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Preparación de El Deseado de todas la gentes (1)

Por Arturo L. White

 

Este libro es aclamado por muchos como la producción literaria cumbre de Elena G. de White, por su estilo, lenguaje y poder espiritual. Ella misma presentó las razones de esto en 1895: ”Ustedes saben que mi gran tema, en el púlpito y en privado, con mi voz y mi pluma, es la vida de Cristo” (Carta 41, 1895).

El esfuerzo continuo para lograr la excelencia en la palabra hablada y en la escrita al tratar los temas sublimes de la vida y ministerio de nuestro Salvador, dio como resultado esta obra sublime.

El trabajo diligente en el manuscrito de El Deseado de todas las gentes duró unos seis años (1892-1897). Se publicó después de El conflicto de los siglos (1888) y Patriarcas y profetas (1890)pero sólo cuando la autora se mudó a Australia tuvo suficiente tiempo para culminar este largo y acariciado proyecto de El Deseado de todas las gentes, y también pudo producir El discurso maestro de Jesucristo y Palabras de vida del gran Maestro.

La preparación de El Deseado no requirió nuevos manuscritos, sino el trabajo de reunir, ampliar y completar lo que ya estaba en The Spirit of Prophecy y en artículos, manuscritos y cartas. Habría sido un desperdicio imperdonable de materiales ignorar los extensos escritos de Elena G. de White, publicados hasta ese momento, sobre la vida y ministerio de Jesús.

Pero sus muchas responsabilidades: viajes, reuniones y las muchas horas dedicadas a dar consejos, y su incesante escribir, le dejaban muy poco tiempo para compilar y arreglar los materiales existentes y dar forma a una obra completa sobre la vida de Cristo. Esta era una tarea mayormente secretarial que otro podía hacer. Tal responsabilidad le fue confiada a Marian Davis, quien desde 1879 había sido una de sus asistentes. La Srta. Davis era dedicada y eficiente. La Sra. White escribió de ella en 1900: “Ella recopila mis libros… ¿Cómo lo hace?... Ella lo hace así: toma mis artículos que son publicados en los periódicos, y los pega sobre hojas. Tiene también una copia de todas las cartas que escribo. Cuando prepara un capítulo de un libro, Marian recuerda que he escrito algo sobre ese asunto especial, que le da más fuerza. Comienza a buscarlo, y cuando lo encuentra, si ve que añade más claridad, lo agrega.

”Los libros no los produce Marian, sino yo; pero ella los recopila de mis escritos. Marian tiene mucho de donde sacar, y su habilidad para arreglar el material es de gran valor para mí. Me ahorra tener que examinar un montón de material, para lo cual no tengo tiempo” (Carta 61a, 1900).

Después de seleccionar y organizar el material escogido de artículos ya publicados, y de agregar las selecciones de manuscritos inéditos, la autora y la Srta. Davis estudiaban diligentemente para ver si el material escrito cubría el tema, y cuánto deseaba agregar la escritora.

Entonces, a medida que avanzaba el trabajo, haciendo ambas su parte, la Srta. Davis buscaba material adicional en los escritos y la Hna. White completaba lo que faltaba. En esta forma se terminaban los capítulos. Pero la Hna. White sola era la que realizaba la tarea de finalizar el texto. Ella lo mención en 1904, cuando murió su secretaria y rememoró sus labores conjuntas: “Estuvimos hombro a hombro en el trabajo, y en perfecta armonía en la obra. Y cuando ella (Marian) descubría la falta de esos puntos y signos necesarios que se habían deslizado en libros y papeles, me los presentaba. “Bueno – decía-, aquí hay algo que debe hacerse, y yo no puedo suplirlo.”

Yo lo examinaba, y en un momento podía arreglar todo. Trabajamos unidas, en perfecta armonía todo el tiempo” (MS, 95, 1904).

La Srta. Davis nos da una vislumbre de su trabajo de seleccionar los materiales apropiados para que pudieran estar rápidamente a la mano: “Quizá usted pueda imaginarse las dificultades al intentar reunir puntos relacionados con un determinado tema, cuando tienen que ser recolectados de treinta álbumes de recortes y cincuenta manuscritos que cubren miles de páginas” (Guillermo C. White, marzo 29, 1893).

Algún tiempo antes la Sra. White se dio cuenta de que la Srta. Davis necesitaba ser un poco menos dependiente en ciertas fases del trabajo. Parece que ésta quería que la Sra. White y Guillermo, su hijo, vieran “cada pequeño cambio de una palabra” que hubiera hecho. Su mente - dijo la Sra. White - está en todo punto y conexión.”  Así que habló con Marian y le explicó: “Debe [usted] arreglar muchas cosas por su cuenta;… debe hacerse cargo de esas cosas que pertenecen a su parte en el trabajo” (Carta 64a, 1889).

Un curso sobre la vida de Cristo

En 1893 la nueva escuela de Biblia, que se hallaba cerca del hogar de Belden, Australia, en donde se alojaba la Srta. Davis, ofreció un curso sobre la vida de Cristo. Esta se inscribió inmediatamente, pues anhelaba conseguir toda la preparación que pudiera para su trabajo en el manuscrito sobre la vida de Cristo, escrito por la Sra. White.

Escribió a ésta, quien estaba pasando casi todo el año en Nueva Zelanda: “La clase de Biblia será a media mañana, algo no conveniente; pero como se estudia la vida de Cristo no puedo dejar de asistir. - Y agregaba -: Es lo único que he llevado en mi corazón, y despierta la mente de uno el oír hablar sobre el tema” (Marian Davis a Elena G. de White, octubre 18, 1893).

El intercambio de correspondencia en ese año mostró la preocupación de ambas, a medida que avanzaban en la preparación del manuscrito. En julio la Sra. White escribió: “Escribo algo cada día sobre la vida de Cristo” (Carta 132, 1893).

En los primeros días de agosto Marian Davis escribió a su amiga: “Ahora, en relación con el libro, estoy tan contenta que haya escrito en cuanto a viajes a Galilea. Temía que no los mencionara… Esperaré con gran interés la llegada del manuscrito prometido… ¡Hay un campo tan rico en las enseñanzas de Jesús después de que salió de Jerusalén!” (Agosto 2, 1893)

Poco tiempo antes, impulsada quizá por la clase mencionada, Marian le sugirió algunos tópicos que pensaba que le gustaría ver en el libro. La Sra. White no vio tal necesidad, y declaró: “No las incorporaré sin que el Espíritu del Señor me lo indique. La construcción de una torre, la guerra de los gobernantes, estas cosas no impresionan mi alma, sino los temas de la vida de Cristo: su carácter, que representa al Padre; las parábolas, esenciales para que todos entendamos y practiquemos las lecciones que contienen; en esto me extenderé (Carta131, 1893).

Cuando la Hna. White regresó de Nueva Zelanda a su hogar en Australia, se refirió a la preparación del libro en una carta dirigida al presidente de la Asociación General. Se lamentaba: “Si yo pudiera solamente sentir que doy toda mi atención al trabajo” Y ahora pienso, como lo he hecho cientos de veces, que podré, después de que cierre este correo [americano], reanudar la vida de Cristo y continuar, si el Señor lo permite” (Carta 55, 1894).

Pero quizá la preocupaba más la importancia de una presentación adecuada de la vida y ministerio de Cristo. Cuando reinició su trabajo en el manuscrito inmediatamente después de regresar a Australia, escribió: “Esta semana he podido comenzar a escribir sobre la vida de Cristo. ¡Oh, cuán ineficiente, cuán incapaz soy de expresar las cosas que arden en mi alma relacionadas, con la misión de Cristo! He intentado, con dificultad, iniciar el trabajo. Es algo muy grande. ¿Y qué diré o qué dejaré de decir? Permanezco despierta de noche rogando al Señor para que el Espíritu Santo descienda sobre mí y permanezca sobre mí.”

Y continuó exponiendo los sentimientos de su corazón: “Camino temblorosa delante del Señor. No sé cómo hablar o trazar con la pluma los inmensos temas de su sacrificio expiatorio. No sé cómo presentar los temas con el poder viviente con que me son presentados. Tiemblo de temor, no sea que empequeñezca el gran plan de salvación con mis palabras comunes. Mi alma se inclina con temor y reverencia delante del Señor, y digo: “Para estas cosas, ¿Quién es suficiente?” “ (Carta 40, 1892).

Meses después, en una carta escrita al director del colegio de Battle Creek, ella hizo una declaración que no agradó a otros, pero que expresa sus sentimientos: “Ahora tengo que dejar este asunto tan imperfectamente presentado, que temo que usted interpretará mal mis intensos deseos de hacerlo sencillo. ¡Oh, que Dios avive el entendimiento, porque yo soy una escritora deficiente y no puedo expresar con la pluma o con la voz los misterios grandes y profundos de Dios!” (Carta 67, 1894).

A medida que se organizaban los materiales en capítulos, debía prestarse esmerada atención al orden de los sucesos en la vida del Salvador. Desconocemos hasta qué punto y detalles las visiones proveyeron la secuencia del ministerio y los milagros de Cristo. Sabemos, en cambio, que una década antes ella había hecho un pedido significativo: “Dígale a Mary que me consiga algunas historias de la Biblia que me den el orden de los eventos” (Carta 38, 1885). Y lo hizo porque no pudo hallar nada en la biblioteca pública de Basilea, Suiza.

Marian tenía una gran cantidad de material sobre una fase u otra de la vida de Cristo, y su mayor trabajo era organizarlo en el mejororden. Los relatos no sincrónicos de los Evangelios no la ayudaban mucho en esto; y a falta de instrucciones directas de la Hna. White u orientación con los materiales mismos, la Srta. Davis consultó cuidadosamente los paralelismos en la narración de los Evangelios.

Marian estaba ocupada con tres capítulos introductorios “Dios con nosotros”, “El pueblo elegido” y “El cumplimiento del tiempo” cuando la obra llegaba a su fin; entonces buscó el consejo del pastor Herbert Camden Lacey, maestro de Biblia en el Colegio de Avondale, en lo que se refería a la organización de los capítulos. Él le hizo algunas sugestiones valiosas que, cuando fueron conocidas, hicieron correr el rumor de que él era coautor del libro. El pastor Lacey negó rotundamente, verbalmente y por escrito, este rumor. Una de sus explicaciones escritas, dice: “ La Srta. Marian Davis, a quien fue confiado el trabajo editorial de El Deseado de todas las gentes, en 1895 y 1896 con frecuencia me pidió ayuda para ordenar el material de varios manuscritos que había recibido de la Hna. White. La Hna. Davis era una buena amiga, y yo hice lo mejor que pude para ayudarla, especialmente en el primer capítulo. Que yo recuerde, esta ayuda se limitó sólo a la secuencia de los párrafos y las oraciones, o a escoger una palabra más apropiada. Nunca hubo alteración alguna del pensamiento o la inserción de una idea que no estuviera en el texto original. La “copia” final era presentada a la Hna. White para su final aprobación.

“Sostengo pues que, en su totalidad, El Deseado de todas las gentes, como está ahora impreso, es el producto de la mente y el corazón de la Hna. White, guiada por el buen Espíritu de Dios. Y el trabajo “editorial” fue solamente técnico.

“Con gozo y de todo corazón acepto El Deseado de todas las gentes como un libro inspirado; en verdad lo conceptúo como la vida de Cristo más espiritual, fuera de los Evangelios, que alguna vez él le haya dado a su iglesia” (H. C. Lacey a S. Kaplan, julio 24, 1936).

Títulos de libros y capítulos

E. G. de White no escogió el título de sus libros, excepto, posiblemente, los de la Serie Conflicto y los Testimonios. Esto generalmente lo hacia ella en colaboración con sus ayudantes y los impresores. Estos últimos específicamente sugirieron para un libro de la Serie Conflicto dos posibles títulos: El Deseado de todas las naciones El Deseado de todas las gentes, ambos basados en Hageo 2: 7; y además, El Deseado de todas las naciones vendrá. Finalmente quedó el título actual.

En cuanto a los capítulos, los títulos iban apareciendo a medida que se preparaban. La narración sugería algunos, pero había paralelismos con títulos de otros autores. El título debía, pues, basarse en el contenido y el interés para el lector.

Al avanzar en la preparación de El Deseado de todas las gentes, la autora sabía la ayuda que podan prestarle ciertos escritores en cuanto a la vida de Cristo y a la geografía y las costumbres bíblicas. Las obras ya mencionadas: Life of Christde William Hanna, publicada en 1876, y Life and Work of Christde Cunningham Geikie, las tenía en su biblioteca, y sin duda tenía otras obras de otros autores. En varias ocasiones Elena G. de White y su hijo Guillermo demostraron su conocimiento de tales obras. Un ejemplo: cuando ella salió de Oakland, California, para Battle Creek, Michigan, aparentemente anticipándose a la terminación de The Spirit of Prophecyvolumen 2 y a la continuación del volumen 3, seleccionó unos libros para ella. Desde el tren ella escribió una nota a alguien en su hogar: “Usted no necesita enviarme Walks and Homes of Jesus (de Daniel March) cuando me despache los libros que aparté” (Carta 27a, 1876).

Mientras Guillermo C. White se encontraba en Europa, en 1887, recomendó a la casa publicadora de allí que compraran Life of Christ,de William Hanna, Hours With the Biblede Cunningham Geikie, Life of Our Lordde S. J. Andrews, y las obras relativas al templo, a sus servicios y a la vida social de los judíos, de Alfred Edersheim. También aconsejó que se adquiriera una buena armonía de paralelismos de los Evangelios.

Todos estos libros sobre la vida de Jesús eran bien conocidos en los círculos adventistas.

 

Artículo del suplemento de la Revista Adventista de enero de 1982. Pacific Press Publishing Association, 1350 Villa Street, Mountain View, California (USA)
 


Pronto las otras partes.

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