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Domingo - Septiembre 23

Año Bíblico - Isaías 28-30 y Gálatas 4

EL REDENTOR DEL MUNDO RECHAZADO POR SU PROPIO PUEBLO
"Y tenían entonces un preso famoso llamado Barrabás. Reunidos, pues, ellos, les dijo Pilato: ¿A quién queréis que os suelte; a Barrabás, o a Jesús, llamado el Cristo? (Mat. 27:16,17).

    Otra posibilidad estaba pendiente en la mente de Pilato por la cual podría salvar a Cristo de aquella turba enloquecida, especialmente, sabiendo que la envidiara era el factor motivador que lo había conducido al pretorio. Una costumbre de invención pagana; en la que no había sombra de justicia, era que en ocasión de esta fiesta, se acostumbraba soltar a algún prisionero que hubiera sido condenado a muerte. ¿Podría Pilato implementar con éxito este subterfugio y lograr su deseo de liberar a un hombre inocente, cuyo poder --a pesar de hallarse atado y bajo acusación-- él sabía que no era el de un hombre común, sino de Dios? Su alma estaba bajo el peso de un terrible conflicto. Presentaría al puro e inocente Jesús al lado del famoso Barrabás y esperaba que el contraste entre el inocente y el culpable los convencería para que se inclinasen a votar a favor de Jesús de Nazaret.
    Barrabás había pretendido ser el Mesías y había actuado con maldad. Dominado por el engaño satánico, sostenía que le pertenecía todo lo que pudiese obtener por el robo. El contraste entre ambos era muy marcado. Barrabás había hecho cosas maravillosas por medio de los agentes satánicos. Afirmaba contar con poderes religiosos y con el derecho a establecer un nuevo orden distinto...
    Este falso Cristo reclamaba lo mismo que Satanás en el cielo: el derecho a todo. Cristo en su humillación era poseedor de todas las cosas. En él no había tinieblas...
    Barrabás y Cristo, lado a lado. Todo el universo los contemplaba. El populacho los miraba a ambos. ¿Dónde estaban ahora aquellas voces que pocos días antes habían proclamado las maravillas que Cristo había hecho?... Entonces la multitud había estado llena de impulso celestial para estallar en cánticos de alabanza y de hosannas mientras Cristo avanzaba por las calles de Jerusalén. Ahora la elección sería de ellos. Pilato preguntó: "¿A cuál queréis que os suelte? ¿A Barrabás o a Jesús, llamado el Cristo?"
    Entonces se elevó hasta el cielo un clamor de tremendo significado para todo el mundo. Todo el cielo oyó la exclamación en la que parecían unirse el celo y la desesperación de aquella elección: "Quita a éste --le dijeron--, y suéltanos a Barrabás"... De este modo, se rechazaba al Redentor del mundo y un ladrón y asesino era puesto en libertad (Manuscrito 112, 1897).


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Lunes - Septiembre 24

Año Bíblico - Isaías 31-33 y Gálatas 5

¿ESCOGERÍAS A JESÚS?
"Pero vosotros tenéis la costumbre de que os suelte uno en la pascua. ¿Queréis, pues, que os suelte al Rey de los judíos?" (Juan 18: 39).

    A medida que pasa el tiempo el conflicto entre el Príncipe de la luz y el príncipe de la oscuridad no ha disminuido un ápice en su influencia...
    Con el fin de ayudarnos, Cristo enfrentó las sofisticadas tentaciones de Satanás para darnos un ejemplo y demostrarnos cómo podemos vencer al enemigo en el conflicto. Exhorta a sus seguidores, diciendo: "Confiad, yo he vencido al mundo". Satanás ha hecho esfuerzos magistrales por perpetuar el pecado. Dispuso que todos los ejércitos del mal libraran una guerra, activa y desesperada, contra Cristo a fin de herir el corazón del Amor infinito. Sedujo al pueblo para que se inclinara ante los ídolos con el fin de alcanzar la supremacía en los reinos terrenales. Pensaba que ser el dios de este mundo era el primer paso que lo conduciría a ganar posesión del trono de Dios en el cielo. Y, en gran medida, tuvo éxito en sus planes. Cuando Jesús estuvo en la tierra, Satanás indujo a la gente para que rechazara al Hijo de Dios y eligiera a Barrabás, que en carácter representaba a Satanás, el dios de este mundo.
    El Señor Jesucristo vino para luchar con Satanás por haber usurpado los reinos del mundo. El conflicto no ha terminado todavía; y a medida que nos acercamos al fin del tiempo, la batalla crece en intensidad. A medida que se acerca la segunda aparición de nuestro Señor Jesucristo, instrumentos satánicos son impulsados desde abajo. Satanás no sólo aparecerá como un ser humano, sino que personificará a Jesucristo; y el mundo que ha rechazado la verdad lo recibirá como si fuera el Señor de señores y Rey de reyes. Ejercerá su poder e influirá sobre la imaginación humana. Corromperá tanto las mentes como los cuerpos de los hombres, y obrará mediante los hijos de desobediencia, fascinando y hechizando como lo hace una serpiente. ¡Qué espectáculo será el mundo para las inteligencias celestiales! ¡Qué espectáculo contemplará Dios, el Creador del mundo!
    La forma que tomó Satanás en el Edén cuando indujo a nuestros primeros padres que desobedecieran fue de un carácter como para dejar perpleja y confundida la mente. A medida que nos acerquemos al fin de la historia, procederá de una manera igualmente sutil. Empleará todo su poder engañador sobre los seres humanos para completar la obra de engañar a la familia humana. Tan engañoso será en su obra, que los hombres procederán en la misma forma en que lo hicieron en los días de Cristo. Y cuando se les pregunte: "¿A quién queréis que os suelte: a Barrabás o a Jesús?", el clamor casi universal será: "¡A Barrabás! ¡A Barrabás!" Y cuando se les presente la pregunta: "¿Qué, pues, queréis que haga del que llamáis Rey de los judíos?", el clamor de nuevo será: "¡Crucifícale!" (Manuscrito 39, 1894).


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Martes  - Septiembre 25

Año Bíblico - Isaías 34-36 y Gálatas 6

CADA UNO DEBE CONOCER SUS DEBILIDADES
"Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos" (Luc. 22: 31, 32).

    Satanás siempre se introduce entre el alma del hombre y Dios. Siempre busca que el hombre sea un vocero de sus sugerencias antes que de las palabras de Dios. Esta lección en cuanto a Pedro debe estudiarse cuidadosamente...
    Cuán poco comprendía Pedro su propia debilidad. Cuando intentó contrarrestar las solemnes palabras que Cristo les dirigió [a los discípulos] con respecto a un futuro de penurias y padecimientos, sólo pensó que su actitud era la correcta. Cristo vio que a menos que Pedro cambiara su espíritu no podría soportar el rechazo, la humillación, la condena y la muerte que padecería el Señor. Le dijo al Maestro: "Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces"...
    En esto vemos cuán engañada y extraviada puede estar la naturaleza humana cuando ha permitido que Satanás se interponga entre el alma humana y Jesús. Es necesario que las palabras de Cristo se pronuncien con autoridad: "¡Quítate de delante de mí Satanás!" Deja que me acerque a mis siervos, para que no sean vencidos, para que crean a mis palabras antes que a las palabras de los engañadores, pues hablo con verdad y con justicia...
    El pueblo de Dios que ha sido rescatado del fuego por Jesucristo tiene un claro sentido de su pecado y se siente humillado y avergonzado. El Señor ve y reconoce el arrepentimiento de ellos y nota cuánto dolor padecen por un pecado que no pueden quitar ni remover; pero, a medida que oran, sus oraciones son atendidas y esta es la razón por la que Satanás se propone interferir para resistir a Cristo... Es así como camina entre la persona que se ha arrepentido y Cristo. Intenta arrojar su sombra infernal sobre el alma para estorbar la fe y anular las palabras de Dios...
    Si Satanás se interpone entre el alma y Jesucristo, entonces se eclipsará el amor, la aceptación y el perdón de Cristo. Los hombres y las mujeres constantemente se afanarán para preparar un manto de justicia que cubra su deformidad y su pecado, en tanto que Cristo desea que acudan a él así como son y lo acepten como su Salvador personal. En su tierno amor un Padre perdonador ofrece el mejor de sus mantos para cubrir al hijo que regresa (Carta 65, 1894).


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Miércoles - Septiembre 26

Año Bíblico - Isaías 37-39 y Efesios 1

CUANDO DEPENDEMOS DE DIOS SATANÁS NO PUEDE DOMINARNOS
"Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga" (1 Cor. 10:12).

    Poco antes de la caída de Pedro, Jesús le dijo: "Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo". ¡Cuán fiel era la amistad del Salvador hacia Pedro! ¡Cuán misericordiosa su advertencia! Pero la advertencia fue pasada por alto. Pedro declaró confiadamente, con arrogancia, que nunca haría aquello contra lo cual Cristo le advertía. "Señor --le dijo-- dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte". Su autosuficiencia resultó ser su ruina. Tentó a Satanás para que lo sedujera, y cayó bajo las artimañas del astuto enemigo. Cuando Cristo lo necesitó más, estaba de parte del enemigo, y abiertamente negó a su Señor.
    Aunque Pedro lo negaba, Cristo le demostró que aún lo amaba. En la sala de juicio y rodeado por un grupo que pedía su condena, el pensamiento de Jesús se dirigió hacia los sufrimientos y padecimientos de su extraviado discípulo y lo miró. En aquella mirada, Pedro leyó todo el amor y la compasión del Salvador, y una ola de misericordia lo envolvió... Comprendió que había actuado en forma contraria a lo que había afirmado... Una vez más contempló a su Maestro y vio cómo una sacrílega mano lo golpeaba en el rostro. Incapaz de soportar más aquella escena, salió acongojado de la sala del tribunal...
    Se alejó en busca de la soledad y la oscuridad; no sabía ni le importaba dónde encontrarla. Finalmente, se encontró en el Getsemaní. La escena que había ocurrido pocas horas atrás fue recapitulada en su mente. Recordó cómo el Salvador, durante su agonía en el huerto, había acudido en busca de simpatía y de consuelo a quienes habían estado estrechamente relacionados con su labor. En el mismo lugar donde Jesús había derramado su alma en agonía, Pedro cayó sobre su rostro y sintió deseos de morir... Si Pedro hubiera permanecido solo, hubiese sido derrotado. Pero Uno que podía decir: "Padre, tú siempre me has escuchado", Uno que es poderoso para salvar, intercedía por él. Cristo salva hasta lo sumo a quienes acuden a él.
    Muchos están hoy en la condición en que estuvo Pedro cuando con arrogancia declaró que no negaría a su Señor. Y debido a esa arrogancia son víctimas fáciles de las trampas de Satanás. Los que reconocen su debilidad confían en un poder superior a ellos mismos. Y mientras acudan a Dios, Satanás no tendrá poder sobre ellos...
    Hay ciertas lecciones que jamás se aprenderán a menos que sea a través del fracaso. Pedro llegó a ser una mejor persona después de su caída... Como el fuego purifica el oro, así Cristo permite que su pueblo sea purificado por las tentaciones y las pruebas (Manuscrito 115, 1902).


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Jueves - Septiembre 27

Año Bíblico - Isaías 40-42 y Efesios 2

CRISTO FUE CRUCIFICADO POR NOSOTROS
"Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda" (Luc. 23: 33).

    "Para santificar al pueblo por su propia sangre", Cristo "padeció fuera de la puerta". Por la transgresión de la ley de Dios, Adán y Eva fueron desterrados del Edén. Cristo, nuestro substituto, iba a sufrir fuera de los límites de Jerusalén. Murió fuera de la puerta, donde eran ejecutados los criminales y homicidas. Rebosan de significado las palabras: "Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición...
    Sobre Cristo como substituto y garante nuestro fue puesta la iniquidad de todos nosotros. Fue contado por transgresor, a fin de que pudiese redimirnos de la condenación de la ley. La culpabilidad de cada descendiente de Adán abrumó su corazón. La ira de Dios contra el pecado, la terrible manifestación de su desagrado por causa de la iniquidad, llenó de consternación el alma de su Hijo. Toda su vida, Cristo había estado proclamando a un mundo caído las buenas nuevas de la misericordia y el amor perdonador del Padre. Su tema era la salvación aun del principal de los pecadores. Pero en estos momentos, sintiendo el terrible peso de la culpabilidad que lleva, no puede ver el rostro reconciliador del Padre. Al sentir el Salvador que de él se retraía el semblante divino en esta hora de suprema angustia, atravesó su corazón un pesar que nunca podrá comprender plenamente el hombre. Tan grande fue esa agonía que apenas le dejaba sentir el dolor físico.
    Con fieras tentaciones, Satanás torturaba el corazón de Jesús. El Salvador no podía ver a través de los portales de la tumba. La esperanza no le presentaba su salida del sepulcro como vencedor ni le hablaba de la aceptación de su sacrificio por el Padre. Temía que el pecado fuese tan ofensivo para Dios que su separación resultase eterna. Sintió la angustia que el pecador sentirá cuando la misericordia no interceda más por la raza culpable. El sentido del pecado, que atraía la ira del Padre sobre él como substituto del hombre, fue lo que hizo tan amarga la copa que bebía el Hijo de Dios y quebró su corazón...
    Entre las terribles tinieblas, aparentemente abandonado de Dios, Cristo había apurado las últimas heces de la copa de la desgracia humana. En esas terribles horas había confiado en la evidencia que antes recibiera de que era aceptado de su Padre. Conocía el carácter de su Padre; comprendía su justicia, su misericordia y su gran amor. Por la fe, confió en Aquel a quien había sido siempre su placer obedecer. Y mientras, sumiso, se confiaba a Dios, desapareció la sensación de haber perdido el favor de su Padre. Por la fe, Cristo venció (El Deseado de todas las gentes, págs. 690-704).


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Viernes - Septiembre 28

Año Bíblico - Isaías 43-45 y Efesios 3

JESÚS LLEGO A SER PECADO POR NOSOTROS Y PADECIÓ SOLO
"El escarnio ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado. Esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo; y consoladores, y ninguno hallé" (Sal. 69:20, 21).

    El inmaculado hijo de Dios pendía de la cruz: su carne estaba lacerada por los azotes; aquellas manos que tantas veces se habían extendido para bendecir, estaban clavadas en el madero; aquellos pies tan incansables en los ministerios de amor estaban también clavados a la cruz; esa cabeza real estaba herida por la corona de espinas; aquellos labios temblorosos formulaban clamores de dolor. Y todo lo que sufrió: las gotas de sangre que cayeron de su cabeza, sus manos y sus pies, la agonía que torturó su cuerpo y la inefable angustia que llenó su alma al ocultarse el rostro de su Padre, habla a cada hijo de la humanidad y declara: Por ti consiente el Hijo de Dios en llevar esta carga de culpabilidad; por ti saquea el dominio de la muerte y abre las puertas del Paraíso.
    En los sufrimientos de Cristo en la cruz, se cumplía la profecía. Siglos antes de la crucifixión, el Salvador había predicho el trato que iba a recibir. Dijo: "Porque perros me han rodeado, hame cercado cuadrilla de malignos: horadaron mis manos y mis pies. Contar puedo todos mis huesos; ellos miran, considéranme. Partieron entre sí mis vestidos, y sobre mi ropa echaron suertes". La profecía concerniente a sus vestiduras fue cumplida sin consejo ni intervención de los amigos o los enemigos del Crucificado. Su ropa había sido dada a los soldados que le habían puesto en la cruz. Cristo oyó las disputas de los hombres mientras se repartían las ropas entre sí. Su túnica era tejida sin costura y dijeron: "No la partamos, sino echemos suertes sobre ella, de quién será".
    En otra profecía, el Salvador declaró: "La afrenta ha quebrantado mi corazón, y estoy acongojado: y esperé quien se compadeciese de mí, y no lo hubo: y consoladores, y ninguno hallé. Pusiéronme además hiel por comida, y en mi sed me dieron a beber vinagre". Era permitido dar a los que sufrían la muerte de cruz una poción estupefaciente que amortiguase la sensación del dolor. Esta poción fue ofrecida a Jesús; pero al probarla, la rehusó. No quería recibir algo que turbase su inteligencia. Su fe debía aferrarse a Dios. Era su única fuerza. Enturbiar sus sentidos sería dar una ventaja a Satanás.
    Los enemigos de Jesús desahogaron su ira sobre él mientras pendía de la cruz. Sacerdotes, príncipes y escribas se unieron a la muchedumbre para burlarse del Salvador moribundo. En ocasión del bautismo y de la transfiguración, se había oído la voz de Dios proclamar a Cristo como su Hijo. Nuevamente, precisamente antes de la entrega de Cristo, el Padre había hablado y atestiguado su divinidad. Pero ahora la voz del cielo callaba. Ningún testimonio se oía en favor de Cristo. Solo, sufría los ultrajes y las burlas de los hombres perversos (El deseado de todas las gentes, págs. 703, 695, 696).


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Sábado - Septiembre 29

Año Bíblico - Isaías 46-48 y Efesios 4

"HERIDO FUE POR NUESTRAS REBELIONES"
"Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados" (Isa. 53: 5).

    El Señor tiene un conflicto con los habitantes de este mundo. Satanás se ha presentado bajo el disfraz de un ángel de luz y bajo sus indicaciones la mayoría de los cristianos han doblado sus rodillas en los templos paganos ofreciendo adoración a un dios no conocido...
    La familia humana quebrantó la ley de Dios y desafió su voluntad. Esta ley revela al mundo los atributos del carácter divino y nada ha de ser alterado en ella con el fin de alcanzar a la humanidad en su condición caída. Además Dios les ha dado a los hombres y a las mujeres de hoy evidencias inconfundibles de su amor por ellos y que la justicia es el fundamento de su trono y la evidencia de su amor. El Señor cargó con la penalidad de la transgresión la cual recayó en un Sustituto que no es otro que el unigénito Hijo de Dios.
    Dios no podía abolir su ley para salvar a la raza humana. De haberlo hecho se hubiera inmortalizado la transgresión y se habría puesto a todo el mundo bajo el control de Satanás. Pero, "de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en el cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". En este don maravilloso se manifiesta toda la bondad de Dios, porque amó tanto a quienes habían caído en el pecado que se ofreció a sí mismo en la persona del Hijo para que ellos pudieran tener otra oportunidad de manifestar su obediencia. El Señor amó tanto al hombre que a fin de salvarlo ofreció a su Hijo al mundo y en ese don entregó todo el cielo. Esta era la única provisión que Dios podía darles. Por medio de este don el Señor ha proporcionado al pecador una vía de regreso a su lealtad.
    Dios hace un llamamiento a todos para que contemplen al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Cristo quitó la culpa del pecador y se encuentra bajo la condenación del Legislador. Vino a este mundo a obedecer la ley como un ser humano para demostrar la falsedad de la acusación satánica que sostenía que el ser humano no puede guardar la ley de Dios.
    Él observó la ley en su forma humana y, cuando fue acusado falsamente por los fariseos, levantó su voz, con autoridad y poder, diciéndoles: "¿Quién de vosotros me redarguye de pecado?" El Señor vino a revelar ante el universo celestial, a los mundos que no habían caído y a un pueblo en pecado, que Dios hizo provisión para salvar a la humanidad y que, por medio de la justicia imputada de Cristo todos los que lo reciben por fe demostrarán su lealtad observando la ley. Los pecadores arrepentidos que depositen su confianza en Cristo como su Salvador personal serán hechos partícipes de la naturaleza divina (Manuscrito 63, 1897).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez