. Judas había abierto a las tentaciones de Satanás las habitaciones de su mente y la puerta de su corazón. Había consagrado sus energías al servicio propio, a la exaltación de su persona y al amor al dinero...
    Aquella pobre e independiente alma que se había separado del espíritu y de la vida de Cristo, tuvo momentos difíciles. Siempre estuvo bajo el fuego de la condenación pues las lecciones de Cristo eran muy agudas. Con todo, no llegó a transformarse ni convertirse en un pámpano viviente estrechamente unido a la Vid verdadera. Oh, si Judas tan sólo hubiera humillado su corazón delante de Dios bajo la instrucción divina que le indicaba de una manera clara y sencilla los principios que debía practicar. Entonces no habría sido un tentador para sus condiscípulos, sembrando la semilla de la incredulidad en sus corazones.
    Satanás implantó en el corazón y la mente de Judas la semilla que él luego habría de transmitir a sus hermanos. El espíritu de escepticismo y de duda que Satanás implantó en la mente de Judas, éste lo impondría en las mentes de sus hermanos. Llegó a elaborar tantas acusaciones contra sus hermanos que contrarrestaba las lecciones de Cristo. Por esta razón, Jesús calificó a Judas como diablo...
    No existe tal cosa como una posición neutral. A cada uno se le ha dado una obra según su habilidad. Y todos, por la fe en Cristo, tienen una noción de este privilegio de estar conectados con él... El discípulo cuya religión es sólo una profesión habrá de distinguirse del verdadero...
    No alcanza con sólo escuchar la Palabra de Dios. A menos que uno sea enseñado por Dios, la verdad no será aceptada para la salvación del alma, Es necesario que se la aplique en la vida práctica. Cada persona ha de revelar si ha sido enseñada por Dios. Y si no ha sido así, no es porque Dios no haya estado dispuesto a enseñar, sino porque la persona no está dispuesta a recibir su enseñanza y a comer del pan de vida.
    "Porque todo aquel que practica lo mato, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas". Odia el reproche... El corazón que abriga un espíritu de justicia propia no busca la luz, todo lo contrario, ama más las tinieblas que la luz, porque no quiere verse como Dios lo ve. "Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios" (Manuscrito 67, 1897).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez