En la creación visible, la sabiduría divina se manifiesta
en una infinita variedad de procesos. La uniformidad no es la regla que
se sigue en el reino de la naturaleza, ni es tampoco la regla que se sigue
en el reino de la gracia. Dios obra de diferentes maneras para lograr un
propósito: La salvación de la almas. El misericordioso Redentor
emplea distintos métodos para tratar con diferentes mentes. La transformación
del corazón se consigue mediante uno u otro proceso. . .
No todos son guiados al Señor precisamente de la misma manera.
Los seres humanos no deben definir arbitraria y estrechamente las características
de la obra que Dios realiza en las mentes. Alguien puede lograr con facilidad
fortaleza y discernimiento espiritual, mientras otro tiene que luchar "con
una espina en la carne" (2 Cor. 12: 7), y en ciertos momentos está
listo, aparentemente, para lanzarse al precipicio. Pero, ¿quién
puede decir que Dios no sigue amando y teniendo en cuenta como su hijo
al que está tan terriblemente acosado y que su mano no se sigue
extendiendo para salvarlo?
El Pastor celestial sabe donde encontrar los corderos que están
descarriados. El los traerá al redil. Invita a pastores y laicos
a que asuman su responsabilidad y que se unan con él en esta obra.
Es deber especial de los cristianos buscar y salvar a los perdidos. Los
pastores y los laicos tienen que animar y ayudar a los que, cuando están
sumamente acosados por la tentación, no saben qué camino
tomar. Hermano mío: Por la gracia de Dios usted puede llegar a ser
capaz de traer de nuevo al redil a los que andan errantes.
Como en los días de Elías, cuando Dios tenía
siete mil que no habían doblado sus rodillas ante Baal, hoy tiene
muchos en el mundo que están caminando de acuerdo con la luz que
han recibido. Tiene en reserva un firmamento de escogidos que todavía
resplandecerán en medio de la oscuridad. En los lugares donde solamente
se podría esperar que hubiera cardos y espinas, aparecerán
árboles cargados de frutos de justicia. En tales lugares habrá
quienes rindan frutos más dulces al Señor que los que viven
en lugares más favorecidos. Esparcirán a su alrededor la
fragancia de su gracia a medida que florezcan en los lugares menos promisorios
(Carta 39, del 28 de febrero de 1903, dirigida J. Wessells). 68
El Señor no acepta el servicio de los que viven una vida ineficaz,
que no hacen nada. Ejercen una influencia que aleja de Cristo. La abnegación
y la nobleza de propósito caracterizaron la vida del Maestro. Desde
el comienzo hasta el fin de su ministerio terrenal anduvo haciendo el bien.
En su vida no se manifestó el pecado. El egoísmo no mancilló
palabra o acto suyo. "¿Quién de vosotros me redarguye de
pecado?" (Juan 8: 46) preguntó a los fariseos, sabiendo que no encontrarían
nada de que acusarlo. Y durante su juicio, Pilato declaró enfáticamente:
"Yo no hallo en él ningún delito" (Juan 18: 38).
Cristo afirma que así como él vivió, nosotros
tenemos que vivir también. "Si alguno quiere venir en pos de mí
-dijo-: niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame"
(Mar. 8: 34). Sus huellas conducen a la senda del sacrificio.
En el transcurso de nuestra vida se nos presentan muchas oportunidades
de servir. Alrededor de nosotros hay puertas abiertas que conducen al servicio.
Mediante el uso correcto del talento del habla podemos hacer mucho para
el Maestro. Las palabras ejercen una influencia benéfica cuando
están contrapesadas por la ternura y la simpatía de Cristo.
El dinero, la influencia, el tacto, el tiempo y la energía, son
talentos que se nos han confiado a fin de que seamos más útiles
para los que nos rodean, y para que honremos más a nuestro Creador.
Muchos creen que sería un privilegio visitar los lugares
donde Cristo vivió en la tierra, caminar por donde él anduvo,
contemplar el lago desde donde le gustaba enseñar, y los valles
y colinas que tan frecuentemente contempló; pero no necesitamos
ir a Palestina para seguir las huellas de Jesús. Las vamos a encontrar
junto al lecho del enfermo, en los tugurios de los pobres, en las atestadas
callejuelas de la gran ciudad, y en todo lugar donde haya corazones humanos
que necesitan consuelo.
Todos pueden encontrar algo que hacer. "Porque a los pobres siempre
los tendréis con vosotros" (Juan 12: 8), dice Jesús, y nadie
necesita creer que no hay lugar donde no se pueda trabajar para él.
. . La regla de vida de Cristo, que ha de servir de norma en el juicio
para todos es: "Todas las cosas que queráis que los hombres hagan
con vosotros, así también haced vosotros con ellos" (Mat.
7: 12) (Review and Herald, 29 de febrero de 1912). 69
Cada cual busque al Señor por sí mismo. La eternidad
está delante de nosotros. No puede permitirse dejar pasar un día
más sin ponerse del lado del Señor. ¿No hará
la parte que Dios le ha asignado para los momentos finales de la historia
de esta tierra?
Es imposible dar una idea de la experiencia del pueblo de Dios que
estará vivo en la tierra cuando se unan las angustias del pasado
con la gloria celestial. Caminarán en medio de la luz que procede
del trono de Dios. Por medio de los ángeles habrá comunicación
constante entre el cielo y la tierra. Y Satanás, rodeado de ángeles
malos, pretenderá ser Dios, obrará toda clase de milagros
para engañar si fuera posible aun a los escogidos. El pueblo de
Dios no encontrará seguridad en los milagros, porque Satanás
puede falsificar cualquier milagro que se logre hacer. El probado pueblo
de Dios encontrará su seguridad y su poder en la señal mencionada
en Éxodo 31: 12-18. Deben ponerse de parte de la Palabra de vida,
es a saber, de un "Escrito está". Es el único fundamento
sobre el cual puede estar seguro. Los que hayan violado su pacto con el
Señor se encontrarán en aquel día sin esperanza y
sin Dios en el mundo.
Los adoradores de Dios se distinguirán especialmente por
su observancia del cuarto mandamiento, puesto que ésta es la señal
de su poder creador y el testimonio de su derecho a recibir la reverencia
y el homenaje de los hombres. Los malvados se distinguirán por sus
esfuerzos para derribar este monumento del Creador, para exaltar el día
instituido por Roma. Cuando el conflicto culmine, la cristiandad estará
dividida en dos grandes clases: los que guardan los mandamientos de Dios
y tienen la fe de Jesús, y los que adoran a la bestia y a su imagen,
y reciben su marca. . .
El pueblo de Dios tendrá que enfrentar tremendas pruebas.
El espíritu de la guerra está conmoviendo las naciones de
un extremo al otro de la tierra. Pero en el medio del tiempo de angustia
que está por venir, un tiempo de angustia que no tendrá paralelo
desde que existe nación, el pueblo de Dios permanecerá inconmovible.
Satanás y sus ángeles no lo podrán destruir, porque
ángeles sumamente fuertes los protegerán (Carta 119, del
1 de marzo de 1904, dirigida a J. J. Wessells). 70
Hijos míos: Velen en oración, y sean cada vez más
cuidadosos con respecto a sus palabras y su conducta. "Velad y orad para
que no entréis en tentación". Es poco prudente concederle
al enemigo la más mínima ventaja. Hijo mío: Sé
caballeroso, y tu influencia sobre tus colaboradores será mayor.
Nunca hables imprudentemente. El respeto propio debe impedirte caer en
el enojo. Si nos respetamos a nosotros mismos al llevar el yugo de Cristo,
decuplicaremos nuestra influencia.
La naturaleza humana seguirá siendo la misma, pero puede
ser elevada y ennoblecida mediante su unión con la naturaleza divina.
Al participar de la naturaleza divina los hombres y mujeres escapan a la
corrupción que está en el mundo debido a la concupiscencia.
La verdad debe ser practicada para que sea un poder en el mundo.
Cuando la verdad mora en el corazón, la experiencia diaria es una
revelación del poder dominante de la gracia de Cristo. Nunca mantengan
la verdad en el atrio exterior. El Espíritu Santo debe estamparla
en el alma. . .
Reverencien a Dios y a su posición adquirida. Cuiden sus
modales, porque son representantes de Cristo. Controlen diligentemente
sus palabras y trabajen con fervor para que los pecadores se convenzan
y se conviertan. Mantengan el corazón en comunión con Dios
por medio de la oración. Cuando se les dirijan palabras duras, que
no se ajusten a la verdad, no pierdan el dominio propio. Recuerden que
"la blanda respuesta quita la ira" (Prov. 15: 1), que el que se domina
a sí mismo es mayor que el que toma una ciudad.
El verdadero cristiano es caballero. Los que están llenos
de amor propio piensan que tienen el privilegio de decir algunas cosas
que mejor sería no mencionar. Menos palabras y acciones más
amables les ayudarían a ejercer una influencia mejor. Dios afirma:
"Porque por tus palabras serás condenado" (Mat. 12: 37). Todas nuestras
palabras y acciones, buenas y malas, son examinadas por Dios. ¡Qué
solemne pensamiento! La Palabra de Dios nos pide que no nos provoquemos
a ira los unos a los otros. Pero hay una provocación que se justifica.
Pablo escribe:. . . "Y considerémonos unos a otros para estimularnos
al amor y a las buenas obras" (Heb. 10: 24) (Carta 38, del 2 de marzo de
1903, dirigida a Edson y Emma White).71
Ni siquiera podemos producir nosotros mismos nuestra fe; "es un don
de Dios". La totalidad de nuestra salvación proviene del don de
nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡Cuánto me alegro!
Proviene de una fuente de la que no podemos dudar. El es "el autor", pero,
¿se detiene allí? "El es el autor y consumador de nuestra
fe" (Heb. 12: 2). ¡Gracias a Dios! Nos ayuda a cada paso del camino
que tenemos que recorrer, si estamos dispuestos a salvarnos de acuerdo
con el plan señalado por Cristo, mediante la obediencia a sus requerimientos.
"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros,
pues es don de Dios". "Ocupaos en vuestra salvación con temor
y temblor" (Fil. 2: 12). ¿Qué significa esto? ¿Es
una contradicción? Veamos qué dice al final: "Ocupaos en
vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en
vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad"
(Fil. 2: 12, 13). ¡Alabado sea Dios! Ahora bien, ¿quién
podría desanimarse? ¿Quién podría desmayar?
No se nos ha encargado a nosotros, frágiles y débiles mortales
que obremos nuestra salvación de acuerdo con nuestros propios planes.
Es Cristo quien obra en ustedes. Y éste es el privilegio de cada
hijo e hija de Adán. Pero debemos trabajar; no debemos estar ociosos.
Hemos sido puestos en este mundo para trabajar. No estamos aquí
para cruzarnos de brazos. (Manuscrito 18, del 4 de marzo de 1894, "Colaboradores
de Dios").
Cristo enseñó la verdad porque él era la verdad.
Su propio pensamiento, su carácter, la experiencia de su vida estaban
implícitos en su enseñanza. Lo mismo debe ocurrir con sus
siervos. Los que quieran enseñar la Palabra deberían apropiarse
de ella mediante su experiencia personal. Deben saber lo que significa
que Cristo les sea hecho sabiduría, justificación, santificación
y redención. Al presentar la Palabra de Dios a otros no debieran
hacerlo como si se tratara de suposiciones o posibilidades. Debieran decir
con el apóstol Pedro: "Porque no os hemos dado a conocer el poder
y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas
artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad"
(2 Ped. 1:16 ) (Carta 86, del 4 de marzo de 1907, dirigida a "Nuestras
iglesias en las grandes ciudades"). 73
Sin la completa purificación de la vida, sin mansedumbre y
humildad intelectual, los profesos seguidores de Cristo no pueden honrarlo
ante el mundo. Si la gracia de Cristo no se manifiesta en sus vidas, nunca
podrán ser admitidos en las mansiones celestiales que él
ha ido a preparar para los que lo aman. . .
Hay entre los miembros de nuestra iglesia algunos que, mientras
profesan andar en los caminos del Señor, están incorporando
a su profesión de fe los procedimientos y hábitos de un yo
no convertido, y en consecuencia están corrompiendo sus caracteres.
Tanta cosa frívola se introduce en la vida del hogar y de la iglesia
que se agravia al Espíritu de Cristo. Hay familias enteras entre
nosotros que, a menos que despierten de su somnolencia y su indiferencia,
se perderán, porque no se están convirtiendo cada día.
No entienden la ciencia divina de la verdadera santidad, y por lo tanto
no son vasos que el Maestro pueda usar. Han permitido que Satanás
tenga el gobierno y el control de sus palabras y acciones, y no se dan
cuenta de cuánto daño han hecho a las almas debido a su exaltación
propia. Han herido el corazón de Cristo al dañar a los que
han sido comprados con su sangre. Se me ha ordenado decir a estos inconversos
presuntos creyentes: "Cavad profundamente y poned un sólido fundamento
sobre la Roca que es Cristo Jesús. No basta que habléis de
la vida superior". . .
La futura vida eterna de cada persona depende no de las palabras,
no de la profesión de fe, sino de las obras llevadas a cabo con
mucho fervor. Necesitamos hacer un esfuerzo decidido para guardar con toda
diligencia nuestro corazón, mientras miramos a Jesús, el
Autor y Consumador de nuestra fe. Necesitamos vigilar nuestra lengua incontrolada.
Necesitamos estar atentos para descubrir las oportunidades de hacer el
bien, como lo hizo Jesús. Ministros del Evangelio: Predicad a Cristo.
Incorporad su gracia celestial a vuestras vidas y pensamientos. Sed veraces,
y manteneos bajo la disciplina de la Palabra de Dios. Debemos ser salvos
de acuerdo con el método señalado por Dios. Debemos confiar
en su consejo, y unirnos con él para hacer sus obras. El corazón
arrepentido siempre es sensible. Enseñad a cada persona que pretende
ser un hijo de Dios, que el carácter bien edificado siempre está
de acuerdo con el modelo divino (Carta 80, del 5 de marzo de 1907, dirigida
a los miembros de las iglesias de Australia). 74
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