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Domingo
CIUDADANOS DEL REINO

Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios. (Efe. 2: 19).

Jesús dice: "He aquí yo vengo pronto" (Apoc. 22: 12). Debemos tener siempre presentes estas palabras, y obrar como quienes creen de veras que la venida del Señor se acerca, y que somos peregrinos y advenedizos en la tierra.*
Debemos aprovechar diligentemente todo medio de gracia para que el amor de Dios abunde más y más en el alma, "para que aprobéis lo mejor, a fin de que seáis sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia" (Fil. 1: 10, 11). Vuestra vida cristiana debe asumir formas vigorosas y robustas. Podéis alcanzar la alta norma que se os presenta en las Escrituras, y debéis hacerlo si queréis ser hijos de Dios. No podéis permanecer quietos; debéis avanzar o retroceder. . .
¿Queréis tener un crecimiento cristiano raquítico, o queréis hacer sanos progresos en la vida divina? Donde hay salud espiritual hay crecimiento. El hijo de Dios crece hasta la plena estatura de un hombre o una mujer en Cristo. No hay limite para su mejoramiento.*
Algunas personas que deberían ser fuertes y estar bien cimentadas en Cristo, son como bebés en lo que se refiere al entendimiento y el conocimiento experimental de las obras del Espíritu de Dios. Después de muchos años de experiencia, apenas llegan a poseer las primeras nociones de ese gran sistema de fe y doctrina que constituye la religión cristiana. No comprenden en qué consiste la perfección del carácter que recibirá esta elogiosa aprobación: "Bien hecho". . . *
Tenemos que ganar grandes victorias, o perder el cielo. El corazón carnal debe ser crucificado; porque tiende hacia la corrupción moral, y el fin de ella es la muerte. . . Orad para que las poderosas energías del Espíritu Santo, con todo su poder vivificador, recuperador y transformador, caigan como un choque eléctrico sobre el alma paralizada, haciendo pulsar cada nervio con nueva vida, restaurando todo el hombre, de su condición muerta, terrenal y sensual a una sanidad espiritual. Así llegaréis a ser participantes de la naturaleza divina. . . y en vuestras almas se reflejará la imagen de Aquel por cuyas heridas somos sanados.* 74
 

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Lunes
CONOZCAMOS MEJOR A DIOS

Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado. (Juan 17: 3).

Sólo si conocemos a Dios aquí podemos prepararnos para salir a su encuentro cuando venga. . . Pero muchos de los que profesan creer en Cristo no conocen a Dios. Su religión es meramente superficial. No aman a Dios; no estudian su carácter; por lo tanto, no saben cómo confiar, cómo mirar y vivir. No saben lo que es el amor que confía, o lo que significa avanzar por fe. No aprecian ni aprovechan las oportunidades de escuchar y recibir los mensajes del amor de Dios. No pueden comprender que tienen el deber de recibir, para poder enriquecer a los demás.
La sabiduría del mundo no logra conocer a Dios. Muchos han hablado con elocuencia acerca de él, pero sus razonamientos no acercan a los hombres a Dios, porque ellos mismos no tienen una relación vital con él. Al pretender ser sabios, llegan a ser insensatos. Su conocimiento de Dios es imperfecto. No concuerdan con él. *
No podemos descubrir a Dios mediante la investigación. Pero él se ha revelado en su Hijo, que es el resplandor de la gloria del Padre y la expresa imagen de su persona. Si deseamos un conocimiento de Dios, debemos ser como Cristo. . . El vivir una vida pura por fe en Cristo como Salvador personal, llevará al creyente a un concepto más claro y elevado de Dios.*
Cristo es una perfecta revelación de Dios. "A Dios nadie le vio jamás -dice él-; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer" (Juan 1:18). Sólo si conocemos a Cristo podremos conocer a Dios. Y a medida que lo contemplemos, seremos transformados a su imagen, preparados para salir a su encuentro cuando venga. . .
Ahora es el tiempo de preparación para la venida de nuestro Señor. La preparación para salir a su encuentro no se obtiene en un momento. Como preparación para esa solemne escena debe haber espera y vigilancia, combinadas con ferviente trabajo. Así los hijos de Dios lo glorifican. En medio de las activas escenas de la vida, se escucharán sus voces con palabras de ánimo, esperanza y fe. Todo lo que tienen y son está consagrado al servicio del Maestro. Así se preparan para salir al encuentro de su Señor.* 75
 

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Martes
LA MEDITACIÓN MAS EXCELSA

Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. (1 Juan 3: 1).

¡Qué amor, qué amor incomparable, que nosotros, pecadores y extranjeros, podamos ser llevados de nuevo a Dios y adoptados en su familia! Podemos dirigirnos a él con el nombre cariñoso de "Padre nuestro". . .
Todo el amor paterno que se haya transmitido de generación a generación por medio de los corazones humanos, todos los manantiales de ternura que se hayan abierto en las almas de los hombres, son tan sólo como una gota del ilimitado océano, cuando se comparan con el amor infinito e inagotable de Dios. La lengua no lo puede expresar, la pluma no lo puede describir. Podéis meditar en él cada día de vuestra vida; podéis escudriñar las Escrituras diligentemente a fin de comprenderlo; podéis dedicar toda facultad y capacidad que Dios os ha dado al esfuerzo de comprender el amor y la compasión del Padre celestial; y aun queda su carácter infinito. Podéis estudiar este amor durante siglos, sin comprender nunca plenamente la longitud y la anchura, la profundidad y la altura del amor de Dios al dar a su Hijo para que muriese por el mundo. La eternidad misma no lo revelará nunca plenamente.
Sin embargo, cuando estudiemos la Biblia y meditemos en la vida de Cristo y el plan de redención, estos grandes temas se revelarán más y más a nuestro entendimiento.*
Cristo vino para revelar a Dios al mundo como un Dios de amor, lleno de misericordia, ternura y compasión.*
Sería bueno que dedicásemos una hora de meditación cada día para repasar la vida de Cristo desde el pesebre hasta el Calvario. Debemos considerarla punto por punto, y dejar que la imaginación capte vívidamente cada escena, especialmente las finales de su vida terrenal. Al contemplar así sus enseñanzas y sus sufrimientos, y el sacrificio infinito que hizo para la salvación de la familia humana, podemos fortalecer nuestra fe, vivificar nuestro amor, compenetrarnos más profundamente del espíritu que sostuvo a nuestro Salvador.
Si queremos ser salvos al fin, debemos aprender todos, al pie de la cruz, la lección de penitencia y fe. . . Todo lo noble y generoso que hay en el hombre responderá a la contemplación de Cristo en la cruz.* 76
 

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Miércoles
SE REQUIEREN VESTIDURAS BLANCAS

Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? (Mat. 22: 11, 12).

El vestido de boda de la parábola representa el carácter puro y sin mancha que poseerán los verdaderos seguidores de Cristo. A la iglesia "se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente", "que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante". El lino fino, dice la Escritura, "es las acciones justas de los santos" (Apoc. 19: 8; Efe. 5: 27). Es la justicia de Cristo, su propio carácter sin mancha, que por la fe se imparte a todos los que lo reciben como Salvador personal.
La ropa blanca de la inocencia era llevada por nuestros primeros padres cuando fueron colocados por Dios en el santo Edén. . . Pero cuando entró el pecado, rompieron su relación con Dios, y la luz que los había circuido se apartó . . .
El hombre no puede idear nada que pueda ocupar el lugar de su perdido manto de inocencia. . . Únicamente el manto que Cristo mismo ha provisto puede hacernos dignos de aparecer ante la presencia de Dios. Cristo colocará este manto, esta ropa de su propia justicia sobre cada alma arrepentida y creyente. "Yo te aconsejo -dice él- que de mí compres. . . vestiduras blancas para vestirte, y que no se descubra la vergüenza de tu desnudez" (Apoc. 3: 18).
Este manto, tejido en el telar del cielo, no tiene un solo hilo de invención humana. Cristo, en su humanidad, desarrolló un carácter perfecto, y ofrece impartimos a nosotros este carácter. "Todas nuestras justicias [son] como trapos de inmundicia" (Isa. 64: 6). Todo cuanto podamos hacer por nosotros mismos está manchado por el pecado. Pero el Hijo de Dios "apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en el" (1 Juan 3: 5). . . Por su perfecta obediencia ha hecho posible que cada ser humano obedezca los mandamientos de Dios. Cuando nos sometemos a Cristo, el corazón se une con su corazón, la voluntad se fusiona con su voluntad, la mente llega a ser una con su mente, los pensamientos se sujetan a él; vivimos su vida. Esto es lo que significa estar vestidos con el manto de su justicia. Entonces, cuando el Señor nos contempla, él ve no el vestido de hojas de higuera, no la desnudez y deformidad del pecado, sino su propia ropa de justicia.* 77
 

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Jueves
GOZO EN LA OBEDIENCIA
He deseado tu salvación, oh Jehová, y tu ley es mi delicia. (Sal. 119: 174).

El verdadero cristiano jamás se queja de que el yugo de Cristo le produce escozor en el cuello. Considera que servir al Maestro constituye la más genuina libertad. La ley de Dios es su delicia. En lugar de procurar rebajar la norma de los mandamientos divinos para acomodarla a sus propias deficiencias, se esfuerza constantemente por elevar su nivel de perfección.
Esta debe ser nuestra experiencia si queremos estar preparados para el día de Dios. Ahora, mientras dura el tiempo de prueba y aún se oye la voz de la misericordia, debemos abandonar nuestros pecados. . .
Dios ha hecho amplia provisión para que podamos estar en pie, perfectos, mediante su gracia, para que nada nos falte mientras esperamos la aparición de nuestro Señor. ¿Estáis listos? ¿Os habéis puesto el vestido de boda? Ese vestido jamás cubrirá el engaño, la impureza, la corrupción o la hipocresía. El ojo de Dios está sobre vosotros. Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Podemos esconder nuestros pecados de los ojos de los hombres, pero no podemos ocultarle nada a nuestro Hacedor.
Ni siquiera a su propio Hijo libró Dios, sino que lo entregó para que muriese por nuestras culpas y lo resucitó para nuestra justificación. Por medio de Cristo podemos presentar nuestras peticiones ante el trono de la gracia. Por su intermedio podemos, a pesar de nuestra indignidad, obtener todas las bendiciones espirituales. ¿Iremos a él, para que tengamos vida?* La voluntad de Dios se expresa en los preceptos de su sagrada ley, y los principios de esta ley son los principios del cielo. Los ángeles que allí residen no alcanzan conocimiento más alto que el saber la voluntad de Dios, y el hacer esa voluntad es el servicio más alto en que puedan ocupar sus facultades.
En el cielo no se sirve con espíritu legalista. Cuando Satanás se reveló contra la ley de Jehová, la noción de que había una ley sorprendió a los ángeles casi como algo en que no habían soñado antes. En su ministerio, los ángeles no son como siervos, sino como hijos. Hay perfecta unidad entre ellos y su Creador. La obediencia no es trabajo penoso para ellos. El amor a Dios hace de su servicio un gozo.* 78
 

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Viernes
MODELADOS EN EL TALLER DEL SEÑOR
¿O Ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo. (1 Cor. 6: 19, 20).

No nos pertenecemos. Hemos sido comprados a un precio elevado, a saber, los sufrimientos y la muerte del Hijo de Dios. Si pudiésemos comprender plenamente esto, sentiríamos que pesa sobre nosotros la gran responsabilidad de mantenernos en la mejor condición de salud, a fin de prestar a Dios un servicio perfecto. . .
Creemos sin duda alguna que Cristo va a venir pronto. Esto no es una fábula para nosotros; es una realidad. No tenemos la menor duda, ni la hemos tenido durante años, de que las doctrinas que sostenemos son la verdad presente, y que nos estamos acercando al juicio. Nos estamos preparando para encontrar a Aquel que aparecerá en las nubes de los cielos escoltado por una hueste de santos ángeles, para dar a los fieles y justos el toque final de la inmortalidad. Cuando él venga, no lo hará para limpiarnos de nuestros pecados, quitarnos los defectos de carácter o curarnos de las flaquezas de nuestro temperamento y disposición. Si es que ha de realizar en nosotros esta obra, se hará antes de aquel tiempo.
Cuando venga el Señor, los que son santos seguirán siendo santos. Los que han conservado su cuerpo y espíritu en pureza, santificación y honra, recibirán el toque final de la inmortalidad. Pero los que son injustos, inmundos y no santificados, permanecerán así para siempre. No se hará en su favor ninguna obra que elimine sus defectos y les dé un carácter santo. El Refinador no se sentará entonces para proseguir su proceso de refinación y quitar sus pecados y su corrupción. Todo esto debe hacerse en las horas del tiempo de gracia. Ahora debe realizarse esta obra en nosotros. . .
Estamos ahora en el taller de Dios. Muchos de nosotros somos piedras toscas de la cantera. Pero cuando echamos mano de la verdad de Dios, su influencia nos afecta. Nos eleva, y elimina de nosotros toda imperfección y pecado, cualquiera que sea su naturaleza. Así quedamos preparados para ver al Rey en su hermosura y unirnos finalmente con los ángeles puros y santos, en el reino de gloria.* 79
 

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Sábado
LA SALUD FÍSICA Y EL PENSAMIENTO NOBLE
Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma. (1 Ped. 2: 11).

Muchos consideran que este versículo es sólo una amonestación contra la conducta licenciosa; pero tiene un sentido más amplio. Prohibe toda complacencia perjudicial del apetito o la pasión. Todo apetito pervertido se transforma en una concupiscencia agresiva. Recibimos el apetito con un buen propósito, no para que se convirtiera en ministro de muerte al pervertirse, y degenerar de ese modo en "deseos carnales que batallan contra el alma". La amonestación de Pedro es una advertencia bien directa y enérgica contra el empleo de estimulantes y narcóticos. Estas complacencias se pueden clasificar muy bien entre las concupiscencias que ejercen una influencia perniciosa sobre el carácter moral.*
Los que profesan piedad no consideren con indiferencia la salud del cuerpo, ni se engañen con la idea de que la intemperancia no es pecado y que no ha de afectar a su espiritualidad. Existe una íntima relación entre la naturaleza física y la moral. La norma de la virtud se eleva o se degrada según sean los hábitos físicos. El consumo excesivo de los mejores alimentos producirá morbosidad en los sentimientos morales. Y si los alimentos no son de los más saludables, los efectos serán más perjudiciales todavía. Todo hábito que no promueva el funcionamiento saludable del organismo humano, degrada las facultades más elevadas y nobles. Los hábitos equivocados referentes a la bebida y la comida, inducen a error en el pensamiento y la acción. La complacencia del apetito fortalece las inclinaciones animales, dándoles la supremacía sobre las facultades mentales y espirituales.*
La fuerza de la tentación a complacer el apetito puede ser comprendida sólo cuando se recuerda la inexpresable angustia de nuestro Redentor durante su largo ayuno en el desierto. El sabía que la complacencia del apetito pervertido amortecería tanto las percepciones del hombre, que éste no podría discernir las cosas sagradas. Adán cayó por la satisfacción del apetito; Cristo venció por la negación del apetito, y nuestra única esperanza de recuperar el Edén es por medio de un firme dominio propio.* 80
 

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WebSiervo: Christian Gutiérrez