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Ciencia y religión.
 

Evidencias de un Creador (1era parte)

 

Marco T. Terreros.

La precisión de las fuerzas cósmicas, dan evidencia del poder creador y sustentador de Dios.

 

Era un caluroso día de junio de 2009. Después de un largo recorrido por los corredores que conducen de la Catedral de San Pedro hasta la capilla Sixtina, me encontraba, con centenares de otros turistas, recostado en una de las paredes, mirando hacia arriba. Contemplábamos las maravillosas pinturas de Miguel Ángel que, a más de veinte metros de altura, adornan la famosa bóveda, joya de la arquitectura del Renacimiento. Mi vista se concentró en la creación de Adán y en el detalle que muestra el dedo de Dios casi tocando el índice de su primera criatura humana. Evidentemente, Miguel Ángel le dio expresión artística a la creencia aceptada a lo largo de la historia de la religión cristiana, de que Dios es el creador de los seres humanos y de nuestro mundo. Sin embargo, como resultado del asalto exitoso del racionalismo sobre la mentalidad del mundo occidental, esa creencia ha sido abandonada por muchos. Dios ha sido «destronado» como creador.

Si bien aceptar a Dios como creador demanda el ejercicio de nuestra fe, esta no ha sido dejada sin suficientes evidencias sobre las cuales apoyarse. En este artículo nos proponemos presentarle algunas de ellas, puesto que, mi querido lector, ¡Hay evidencias de un Creador!

Evidencias en el macrocosmos (1)

El principio antrópico. La precisión asombrosa de las fuerzas cósmicas, también denominadas constantes físicas del universo, da evidencia del poder creador y sustentador de Dios. El estado actual del universo y el hecho de que la vida exista en el mundo tal como la conocemos, requiere que estas constantes se ajusten a valores extremadamente precisos; pues la variación más mínima resultaría en un universo incapaz de albergar vida. Lo cierto es que el universo está cuidadosamente bien afinado para sostener la vida que en el existe. La ciencia ha descubierto y continua estudiando esas propiedades, o leyes, especiales que en su conjunto han sido denominadas «el principio antrópico» (del griego ánthropos: hombre, humanidad), indicando así que desde su inicio el universo fue inteligentemente preparado para recibir al ser humano. Las constantes más conocidas son:

•             La fuerza de gravedad (2) y de gravitación universal. (3)

•             La fuerza eléctrica y la fuerza magnética (electro-magnetismo).

•             La fuerza nuclear fuerte (4) y la fuerza nuclear débil. (5)

La producción del carbono. El carbono es un elemento sobre el cual se basa toda forma de vida conocida. Además de formar parte de su constitución, los organismos vivos lo absorben de la atmósfera. Pues bien, dos de estas fuerzas, la nuclear fuerte y la electromagnética, cooperan eficientemente entre sí para la producción del carbono (sin el cual la vida no sería posible) en un proceso tan preciso, que es imposible que ocurra por mera casualidad o puro azar. El caso es que el cambio más mínimo en alguna de estas fuerzas alteraría los niveles adecuados de energía necesarios para producir el carbono y, como resultado, nuestro mundo no sería apto para la vida. Es evidente que un Diseñador inteligente planificó el mundo al preparar un ambiente propicio para la vida. Nuestro planeta es amigo de la vida. Y en la revelación que Dios hace de sí mismo en su Palabra escrita, la Biblia, él se identifica como el Gran Diseñador inteligente, creador de la vida y de todo cuanto existe.

La precisión de la gravedad. La fuerza de la gravedad tiene que ser exactamente la adecuada para que podamos mantenernos vivos y para que estrellas y planetas existan. Y no solo para que existan sino para que se mantengan atraídos unos a otros, unidos en constelaciones, y agrupados en las galaxias. Si la fuerza de la gravedad fuera tan solo un poco más fuerte de lo que es, los átomos de todos los elementos que existen en nuestro planeta se pegarían unos a otros formando masas o racimos de cosas, en lugar de formar organismos individuales y estrellas o planetas separados. Y si la gravedad fuera tan solo un poco más débil de lo que es, es decir, menos fuerte, los átomos se esparcirían tan ampliamente que no permitirían la subsistencia de organismos vivos, ni de las estrellas, ni de los planetas, ni de las galaxias. En la Biblia Dios afirma que él “ató” las constelaciones. Pléyades y Orión entre ellas, de tal modo que se mantienen unidas por el poder del Creador, que conoce las leyes que rigen los cielos. Considere sus preguntas:

“¿Acaso puedes atar los lazos de las Pléyades, o desatar las cuerdas que sujetan al Orión? ¿Puedes hacer que las constelaciones salgan a tiempo? ¿Puedes guiar a la Osa Mayor y a la Menor? ¿Conoces las leyes que rigen los cielos? ¿Puedes establecer mi dominio sobre la tierra?” (Job 38: 31-33).

Las leyes que gobiernan el océano. Lo anterior se aplica también a las leyes que rigen el océano. La Biblia afirma, sin entraren detalles científicos, que Dios “encerró el mar” dentro de límites. Y los habitantes de las costas y las islas demuestran que intuitivamente lo saben al construir sus casas en sus orillas y aun adentro de ellas. Dios, mediante la interacción de las fuerzas constantes del universo, se atribuye el control de las olas y mareas del océano. Él Creador pregunta:

“¿Quién encerró el mar tras sus compuertas cuando éste brotó del vientre de la tierra? ¿O cuando establecí sus límites y en sus compuertas coloqué cerrojos? ¿O cuando le dije: "Solo hasta aquí puedes llegar; de aquí no pasarán tus orgullosas olas?” (Job 38: 8, 10-11).

Cambiar o alterar cualquiera de esas constantes en lo más mínimo, conduciría a un mundo sin vida, sin agua en estado líquido y sin las combinaciones químicas que hacen posible nuestra existencia y supervivencia.

Otras constantes universales

La distancia de la tierra al sol. Si fuese menor, la vida como la conocemos no sería posible por la intensidad del calor; si fuera mayor, el resultado sería igualmente negativo pero debido a la intensidad del frío. Es evidente que la distancia que nos separa del sol, aproximadamente ciento cincuenta millones de kilómetros, fue medida y establecida por un Diseñador inteligente y Creador amoroso, de manera precisa para que nuestra vida en la tierra fuera no solo posible sino también agradable.

 Lo cierto es que el universo está cuidadosamente bien afinado para sostener la vida que en él existe.

 La rotación de la Tierra. La rotación de la Tierra sobre su propio eje, cada 24 horas aproximadamente, es otra evidencia de diseño inteligente. No solo garantiza la estabilidad de los días y las noches. También contribuye al equilibrio de los océanos y, consecuentemente, del clima y de otros procesos que facilitan nuestra subsistencia sobre el planeta. A diferencia de un trompo lanzado por un niño para que gire sobre su propio eje y que luego se detiene, la rotación constante de la tierra da evidencia de la fidelidad de quien la creó y la mantiene en movimiento para nuestro bien.

La posición de Júpiter. La posición de Júpiter, el más grande entre los planetas del sistema solar, ha sido percibida como “estratégica” para la protección de la tierra. Cumple con una función como de “hermano mayor” puesto que con su gran masa atrae y desvía meteoritos y otros bólidos procedentes del espacio exterior que, de otra manera, podrían impactar peligrosamente a nuestro planeta. Para el observador cuidadoso esta es otra muestra de la providencia de un Creador inteligente, previsor y amante.

La velocidad de la luz. ¿Por qué la velocidad de la luz es la que es? La luz es fuente de vida pero se ha observado que si se desplazara por el espacio a una velocidad mayor que trescientos mil kilómetros por segundo, las estrellas serían demasiado luminosas como para que la vida en la tierra pudiera subsistir. Y que si esa velocidad fuera menor, las estrellas no serían lo suficientemente luminosas como para que la vida en nuestro planeta fuera posible. Este es otro factor que, sin palabras, habla a favor de la gloria y sabiduría de un Creador que en el principio dijo, ““¡Que exista la luz!" Y la luz llegó a existir” (Génesis 1:3).

Todos estos parámetros, leyes y medidas de nuestro universo son realidades que quedan expresadas en las palabras del salmista David: “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento proclama la obra de sus manos |. . .]. Sin palabras, sin lenguaje, sin una voz perceptible, por toda la tierra resuena su eco, ¡sus palabras llegan hasta los confines del mundo!” (Salmo 19: 1, 3-4).

Conclusión

La creación da evidencias abundantes de su Creador. Se afirma en la revelación bíblica: “Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó, de modo que nadie tiene excusa” (Romanos 1: 20).                

Marco T Terreros es doctor en Teología especializado en la relación que existe entre la ciencia y la religión. En la actualidad es profesor de Teología en la Universidad Adventista de Centroamérica en Alajuela, Costa Rica.

 

1. En el número siguiente incluiremos, entre otras evidencias, algunas procedentes del microcosmos.

2. En el contexto de nuestro planeta, aunque no está restringida a él, la gravedad es la fuerza con que todos los objetos son atraídos hacia el centro de la tierra.

3. En virtud de la cual los cuerpos celestes se atraen mutuamente en proporción directa al producto de sus masas respectivas y en proporción inversa al cuadrado de las distancias que los separan.

4. Mantiene unidos tanto a los protones como a los neutrones en el núcleo del átomo.

5. Actúa en partículas subatómicas y se manifiesta en los procesos de radiación.

6. Incluso en una fracción tan pequeña como una billonésima de un gramo, según los expertos

 

Tomado de Prioridades, Año 9, Septiembre 2013, Páginas 20-22.

APIA Asociación Publicadora Interamericana.


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