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13. La caída de la primera lluvia en el mundo

Una neblina regaba la tierra antes del diluvio. Después de siete días comenzó a llover. Hasta ese momento nunca había llovido, se levantaba una neblina que regaba la tierra, pero cuando la lluvia comenzó a caer lentamente al comienzo y luego más abundante, comenzaron a preguntarse ¿En qué terminaría eso? Y al fin los cielos se abrieron y la lluvia cayó a torrentes y todos comenzaron a ser arrastrados. - Manuscrito 32, 1886.

Los burladores antediluvianos ridiculizaban las predicciones de Noé. Los burladores llamaban la atención a las cosas de la naturaleza, -a la sucesión invariable de las estaciones, al cielo azul que nunca había derramado lluvia, a los verdes campos refrescados por el suave rocío de la noche,- y exclamaban: "¿No habla acaso en parábolas?" Con desprecio declaraban que el predicador de la justicia era fanático rematado; y siguieron corriendo tras los placeres y andando en sus malos caminos con más empeño que nunca antes. Pero su incredulidad no impidió la realización del acontecimiento predicho. Dios soportó mucho tiempo su maldad, dándoles amplia oportunidad para arrepentirse, pero a su debido tiempo sus juicios cayeron sobre los que habían rechazado su misericordia. - El conflicto de los siglos, 388.

Antes del diluvio nunca llovía. Siete días estuvo la familia de Noé en el arca antes que comenzara a descender la lluvia sobre la tierra... Fueron días de un júbilo blasfemo por parte de la multitud no creyente. Pensaron que dado que no se había cumplido inmediatamente la profecía de Noé apenas él entró en el arca, que entonces había sido engañado, y que era imposible que el mundo fuera destruido por un diluvio. Antes de esto no había existido lluvia sobre la tierra. Una neblina se elevaba de las aguas, y Dios hacía que descendiera en la noche como rocío renovando la vida de las planta s y haciendo que crezcan....

En el octavo día los cielos se oscurecieron. El estallido de los truenos y las luces de los relámpagos comenzaron a aterrar a los hombres y las bestias. La lluvia descendía de las nubes que estaban encima de ellos. Esto era algo que nunca habían presenciado y sus corazones comenzaron a temblar con temor... La tormenta incrementó su furia hasta que las aguas parecían descender del cielo como poderosas cataratas. Los ríos se salieron de su cauce y las aguas se precipitaron a los valles. Los fundamentos de las grandes profundidades también se rompieron. Chorros de agua surgían de la tierra con increíble fuerza, arrojando rocas grandes cientos de metros al aire y luego caían sepultándose en la tierra. Spiritual Gifts, tomo 3, 38-39 (Spirit of Prophecy, tomo 1, 72-73).

La primera lluvia. Pero al octavo día obscuros nubarrones cubrieron los cielos. Y comenzó el estallido de los truenos y el centellear de los relámpagos. Pronto grandes gotas de agua comenzaron a caer. Nunca había presenciado el mundo cosa semejante y el temor se apoderó del corazón de los hombres. Todos se preguntaban secretamente: "¿Será posible que Noé tuviera razón y que el mundo se halle condenado a la destrucción?" El cielo se obscurecía cada vez más y la lluvia caía más aprisa. Las bestias rondaban presas de terror, y sus discordantes aullidos parecían lamentar su propio destino y la suerte del hombre. Entonces "fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas." (Vers. 11.) El agua se veía caer de las nubes cual enormes cataratas. Los ríos se salieron de madre e inundaron los valles. Torrentes de aguas brotaban de la tierra con fuerza indescriptible, arrojando al aire, a centenares de pies, macizas rocas, que al caer se sepultaban profundamente en el suelo. - Patriarcas y profetas, 87.

Reacción de los antediluvianos a la primera lluvia. Al término de los siete días las nubes comenzaron a juntarse. Esto era algo nuevo; porque la gente nunca había visto nubes. Nunca antes había caído lluvia; la tierra era regada por un rocío. Las nubes se engrosaron más y más, y pronto comenzó a llover. Aun así la gente trató de creer que esto no era nada alarmante. Pero pronto pareció que las ventanas de los cielos se abrían porque la lluvia descendió a torrentes. Por un tiempo la tierra absorbió la lluvia; pero pronto el agua comenzó a ascender, y día a día subía más. Cada mañana al encontrar que la lluvia todavía caía, las personas comenzaron a mirarse con desesperación unas a otras, y cada noche repetían las palabras "todavía llueve!". Así fue, mañana y tarde.

Por cuarenta días y cuarenta noches la lluvia cayó. El agua ingresó a las casas e hizo que la gente se fuera a los templos que había erigido para su culto idolátrico. Pero los tempos fueron barrido. La corteza de la tierra se rompió y el agua que contenía en sus entrañas salió a la superficie. Grandes piedras eran arrojadas al aire.

Por todas partes se podía observar seres humanos corriendo en busca de un refugio. Había llegado el momento cuando habrían estado felices de que se les extendiera una invitación para ingresar en el arca. Llenos de angustia clamaron, "¡Oh, un lugar seguro!" Algunos le gritaban a Noé, implorando por admisión en el arca. Pero sus voces eran inaudibles en medio de las ráfagas furiosas de la tempestad. Algunos se aferraban del arca hasta que eran barridos por las olas embravecidas. Dios había guardado a quienes creían en su Palabra, y nadie más podía entrar.

Los padres con sus hijos buscaron las ramas más altas de los árboles que todavía estaban de pie; pero apenas llegaban a este refugio el viento tumbaba el árbol y la gente en las aguas espumosas y embravecidas. Animales aterrados y seres humanos aterrados escalaban las montañas más altas sólo para ser barridos juntos a las aguas enfurecidas. - Signs of the Times, 10 de abril, 1901.



14. Cómo cambió el diluvio la superficie de la tierra

El comienzo del gran diluvio. Pero al octavo día los cielos se oscurecieron. El rugido del trueno y el vívido resplandor de los relámpagos comenzaron a atemorizar a hombres y animales. Desde las nubes la lluvia descendía sobre ellos. Era algo que no habían visto antes y sus corazones comenzaron a desfallecer de temor. Los animales iban de un lado al otro presas de salvaje terror, y sus alaridos discordantes parecían un lamento que preanunciaba su propio destino y la suerte de los hombres. La tormenta aumentó en violencia hasta que las aguas parecían descender del cielo como tremendas cataratas. Los ríos se salieron de madre y las aguas inundaron los valles. Los fundamentos del abismo también se rompieron. Chorros de agua surgían de la tierra con fuerza indescriptible, arrojando rocas macizas a cientos de metros de altura, para luego caer y sepultarse en las profundidades de la tierra.

La gente vio primero la destrucción de las obras de sus manos. Sus espléndidos edificios, sus jardines y huertas tan hermosamente arreglados, donde habían ubicado sus ídolos, fueron destruidos por rayos del cielo. Sus ruinas se esparcieron por todas partes.

La violencia de la tormenta aumentó, y entre la furia de los elementos se escuchaban los lamentos de la gente que había despreciado la autoridad de Dios. Árboles, edificios, rocas y tierra salían disparados en todas direcciones. El terror de hombres y animales era indescriptible. El mismo Satanás, obligado a permanecer en medio de la furia de los elementos, temió por su vida.

Los animales amenazados por la tempestad acudieron a los hombres, pues preferían estar cerca de los seres humanos, como si esperaran que ellos los auxiliaran. Algunos ataron a sus hijos a fuertes animales, e hicieron otro tanto consigo mismos, pues sabían que éstos lucharían por su vida, y treparían a las cumbres más altas para huir de las aguas que subían. La tempestad no moderó su furia, sin embargo; las aguas, en cambio, aumentaron de nivel más rápidamente que al principio. Algunos se ataron a altos árboles ubicados en las cumbres más elevadas de la tierra, pero éstos fueron desarraigados y lanzados con violencia por el aire como si alguien los hubiera arrojado con furia, junto con piedras y lodo, sobre las olas que avanzaban y bullían. Sobre esas cumbres seres humanos y bestias luchaban por conservar su posición, hasta que todos fueron arrojados a las espumosas aguas que casi llegaban a esos lugares. Por fin esas cimas fueron alcanzadas también, y los hombres y los animales que se hallaban allí perecieron por igual arrastrados por las aguas del diluvio.-- Spiritual Gifts, vol. 3, 69-72 (Reimpreso en Spirit of Prophecy, vol. 1, 73- 76, y en Historia de la Redención, 68-71).

La tierra al término del diluvio. Toda la superficie de la tierra fue cambiada por el diluvio. Una tercera y temible maldición pesaba sobre ella como consecuencia del pecado del hombre. Los hermosos árboles y arbustos con flores fueron destruídos, sin embargo Noé preservó semilla y la llevo con él en el arca, y Dios a través de su poder milagroso mantuvo vivas para generaciones futuras, algunas de las diferentes clases de árboles y arbustos. Pronto luego del diluvio, arboles y plantas parecieron brotar de las mismas piedras. Por la providencia de Dios, semillas fueron esparcidas y llevadas a las grietas de las rocas y allí se escondieron en forma segura para el uso futuro del hombre.

Las aguas habían estado quince codos (aproximadamente siete metros y medio) por encima de las montañas mas altas. El Señor se acordó de Noé, y a medida que las aguas disminuían, él hizo que el arca descansara sobre la cumbre de un grupo de montañas, que en su poder había preservado y mantenido firmes a través de toda la violenta tormenta. Estas montañas estaban separadas entre sí por una pequeña distancia, y el arca se movió y reposó sobre una, luego sobre otra de ellas, y ya no fue llevado por el océano sin límites. Esto dio gran alivio a Noé y a todos los que estaban dentro del arca. Cuando aparecieron las montañas y colinas, estaban en una condición quebrada, tosca, y todo a su alrededor parecía como un mar de agua turbia o blando lodo.

Cómo quedó sepultada la vida vegetal y animal después del diluvio. En el momento del diluvio tanto la gente como animales se juntaron en los puntos más altos de la tierra, y al descender las aguas de la tierra, cuerpos muertos quedaron sobre las altas montañas, y sobre los montes tanto como en los valles. Los cuerpos de hombres y bestias estaban sobre la superficie de la tierra. Pero Dios no iba a permitir que permanecieran allí para infectar el aire por su descomposición, y por lo tanto hizo de la tierra un basto cementerio. Produjo un poderoso viento que paso sobre la tierra con el propósito de secar las aguas, y que la movió con gran fuerza -- en algunos casos llevandose las cúspides de las montañas con grandes avalanchas, formando enormes colinas y altas montañas donde no se habían visto antes, y enterrando los cadáveres con árboles, piedra, y tierra que fueron llevados sobre y alrededor de ellas. La plata, el oro, las maderas escogidas y las piedras preciosas, que habían enriquecido y adornado al mundo antediluviano y que la gente idolatrara, fueron hundidos debajo de la superficie de la tierra. Las aguas que habían brotado con tan grande poder, habían movido tierra y rocas, y las habían amontonado sobre los tesoros de la tierra, y en muchos casos formado montañas sobre ellos para esconderlos de la vista y búsqueda de los hombres...

Las hermosas montañas de forma regular habían desaparecido. Piedras, plataformas salientes, y ásperas rocas que antes no se veían, aparecieron sorbe algunas partes de la tierra. Donde había habido montañas y colinas, no se veía rastro de ellas. donde había habido hermosas planicies cubiertas de verdor y bellas plantas, se formaron colinas y montañas de piedra, árboles, y tierra, sobre los cuerpos de hombres y animales. Toda la superficie de la tierra presentaba una apariencia de desorden. Algunos lugares estaban mas desfigurados que otros. Donde una vez había estado los tesoros mas ricos de la tierra en oro, plata, y piedras preciosas, se veían las marcas mas pesadas de la maldición. Y sobre países que no habían estado habitados, y en aquellas porciones de la tierra donde el crimen había sido menor, la maldición descansaba mas ligeramente.

Antes del diluvio había inmensos bosques. Los árboles eran muchas veces más altos que cualquier árbol que ahora vemos. Eran de gran durabilidad. No conocían el decaimiento por cientos de años. En el momento del diluvio estos bosques fueron destruidos o quebrados y sepultados en la tierra. En algunos lugares grandes cantidades de estos inmensos árboles fueron arrojados juntos y cubiertos con piedras y tierra por las conmociones del diluvio. Desde entonces se han petrificado y transformado en carbón de piedra, que explica las grandes minas de hulla que se encuentran ahora. Este carbón ha producido petróleo.-- Spiritual Gifts, vol. 3, 76-79 (Reimpreso en Spirit of Prophecy, vol. 1, 79-82).

Por sí misma el arca no habría podido resistir la violencia del diluvio. El arca fue hecha de madera de ciprés o gofer, que no conocía el decaimiento por ciento de años. Fue una construcción de gran durabilidad que ninguna sabiduría humana podía inventar. Dios fue el diseñador, y Noé su arquitecto (constructor).

Luego que Noé había hecho todo de su parte para hacer cada porción del trabajo correctamente, era imposible que el arca por sí misma pudiera soportar la violencia de la tormenta que Dios en su ira tremenda iba a traer sobre la tierra. La obra de completar la construcción fue un proceso lento. Cada porción de madera fue colocada con exactitud, y cada juntura cubierta con esmero. Todo lo que el hombre podía hacer fue hecho para que saliera perfecto; sin embargo, solamente Dios, por su poder milagroso, podía preservar la construcción de las airadas y agitadas olas.- Spiritual Gifts, vol. 3, 66.

La reacción de los animales que estaban dentro del arca a la furia del diluvio. El arca se sacudía y se agitaba vigorosamente. Los animales que estaban dentro de ella expresaban mediante diferentes sonidos su temor descontrolado; sin embargo, en medio de la furia de los elementos, la elevación del nivel de las aguas y las violentas arremetidas de árboles y rocas, el arca avanzaba con seguridad. Algunos ángeles sumamente fuertes la guiaban y la protegían de todo 71 peligro. Su preservación a cada instante de esa terrible tempestad de cuarenta días y cuarenta noches fue un milagro del Todopoderoso.-- Spiritual Gifts, vol.3, 71( Reimpreso en Historia de la Redención, 70, 71).



Declaraciones de 1890

Comienzo del gran diluvio. Pero al octavo día obscuros nubarrones cubrieron los cielos. Y comenzó el estallido de los truenos y el centellear de los relámpagos. Pronto grandes gotas de agua comenzaron a caer. Nunca había presenciado el mundo cosa semejante y el temor se apoderó del corazón de los hombres. Todos se preguntaban secretamente: "¿Será posible que Noé tuviera razón y que el mundo se halle condenado a la destrucción?" El cielo se obscurecía cada vez más y la lluvia caía más aprisa. Las bestias rondaban presas de terror, y sus discordantes aullidos parecían lamentar su propio destino y la suerte del hombre. Entonces "fueron rotas todas las fuentes del grande abismo, y las cataratas de los cielos fueron abiertas." (Vers. 11.) El agua se veía caer de las nubes cual enormes cataratas. Los ríos se salieron de madre e inundaron los valles. Torrentes de aguas brotaban de la tierra con fuerza indescriptible, arrojando al aire, a centenares de pies, macizas rocas, que al caer se sepultaban profundamente en el suelo.

La gente presenció primeramente la destrucción de las obras de sus manos. Sus espléndidos edificios, sus bellos jardines y alamedas donde habían colocado sus ídolos, fueron destruidos por los rayos, y sus escombros fueron diseminados.

A medida que la violencia de la tempestad aumentaba, árboles, edificios, rocas y tierra eran lanzados en todas direcciones. El terror de los hombres y los animales era indescriptible. Por encima del rugido de la tempestad podían escucharse los lamentos de un pueblo que había despreciado la autoridad de Dios. El mismo Satanás, obligado a permanecer en medio de los revueltos elementos, temió por su propia existencia.

Los animales expuestos a la tempestad corrían hacia