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Domingo - Octubre 14

Año Bíblico - Jeremías 16-18 y 1 Tes. 2

LA PROMESA DEL DIVINO SALVADOR
"He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto" (Luc. 24:49).

    Después de magnificar la ley y engrandecerla, al aceptar sus condiciones para salvar a un mundo de la ruina, Cristo se apresuró a ir al cielo para perfeccionar su obra y cumplir su misión al enviar el Espíritu Santo a sus discípulos. De ese modo aseguró a sus creyentes que no los había olvidado, aunque se encontrara ahora en la presencia de Dios, donde hay plenitud de gozo para siempre.
    El Espíritu Santo debía descender sobre los que amaban a Cristo en este mundo. De ese modo los capacitaría, por medio de la glorificación de Aquel que era su cabeza, para recibir todo don necesario para el cumplimiento de su misión. El Dador de la vida poseía no sólo las llaves de la muerte, sino un cielo lleno de ricas bendiciones. Todo el poder del cielo y de la tierra estaba a su disposición, y al tomar su lugar en las cortes celestiales podía prodigar esas bendiciones a todos los que lo recibieran.
    Cristo dijo a sus discípulos: "Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuese, e¡ Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré". Este era el mayor de los dones. El Espíritu Santo descendió como el tesoro más precioso que el hombre podía obtener. La iglesia recibió el bautismo del poder del Espíritu. Los discípulos fueron preparados para salir y proclamar a Cristo primero en Jerusalén, donde se había llevado a cabo la vergonzosa obra de deshonrar al verdadero Rey, y a partir de allí debían ir hasta los confines de la tierra...
    El Padre dio todo el honor a su Hijo haciendo que se sentara a su diestra, muy por encima de todos los principados y autoridades. Expresó su gran gozo y deleite recibiendo al Crucificado y coronándolo con gloria y honra. Y Dios muestra a su pueblo todos los favores que ha prodigado a su Hijo al aceptar la gran expiación. Los que con amor han unido su empeño con Cristo, son aceptos en el Amado. Sufrieron con Cristo en su más profunda humillación, y la glorificación de él es de gran interés para ellos, porque son aceptos en él. Dios los ama como ama a su Hijo. Cristo, Emanuel, está entre Dios y el creyente revelando la gloria de Dios a sus elegidos y cubriendo sus defectos y transgresiones con las vestiduras de su propia justicia inmaculada...
    Si el pueblo de Dios se santifica por la obediencia a sus mandamientos, el Señor trabajará en medio de ellos. El Señor renovará su humildad y sus contritas almas y hará que sus caracteres sean puros y santos (Manuscrito 128, 1897).


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Lunes - Octubre 15

Año Bíblico - Jeremías 19-21 y 1 Tes. 3

DOS DISCÍPULOS QUE FUERON DE LA DESESPERACIÓN A LA ESPERANZA
"Y he aquí, dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. E iban hablando entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido" (Luc. 24:13,14).

    El primer día de la semana después de la crucifixión del Señor, los discípulos contaban con todos los elementos para que sus corazones se regocijaran. Pero este día no fue un día de gozo. Para algunos fue un día de incertidumbre, de confusión y de perplejidad... El grupo de mujeres trajo las noticias que... informaban que Cristo había resucitado de los muertos y que se lo había visto vivo en el huerto.
    Sin embargo, los discípulos no daban crédito a esta información. Sus esperanzas habían muerto con Cristo. Y cuando recibieron las nuevas de su resurrección, resultó algo tan diferente de lo que habían anticipado que no podían creerlas... A partir del testimonio de ciertos testigos oculares, los discípulos habían logrado armar una secuencia de los episodios del viernes. Hubo algunos que habían contemplado las escenas de la crucifixión. En la tarde del primer día de la semana, dos discípulos, preocupados y tristes, decidieron regresar a Emaús, una pequeña población a unos trece kilómetros de Jerusalén...
    No habían avanzado mucho en su viaje cuando se les unió un extraño. Estaban tan absortos en la oscuridad y la desilusión que los embargaba que no atinaron a observarlo detenidamente. Continuaron conversando y expresando los pesares de sus corazones... Jesús sabía que estaban aferrados a él con todo su amor y anhelaba tomarlos en sus brazos y enjugar sus lágrimas, renovando la alegría y el regocijo en sus corazones. Pero, antes debía darles una lección que no habrían de olvidar...
    Aquellos discípulos le dijeron cuán desilusionados estaban por la suerte de su Maestro y le narraron "cómo le entregaron los principales sacerdotes y nuestros gobernantes a sentencia de muerte, y le crucificaron". Con sus corazones heridos por la frustración y labios temblorosos, dijeron: "Nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel y ahora, además de todo esto, es ya el tercer día que todo esto ha acontecido"...
    ¿Por qué razón los discípulos olvidaron las palabras de Cristo y no comprendieron que los eventos habían acaecido como fueron predichos? ¿Por qué no comprendieron que la última parte de su revelación se habría de cumplir como la primera y que al tercer día resucitaría? Esto es lo que debían haber recordado. Sin embargo, los sacerdotes y los gobernantes no olvidaron este aspecto. "Al día siguiente, que es después de la preparación, se reunieron los principales sacerdotes y los fariseos, ante Pilato, diciendo: Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré" (Manuscrito 113, 1897).


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Martes  - Octubre 16

Año Bíblico - Jeremías 22-24 y 1 Tes. 4

LOS DISCÍPULOS ILUMINADOS
"Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían" (Luc. 24: 27).

    Los discípulos se preguntaban qué podia saber este extraño como para penetrar sus almas y hablarles con tanta seriedad, ternura, simpatía e infundirles esperanza. Por primera vez, desde el momento en que Cristo fuera traicionado en el jardín, comenzaban a sentirse esperanzados. Por momentos miraron a su Compañero y pensaron que sus palabras se asemejaban a las que Cristo les hubiera dicho. Estaban llenos de asombro y sus corazones comenzaron a latir de esperanza y regocijo.
    Comenzando por Moisés, el mismo Alfa de la historia que lo incluye, Cristo "les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían". Hay muchos que no toman en cuenta la historia del Antiguo Testamento. Defienden el concepto de que el Nuevo Testamento ha ocupado el lugar del Antiguo y que, por ende, el Antiguo Testamento ya no está vigente. Pero la primera obra de Cristo con sus discípulos fue comenzar desde el Alfa del Antiguo Testamento, a fin de probar que él vino a este mundo y pasó por toda la experiencia que tuvo lugar en la encarnación. El rechazo del Hijo de Dios fue previsto por los profetas...
    Cristo deseaba que las ideas de sus discípulos fueran puras y verdaderas en cada aspecto. Debían entender, en la medida de sus posibilidades, la copa de sufrimiento que se le había reservado. Les quería mostrar que un terrible conflicto que aún no podían entender --aunque debían hacerlo-- residía en el cumplimiento del pacto establecido desde antes de la fundación del mundo. Cristo debía morir como todo transgresor de la ley que continúa en pecado. Así debía suceder, pero no terminaría en derrota, sino en una victoria gloriosa y eterna...
    Cuando los discípulos estaban por entrar en casa, el extraño pareció querer continuar su viaje. Pero los discípulos se sentían atraídos a él. En su alma tenían hambre de oír más de él. "Quédate con nosotros", dijeron. Como no parecía aceptar la invitación, insistieron diciendo: "Se hace tarde, y el día ya ha declinado". Cristo accedió a este ruego y "entró pues a quedarse con ellos".
    Si los discípulos no hubieran insistido en su invitación, no habrían sabido que su compañero de viaje era el Señor resucitado. Cristo no impone nunca su compañía a nadie. Se interesa en aquellos que lo necesitan. Pero si los hombres son demasiado indiferentes para pensar en el Huésped celestial o pedirle que more con ellos, pasa de largo. Así muchos sufren grave pérdida. No conocen a Cristo más de lo que le conocieron los discípulos mientras andaban con él en el camino (Manuscrito 113, 1897).


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Miércoles - Octubre 17

Año Bíblico - Jeremías 25-27 y 1 Tes. 5

JESÚS SE REVELA A LOS DISCÍPULOS
"Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista" (Luc 24: 30, 31).

    Pronto estuvo preparada la sencilla cena de pan. Fue colocada delante del huésped, que había tomado su asiento a la cabecera de la mesa. Entonces alzó las manos para bendecir el alimento. Los discípulos retrocedieron asombrados. Su compañero extendía las manos exactamente como solía hacerlo su Maestro. Vuelven a mirar, y he aquí que ven en sus manos los rastros de los clavos. Ambos exclaman a la vez: ¡Es el Señor Jesús! ¡Ha resucitado de los muertos!
    Se levantan para echarse a sus pies y adorarle, pero ha desaparecido de su vista. Miran el lugar que ocupara Aquel cuyo cuerpo había estado últimamente en la tumba y se dicen uno al otro: "¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el camino, y cuando nos abría las Escrituras?"
    Pero teniendo esta gran nueva que comunicar, no pueden permanecer sentados conversando. Han desaparecido su cansancio y su hambre. Llenos de gozo vuelven a tomar la misma senda por la cual vinieron, apresurándose para ir a contar las nuevas a los discípulos que están en la ciudad. Si bien la luna se ha ocultado, el Sol de Justicia resplandece en ellos. Sus corazones saltan de gozo. Parecieran estar en un nuevo mundo. Cristo es el Salvador viviente. Ya no lloran su muerte, sino que se alegran por el Redentor que vive... Son portadores de la historia más maravillosa que se haya dado al mundo, un mensaje de buenas nuevas que la familia humana ha de tener por el tiempo y la eternidad. Cristo ha resucitado de los muertos...
    En algunos lugares, el camino no es seguro, pero trepan por los lugares escabrosos y resbalan por las rocas lisas. No ven ni saben que tienen la protección de Aquel que recorrió el camino con ellos. Con su bordón de peregrino en la mano, se apresuran deseando ir más ligero de lo que se atreven. Pierden la senda, pero la vuelven a hallar. A veces corriendo, a veces tropezando, siguen adelante, con su compañero invisible al lado de ellos todo el camino.
    Al llegar a Jerusalén van al aposento alto, donde Jesús había pasado las primeras horas de la última noche antes de su muerte dando instrucciones a los discípulos. Aunque era tarde, sabían que los discípulos no dormirían antes de saber con seguridad qué había sido del cuerpo de su Señor. Encontraron la puerta del aposento cerrada seguramente. Llamaron para que se los admitiera, pero sin recibir respuesta. Todo estaba en silencio. Entonces dieron sus nombres. La puerta se abrió cautelosamente; ellos entraron y la puerta se volvió a cerrar, para impedir la entrada de espías (Manuscrito 113, 1897).


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Jueves - Octubre 18

Año Bíblico - Jeremías 28-30 y 2 Tes. 1

"EL SEÑOR HA RESUCITADO"
"Entonces ellos contaban las cosas que les habían acontecido en el camino, y cómo le habían reconocido al partir el pan. Mientras ellos aún hablaban de estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros" ( Luc. 24: 35, 36).

    Los viajeros encontraron a todos sorprendidos y excitados. Las voces de los que estaban en la pieza estallaron en agradecimiento y alabanza diciendo: "Ha resucitado el Señor verdaderamente, y ha aparecido a Simón". Entonces los dos viajeros, jadeantes aún por la prisa con que habían realizado su viaje, contaron la historia maravillosa de cómo, mientras viajaban en medio del desaliento y la desesperación, se unió a ellos un extraño. Con una mezcla de sorpresa y esperanza narraron cómo les había explicado las Escrituras y acerca de la invitación que le hicieran a permanecer con ellos. Dieron detalles de la comida que habían preparado y cuando aquél huésped extendió sus manos para partir el pan, entonces lo reconocieron...
    Apenas acabado su relato, y mientras algunos decían que no lo podían creer porque era demasiado bueno para ser verdad, vieron a otra persona delante de ellos. Todos los ojos se fijaron en el extraño. Nadie había llamado para pedir entrada. Ninguna pisada se había dejado oír. Los discípulos, sorprendidos, se preguntaron lo que esto significaba. Oyeron entonces una voz que no era otra que la de su Maestro. Claras fueron las palabras de sus labios: "Paz a vosotros".
    "Y cuando les hubo dicho esto --dice Juan--, los discípulos se regocijaron viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros; como me envió el Padre, así también yo os envío. Y habiendo dicho esto sopló y les dijo: Recibid el Espíritu Santo"...
    Nadie debiera aventurarse con arrogancia en la obra de Dios. Los hombres y las mujeres no debieran avanzar a menos que el Espíritu Santo se manifieste en ellos. Sólo bajo la orientación del Espíritu Santo los seguidores de Cristo trabajarán como lo hizo el Señor.
    Aquella noche, Cristo les mostró a sus discípulos sus manos y sus pies, para que ninguna duda hubiera en sus mentes de que él era el Cristo. "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo... Estas son las palabras que os hablé, estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos. Entonces les abrió el entendimiento para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día" (Manuscrito 113, 1897).


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Viernes - Octubre 19

Año Bíblico - Jeremías 31-33 y 2 Tes. 2

JESÚS ABRIÓ EL ENTENDIMIENTO DE SUS SEGUIDORES
"Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras" (Luc. 24: 45).

    Los dichos de Cristo debieran ser valorados no sólo en armonía con la medida de comprensión de los oyentes; también se los debiera considerar en el marco de la importancia que Cristo les adjudicaba. Él tomó antiguas verdades, de las que fue el originador y las expuso a sus oyentes bajo una luz celestial. Cuán diferente era su representación. ¡Qué derroche de significado, de brillo, de espiritualidad brotaban de sus explicaciones!
    Después de la resurrección, Cristo abrió el entendimiento de sus seguidores para que pudieran comprender las Escrituras. Todo había sido transformado por obra de Satanás. La verdad yacía oculta bajo la basura del error e invisible a los ojos finitos. Cuando Cristo se refirió a su humillación, rechazo, y crucifixión, los discípulos no pudieron entender su significado. Parte de su formación había sido esperar que Cristo estableciera un reino temporal y cuando él les habló de sus padecimientos, no pudieron entender sus palabras. El Señor reprochó la lentitud de su aprendizaje y les prometió que cuando llegara el Consolador, él les recordaría todas las cosas.
    Jesús tenía muchas verdades que impartir a sus discípulos que aún no les podía revelar, pues no habían avanzado con la luz que había resplandecido en las leyes levíticas y las ofrendas sacrificiales. Ellos no habían abrazado la luz, ni avanzado con la luz, ni seguido adelante hacia una luz mayor, a medida que la Providencia los guiaba.
    Y por esta misma razón los discípulos de Cristo hoy no comprenden aspectos importantes de la verdad. Es que la comprensión ha estado tan embotada, incluso la de quienes enseñan la verdad a otros, que muchas cosas no se abrirán ante ellos hasta que lleguen al cielo. Esto no debiera ser así. Pero sus mentes se han estrechado, aunque ellos creen que lo saben todo y establecen un criterio tras otro sobre aspectos de la verdad de los que sólo tienen una vislumbre. La gente ha cerrado sus mentes como si ya no hubiera nada más que aprender y aunque el Señor quiera conducirlos no pueden avanzar bajo la nueva luz. Se aferraron al lugar donde vislumbraron una luz que sólo era un eslabón de la cadena viviente de verdades y promesas que se deben estudiar...
    El desarrollo de la verdad será el premio de aquel que con corazón humilde y con temor de Dios busque al Señor y camine con él. La mente que tome la verdad con firmeza ha de expandirse constantemente hacia nuevos horizontes... Y a medida que la mente se aferré a la verdad en toda su hermosura ha de ser elevada, ennoblecida y santificada (Manuscrito 143, 1897).


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Sábado - Octubre 20

Año Bíblico - Jeremías 34-36 y 2 Tes. 3

CUANDO EL ESPÍRITU SANTO VIENE COMO CONSOLADOR
"Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí" (Juan 15:26).

    No es justo que dediquemos tiempo, cerebro, hueso y músculo a colectar las cosas de la tierra y dejar fuera las de la eternidad; más bien debiéramos reunir gavillas para el granero del Señor... Dios desea que nos expandamos para crecer, como la simiente que se planta en el suelo, primero el brote, luego la espiga, y después el grano lleno en la espiga...
    Hay quienes se han preguntado, ¿qué debo hacer para recibir el Espíritu Santo? Pídele a Dios que examine tu alma como bajo la luz de un candil. No hagas nada por satisfacción egoísta... Supongamos que los profesos seguidores de Cristo son sus representantes en la tierra, ¿acaso no verían esto los mundanos y tomarían conocimiento de lo que habrían aprendido de Jesús? ¿No sería esto un poder? Queremos la religión de Cristo. Pero ella debe manifestar los frutos del amor, el gozo y la paz. El deseo del Maestro no es proporcionar un suministro escaso, sino llevar fruto en abundancia.
    Juan 15:17-21 se refiere a la oposición entre Cristo y el mundo y la consecuente persecución sobre Cristo y sus seguidores... Queremos conocer a Cristo quien sabe bien lo que es la vida eterna. En Juan 15 él se refiere a pruebas y conflictos. Se pregunta si podrá soportar el conflicto; luego señala a las realidades eternas y nos muestra que se han enviado miles de ángeles para ministrar en favor de quienes son herederos de la salvación. Aunque nos muestra los ejércitos que se han formado en su contra, también nos dice que no debemos desanimarnos, pues el Capitán de las huestes del cielo está con nosotros así como estuvo con el pueblo de Dios en los tiempos de Josué... Lo que deseamos saber es cómo pelear la batalla. La victoria no está en el ministro ni en el laico, sino en el Capitán de las huestes que libran la batalla por nosotros...
    No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra autoridades, contra los gobernantes de las tinieblas en las regiones celestes, y el Señor es con nosotros.
    No debemos considerar que la capacidad de hombres o mujeres traerá el éxito. Las personas pueden haber alcanzado todo lo que un ser humano pueda llegar a saber y, con todo, estar solos; porque sin Cristo no son nada. ¿Caminar humildemente delante del Señor? ¿Has acariciado algún pecado interior o tienes algún resentimiento contra alguien? ¿Estás buscando a Dios de todo corazón? Podemos separarnos de todo, menos del Espíritu de Dios. Deseamos la inspiración de la cruz, que nos hará caer indefensos, y el Señor nos levantará (Manuscrito 27, 1891).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez