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Domingo 14 de Marzo
LAS BENDICIONES DE LA PRIMOGENITURA
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; sobre ti fijaré mis ojos.  Sal. 32: 8.

Es tanto el privilegio de cada miembro de la iglesia conocer por medio de la Palabra la voluntad de Dios con respecto a su conducta, como lo es para el presidente de la asociación o para cualquier otra persona que ocupe un cargo de confianza.  Buscarán al Señor todos los que desean ser instruidos, iluminados y modelados por el Espíritu Santo.  Dios está listo para comunicarse con su pueblo. . .
Cada cual debe tratar de conocer la Palabra de Dios por sí mismo mediante ferviente oración, y cumplirla.  Solamente cuando pone su confianza en Dios cada día, y no en el brazo de carne, obtendrá el alma la experiencia necesaria para responder esta oración de Cristo: "Y esta empero es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado" (Juan 17: 3).  Esta es la lección que se da a cada alma que ha comenzado el nuevo año.  En todas las preocupaciones temporales de ustedes, en todos los cuidados y ansiedades, esperen en el Señor.  No confíen en príncipes, ni en hijos de hombres porque ocupan cargos de confianza.  El Señor ha unido los corazones de ustedes con el de él. Si lo aman, y han sido aceptados en su servicio, lleven al Señor todas sus cargas, públicas y privadas, y esperen en él.  Tendrán entonces una experiencia individual, una convicción de su presencia y su disposición a escuchar las oraciones de ustedes en demanda de sabiduría e instrucción, que les dará seguridad y confianza en la buena voluntad del Señor para socorrerlos en sus perplejidades. . .
Quiere que se regocijen y lo alaben cada día por el privilegio que les concede mediante las palabras de Cristo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mat. 11: 28). . . Extiendan sus casos delante del Señor, y no importa cuáles sean sus ansiedades y pruebas, el espíritu de ustedes se fortalecerá para resistirlos. Se abrirá el camino delante de ustedes para librarlos de las ataduras y dificultades.  No necesitan ir al pueblo vecino o a los confines de la tierra para saber qué hacer.  Confíen en Dios como su permanente Ayudador, como el que es capaz de dirigir todas las cosas puesto que sabe qué es lo mejor (Manuscrito 15, del 14 de marzo de 1897, "Necesaria experiencia individual"). 83

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Lunes 15 de Marzo
EL CRISTIANO CORTES
Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.  Efe. 4: 32.

Necesitamos albergar amor en nuestros corazones.  No debiéramos estar dispuestos a pensar mal de nuestros hermanos.  Debiéramos interpretar en la forma más leve posible lo que hacen o lo que dicen. Debemos ser cristianos en el sentido bíblico del término: "Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro" (1 Ped. 1: 22).
No debemos ser descuidados con respecto a nuestra propia salvación. "Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos" (2 Cor. 13: 5).
No debemos ser indiferentes. Debemos examinar el verdadero carácter de nuestros pensamientos, sentimientos, manera de ser, propósitos, palabras y acciones. No estaremos seguros a menos que combatamos constantemente y con éxito contra nuestras propias corrupciones pecaminosas.
Debemos asegurarnos de que somos un ejemplo de santidad cristiana, de que estamos en la fe.  A menos que escudriñemos diligentemente nuestros corazones a la luz de la Palabra de Dios, el amor a nosotros mismos nos inducirá a tener una opinión propia mucho más elevada de lo que debería ser.  No debemos ser tan celosos en nuestros esfuerzos para corregir a los demás, que descuidemos nuestras propias almas. No necesitamos manifestar tanto celo por nuestros hermanos que descuidemos la obra que se necesita hacer en nuestro propio beneficio. Los errores de los demás de ningún modo corregirán los nuestros.  Tenemos una obra que hacer por nosotros mismos, que de ninguna manera debemos descuidar. . .
Si estamos llenos de la misericordia y el amor de Dios, su efecto se manifestará en los demás.  No tenemos nada de qué jactarnos.  Todo nos lo ha dado un generoso Salvador, Debemos cuidar con diligencia nuestras propias almas.  Debemos andar en humildad.  No queremos revestirnos con el manto de la guerra, sino con las vestimentas de la paz y la justicia. Quiera el Señor enseñarnos a llevar su yugo y su carga.  Todo en esta causa y en esta obra debe ser llevado a cabo con un espíritu bondadoso y conciliador. Siempre podemos ser corteses, y nunca debiéramos temer el serio demasiado.  Debemos practicar la buena voluntad hacia todos los hombres (Carta 11, del 15 de marzo de 1880, dirigida a un administrador de la Asociación General). 84

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Martes 16 de Marzo
SEGUROS GRACIAS A NUESTRO SUSTITUTO
El cual se dio a sí mismo por nuestros pecados para librarnos del presente siglo malo, conforme a la voluntad de nuestro Dios y Padre.  Gál. 1: 4.

Al dar su vida por la vida del mundo, Cristo franqueó el abismo abierto por el pecado, para unir esta tierra maldita con el universo celestial.  Dios escogió este mundo para que fuera el escenario de sus poderosas obras de gracia.  Mientras la sentencia condenatoria pendía sobre él a causa de la rebelión de sus habitantes, mientras nubes de ira se iban acumulando debido a la transgresión de la ley de Dios, se escuchó una voz misteriosa en el cielo que decía: "He aquí, vengo. . . El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado" (Sal. 40: 7, 8).
Nuestro sustituto y seguridad vino del cielo para declarar que había traído con él el inmenso e incalculable don de la vida eterna.  Se ofrece perdón a todos los que quieran volver a ser leales a la ley de Dios.  Pero hay quienes rehusan aceptar un "Así dice Jehová".  No reverencian ni respetan su ley.  Promulgan rigurosas leyes humanas que se oponen a un "Así dice Jehová", y por precepto y ejemplo inducen a pecar tanto a hombres, como a mujeres y niños.  Exaltan las leyes humanas por encima de la ley divina.
Pero la condenación y la ira de Dios penden sobre los desobedientes.  Ya se están juntando las nubes de la justicia de Dios.  Por siglos y siglos se han estado acumulando los materiales destructivos, y sin embargo sigue aumentando la apostasía, la rebelión y la deslealtad contra Dios.  El pueblo remanente de Dios, los que guardan sus mandamientos, comprenderán las palabras de Daniel: "Muchos serán limpios, y emblanquecidos y purificados; los impíos procederán impíamente, y ninguno de los impíos entenderá, pero los entendidos comprenderán" (Dan. 12: 10).
Satanás ha declarado que este mundo es su territorio.  Aquí está su trono, y considera suyos a todos los que no quieren guardar los mandamientos de Dios y rechazan un claro "Así dice Jehová".  Están bajo el estandarte del enemigo, porque hay sólo dos bandos en el mundo.  Todos están bajo el estandarte de los obedientes o bajo el de los desobedientes.
Jesús está enviando ahora su mensaje a un mundo caído.  Se complace en tomar elementos aparentemente sin esperanza que han sido instrumentos de Satanás, para someterlos a la influencia de su gracia.  Se regocija al librarlos de la ira que caerá sobre los desobedientes (Manuscrito 41, del 16 de marzo de 1898, "La medida del amor de Dios"). 85

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Miércoles 17 de Marzo
USEN SUS TALENTOS

Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 1 Ped. 4: 10.

Cuántos dones de Dios han sido mal usados, porque los que los recibieron no tenían el fervor que produce el amor de Cristo en el alma.  Hay gran necesidad de que cada cual haga lo mejor posible.  Hay quienes habrían usado sabiamente los talentos recibidos si se los hubiera dejado luchar solos y depender de sus posibilidades.  Pero llegaron a poseer bienes y perdieron el incentivo necesario para cultivar sus talentos y hacer todo lo posible a fin de comunicar lo que tenían.  La abundancia de dinero impidió que cumplieran fielmente su mayordomía.
Todos los que pretenden ser cristianos deben administrar sabiamente los bienes de Dios.  El Señor está haciendo un inventario del dinero que les ha prestado y de los privilegios espirituales que les ha concedido. ¿No harán ustedes, como administradores, un cuidadoso inventario? ¿No quisieran verificar si están empleando con economía todo lo que Dios les ha confiado o si están malgastando en forma egoísta los bienes del Señor con propósitos de ostentación? ¡Si todo lo que se gasta sin necesidad se depositara en la tesorería del cielo!
Dios no sólo le da dinero a sus administradores.  La capacidad de impartir también es un don. ¿Qué dones del Señor están compartiendo ustedes mediante sus palabras y su tierna simpatía? ¿Están permitiendo que su dinero pase a las filas del enemigo para arruinar a los que quiere complacer?  Por lo tanto, repito, el conocimiento de la verdad es un talento.  Hay muchas almas que moran en las tinieblas y que podrían ser iluminadas por las fieles palabras de ustedes.  Hay corazones hambrientos de simpatía que perecen lejos de Dios.  La simpatía de ustedes los puede ayudar. . .
La primera obra de todo cristiano consiste en escudriñar las Escrituras con ferviente oración, para poder tener esa fe que obra por el amor y purifica el alma de todo vestigio de egoísmo.
Si se recibe la verdad en el corazón, obra como la buena levadura, hasta que cada facultad humana se somete a la voluntad de Dios. Entonces, tal como el sol, no podrán dejar de resplandecer (Manuscrito 42, del 17 de marzo de 1898, "A cada hombre su obra"). 86

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Jueves 18  de Marzo
EL PRECIO DEL PECADO

Todo lo hizo hermoso en su tiempo.  Ecl. 3: 11.

Dios desea que veamos la hermosura natural del mundo.  Desea que la veamos y eduquemos a nuestros hijos para que vean que es una expresión del amor de Dios por el hombre.  Hay una voz que les habla a ustedes, padres, para ablandar y subyugar sus corazones.  Recuerden siempre al que hizo el cielo y la tierra, al que revistió el mundo con esa alfombra de terciopelo verde, que nos ha dado los encumbrados árboles recubiertos de su verde follaje.  Pero en lugar de alabar a Dios, que hizo todas estas cosas, los seres humanos hablan de las cosas hechas por el hombre, y piensan en sus hermosas casas y en sus ropas tan ricamente adornadas.  Todo esto requiere tiempo y dinero. ¡Y eso significa almas!
Dios nos ha dado dinero a fin de que lo empleemos para su gloria. ¡Oh, si se pudiera descorrer el velo y si sólo pudiéramos tener una vislumbre del amor de Dios que sobrepuja todo entendimiento!  Apenas me atrevo a referirme a la gloria que nos espera. ¿A quienes?  A cada alma que haya sido probada y que tenga la mira puesta en la gloria de Dios, que sea leal a la verdad del cielo.  El honor, la gloria y los aplausos del mundo no valen nada para nosotros.
¿Qué pasa con el alma que ha aceptado a Jesucristo como su Salvador personal?  El amor fluye del corazón divino al del creyente. ¿Qué hace entonces ese corazón?  Se dedica a servir a Dios y a guardar sus mandamientos para que no se lo encuentre en la condición de Adán y Eva después de la transgresión.  No podemos permitir esto.  No podemos darnos el lujo de pecar.  El pecado es realmente muy caro. . .
Queremos entrar por las puertas de la ciudad eterna. Cuando se abran las puertas de perla, desearemos escuchar la bienvenida.  Queremos que ciña nuestra frente la corona de gloria inmortal.  Queremos recibir la túnica tejida en el telar del cielo, tan blanca que no hay blanqueador en la tierra que pueda lograr su pureza.  Queremos ver al Rey en su hermosura y contemplar sus incomparables encantos. . . Les ruego que depositen sus tesoros en el cielo.  Líbrense de todo lo que confunda la mente y les impida establecer la diferencia que existe entre lo sagrado y lo común (Manuscrito 20, del 18 de marzo de 1894, "El cuidado del Padre por sus hijos"). 87

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Viernes 19 de Marzo
DECISIONES Y ACTOS

Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados. 1 Ped. 2: 24.

Gracias a que Cristo sufrió el castigo en su propio cuerpo sobre la cruz, el hombre dispone de una segunda oportunidad.  Si quiere, puede volver a ser leal.  Pero si no quiere obedecer los mandamientos de Dios, si rechaza las amonestaciones y los mensajes del Señor, para aceptar más bien las palabras seductoras pronunciadas por los que se hacen eco del engañador, su ignorancia es voluntaria, y la condenación de Dios está sobre él.  Elige la desobediencia porque la obediencia significa llevar la cruz y practicar la abnegación, y seguir a Cristo en la senda de la obediencia.
La mente natural se inclina hacia el placer y la complacencia propia, y es el plan de Satanás proveer estas cosas en abundancia para que la excitación domine a los hombres y no les dé tiempo para considerar esta pregunta: "¿En qué condición está mi alma?" El amor a los placeres es contagioso. . .
La capacidad de gozar de las riquezas de la gloria aumentará con el deseo que tengamos de poseerlas. ¿Cómo podremos aumentar nuestro aprecio por Dios y las cosas celestiales a menos que sea en esta vida?  Si permitimos que las exigencias y los cuidados de este mundo absorban todo nuestro tiempo y toda nuestra atención, nuestras facultades espirituales se debilitarán y morirán por falta de ejercicio.  En una mente totalmente entregada a las cosas terrenales, está cerrado todo intersticio por medio del cual se podría filtrar la luz del cielo.  En ese caso no se puede sentir el efecto de la gracia transformadora de Dios sobre la mente y el carácter.  Se ignoran y se descuidan los talentos que se podrían usar. ¿Cómo se puede responder, entonces, cuando se oye esta invitación: "Venid, que ya todo está preparado" (Luc. 14: 17)? ¿Cómo es posible que un hombre reciba está alabanza: "Bien, buen siervo  fiel" cuando ha sido desobediente, desagradecido e impío?  Ha educado su mente para descartar los claros requerimientos de Dios y para sentir disgusto por lo religioso. Ama las cosas de la tierra más que las celestiales.
La obediencia a los mandamientos de Dios dará como resultado que nuestros nombres sean inscriptos en el Libro de la Vida del Cordero.  "Porque somos hechos participantes de Cristo" (Heb. 3: 14) (Manuscrito 28, del 19 de marzo de 1899, "No penséis que he venido para abrogar la ley"). 88

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Sábado 20 de Marzo
EL REMEDIO PARA LA RUINA
Pero lejos esté de mí gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí y yo al mundo.  Gál. 6: 14.

Miremos la cruz del Calvario.  Es la garantía de amor ilimitado, de la inconmensurable misericordia del Padre celestial. ¡Oh, si todos se arrepintieran e hicieran sus primeras obras!  Cuando los miembros de las iglesias lo hagan, amarán a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo como a sí mismos.  Efraín no envidiaría a Judá, y éste no ofendería a Efraín.  Las disensiones desaparecerán y el áspero ruido de la contienda no se escuchará más dentro de los límites de Israel.
Por medio de la gracia abundantemente proporcionada por Dios, todos tratarán de contestar la oración de Cristo, es decir, que sus discípulos sean unidos, como él y su Padre están unidos.  La paz, el amor, la misericordia y la benevolencia serán los permanentes principios del alma.  El amor de Cristo será el tema de toda lengua, y el Testigo verdadero no podrá decir más: "Tengo contra ti, que has dejado tu primer amor" (Apoc. 2: 4).  El pueblo de Dios permanecerá en Cristo, el amor de Jesús se manifestará, y un solo Espíritu animará a todos los corazones, regenerándolos y renovándolos a la imagen de Cristo, amoldándolos a todos por igual.
Como ramas vivientes de la vid verdadera, todos estaremos unidos a Cristo, la Cabeza viviente.  Jesús morará en cada corazón, para guiar, consolar, santificar, y para presentar al mundo la unidad de sus seguidores, para dar testimonio de ese modo que la iglesia remanente posee las credenciales del cielo.  Mediante la unidad de la iglesia de Cristo se probará que Dios envió al mundo a su Hijo unigénito. . .
Las obras no pueden ser para nosotros el precio que pagamos para entrar al cielo.  La única ofrenda que se hizo alcanza para todos los creyentes.  El amor de Cristo proporcionará nueva vida a los creyentes.  Quien beba aquí del agua de la fuente de vida, será saciado en el reino con el nuevo vino.  La fe en Cristo será el medio por el cual el debido espíritu y los motivos acertados obrarán en el creyente, y del que mira a Jesús procederán toda bondad y toda actitud celestial, puesto que él es autor y consumador de su fe.  Miremos a Dios, no a los hombres.  El Señor es nuestro Padre celestial que está dispuesto a soportar con paciencia nuestras debilidades y que las perdona y las sana (Review and Herald, del 20 de marzo de 1894). 89

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