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Domingo - Octubre 21

Año Bíblico - Salmos 123-126

LA PROMESA DEL ESPÍRITU: "RECIBIRÉIS PODER"
"Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría, y hasta lo último de la tierra" (Hech. 1:8).

    Después de su resurrección, Cristo ascendió hasta su lugar de honor asignado. Y fue entronizado ante el universo celestial y los mundos que no habían caído. Él deseaba impresionar las mentes de los creyentes con la gloriosa recepción hecha a su Hijo en el hogar que antes había dejado. Por nuestro bien llegó a ser pobre, para que por su pobreza pudiéramos ser enriquecidos...
    Mientras Cristo ascendía, sus manos estaban extendidas bendiciendo a sus discípulos. Mientras ellos permanecían en pie, aferrándose para tomar hasta el último detalle de su enaltecido Señor, Jesús fue recibido por una multitud de seres celestiales en alegres rangos de querubines y serafines. Y, mientras lo escoltaban hasta el hogar celestial, entonaban un cántico triunfal: "Reinos de la tierra, cantad a Dios, cantad al Señor; al que cabalga sobre los cielos".
    Cristo decidió entregar un obsequio a quienes habían estado con él y a los que creían en él, pues era la ocasión de su ascensión e inauguración, un momento de júbilo celestial. ¿Qué don suficientemente rico podría Cristo ofrecer para señalar su ascenso al trono de la mediación? Debía ser algo digno de su grandeza y jerarquía real. Cristo, entonces, ofreció a su representante, la tercera persona de la Divinidad, el Espíritu Santo. Y este don no podía ser superado...
    En el día de Pentecostés, Cristo dio a sus discípulos el Espíritu Santo para que fuera el Consolador de ellos. Siempre moraría con su iglesia. En el transcurso de todo el sistema judío, la influencia del Espíritu Santo con frecuencia se reveló de una manera marcada, pero no en toda su plenitud. El Espíritu había estado esperando la crucifixión, la resurrección y la ascensión del Señor Jesucristo. A lo largo de las edades se habían ofrecido muchas oraciones por el cumplimiento de la promesa, por la impartición del Espíritu y ninguna de estas fervientes súplicas había sido olvidada. Ahora, por diez días los discípulos enviaron sus peticiones y Cristo en el cielo añadió su mediación. Reclamó el don del Espíritu Santo para derramarlo sobre su pueblo... Y habiendo llegado hasta su trono les dio el Espíritu Santo, como lo había prometido, el cual como arrollador y poderoso viento, cayó sobre los que estaban reunidos y llenó por completo el recinto. Se presentó con plenitud y poder, como si hubiera estado retenido por años, pero recién ahora se lo derramaba sobre la iglesia para ser difundido al mundo. ¿Qué siguió a este derramamiento? Miles se convirtieron en un día (Manuscrito 44, 1898).


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Lunes - Octubre 22

Año Bíblico - Jeremías 37-39 y 1 Timoteo 1

EL PODER QUE CONMOVIÓ AL MUNDO
"Mas esto es lo dicho por el profeta Joel: Y en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños" (Hech. 2:16,17).

    Después del derramamiento del Espíritu Santo, los discípulos, revestidos de la panoplia divina, salieron como testigos, a contar la maravillosa historia del pesebre y la cruz. Eran hombres humildes, pero salieron con la verdad. Después de la muerte de su Señor eran un grupo desvalido, chasqueado y desanimado, como ovejas sin pastor; pero ahora salen como testigos de la verdad, sin otras armas que la Palabra y el Espíritu de Dios, para triunfar sobre toda oposición... Fueron transformados en carácter y unidos en los lazos del amor cristiano. Aunque carecían de riquezas, aunque eran reputados por el mundo como meros pescadores ignorantes, fueron hechos, por el Espíritu Santo, testigos de Cristo. Sin honores ni reconocimiento terrenal, eran los héroes de la fe. De sus labios salieron palabras de divina elocuencia y poder que conmovieron al mundo.
    El tercero, cuarto y quinto capítulos de Hechos presentan un relato de su testimonio. Aquellos que habían rechazado y crucificado al Salvador esperaban hallar a sus discípulos desanimados, cabizbajos, y listos para repudiar a su Señor. Con pavor escucharon el claro y valeroso testimonio dado bajo el poder del Espíritu Santo. Las palabras y obras de los discípulos representaban las palabras y obras de su Maestro; y todos los que los oían decían: Han aprendido de Jesús, hablan como él habló. "Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resurrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos".
    Los príncipes de los sacerdotes y gobernantes se creyeron competentes para decidir lo que los apóstoles debían hacer y enseñar. Al ir predicando a Jesús por doquiera, los hombres eran manejados por el Espíritu Santo e hicieron muchas cosas que los judíos no aprobaban. Había peligro de que las ideas y las doctrinas de los rabinos cayeran en desprestigio.
    Los apóstoles estaban creando una maravillosa excitación. El pueblo traía a las calles a sus enfermos y a los que eran molestados por espíritus inmundos; las multitudes se reunían en torno de ellos, y los que habían sido sanados pregonaban las alabanzas de Dios y glorificaban el nombre de Jesús, el mismo a quien los judíos habían condenado, escarnecido, escupido, coronado de espinas, y al cual habían azotado y crucificado. Este Jesús era exaltado por encima de los sacerdotes y los príncipes. Los apóstoles aun declaraban que había resucitado de los muertos. Los gobernantes judíos decidieron que esta obra debía ser detenida, porque demostraba que ellos eran culpables de la sangre de Jesús (Carta 38, 1896).


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Martes  - Octubre 23

Año Bíblico - Jeremías 40-42 y 1 Timoteo  2

LA OPOSICIÓN DE LOS LÍDERES RELIGIOSOS
"Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde" (Hech. 4:1-3).

    Las aseveraciones hechas por los apóstoles de que habían visto a Jesús después de su resurrección y que él había ascendido al cielo, estaban destruyendo los principios fundamentales de la doctrina de los saduceos. Esto no debía permitirse. Los sacerdotes y los príncipes se llenaron de indignación y echaron mano de los apóstoles, y los pusieron en la cárcel común. Los discípulos no se sintieron intimidados o abatidos. Recordaron las palabras que Cristo les había dado en las últimas lecciones: "El que tiene mis mandamientos, y los guarda, aquel es el que me ama; y el que me ama, será amado de mi Padre y yo le amaré, y me manifestaré a él".
    "Mas el ángel del Señor, abriendo de noche las puertas de la cárcel, y sacándolos, dijo: Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida". Vemos aquí que los hombres que tienen autoridad no siempre han de ser obedecidos, aun cuando profesen ser maestros de la doctrina bíblica. Hay muchas personas hoy en día que se sienten indignadas y agraviadas de que alguna voz se levante para presentar ideas que difieran de las suyas con respecto a puntos definidos de creencias religiosas. ¿No han defendido ellos por mucho tiempo sus ideas como la verdad? Así, los sacerdotes y rabinos razonaban en los días apostólicos: ¿Qué quieren decir estos hombres que no tienen educación, algunos de ellos meros pescadores, que presentan ideas contrarias a las doctrinas que los sabios sacerdotes y príncipes enseñan al pueblo? No tienen derecho a entrometerse en los principios fundamentales de nuestra fe.
    Pero vemos que el Dios del cielo a veces comisiona a los hombres a enseñar aquello que es considerado como contrario a las doctrinas establecidas. Debido a que los que una vez eran los depositarios de la verdad se manifestaron infieles a su sagrado cometido, el Señor escogió a otros que habían de recibir los brillantes rayos del Sol de Justicia, y que defenderían verdades que no concordaban con las ideas de los dirigentes religiosos. Y entonces estos conductores, en la ceguera de sus mentes, dan pleno curso a lo que se cree una indignación justa contra los que han puesto a un lado fábulas acariciadas.
    Pero el Espíritu Santo, de tiempo en tiempo, revelará la verdad por medio de sus propios agentes escogidos; y ningún hombre, ni siquiera un sacerdote o príncipe, tiene el derecho de decir: Ud. no dará publicidad a sus opiniones, porque yo no creo en ellas. Ese maravilloso "yo" puede intentar derribar la enseñanza del Espíritu Santo (Carta 38, 1896).


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Miércoles - Octubre 24

Año Bíblico - Jeremías 43-45 y 1 Timoteo 3

"ES NECESARIO OBEDECER A DIOS ANTES QUE A LOS HOMBRES"
"Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres" (Hech. 5: 29).

    En la mayor parte de las controversias religiosas el fundamento del problema es que el yo lucha por la supremacía. ¿Sobre qué se discute? Sobre asuntos que no son en absoluto puntos vitales, y que se consideran como tales sólo porque los hombres les han dado importancia. (Véase Mat. 12: 31-37; Mar. 14: 56; Luc. 5:21; Mat. 9:3.)
    Pero sigamos la historia de los hombres a quienes los sacerdotes y los príncipes creyeron tan peligrosos, porque presentaban una enseñanza nueva y extraña sobre casi cada tema teológico. La orden dada por el Espíritu: "Id, y estando en el templo, hablad al pueblo todas las palabras de esta vida", fue obedecida por los apóstoles.
    Si los sacerdotes y los príncipes se hubieran atrevido a realizar sus propios sentimientos hacia los apóstoles, habría un relato diferente, pues el ángel del Señor vigilaba en esta ocasión para magnificar el nombre de Cristo si se hubiera recurrido a alguna violencia hacia sus siervos.
    "Y como los trajeron, los presentaron en el concilio: y el príncipe de los sacerdotes les preguntó, diciendo: ¿No os denunciamos estrechamente, que no enseñaseis en este nombre?... Y respondiendo Pedro y los apóstoles dijeron: Es menester obedecer a Dios antes que a los hombres...Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. Ellos, oyendo esto, regañaban, y consultaban matarlos".
    Entonces el Espíritu Santo se posesionó de Gamaliel, un fariseo, "doctor de la ley, venerable a todo el pueblo". Su consejo fue: "Dejaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecerá; mas si es de Dios, no la podréis deshacer; no seáis tal vez hallados resistiendo a Dios. Y convinieron con él.
    Sin embargo, los atributos de Satanás dominaron de tal suerte sus mentes que, a pesar de los maravillosos milagros que se habían obrado en la curación de los enfermos y en la liberación de los siervos de Dios de la cárcel, los sacerdotes y gobernantes estaban tan llenos de prejuicio y de odio que difícilmente podían refrenarse. "Y llamando a los apóstoles, después de azotados, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad. Y ellos partieron de la presencia del concilio, gozosos de que fuesen tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre. Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar a Jesucristo" (Carta 38, 1896).


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Jueves - Octubre 25

Año Bíblico - Jeremías 46-48 y 1 Timoteo 4

ES PELIGROSO RECHAZAR EL ARREPENTIMIENTO
"Mas si es de Dios, no la podréis destruir, no seáis tal vez hallados luchando contra Dios" (Hech. 5: 39).

    Podemos ver qué evidencias fueron dadas a los sacerdotes y a los príncipes, y cuán firmemente resistieron al Espíritu de Dios. Los que pretenden poseer sabiduría y piedad superiores pueden cometer los más terribles y fatales errores (para ellos mismos) si permiten que su mente sea amoldada por otro poder, y siguen una conducta de resistencia al Espíritu Santo. El Señor Jesús, representado por el Espíritu Santo, se hallaba en aquella asamblea, pero no discernieron su presencia. Por un momento habían sentido la convicción obrada por el Espíritu, de que Jesús era el Hijo de Dios; pero sofocaron la convicción, y se cegaron y endurecieron más que antes. Aun después de haber crucificado al Salvador, Dios en su misericordia les había enviado evidencia adicional... Les estaba enviando otra invitación al arrepentimiento, aun en la terrible acusación que trajeron contra ellos los apóstoles, es a saber, que habían muerto al Príncipe de la vida.
    No era solamente el pecado de entregar a la muerte al Hijo de Dios lo que los separaba de la salvación, sino su persistencia en rechazar la luz y la convicción del Espíritu Santo. El espíritu que obra en los hijos de desobediencia obró en ellos, induciéndolos a cometer abusos con los hombres por cuyo intermedio Dios estaba presentándoles un testimonio. La malignidad de la rebelión reapareció, y fue intensificada en cada hecho sucesivo de resistencia contra los siervos de Dios y el mensaje que él les había dado para que declararan.
    Todo hecho de resistencia hace más difícil rendirse. Siendo los dirigentes del pueblo, los sacerdotes y príncipes, creyeron que les incumbía defender la conducta que habían seguido. Debían probar que estaban en lo cierto. Habiendo manifestado ellos mismos su oposición a Cristo, todo hecho de resistencia llegó a ser un incentivo adicional para persistir en la misma senda. Los acontecimientos de su carrera pasada de oposición son como preciosos tesoros que deben ser celosamente guardados. Y el odio y la malignidad que inspiraron aquellos actos se concentró en los apóstoles.
    El Espíritu de Dios manifestó su presencia a aquellos que, al margen del temor o el favor de los hombres, declaraban la verdad que les había sido encomendada. Bajo la demostración del poder del Espíritu Santo, los Judíos vieron su culpa al rechazar la evidencia que Dios les había enviado; pero no quisieron ceder en su malvada resistencia. Su obstinación se hizo más y más determinada, y obró la ruina de sus almas. No era que no podían ceder, pues podían hacerlo; sin embargo no quisieron. No se trataba sólo de que habían sido culpables y merecían ser objetos de la ira, sino que se armaron de los atributos de Satanás, y determinadamente continuaron oponiéndose a Dios. Día tras día, al rehusar arrepentirse, renovaban su rebelión (Carta 38, 1896).


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Viernes - Octubre 26

Año Bíblico - Jeremías 49-50 y 1 Timoteo 5

EN NUESTRO TIEMPO EL ESPÍRITU SANTO VENDRÁ OTRA VEZ
"Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía" (Sant. 5: 7).

    Se nos ha enseñado que debemos esperar a un ángel que descenderá del cielo, y que la tierra será iluminada con su gloria. Entonces contemplaremos la cosecha de creyentes semejante a la que hubo en Pentecostés. Este poderoso ángel no viene con un mensaje delicado, sino con palabras calculadas para agitar lo más profundo de los corazones de los hombres y mujeres... Como agentes humanos, ¿estamos dispuestos a cooperar con los instrumentos divinos designados para proclamar el mensaje de este poderoso ángel que ilumina la tierra con su gloria?
    Muy grande y extenso será el poder del príncipe del mal que sólo podrá ser dominado por el grandioso poder del Espíritu. La deslealtad a Dios y la transgresión se han diseminado por doquiera en nuestro mundo. Los que habrán de mantenerse obedientes a Dios y activos en su servicio estarán en la mira de todo armamento del infierno. Si aquellos que han tenido gran luz no corresponden con fe y obediencia, pronto se contaminarán con la apostasía que prevalece por todas partes, porque es otro el espíritu que los controla. Si bien han sido exaltados en oportunidades y privilegios, se encuentran en peores condiciones que los más celosos abogados del error...
    Otros que no han tenido gran luz y que jamás se han identificado con la verdad, bajo la influencia del Espíritu Santo, responderán a la luz que resplandezca sobre ellos. Esa misma verdad que ha perdido su poder para los que la han despreciado por mucho tiempo resultará hermosa y atractiva para quienes estén listos para andar en la luz...
    En medio de la confusión de las doctrinas engañosas, el Espíritu de Dios será una guía y un escudo para quienes se han resistido a las evidencias de la verdad...No tenemos tiempo para invertir en carne y sangre. El poder de Satanás, que pareciera estar en ventaja, busca convertir todas las cosas en el mundo a sus propósitos e imbuir con su espíritu y naturaleza a todos los seres humanos. El conflicto será terrible... La confederación de los agentes satánicos, unidos con personas malvadas, serán instrumentos de injusticia que se arrojarán con toda su fuerza al campo de batalla donde el mal confronta al bien...
    Cuando el Espíritu se derrame de lo alto, la iglesia se inundará de luz y Cristo ha de ser la fuente de esa luz. Su nombre ha de estar en toda lengua y su amor en cada corazón. Así será cuando el ángel que descienda del cielo con gran poder ilumine a toda la tierra con su gloria (Carta 25b 1892).


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Sábado - Octubre 27

Año Bíblico - Jeremías 51-52 y 1 Timoteo 6

ESTEBAN, EL PRIMER MÁRTIR CRISTIANO
"Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo" (Hech. 7:57, 58).

    Esteban fue el primer mártir cristiano... Los enemigos de Dios y de la verdad se muestran agitados por el odio y la oposición. Satanás los ha impulsado a resistir la verdad. Esteban habría de enfrentarse a los argumentos más arteros y las argucias más engañosas destinadas a derribar sus argumentos. Si Esteban no hubiera investigado en las Escrituras y se hubiese fortalecido con la evidencia de la Palabra de Dios, no habría podido soportar la prueba; pero él conocía los fundamentos de su fe y fue firme y estuvo preparado para responder a sus oponentes.
    Esteban emergió victorioso. Habló con una convicción, una sabiduría y un poder que asombraron y confundieron a los enemigos de la verdad. Cuando notaron que se encontraban derrotados en cada uno de sus intentos, entonces se inclinaron por destruirlo. Si estos hombres que profesaban ser honestos y sabios hubieran estado buscando la verdad, habrían admitido que estaban ante una evidencia irrefutable... Pero, este no era el propósito de ellos. Odiaban a Cristo, odiaban a sus seguidores; por ende, lapidaron a Esteban (Manuscrito 17, 1885).
    Esteban, un varón amado por Dios que se desempeñaba en la labor de ganar almas para Cristo, perdió su vida porque se atrevió a ofrecer un testimonio triunfante de su Salvador crucificado y resucitado. Las Escrituras lo señalan como un hombre de fe y poder, que realizó maravillas y milagros en medio de la gente.... Pero el espíritu que se había manifestado en abierta oposición al Redentor del mundo aún trabajaba en medio de los hijos de la desobediencia. El odio que los enemigos de la verdad habían manifestado contra el Hijo de Dios, lo manifestaban hacia sus seguidores. Ni siquiera podían escuchar de Aquel a quien habían crucificado, y el hecho de que Esteban se atreviera a dar un testimonio tan valiente, los llenaba de ira...
    En la luz que vieron reflejada en el rostro de Esteban, los hombres de autoridad tuvieron una señal de Dios. Pero despreciaron dicha evidencia. ¡Oh, si la hubieran atendido! ¡Oh, si se hubiesen arrepentido! Pero no lo hicieron y el reproche divino brotó de los labios de su fiel testigo: "¡Duros de cerviz e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo. Como vuestros padres, así también vosotros"...
    He aquí dos ejércitos en conflicto. El ejército del cielo y el ejército de los falsos religiosos celotas. ¿De qué lado se alistaría este grupo? Era posible todavía que se arrepintieran y fueran perdonados de la terrible maldad que hicieron contra Cristo en la persona de su santo varón (Manuscrito 11, 1900).


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WebSiervo: Christian Gutiérrez