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Domingo - Septiembre 16

Año Bíblico - Isaías 10-12 y 2 Corintios 11

EN EL GETSEMANÍ NUESTRO DESTINO ESTABA EN LA BALANZA
"Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro" (Mar 14: 32).

    Jesús dejó a sus discípulos, rogándoles que oraran por ellos mismos y por él. Acompañado de Pedro, Santiago y Juan, entró en los lugares más retirados del huerto. Estos tres discípulos eran los que habían contemplado su gloria en el monte de la transfiguración; habían visto a Moisés y Elias conversar con él; y ahora también Cristo deseaba su presencia inmediata. Y él comenzó a "entristecerse y a angustiarse en gran manera. Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo".
    Cristo manifestaba su anhelo de humana simpatía y alejándose de ellos cayó sobre una roca y alzando sus ojos, oró, diciendo: "Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú".
    En la suprema agonía de su alma, vino a sus discípulos con un anhelante deseo de estar en compañía del afecto humano. Pero se desilusionó; ellos no le brindarían el esperado socorro...
    ¡Oíd la agonizante plegaria de Cristo en el Huerto de Getsemaní! En tanto los discípulos dormían esparcidos debajo de los olivos, el Hijo del Hombre, un varón de dolores y experimentado en quebrantase hallaba postrado en la fría tierra. A medida que el sentimiento de agonía se posaba en su alma, grandes gotas de sudor y sangre brotaron de sus poros humedeciendo el césped del Getsemaní...
    Allí fue donde la copa misteriosa tembló en su mano. Allí el destino de un mundo perdido pendía en la balanza. ¿Enjugaría las gotas de sangre de sus cejas y arrancaría de su alma la culpa de un mundo desfalleciente, que había sido puesta sobre él? Siendo él inocente, ¿merecía recibir todo el peso de una ley justa?
    La separación de su Padre, el castigo por la transgresión y el pecado, debía caer sobre él a fin de magnificar la ley de Dios y testificar de su inmutabilidad. ? esto terminaría para siempre la controversia entre el Príncipe de Dios y Satanás con respecto al carácter inmutable de esa ley.
    La Majestad del cielo estaba abrumada de agonía. Ningún ser humano hubiera soportado un padecimiento semejante; pero Cristo había considerado esa lucha. Les había dicho a sus discípulos: "De un bautismo tengo que ser bautizado; y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla!" "¡Mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas!" (Manuscrito 42, 1897).


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Lunes - Septiembre 17

Año Bíblico - Isaías 13-15 y 2 Corintios 12

CRISTO NO FUE FORZADO A LLEVAR LA CULPA DEL MUNDO
"Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra" (Luc. 22: 44).

    Nadie forzó a Cristo a dar este paso [llevar la culpabilidad de un mundo que perece]. Él se había ofrecido a poner su vida para salvar al mundo. Por causa de las palabras y obras engañosas de Satanás, los fundamentos del gobierno de Dios se habían concebido en forma errónea y, por esta razón, el Padre y el Hijo consideraron la necesidad de un mediador...
    El universo celestial contemplaba con intenso interés cada paso de la vida de Cristo: desde el pesebre hasta la presente y dramática escena. Los mundos que no habían caído estaban atentos al resultado de este conflicto. Ellos contemplaban al Hijo de Dios, el amado Comandante, quien en medio de su agonía sobrehumana desfallecía en el campo de batalla para salvar a un mundo perdido y desfalleciente...
    Satanás lo acosaba con toda la fuerza de sus tentaciones. Presentó ante él la idea de que el pecado del mundo, que resultaba tan ofensivo para Dios, implicaba un castigo excesivamente grande. Nunca más sería contemplado como el unigénito Hijo de Dios, puro, santo y libre de mancha.
    Cristo ahora asumía una actitud diferente a la que había adoptado antes. Aún seguía siendo el intercesor de otros, aunque ahora anhelaba contar con un intercesor para sí mismo. ¿Podría la naturaleza humana soportar esta tensión? ¿Se cargarían sobre él los pecados de un mundo apóstata, desde la transgresión de Adán hasta el fin del tiempo?
    En medio de la crisis suprema, cuando el corazón y el alma ya se quebrantaban bajo el peso del pecado [del mundo], Gabriel fue el enviado que acudió a fortalecerlo. Y, mientras este ser angélico lo apoyaba en su quebrantamiento, Cristo tomó la amarga copa y consintió en bebería. Hasta Aquel que sufría ascendió el clamor de un mundo perdido y desfalleciente y las palabras brotaron de sus labios teñidos de sangre: "Si acaso la raza humana ha de perecer a menos que yo beba esta copa, entonces, sea hecha tu voluntad y no la mía..."
    Había silencio en el cielo. No se escuchaba un solo arpegio. Ellos ven al Señor rodeado por legiones de fuerzas satánicas. Su naturaleza humana se quebrantaba bajo el peso de un misterioso temor y temblor... Fortalecido por el mensajero venido del cielo, Jesús se levanta por encima del sudor, las lágrimas y la agonía, y por tercera vez regresa hasta sus discípulos... Aunque ya estaba abatido por la desilusión, los encontró durmiendo en la hora de su agonía más amarga. Y esta visión entristeció también a los ángeles...La profecía sostenía que el "Poderoso"... habría de hollar el lagar solo, pues "de los pueblos nadie estuvo" con él (Manuscrito 42, 1897).


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Martes  - Septiembre 18

Año Bíblico - Isaías 16-18 y 2 Corintios 13

CUANDO FUE TRAICIONADO, CRISTO SINTIÓ LO QUE NOSOTROS SENTIRÍAMOS
"Levantaos, vamos; he aquí, se acerca el que me entrega" (Mar. 14: 42).

    Ahora escuchan el acompasado paso de los soldados en el huerto... "Y el que le entrega les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad. Y cuando vino, se acercó luego a él, y le dijo: Maestro, Maestro. Y le besó"... "Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?"
    Y a la soldadesca, les dijo: "¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y con palos para prenderme? Cada día me sentaba con vosotros enseñando en el templo y no me prendisteis. Mas todo esto sucede, para que se cumplan las Escrituras de los profetas".
    El registro de Juan indica: "Judas, pues, tomando una compañía de soldados, y alguaciles de los principales sacerdotes y de los fariseos, fue allí con linternas y antorchas, y con armas. Pero, Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy. Y estaba también con ellos Judas, el que le entregaba. Cuando les dijo: Yo soy, retrocedieron, y cayeron a tierra... Entonces Simón Pedro, que tenía una espada, la desenvainó, e hirió al siervo del sumo sacerdote, y le cortó la oreja derecha. Y el siervo se llamaba Maleo. Jesús entonces le dijo a Pedro: Mete tu espada en la vaina; la copa que el Padre me ha dado, ¿no he de beber?"
    Ante esta afirmación el terror se apoderó de los discípulos. Habían estado todos juntos, rodeando al Señor, pero ante la propuesta de Pedro, "todos los suyos le abandonaron y huyeron".
    La naturaleza humana de Cristo era como la nuestra. Y él padecía el sufrimiento de una forma más profunda, pues su naturaleza espiritual estaba libre de toda mancha de pecado. Su aversión al sufrimiento era proporcional a la severidad de éste. Deseaba liberarse del sufrimiento como cualquier otro ser humano...
    Cuán intenso era el anhelo de la humanidad de Cristo de escapar al sinsabor de un Dios agraviado; las palabras del Sufriente indican cuánto deseaba liberarse, dijo: "Padre mío, si es posible pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú"... Todo el pecado acumulado del mundo había sido depositado sobre el Portador del pecado; sobre el Único que podía ser propiciación por el pecado, por haber sido obediente. Su vida era una con Dios. En él no había mezcla alguna de corrupción (Manuscrito 42, 1897).


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Miércoles - Septiembre 19

Año Bíblico - Isaías 19-21 y Gálatas 1

NUESTRO LUGAR EN LA HISTORIA LO DETERMINA NUESTRO CARÁCTER
"Ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca" (Juan 11: 50).

    Con Caifás terminó el sumo sacerdocio judío. Orgulloso y altivo, demostró que por su indignidad nunca debería haber llevado las vestiduras del sumo sacerdote. No tenía ni la capacidad, ni la autoridad del cielo para realizar esta labor... Caifás era sumo sacerdote sólo en apariencias. Llevaba los vestidos sacerdotales, pero no tenía una relación vital con Dios...
    La parodia de juicio a que sometieron a Cristo demuestra cuán bajo había caído el sacerdocio. Los sacerdotes sobornaron a ciertas personas para que ofrecieran falso testimonio bajo juramento. Pero, en esta ocasión, la verdad acudió en ayuda de Cristo... Y así se demostró que el testimonio que se sostenía contra él era falso y que los testigos habían sido sobornados por hombres que abrigaban en sus corazones la bajeza de la corrupción. Pero fue el plan de Dios que aquellos hombres que entregaron a Jesús, también escuchasen el testimonio de su inocencia. Pilato dijo: "Yo no hallo en él ningún delito". Y Judas, al arrojar a los pies de los sacerdotes las monedas con que le habían pagado su traición, dijo: "He pecado entregando sangre inocente".
    Poco antes, cuando el Sanedrín fue convocado para trazar planes de acechar a Cristo y condenarlo a la pena capital, Caifás había dicho: ¿No ven que todo el mundo lo sigue? Se escucharon, entonces, algunas voces de ciertos miembros del concilio que, alegando contra ellos, solicitaban que se analizara esta especie de pasión y odio en contra de Jesús. Intentaban poner a salvo al Señor de una posible pena de muerte. Pero, en respuesta a este sector, Caifás, dijo: "Vosotros no sabéis nada; ni pensáis que nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca".
    Estas expresiones fueron emitidas por una persona que no comprendió su dimensión e importancia... Él [Caifás] estaba condenando a muerte a Uno que pondría fin a la necesidad de todos los tipos y sombras y esa muerte era la que estaba prefigurada en cada sacrificio que se realizaba. Pero las palabras del sumo sacerdote significaban más que lo que él o quienes estaban con él sabían. Con estas palabras se ofreció un claro testimonio de que había llegado el tiempo en que el sacerdocio aarónico habría de cesar para siempre...
    Caifás era uno que estaba en el desempeño de su función cuando los tipos y las sombras encontraron su realidad; cuando el verdadero Sumo Sacerdote habría de entrar en funciones... Personas con todo tipo de caracteres, justas e injustas, asumirán sus posiciones. Y con los caracteres que hayan forjado, desempeñarán su papel en el cumplimiento de la historia (Manuscrito 101, 1807).


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Jueves - Septiembre 20

Año Bíblico - Salmos 111-114

COMO PILATO, CONDENAMOS A CRISTO CON NUESTRO SILENCIO
"Entonces le dijo Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para crucificarte, y que tengo autoridad para soltarte? Respondió Jesús: Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba; por tanto, el que a ti me ha entregado, mayor pecado tiene" (Juan 19:10,11).

    Ante el asiento judicial Cristo estaba atado como un prisionero. El juez lo miró con suspicacia y severidad. El pueblo se estaba reuniendo apresuradamente. Y a medida que los cargos contra él se iban leyendo, los espectadores asumían posiciones, favorables o contrarias.
    "Se dice el rey de los judíos". "Se niega a dar tributo a César". "Se hace a sí mismo igual a Dios"...
    Pilato estaba convencido de que no había ninguna evidencia sostenible de la culpabilidad de Cristo. No obstante, sacerdotes y gobernantes lo inculpaban de blasfemia. Pero los judíos actuaban bajo la inspiración de Satanás al igual que Caín y otros tantos asesinos que estuvieron decididos a destruir vidas antes que a salvarlas. "Pero éstos porfiaban, diciendo: Alborota al pueblo, enseñando por toda Judea, comenzando desde Galilea hasta aquí".
    Aquí Pilato vislumbró una oportunidad en la que podía librarse por completo del juicio de Cristo. Percibió en forma clara que los judíos habían entregado a Cristo movidos por la envidia... "Y al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que en aquellos días también estaba en Jerusalén".
    Este era el mismo Herodes que había manchado sus manos con la sangre de Juan. "Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal"...
    La obra y la misión de Cristo en este mundo no habría de gratificar la ociosa curiosidad de príncipes, gobernantes, escribas, sacerdotes o campesinos. El vino a sanar al quebrantado de corazón... Si Cristo hubiera pronunciado alguna palabra a fin de sanar a las almas magulladas por la enfermedad del pecado, no habría guardado silencio. Pero, él había enseñado a sus discípulos que las preciosas gemas de verdad no debían arrojarse a los cerdos. Su porte y su silencio ante Herodes hicieron su silencio mucho más elocuente.
    El pueblo judío había esperado por mucho tiempo un Mesías que condenara el poder que los mantenía cautivos. Y buscaron que el Príncipe de la vida, el Único que podía librarlos de su cautividad, pronunciase esa condenación (Manuscrito 112, 1897).


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Viernes - Septiembre 21

Año Bíblico - Isaías 22-24 y Gálatas 2

LA HISTORIA SE REPETIRÁ CUANDO LOS SEGUIDORES DE CRISTO SEAN PERSEGUIDOS
"Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato" (Luc. 23:11).

    La historia pasada se repetirá. Un conflicto ha de dirimirse en el mundo cristiano. Aquellos que no son leales a los mandamientos de la voluntad del Dios viviente, en su pretendida importancia propia, serán inspirados por Satanás para hacer guerra contra quienes deben seguir al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo... Consecuentemente, los seres humanos se volverán inhumanos en sus acciones contra los demás...
    Si el profeso mundo cristiano hubiera sacado una lección de la forma como los judíos trataron a Cristo y hubiesen resuelto en Dios jamás volver a actuar de la misma forma, no se los hubiera considerado responsables de la muerte de Cristo en la persona de sus santos.
    Un numeroso grupo de sacerdotes y ancianos había acompañado a Cristo hasta Herodes. Y cuando el Salvador fue conducido ante el monarca, estos dignatarios, hablando todos con agitación, expusieron con insistencia sus acusaciones contra él. Pero Herodes prestó poca atención a sus cargos. Encontró que Cristo era inocente de todo crimen.
    Los soldados romanos sabían que si volcaban sobre Cristo todo el peso de su desprecio complacerían las bajas e indecentes pasiones de la muchedumbre endurecida y de los sacerdotes y dignatarios. Y en esta acción contaron con el apoyo de los dignatarios hebreos... Catalogaron a Cristo, la Majestad del cielo, el Rey de gloria, como un impostor y lo hicieron objeto de ludibrio.
    De este modo, el Rey de gloria fue puesto bajo la luz del ridículo. Le pusieron un viejo manto real de color púrpura que otrora había servido a algún monarca. Colocaron en sus manos una vieja caña y en su divina frente una cruel corona de espinas, que horadó las sagradas sienes e hizo brotar de ellas la sangre que corrió por su rostro y su barba. Le dirigieron, entonces, una serie de discursos impregnados de burla y de sarcasmo. Sin embargo, Cristo no pronunció contra ellos reproche alguno. Llegaron a cubrirle el rostro con un antiguo vestido y golpeándolo en el rostro, le decían: "¡Profetiza! ¿Quién es el que te golpeó?" Luego, arrebatándole ese antiguo vestido, lo abofetearon y lo golpearon en la cara con la caña animados por la fuerza brutal de una soldadesca corrompida. Usaron contra él las actitudes más grotescas, el vocabulario más soez y desplegando una falsa humildad se inclinaban ante su presencia...
    Los judíos habían esperado que un milagro evidenciara su divinidad, pero ahora tenían una evidencia mayor que cualquier milagro que hubiera realizado (Manuscrito 112, 1897).


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Sábado - Septiembre 22

Año Bíblico - Isaías 25-27 y Gálatas 3

ANTE LA ABRUMADORA EVIDENCIA PILATO TITUBEÓ
"Desde entonces procuraba Pilato soltarle, pero los judíos daban voces, diciendo: Si a éste sueltas, no eres amigo de César; todo el que se hace rey, a César se opone" (Juan 19:12).

    Después que Herodes finalizó su labor satánica y sin emitir ningún fallo en su contra, regresó a Cristo a Pilato, un hombre convencido de la verdad, pero que no estaba dispuesto a ceder.
    Pilato parecía movido por influencias invisibles a reconocer sus convicciones en relación con el Santo de Israel. Su mente titubeante se inclinaba a aceptar que Cristo no era un impostor y que no había un solo rasgo de engaño en sus palabras ni en su porte... Ante el populacho poseído y enloquecido, procuró que el castigo fuera el flagelo en vez de la cruz.
    Los sacerdotes y dignatarios no abogaban por evitar el flagelo, sin embargo, no quisieron aceptar ningún otro castigo menor que la cruz. Esta es la forma como se manifiesta hoy la naturaleza humana bajo el control de Satanás...
    Pilato no estaba dispuesto a condenar a Cristo y creyó que podría, obviando los reclamos de los dignatarios, apelar a la sensibilidad humana de aquella turba. Sabía que en este aspecto no podía esperar nada favorable de los sacerdotes y príncipes. Pronunció una breve alocución indicando que no encontraba falta alguna en Cristo y confirmó el criterio de Herodes al indicar que la información presentada por los testigos no tenía mérito alguno, pues era contradictoria...
    Pilato ahora se movía en contra de una abrumadora evidencia. Los sacerdotes y dignatarios percibieron que podían llegar a conseguir todo lo que querían. Pilato tenía de su lado la evidencia y la justicia y, si se hubiese mantenido firme en negarse a condenar a un hombre que consideraba inocente, habría roto la cadena fatal que iba a retenerle toda su vida en el remordimiento y la culpabilidad por haber sacrificado a un inocente ante la enemistad y el odio de un pueblo envidioso que profesaba ser religioso. Así. Jesús fue flagelado...
    Un mensaje de Dios amonestó a Pilato acerca del acto que estaba por cometer... Mientras el gobernante romano examinaba al prisionero, su esposa había sido visitada por un ángel del cielo, y en un sueño había visto al Salvador y conversado con él... Oyó la condenación pronunciada por Pilato, y le vio entregar a Cristo a sus homicidas. Con un grito de horror se despertó, y en seguida escribió a Pilato unas palabras de advertencia. Ahora, mientras Pilato vacilaba en lo que debía hacer, un mensajero se abrió paso y le entregó la carta de su esposa que decía: "No tengas que ver con aquel justo; porque hoy he padecido muchas cosas en sueños por causa de él" (Manuscrito 112, 1897).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez