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Domingo - Septiembre 30

Año Bíblico - Isaías 49-51 y Efesios 5

LOS SEGUIDORES DE CRISTO SERÁN ODIADOS POR EL MUNDO
"Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece" (Juan 15: 18, 19).

    Los seguidores de Cristo deberían recordar que toda palabra de maldad que se pronunció contra Jesús, todas las injurias que él recibió, ellos, sus seguidores, deben soportarlas por causa de su nombre. Cuando la verdad de la Palabra de Dios sea llevada en el corazón la iglesia profesará un elevado nivel de piedad; sin embargo, cuando la convicción de la verdad se rechaza y desprecia a fin de amistarse con la mayoría, se ubican en el mismo plan de quienes... rechazan la luz y la verdad y se ponen del lado del enemigo. Entonces, Satanás los agita con un poder que viene de abajo, con una intensidad que revela su enemistad hacia Dios y su ley. Y ellos emiten leyes humanas que son opresivas y abrumadoras...
    Así como Cristo fue odiado sin causa, también su pueblo será odiado sin causa por el simple hecho de ser obediente a los mandamientos de Dios y hacer sus obras, en vez de contradecirlas. Si Cristo, que era puro, santo e inmaculado, que hizo bien y solamente el bien en nuestro mundo, fue tratado como un vil criminal y condenado a muerte sin una mínima prueba en su contra, qué pueden esperar sus discípulos sino un trato similar, no importa cuán intachable sea su vida y su carácter. Las leyes humanas elaboradas por agentes satánicos con el pretexto de proteger el bien, y restringir la perversidad, serán exaltadas en tanto los santos preceptos de Dios serán despreciados y pisoteados.
    Vemos cómo el pueblo que profesa ser justo puede poner en acción el espíritu de Satanás y realizar sus impíos propósitos a través de la envidia, los celos y el fanatismo religioso... No hay guerra entre Satanás y el pecador, entre los ángeles caídos y los seres humanos que han caído. Ambos poseen los mismos atributos, ambos son perversos a causa de la apostasía y el pecado...
    La predicción que fuera hecha en el Edén se refiere en forma especial a Cristo y a todos aquellos que lo aceptan y confiesan que es el unigénito Hijo de Dios. Cristo ha solicitado participar en el conflicto que se libra contra el príncipe del mal y la potestad de las tinieblas y herir la cabeza de la serpiente. Todos aquellos que son hijos e hijas de Dios son sus elegidos, sus soldados que han de enfrentarse con principados y potestades, con gobernantes de las tinieblas del mundo, con la impiedad espiritual que reina en los lugares encumbrados. Este es un conflicto inagotable que no culminará hasta que Cristo regrese por segunda vez (Manuscrito 104, 1897).


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Lunes - Octubre 1

Año Bíblico - Isaías 52-54 y Efesios 6

EL SERVICIO DEL TEMPLO CULMINO CON LA MUERTE DE CRISTO
"Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron" (Mat. 27:51).

    A la puesta del sol, en la tarde del día de preparación, sonaban las trompetas para indicar que el sábado había empezado. Ese sábado, los atrios del templo estuvieron llenos de adoradores... Las trompetas y los instrumentos de música y las voces de los cantores resonaban tan fuerte y claramente como de costumbre. Pero un sentimiento de extrañeza lo compenetraba todo. Uno tras otro preguntaban acerca del asombroso suceso que había acontecido. Hasta entonces, el lugar santísimo había sido guardado en forma sagrada de toda indiscreción...
    Una vez al año se entraba en él y sólo lo hacía el sumo sacerdote. Pero ahora se dibujaba el horror en muchos semblantes, pues dicho recinto sagrado se encontraba expuesto a la vista de todos. En el preciso momento en que Cristo había expirado, el pesado velo de tapicería, hecho de lino puro y hermosamente adornado de escarlata y púrpura, se rasgó de arriba abajo. El lugar donde Jehová se encontraba con el sumo sacerdote, para comunicar su gloria, el lugar que había sido la cámara de audiencia sagrada de Dios, estaba abierto a todo ojo; ya no era reconocido por el Señor.
    Muchos que en esa ocasión participaron de los ceremoniales no volvieron a tomar parte de los ritos pascuales. La luz había resplandecido en sus corazones. Los discípulos habrían de comunicarles a ellos que el gran Maestro ya había venido.
    De acuerdo con la práctica de entonces muchas personas habían traído a los enfermos y afligidos hasta los atrios del templo, peguntando: ¿Quién puede decirnos dónde está Jesús, el Sanador? Algunos habían venido desde lejos para verlo y escucharlo... Pero fueron ahuyentados de los atrios del templo y los habitantes de Jerusalén no podrían dejar de notar el contraste entre esta escena y las de la vida de Cristo.
    Por todos lados se oía el lamento: Queremos a Cristo, el Sanador. El mundo sin Cristo estaba sumido en la oscuridad y las tinieblas, no solo parados discípulos, tos enfermos y los afligidos, sino también para los sacerdotes y dignatarios. Los líderes judíos e incluso las autoridades romanas, descubrieron que era más difícil confrontarse con un Cristo muerto que con un Cristo vivo. Cuando la gente supo que Jesús había sido ejecutado por los sacerdotes, empezó a preguntar acerca de su muerte. Los detalles de su juicio fueron mantenidos tan secretos como fue posible; pero durante el tiempo que estuvo en la tumba, su nombre estuvo en millares de labios y los informes referentes al simulacro de juicio a que había sido sometido y a la inhumanidad de los sacerdotes y príncipes circularon por doquiera (Manuscrito 111, 1897).


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Martes  - Octubre 2

Año Bíblico - Isaías 55-57 y Filipenses 1

DEBEMOS REPRESENTAR A CRISTO CON VALOR
"Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea, llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Éste fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús... y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue" (Mat. 27:57-60).

    Los sacerdotes habían sido consultados por muchos hombres de intelecto para que explicaran las profecías del Antiguo Testamento referentes al Mesías y, mientras trataban de urdir una respuesta falsa, estos sacerdotes se volvieron como dementes. De este modo, muchas mentes se convencieron de que las Escrituras se habían cumplido...
    José era un discípulo de Cristo que no se había identificado con él por el temor a los judíos. Armado de valor fue hasta Pilato y le pidió el cuerpo de Cristo. [José de Arimatea] era un hombre rico y esto le otorgaba influencia en las esferas del gobierno. Si hubiera tardado, el cuerpo del Salvador habría sido puesto en un sepulcro sin honor junto con el de los ladrones.
    Nicodemo era un dignatario y un rabino. Y también era un discípulo de Cristo. Él había venido de noche al Salvador, como si temiera hacer públicos los problemas que aquejaban su corazón. Aquella noche había escuchado el discurso más importante que jamás pronunciaran labios humanos [véase Juan 3]. Y las palabras que oyó taladraron su alma e iluminaron su interior y, aunque todavía no se había identificado con Cristo, llegó a formar parte de ese grupo referido por Juan, al decir: "Aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga". Pero Nicodemo, en la medida de sus posibilidades, se había esforzado para defender a Cristo. Al grado que en cierta ocasión preguntó a los sacerdotes: "¿Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo que ha hecho?"...
    Luego de la crucifixión, Nicodemo fue a la cruz llevando una mezcla de mirra y áloes para embalsamar el cuerpo de Cristo. Había sido testigo del cruel trato que le habían dado los sacerdotes. Había observado la paciencia y la actitud piadosa del Señor, aún bajo la humillación. Ahora comprendió el verdadero carácter del sumo sacerdote y con valor acudió para buscar el cuerpo lacerado de su Salvador, que había sido tratado como si fuera un malhechor. De este modo, Nicodemo se identificó con Cristo en su vergüenza y en su muerte.
    Con la muerte de Cristo las esperanzas de los discípulos habían perecido. Con frecuencia repitieron las palabras: "Nosotros esperábamos que él era el que habría de redimir a Israel"... [Los discípulos] se habían reunido en un aposento alto, con sus puertas cerradas y trabadas, pues sabían que el destino de su amado Maestro en cualquier momento también podía ser el de ellos (Manuscrito 111, 1897).


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Miércoles - Octubre 3

Año Bíblico - Salmos 115-118

SIEMPRE HAY LUZ ENTRE LAS TINIEBLAS
"Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella" (Mat. 28: 2).

    Si después de la crucifixión y sepultura, los discípulos, en vez de dar lugar a su dolor, hubieran repasado detenidamente lo que Cristo les había dicho a fin de prepararlos para esta ocasión, habrían visto una luz en medio de las tinieblas. No habrían caído en semejante desfallecimiento y abatimiento.
    Hubo un gran terremoto antes que nadie llegara al sepulcro. El ángel más poderoso del cielo, el que ocupaba el lugar del cual cayó Satanás, recibió su orden del Padre y, revestido con la panoplia del cielo, quitó las tinieblas de su camino. Su rostro era como un relámpago y sus vestidos blancos como la nieve. Tan pronto como sus pies tocaron la tierra ésta tembló bajo su pisada. Los guardias romanos estaban cumpliendo con su cansadora vigilia cuando sucedió esta maravillosa escena, y se les dio fuerza para que soportaran el espectáculo, pues tenían que dar un mensaje como testigos de la resurrección de Cristo.
    El ángel se aproximó a la tumba, apartó la piedra como si hubiera sido un guijarro, y se sentó sobre ella. La luz del cielo rodeó la tumba y todo el cielo fue iluminado con la gloria de los ángeles. Entonces se oyó su voz: "Tu Padre te llama; sal fuera". Y Jesús salió de la tumba con el paso de un Conquistador poderoso. Se produjo entonces un estallido de triunfo, pues la familia celestial lo estaba esperando para recibirlo. Y aquel ángel poderoso, seguido por el ejército del cielo, se inclinó ante él para adorarlo mientras Jesús, como el Monarca del cielo, proclamaba sobre la tumba de José: "Yo soy la resurrección y la vida".
    Cuando Cristo en la cruz exclamó: "Consumado es", se produjo un terremoto que abrió las tumbas de muchos santos y fieles que habían dado testimonio en contra de toda obra malvada y habían enaltecido al Señor Dios de los ejércitos. Ahora, cuando el Dador de la vida salía del sepulcro proclamando: "Yo soy la resurrección y la vida", convocó a estos santos a salir de sus tumbas. Éstos, mientras vivieron, dieron un testimonio inquebrantable en favor de la verdad. Y ahora, nuevamente, habrían de ser testigos de Aquel que los había levantado de los muertos. El Señor dijo: Éstos ya no serán cautivos de Satanás. Los he redimido y los he sacado de la tumba como los primeros frutos de la manifestación de mi poder; para que estén donde yo estoy y para que nunca experimenten aflicción ni vean más muerte (Manuscrito 115, 1897).


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Jueves - Octubre 4

Año Bíblico - Isaías 58-60 y Filipenses 2

"¡HA RESUCITADO!"
"¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado, y resucite al tercer día" (Luc. 24: 5-7).

    Cuando pasó el sábado, María Magdalena, siendo muy de mañana, cuando el sol aún no había salido, se dirigió al sepulcro. Había otras mujeres con ella, pero María fue la primera en llegar al sepulcro. Ellas habían preparado especias para ungir el cuerpo del Señor. Pero las mujeres se aterrorizaron e inclinaron sus rostros pues casi no podían mantener fija la vista ante el espectáculo que ofrecían los seres celestiales. Los ángeles se vieron obligados a contener aún más la gloria que los rodeaba a fin de poder conversar con las mujeres. El grupo femenino temblaba de temor. Y entonces, el ángel les dijo: "No os asustéis; buscáis a Jesús nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí; mirad el lugar en donde le pusieron"...
    No hubo más llanto para María. Su corazón se llenó de gozo y regocijo... Mientras María estaba ausente, él [Cristo] se apareció a las mujeres que habían venido al sepulcro por otro camino... "Id pronto y decid a sus discípulos que ha resucitado de los muertos, y he aquí va delante de vosotros a Galilea; allí le veréis". Como aún Cristo no se había revelado a los once, las mujeres fueron a darles las maravillosas nuevas... De este modo, Cristo concertó un encuentro público con sus seguidores en Galilea. ¿Quién les recordó a las mujeres que fueron a buscar a Jesús a la tumba lo que el Salvador les había dicho anteriormente? Fue Cristo, quien había resucitado, como dijo que habría de hacer.
    Es en este contexto que Marcos ofrece una preciosa declaración que no debe ser pasada por alto. El ángel le dijo a la mujeres: "Id, decid a sus discípulos, y a Pedro, que él va delante de vosotros a Galilea". ¡Cuán reconfortante mensaje se puso en manos de aquellas damas para que le dieran a Pedro! La última mirada que Jesús cruzó con el apóstol fue poco después que el discípulo le había negado tres veces. Pero Jesús no olvidó a Pedro y esta referencia de su nombre indica que lo había perdonado...
    La instrucción maravillosa que Cristo había dado a sus discípulos nunca habría de perder su fuerza, pero debían recordar la lección que Cristo repetidamente les había dado mientras había estado con ellos. "Acordaos de lo que os habló, cuando aún estaba en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del Hombre sea entregado en manos de hombres pecadores, y que sea crucificado y resucite al tercer día". Y los discípulos se sorprendieron, porque antes no se les había ocurrido pensar de este modo (Manuscrito 115, 1897).


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Viernes - Octubre 5

Año Bíblico - Isaías 61-63 y Filipenses 3

EL TESTIMONIO DE LOS GUARDAS DE LA TUMBA
"Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos" (Mat. 28: 4).

    ¿Dónde estaban los guardias romanos? Se les había permitido contemplar al poderoso ángel que había entonado el cántico triunfal en ocasión del nacimiento de Cristo. Ahora los ángeles entonaban el cántico del amor redentor...
    Cuando el séquito celestial quedó oculto de su vista, [los guardias] se levantaron y tan prestamente como los podían llevar sus temblorosas piernas se encaminaron hacia la puerta del jardín. Tambaleándose como borrachos, con una palidez mortal en sus rostros, contaron las nuevas maravillosas a cuantos encontraban. Los mensajeros los precedieron y fueron a los sumos sacerdotes y dignatarios, informando lo mejor que pudieron lo que había ocurrido. Los guardias iban adonde estaba Pilato, pero las autoridades judías, y los sumos sacerdotes y príncipes ordenaron que fueran traídos primero a su presencia. Estos soldados ofrecían una extraña apariencia. Temblorosos de miedo, con los rostros pálidos, daban testimonio de la resurrección de Cristo y también de la multitud que traía consigo por ser Aquel que tiene el poder de dar vida...
    [Los guardias] no habían tenido tiempo para pensar ni para decir otra cosa que la verdad. Creyeron que su historia habría de ser valorada por aquellos hombres supuestamente justos que los habían empleado. Sin embargo, este informe no agradó a los gobernantes...
    Los soldados fueron sobornados para que informaran una falsedad y los sacerdotes les garantizaron que si este asunto llegaba a los oídos de Pilato, como seguramente ocurriría, ellos se harían responsables de las acciones de los soldados. Así, también compraron el silencio de Pilato. E hicieron algo más. Por medio de mensajeros especiales, enviaron el informe que habían preparado a cada rincón de la nación...
    Muchos llegaron a creer en Jesús cuando contemplaron las terribles escenas que ocurrieron. Recordaron la voz que se oyó al pie de la cruz en medio del ruido y la confusión: "Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios"... Todas las miradas se volvieron hacia el lugar de donde provino la voz. ¿Quién había hablado? Era el centurión y un grupo de soldados romanos, paganos e idólatras...
    ¿Qué iluminó y convenció a estos hombres que no debían abstenerse de confesar su fe en Jesús? Fue el sermón que fue pronunciado en cada acto de Cristo y en su silencio siendo sometido a crueles abusos... En aquel cuerpo lacerado, herido y quebrantado que pendía de la cruz, el centurión reconoció al Hijo de Dios (Manuscrito 115,1897).


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Sábado - Octubre 6

Año Bíblico - Isaías 64-66 y Filipenses 4

LOS PRIMEROS FRUTOS DE LA VICTORIA SOBRE
LA MUERTE
"Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos" (Mat. 27: 52, 53).

    Durante su ministerio Jesús devolvió la vida a los muertos. El Señor resucitó al hijo de la viuda de Naín, a la hija de Jairo y a Lázaro. Sin embargo, ninguno de ellos fue revestido de inmortalidad, porque después que resucitaron continuaron sujetos al deterioro y a la muerte. Pero quienes volvieron a la vida en ocasión de la resurrección ascendieron con él como trofeos de su victoria sobre la muerte y el sepulcro...
    Éstos fueron a la ciudad y se presentaron delante de muchos, diciendo: "Cristo ha resucitado de los muertos y nosotros fuimos levantados con él". Algunos se aterraron al verlos. Llevaban consigo la evidencia innegable no sólo de su propia resurrección, sino de la resurrección del Redentor crucificado. Luego de la resurrección, Cristo no se presentó ante nadie, excepto ante sus seguidores; pero el testimonio de su resurrección no se hizo esperar. Se produjo por varias fuentes, incluyendo a los quinientos que se reunieron en Galilea para ver a su Señor resucitado. Este testimonio no se extinguiría jamás. Los sagrados episodios de la resurrección del Señor habrían de ser inmortalizados.
    Aquellos que habían resucitado fueron presentados como trofeos ante las inteligencias celestiales; como anticipo de la resurrección de quienes reciben a Jesucristo y creen en él como su Salvador personal. Eran símbolos de la resurrección final de los justos. El mismo poder que levantó a Cristo de los muertos habría de levantar a la iglesia y presentarla con Cristo, como su novia, por encima de principados, de potestades, de todo nombre que se pronuncia, no sólo en este mundo, sino en los atrios celestiales, en el mundo superior...
    Cristo era las primicias de quienes descansaban. Esta misma escena, la resurrección de Cristo de los muertos, había sido observada en tipo por los judíos en una de sus festividades sagradas, conocida como la fiesta de los judíos. En esta ocasión y cuando las primicias se habían reunido, se subía al templo y se ofrecía una ceremonia de acción de gracias. En esa ocasión, la primicia de la cosecha se consagraba exclusivamente al Señor...
    Cuando Cristo ascendía y en el momento en que bendecía a sus discípulos, un ejército de ángeles lo arrebató en medio de una nube. Cristo llevó consigo como trofeo a una multitud de cautivos. El Señor habría de presentar delante del Padre las primicias de aquellos que descansaron, para presentarlas a Dios como una garantía de que es el Vencedor sobre la muerte y el sepulcro (Manuscrito 115, 1897).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez