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Domingo 7 de marzo
ABRAMOS LAS VENTANAS DEL ALMA
Buscad a Jehová y su poder; buscad su rostro continuamente.
1 Crón. 16: 11.
Ahora, justamente ahora tenemos la oportunidad de abrir las ventanas
del alma hacia el cielo y cerrar las ventanas que están orientadas
hacia la tierra. Ahora es el momento cuando cada miembro de iglesia debe
decir: "Cerraré mi corazón a todo lo que estorbe mi comunión
con Cristo, y abriré hacia el cielo las ventanas de mi alma para
comprender las cosas espirituales".
Los creyentes necesitan hablar con Dios con respecto a su necesidad
individual del Espíritu Santo. La Palabra de Dios debe ser
su seguridad. Todo el cielo nos está invitando a recibir en nuestras
vidas los brillantes rayos del sol de justicia. Si hablamos de fe, esperanza
y valor, nuestras almas se fortalecerán, y aumentarán nuestra
esperanza, nuestro valor y nuestra fe. Busquemos el gran don del Sol de
Justicia, para que por medio de nosotros pueda resplandecer sobre los demás.
Busquemos al Señor para aprender a hacer sus obras en el mundo.
Esto hará de nosotros prósperos misioneros, capaces de ayudar
a otros a lograr una experiencia llena de esperanza y valor.
Al servir al Maestro no pasemos por alto las cosas pequeñas.
Cada ser humano tiene que bordar en la trama de la vida, y si al final
completa y perfecciona el modelo que se le ha dado, cada hebra debe ser
trabajada cuidadosa y fielmente. La gracia de Cristo nos capacitará
para bordar bien y diestramente. Cada día debemos hacer esfuerzos
diligentes para mejorar. Cada día debemos emplear nuestra inteligencia
cristiana para fortalecer al débil y animar al desalentado. Cada
alma tendrá que pasar por una gran prueba. Entonces, ¿no
trabajaremos, velaremos, oraremos y alabaremos al Señor? Gracias
a esto nuestra experiencia será sumamente preciosa. Muchos creyentes
han sufrido una gran pérdida porque no han buscado fervientemente
al Señor con una fe que no puede ser negada.
Las palabras pronunciadas y las tareas realizadas en forma sencilla,
humilde y valerosa infundirán fe en otros corazones. El Señor
viene pronto, y el corazón natural se debe convertir cada día.
Debemos aprender a hablar con la mansedumbre de Cristo; nuestras obras
y nuestro espíritu deben dar testimonio de que estamos sirviendo
al Señor (Carta 54, del 7 de marzo de 1909, dirigida al pastor S.
N. Haskell, presidente de una asociación). 76
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Lunes 8 de marzo
LO QUE HACE EL AMOR
Alabaré a Jehová en mi vida; cantaré salmos
a mi Dios mientras viva. Sal. 146: 2.
Por medio siglo he sido mensajera del Señor, y mientras viva continuaré
comunicando el mensaje que Dios me da para su pueblo. No me adjudico gloria
alguna. En mi juventud el Señor me hizo su mensajera, para transmitir
a su pueblo testimonios de estímulo, amonestación y reprensión.
Por sesenta años he estado en comunicación con mensajeros
celestiales, y he estado aprendiendo constantemente con respecto a las
cosas divinas y al modo como Dios obra continuamente para atraer a las
almas del error de sus caminos a la luz de Dios.
Amo a Dios. Amo a Jesucristo, el Hijo de Dios, y siento un profundo
interés por cada ser humano que se presenta como un hijo de Dios.
Estoy decidida a ser una fiel mayordoma mientras Dios me dé vida.
No fallaré ni me desanimaré.
Pero por meses mi alma ha pasado por intensa agonía debido a
los que han aceptado los sofismas de Satanás [las enseñanzas
panteístas; véase Testimonies, tomo 8, págs. 255-304],
y las están comunicando a otras personas, haciendo toda clase de
interpretaciones a fin de destruir la confianza en el mensaje evangélico
para esta última generación, y en la obra especial que Dios
me ha confiado. Sé que el Señor me ha dado esta obra, y no
tengo por qué pedir disculpas por lo que he hecho. En mi experiencia
constantemente estoy recibiendo evidencias del milagroso poder sustentador
de Dios que se manifiesta sobre mi cuerpo y mi alma, que he dedicado al
Señor. No me pertenezco, he sido comprada por precio, y tengo tanta
seguridad de que el Señor obra en mi favor, que no puedo hacer otra
cosa sino confesar la abundancia de su gracia. Amo al Señor; amo
a mi Salvador, y mi vida está totalmente en las manos de Dios. Mientras
me sostenga, daré un decidido testimonio.
¿Por qué tendría que quejarme? En muchas ocasiones
el Señor me ha levantado de la enfermedad, me ha sostenido tan maravillosamente
que nunca podría dudar. Tengo tantas evidencias inequívocas
de sus bendiciones especiales, que no podría dudar jamás.
Me da facilidad de palabra para presentar su verdad ante un gran número
de personas (Carta 86, del 8 de marzo de 1906, dirigida al pastor G. I.
Butler, presidente de la Unión del Sur). 77
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Martes 9 de marzo
SIGAMOS LAS PAUTAS
Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como
está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Juan 6: 31.
La educación de los israelitas incluía todos sus hábitos
de vida. Todo lo concerniente a su bienestar era objeto de la solicitud
divina y estaba comprendido por la ley de Dios. Debido a que Dios quería
hacer de ellos sus representantes, les proporcionó un estatuto especial.
Se les dieron cuidadosas restricciones relativas a su régimen alimentario.
El consumo de carne fue casi totalmente prohibido. El pueblo tenía
que ser santo, y el Señor sabía que el consumo de carne impediría
su progreso espiritual. Mediante un milagro misericordioso los alimentó
con pan del cielo. El alimento que se les proveyó era de tal naturaleza
que promovía la fuerza, tanto física, como mental y moral,
y . . . la sabiduría de la elección divina de sus alimentos
fue justificada de tal manera que no la pudieron contradecir. A pesar de
las dificultades de la vida en el desierto, no hubo ni un solo débil
en todas sus tribus.
Si se hubiera dado a los israelitas el régimen alimentario al
cual estaban acostumbrados en Egipto, habrían manifestado el mismo
espíritu rebelde que vemos en el mundo en la actualidad. En el régimen
alimentario de los seres humanos de esta época hay muchas cosas
que el Señor no habría permitido que comieran los hijos de
Israel. La familia humana de la actualidad es una ilustración de
lo que hubieran sido los hijos de Israel si Dios les hubiese permitido
comer los alimentos de los egipcios, y seguir sus hábitos y costumbres.
La historia de la vida de Israel en el desierto fue registrada en beneficio
del Israel de Dios hasta la consumación de los siglos.
El relato de la forma como trató Dios a los peregrinos mientras
iban de un lugar a otro, mientras pasaban hambre, sufrían sed y
cansancio, y en las sorprendentes manifestaciones de su poder para auxiliarlos,
está lleno de amonestaciones para su pueblo de la actualidad. Los
diversos incidentes por los que pasaron los hebreos constituyeron una escuela
donde se prepararon para actuar en su prometido hogar de Canaán.
Dios quiere que su pueblo repase ahora, con corazón humilde y espíritu
abierto, las pruebas por las cuales pasó el antiguo Israel, a fin
de que pueda recibir instrucción y prepararse para la Canaán
celestial (Carta 44, del 9 de marzo de 1903, dirigida al pastor J. A. Burden,
gerente del Sanatorio de Sydney). 78
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Miércoles 10 de marzo
LA NORMA DE LA JUSTICIA
Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro
Señor Jesucristo. . . os haga aptos en toda obra buena para que
hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable
delante de él por Jesucristo. Heb. 13: 2.
Cuando se reúnan próximamente para adorar y buscar al Señor,
su única meta debiera ser honrar a Aquel cuyos requerimientos son
equidad y justicia. Su voluntad, manifestada en su Palabra, debe ser cumplida
al pie de la letra. La norma de la justicia, revelada en las vidas de su
pueblo, debe destacarlos. Debemos mantener la mira puesta en la gloria
de Dios, y tratar siempre de ser cristianos en el más amplio sentido
de la palabra.
Estas palabras fueron pronunciadas por nuestro instructor: "Tienen
que someterse a la dirección de Dios. Aprendan a concordar los unos
con los otros. Ámense como hermanos, sean compasivos, sean corteses.
Los mandamientos de Dios son justicia y equidad. Todos sus obreros deben
ser honrados como colaboradores de Dios.
"Los diversos intereses de la obra deben ser atendidos con cuidado.
De ahora en adelante las responsabilidades aumentarán rápidamente.
La voluntad de Dios: La perfecta norma de la justicia, tendrá que
manifestarse en la obra de ustedes. Comulguen a menudo cada día
con Dios, y escuchen la voz que dice: 'Estad quietos, y conoced que
yo soy Dios' (Sal. 46: 10). A medida que las responsabilidades aumenten
debido al progreso del mensaje, las tentaciones también aumentarán.
Cuando el volumen de la tarea que hay que realizar ejerza presión
sobre el alma, humillen sus corazones delante del Señor. Hagan fielmente
su parte en la obra, y permanezcan fieles a su responsabilidad individual
ante Dios. El no hace acepción de personas. El que obra justicia,
es justo.
"No murmuren, no se aflijan, no codicien, no discutan -sigue diciendo
nuestro instructor-. Cuando estén afligidos, busquen al gran Médico.
Necesitan regocijarse y humillarse delante del Señor. Al manifestar
un espíritu egoísta, los hombres se vuelven estrechos de
mente y miopes, y no pueden descubrir la relación que existe entre
la causa y el efecto. La Palabra de Señor debe guiarlos en todas
las cosas. 'Mas Jehová está en su santo templo; calle delante
de él toda la tierra' (Heb. 2: 20)". . .
El Señor invita ahora a los hombres elegidos para hacer su obra
a fin de que se mantengan firmes, como un solo hombre, para el progreso
de la causa de Cristo (Carta 112, del 10 de marzo de 1907, dirigida a los
directores del Sanatorio de Nashville y de la Unión del Sur). 79
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Jueves 11 de marzo
LA SIMPATÍA DEL CRISTIANO
Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra,
prefiriéndoos los unos a los otros. Rom. 12: 10.
No podemos ser nosotros mismos la pauta a la que se tienen que amoldar
los demás. Manifestaremos una ternura de corazón y un entusiasmo
que brota del alma al promover la felicidad de todos aquellos con quienes
nos relacionamos. Debemos eliminar el yo de nuestros planes y sentir la
responsabilidad personal de actuar como Cristo lo haría en circunstancias
similares a las nuestras. Entonces impresionaremos las mentes de los demás
de tal modo que Dios sea glorificado.
Como seguidores de Cristo debemos tratar de causar las más favorables
impresiones sobre las mentes de todos los que se relacionan con nosotros
acerca de la religión que profesamos, y de inspirarles nobles pensamientos.
Nuestra influencia, en algunos casos, los beneficiará no sólo
ahora, sino por toda la eternidad.
Si queremos enseñar a los demás, nosotros mismos deberíamos
aprender cada día las lecciones de Cristo. Hay quienes no comprenden
la santidad de la obra de Dios. Los menos capaces, los jóvenes más
alocados e indolentes, requieren especialmente nuestra consideración
y nuestras oraciones. Necesitamos sabiduría especial para saber
cómo ayudar a los que parecen descuidados y desconsiderados. David
dice: "Tu benignidad me ha engrandecido" (2 Sam. 22: 36; Sal. 18: 35).
Al dedicarnos a ayudar a los demás, podemos ganar preciosas
victorias. Debemos consagrarnos con celo infatigable, con ardiente fidelidad,
con abnegación y con paciencia a la obra de estimular a los que
necesitan desarrollar su carácter. Las palabras amables y animadoras
harán maravillas. Hay muchos que, si se hacen en su favor
esfuerzos constantes y entusiastas, sin censuras ni continuas reprimendas,
se manifestarán susceptibles de mejorar. . .
Debemos colaborar con el Señor Jesús en la restauración
de los ineficientes y equivocados, para que adquieran inteligencia y sagrada
pureza. Hemos sido llamados por Dios para manifestar un interés
incansable y paciente por la salvación de los que necesitan que
el Señor los pula. . .
Dios no negará sabiduría a los que la busquen. Le da
gracia a alguno, para que a su vez la imparta a alguna otra alma necesitada
(Carta 94, del 11 de marzo de 1905, dirigida a la Hna. Josefina Gotzian,
una viuda adventista dedicada a la filantropía). 80
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Viernes 12 de marzo
PIEDAD PERSONAL PRACTICA
Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis
cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles
las riquezas de la gloria de su herencia en los santos. Efe. 1:18.
Reciba tanta luz el ojo del entendimiento de ustedes, que les toque
el corazón, y que el templo del alma se llene de tal manera de misericordia
divina y compasión por las almas que perecen y que nunca han escuchado
el mensaje, que ustedes se sientan impulsados a realizar esfuerzos prácticos
en favor de ellas. Si tenemos los ojos tan abiertos a las necesidades de
los campos necesitados que nos rodean, nos sentiremos inclinados a dominar
nuestras necesidades imaginarias. Nuestra obra misionera debiera ser mucho
más amplia. Debe practicarse la abnegación y el sacrificio
como no se lo ha hecho todavía.
Al trabajar activamente para suplir las necesidades de la causa de
Dios, ponemos nuestras almas en contacto con la Fuente de todo poder. Pero
nadie albergue la idea que los que han aceptado la verdad estarán
más empeñados en impartir que en recibir. Los gastos espirituales
de ustedes no deben superar las entradas. Una cosa es esencial para la
otra. Si descuidamos la primera, también descuidaremos la segunda.
Los siervos de Dios más activos e interesantes de toda época
han sido los que han tenido una piedad práctica más viva.
Sus necesidades espirituales fueron satisfechas por la Fuente inagotable
de poder para que pudieran impartirla a los demás. Cuando tengamos
la mira puesta en la gloria de Dios, cultivaremos la piedad personal.
Existe el peligro de que nuestra actividad religiosa pierda en profundidad
lo que gana en superficialidad. Existe el peligro de que nuestros obreros
dependan de instrumentos humanos, de equipos y de grandes preparativos
para la obra y pierdan la firmeza de su fe en Dios, de manera que hagan
un gran despliegue de prosperidad, mientras descuidan la obra que hay que
hacer en el corazón. La filantropía, por mucho que se la
practique, no puede ocupar el lugar de la piedad personal. Hay peligros
por todos lados, y necesitamos depender constantemente de Dios, para que
su Espíritu Santo purifique nuestros corazones, los dote de abnegación
y los disponga a escuchar rápidamente las órdenes que proceden
de lo alto. . .
No hay nada insignificante en la obra de Dios, y la fidelidad con que
se la hace, más que la cantidad hecha, determina la recompensa de
cada cual (Manuscrito 25, del 12 de marzo de 1899, "Lealtad en la obra
de Dios"). 81
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Sábado 13 de marzo
ALUMBREMOS LA SENDA
Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis
irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación
maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares
en el mundo. Fil. 2: 14, 15.
Los cristianos deben impartir luz, sosteniendo la Palabra de vida. El apóstol
los exhorta a alcanzar los más elevados niveles de piedad. El mundo
no se convencerá por lo que enseña el púlpito, sino
por lo que vive la iglesia. La senda que conduce al cielo es sombría
o luminosa en la misma proporción como la iglesia difunde la luz,
ya sea en forma brillante y definida, o ya sea en forma dubitativa y espasmódica.
El predicador desde el púlpito presenta la teoría del Evangelio,
pero la piedad práctica de la iglesia pone en evidencia el poder
de la verdad, revela su verdadero valor.
El Evangelio es un sistema de verdades prácticas destinado a
obrar grandes cambios en el carácter de los seres humanos. Si no
obra una transformación en la vida, las costumbres y los métodos,
no es la verdad para los que pretenden creer en ella. El hombre debe ser
santificado por la verdad. Dice Jesús: "Tu Palabra es verdad" (Juan
17: 17). A menos que la verdad de Dios eleve al hombre por encima de su
depravación, sus hábitos intemperantes libertinos,
y lo capacite para reflejar la imagen de Dios, está perdido.
Las vidas de ustedes, mis hermanos y hermanas, deben tener de aquí
en adelante un modelo diferente del que han tenido hasta ahora, y deben
constituir la demostración a la vista del cielo y la tierra de que
ustedes son luces en el mundo, que ponen en alto la Palabra de vida. La
piedad de los miembros de la iglesia constituye la norma del Evangelio
para el mundo. Por lo tanto, cada miembro de la iglesia de Santa Clara
cumpla bien con su deber, porque ustedes son colaboradores de Dios. El
ejemplo de ustedes debe estar en armonía con el gran Modelo.
Háganlo todo sin murmuraciones ni contiendas, sin quejas ni
envidias. No repitan ni crean la calumnia que lanzó contra Dios
el hombre que recibió un solo talento: "Porque tuve miedo de ti,
por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo
que no sembraste" (Luc. 19: 21). Esta parábola representa
a los numerosos creyentes que manejan su piedad de manera que alcance la
norma más baja posible siempre que puedan escapar de la perdición
(Carta 14, del 13 de marzo de 1885, dirigida a la Iglesia de Santa Clara,
Nevada). 82
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