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La evolución: una teoría en crisis.

Interesantes acontecimientos en las ciencias de los orígenes sacuden a los evolucionistas.

Por el Dr. Loron Wade.

  Corrían los últimos días del siglo pasado,  un joven llamado George Price, fue enviado por el gobierno de Nueva Escocia a enseñar en un aislado caserío de esta provincia canadiense. Para disimular un poco la soledad que sentía en las largas veladas que se dan en esa zona del norte, Price se dedicadaza a leer libros y revistas científicas que le prestaba un amigo.

Con sorpresa e indignación comprobó el joven maestro que, sin excepción, estas revistas propugnaban una teoría de los orígenes muy diferentes de la que había aprendido en el hogar de sus padres que eran miembros de la iglesia adventista. “¡Hay que hacer algo!” exclamó, y en el acto George decidió estudiar el tema para salir a contrarrestar la evolución en su propio campo de batalla- el campo de las ciencias.

Sin duda fue una decisión impulsiva. Es muy probable que en ese momento estuviera lejos de comprender la medida del Goliat al cual se enfrentaba. Pero aun de haberlo intuido, poco le habría importado puesto que tenía un espíritu audaz.

Brillantes comienzos del darvinismo.

Al contrario de lo que comúnmente se cree, Carlos Darwin – Charles Darwin, no obtuvo su gran fama por haber propuesto la teoría de la evolución.  Ya la mayoría de los científicos de su tiempo consideraban como un hecho que alguna forma de evolución había ocurrido. Lo sensacional de la ponencia darviniana (produjo sensación la publicidad de su libro El origen de las especies en 1859) consistió en que alguien estaba proponiendo, por primera vez, una explicación que parecía lógica del mecanismo que había impulsado la transformación de los organismos. Era el principio denominado “la selección natural.”

            Darwin había desarrollado sus convicciones mayormente a lo largo de sus observaciones en el campo de la biología, pero enseguida su teoría recibió el apoyo entusiasta  de personas que trabajaban en muchas otras áreas de ciencia. Los paleontólogos veían en el registro fósil una confirmación del darvinismo, pues en las capas inferiores de las rocas encontraron fósiles más sencillos de los que aparecen en las deltas de los ríos y dijeron que no podrían haberse formado en sólo seis mil años. El nuevo estudio de la glaciología afirmaba de una “edad de hielo” había mantenido gran parte del hemisferio norte cubierta de glaciares epicontinentales durante miles de años. En rápida sucesión la embriología, la genética, la antropología y la anatomía comparada unieron sus voces en coro de aprobación general de la teoría darvinista.

            Ante esta situación algunos cristianos se rindieron enseguida y declararon que la Biblia estaba equivocada. Otros se sintieron perplejos y confundidos. Desafortunadamente la mayoría de ellos poseía un conocimiento muy escaso de las ciencias y poca convicción de la importancia de conocerlas. Algunos hasta veían en la ciencia un enemigo de Dios y de la verdad y se declararon enemigos de ella.

 Una voz solitaria.

             Fueron estas las circunstancias imperantes en 1,902 cuando Price publicó su primer libro anti-evolucionista, Outlines of modern sicience and modern cristianity 1 (Esbozos de la ciencia moderna y del cristianismo moderno).

            La verdad es que su primer esfuerzo no produjo ninguna reacción sensacional. Es más, seria exagerado decir que durante toda su vida Price- quién vivió hasta 1963 y publicó muchos libros y artículos en defensa del creacionismo- impactó de una manera importante a la comunidad científica. Si algunos científicos llegaron a enterarse de su existencia, de hecho lo consideraron el ignorante del siglo, al grado que no era ni digno de comentario.

            Bernard Stonehouse recuerda el pensamiento en boga de la comunidad científica de aquellos días: “Cuando estudié la zoología una generación atrás, no recuerdo que nuestros maestros hayan tratado alguna vez de enseñarnos el darvinismo. Todos ellos en cualquier materia que nos impartían simplemente daban por sentado el hecho de que la teoría era conocida y aceptada por todos. Tampoco nadie trababa de suprimir puntos de vista anti darvinistas entre nosotros- simplemente no había tales puntos de vista que suprimir. Si, sabíamos que en el mundo había fundamentalistas, creacionistas y otros que rechazaban la evolución…pero también sabíamos de gente que cree que la tierra es plana y otros que creen que en las pirámides está toda la sabiduría del universo. Nosotros no tomábamos más en serio los unos que los otros. 2

            Ahora bien, si queremos ver el otro lado de la moneda, hay que admitir que no todo el problema en esos días residía en el espíritu despectivo de los científicos. La verdad es que en algunos casos era justifica su opinión acerca de la ignorancia de los creacionistas. Se puede ilustrar la situación recordando un caso que se ventiló en el año 1,925 ante el juzgado de Tennessee (EEUU). Desde el punto de vista judicial se examinaba el derecho de un maestro de apellido Scopes de enseñar la evolución en las escuelas del estado. Pero en la prensa popular el caso se convirtió en un juicio al creacionismo. El abogado de la parte creacionista había oído hablar del trabajo de Price y le pidió desesperadamente que lo ayudara, pero tras recibir las sugerencias de éste, procedió a hacer caso omiso de todas ellas. Alzó la Biblia ante el tribunal y fervientemente afirmó su fe en ella. 3 Así era como muchos creacionistas trataban de responder los argumentos que la ciencia arrojaba en su contra en aquellos días.

            En 1,941 Price publicó el último de sus grandes libros, Genesis vindicated. 4 Por una parte expresaba su convicción de que el relato bíblico había sido vindicado, pero en las últimas palabras del libro se oye una nota muy triste, muy diferente de lo que sonaba en la primera obra de su mocedad. “Ya no espero que el mundo me crea. Antes esperaba que esto sucediera…peor ya no tengo tales ilusiones.”

            Es comprensible la desilusión del veterano Price. Era verdad que su trabajo hasta ese momento había tenido muy poco impacto en los evolucionistas o en las mentes igualmente cerradas de algunos fundamentalistas. Pero es posible también que se hubiera consolado si hubiese poseído un ojo profético para ver cómo las semillas que había sembrado con lágrimas por más de 40 años pronto iban a germinar. 5

 Los creacionistas descubren la ciencia.

             Para  cortar la cabeza de Goliat, David usó la propia espada del gigante. 6 La más importante contribución del Price fue su notable disposición de tomar la espada de los evolucionistas, que es la ciencia y hacerles frente sobre su propio terreno. Mientras algunos creacionistas se limitaban a insultar a los evolucionistas o decirles: “La Biblia no los apoya a  Ustedes”. Price se atrevió a decirles: “La ciencia tampoco los apoya.”

            Después de 1941, cuando Price comentó su situación, poco a poco, comenzaron a levantarse otros campeones para lidiar sobre el mismo terreno. Otros creacionistas, muchos de ellos inspirados por el trabajo de Price, también aprendieron a hablar el lenguaje de la ciencia. Cincuenta años después de su evaluación pesimista, existen centenares de científicos creacionistas, la gran mayoría de ellos tienen credenciales académicas intachables.

            Además se han establecido varias organizaciones dedicadas a la investigación científica del tema del creacionismo. La más antigua de éstas es el Geoscience Research Institute (Instituto de la investigación en Geociencias) que fue organizado en 1958 por la Asociación General de los Adventistas del Séptimo Día. En gran medida la inspiración para su establecimiento vino de Price. Otra organización importante es la Creation Research Society (Sociedad para la investigación Creacionista) establecida en 1963 por un genetista llamado Walter Lammerts. Mientas Lammerts estudiaba en la Universidad de California descubrió el libro de Price, The New Geology (La nueva geología). El contenido del libro le llamó poderosamente la atención. Escribió al autor, y durante varios años sostuvieron una estrecha correspondencia. 7 Otra organización creacionista que sobresale es el Institute for Creation Research (Instituto para la investigación creacionista). Está asociado con una universidad bautista en San Diego, California. Se dedica a la investigación y a la publicación de material creacionista, y ofrece una maestría en ciencias con enfoque creacionista. 8

            Además ha aparecido una gran cantidad de publicaciones que apoyan la posición creacionista. Hay una decena de revistas y centenares de libros dedicados a temas de creacionismo científico. Inclusive hay varios en español.

Mencionaremos algunos de los más sobresalientes.

 Derribando barreras.

             Las primeras publicaciones creacionistas hicieron poca impresión en la comunidad científica debido en gran parte a que fueron publicadas por iglesias u organizaciones cristianas y leídas mayormente por personas ya convencidas del creacionismo. Pero últimamente han salido varias obras que han traspasado esta barrera y están impactando de modo sorprendente fuera de los círculos creacionistas. Algunos ejemplos:

            Michael Pitman es catedrático en la Universidad de Cambridge, Inglaterra. En una ocasión quiso defender el creacionismo sin creer realmente en él y terminó convencido. Su libro Adam and Evolution 11 (Adán y la Evolución), publicado en 1984, es un formidable desafío, fortalecido sin duda por los años que el autor pasó defendiendo la posición contraria.

            Otro libro reciente que ha producido un gran impacto en el mundo académico es Darwin on Trial 12 (Darwin en juicio) de Phillip E. Jonson. El libro ha impresionado mucho, mayormente por que su autor, lejos de identificarse con alguna organización creacionista, es profesor de en la facultad de derecho de la Universidad de California, Berkeley.

            Jonson usa sus formidables dotes de abogado para analizar desde un punto de vista jurídico la validez de las evidencias que esgrimen los evolucionistas. Su conclusión es: La evolución darviniana no se basa en hechos científicos sino en una doctrina filosófica llamada naturalismo. 13 El libro de Jonhson ha sido calificado de “la mejor crítica al darvinismo producido hasta la fecha.” 14 Otro experto en la materia opina que es el “libro  más importante sobre este tema que se ha publicado en muchas décadas.” 15.

            Un ensayo, When Faith and Reason Clash: Evolution and the Biblia (Cuando la fe y la razón entran en conflicto: la evolución y la Biblia) del filósofo Alvin Plantinga  está causando un efecto realmente asombroso (véase Christian Scholar´s Review 21, 1991).

 Reacciones de parte de evolucionistas.

            Mientras los creacionistas han estado aprendiendo a defenderse sobre el terreno de la ciencia, los evolucionistas han visto obligados a modificar, en cierta medida, su altiva posición

            Kart Popper, catedrático de la Universidad de Londres, expuso un tema en la reunión anual de la Federación Norteamericana de Sociedades de Investigación Biológica. Dijo en su ponencia que la certeza de una hipótesis no se establece mediante esfuerzos de probar su autenticidad, sino con intentos de probar su falsedad. Casi cualquier teoría puede ser “probada” si nos dedicamos únicamente a buscar evidencias que la apoyan. La capacidad de una teoría de resistir intentos de destruirla es la que le da credibilidad. No podemos afirmar que una teoría es válida a menos que podamos especificar las condiciones bajo las cuales la consideremos refutada (falsificada).

            A raíz de esto, Popper comentó: “Hay un problema con el darvinismo…Estamos lejos de poder plantear una condición que consideraríamos una refutación segura de la teoría de la selección natural. Si tenemos que probar la capacidad de algunos organismos de sobrevivir por el hecho de que han sobrevivido, entonces la supervivencia de los más aptos es una prueba tautológica e irrefutable.” 16
(Tautología. (Del gr. ταυτολογ
α). f. Ret. Repetición de un mismo pensamiento expresado de distintas maneras. || 2. despect. Repetición inútil y viciosa.) DRAE.

 Popper no estaba rechazando el darvinismo, simplemente estaba siendo sincero al acusar lo difícil que es establecer un criterio aceptable de comprobación de esa teoría.

         El planteamiento de Popper ha tenido un impacto sobresaliente en la comunidad científica. No es que se haya producido una modificación del modo de ver el creacionismo – sigue siendo rechazado- pero tal vez un poco más de humildad entre los defensores de la ciencia, y en particular de la evolución. Esta nueva actitud se expresa notablemente en:

1.                  Una disposición de reconocer la falibilidad de la ciencia. Como lo expresa el mismo Popper: “Podemos recordar los días cuando la religión secular de la ciencia pretendía poseer plena autoridad. Las hipótesis sí jugaban un papel en la ciencia, pero era un papel heurístico y transitorio. La ciencia en sí era considerada un cuerpo de conocimiento absoluto. No consistía en hipótesis sino en teorías comprobadas.” Pero Popper concluye con satisfacción: “Este período de ciencia autoritaria ha sido superado y creo que ya no se repetirá.” 17.

2.                  Un conocimiento de lo difícil que es probar la evolución. Stonehouse, citado arriba, reafirma su fe en la evolución darviniana, pero aclara que la teoría padece de dos debilidades fundamentales: “La primera es que es muy difícil probar la evolución…mediante la clases de experimentos que los científicos normalmente aceptamos como evidencia. La segunda es, que sin la micro evolución (el génesis de variedades de plantas y animales) por medio de la selección natural parece bastante plausible –digna-, es mucho más difícil tragar el concepto de la macro evolución (el génesis de organismo que varían mucho).”
Pregunta a Stonehouse, “¿Podría evolucionar el ojo humano por casualidad o por selección natural” ¿Y qué decir del cerebro humano? ¿Podría la compleja bioquímica de la bacteria más sencilla haber surgido por una serie de casualidades? Creer que sí…es asunto de fe tanto como creer en el creacionismo.” 18.

3.                  Una disposición de entrar en diálogo con los creacionistas. Ya pasó el día en que los defensores de la evolución consideraban que los argumentos de los creacionistas no eran dignos de mención. En las revistas científicas frecuentemente aparecen referencias al creacionismo y los “problemas” que está causando. Se ha escrito además una cantidad de libros al respecto. 19. Un ejemplo es William Hasker, que en un principio atacó severamente a Jonson, publicó  recientemente un artículo en el Christians Scholar´s Review 22:3 en el cual acepta la propuesta de Jonhson para una nueva agenda en las investigaciones, que debe incluir un llamado a los paleontólogos a interpretar su evidencia sin el prejuicio darvinista. Y agrega: “Espero que (Jonson) pueda encontrar científicos que estén dispuestos a llevar a cabo las investigaciones que él tiene en mente.”

 La evolución en crisis.

 Y por si esto fuera poco, el darvinismo hoy se sacude por un ataque serio desde las mismas filas evolucionistas. Stephen J. Gould, consciente de algunos de los serios problemas del darvinismo, quiere esgrimir en su lugar otra teoría evolucionista.

            Los escritos de Gould que señalan los defectos de la teoría darviniana parecen una página arrancada de algún libro creacionista. Dice que: 1. El registro fósil revela brechas evolutivas en lugar de los cambios, graduales que describió Darwin, 2- los genes constituyen un potente mecanismo estabilizador y minimizan la posibilidad de que hubieran la posibilidad de que hubieran surgido nuevas formas vivientes, y 3- las mutaciones casuales, en el nivel molecular, no bastan para explicar la creciente complejidad organizada de la vida.

            Después de pintar con asombrosa claridad las debilidades del darvinismo, Gould ofrece su teoría llamada “el equilibrio puntuado” con la cual espera resolver esas dificultades. Según ella, la transformación de los organismos no ha ocurrido mediante “mejoras” minúsculas, como lo creía Darwin, sino que se ha dado en unos cuantos pasos agigantados. Los organismos pueden pasar millones de años sin sufrir modificación alguna, dice Gould, éste es el “equilibrio” que menciona. Luego, en momentos de estrés ecológico, el equilibrio es interrumpido o “puntuado” y se producen cambios considerables. 20

            Desde el punto de vista creacionista es muy difícil creer que esta nueva teoría sea más efectiva que la anterior para resolver los problemas de la evolución.

Por ejemplo, si es difícil concebir cómo un reptil puede transformarse paulatinamente en un ave, ¿cómo es posible creer que dicha transformación pueda ocurrir de la noche a la mañana? Recordemos que producir un ave significa crearla con sus plumas, con su maravilloso sentido de equilibrio y con todas las demás adaptaciones de sus huesos, corazón y músculos que son imprescindibles para que pueda volar.

            Por supuesto, los darvinistas han atacado la nueva teoría señalando precisamente esas dificultades. En algunas reuniones de especialistas, las confrontaciones entre darvinistas y “gouldistas” han sido realmente acaloradas.

            En este momento la situación general en el estudio de los orígenes es tal que se ha publicado un libro con el mismo título de este artículo, Evolution: A Theory in Crisis.21 El autor de este libro, Michael Denton, no defiende un punto de vista religioso; de hecho no es religioso, pero presenta con meridiana claridad las enormes dificultades que sufre la teoría evolucionista y describe el estado de confusión y desconcierto en que han caído algunos de sus defensores.

            “Ya no espero que el mundo me crea,” escribió Price. Por supuesto tenía razón. Sería ingenuo suponer que la gran mayoría de científicos modernos está a punto de aceptar la posición creacionista, sin embargo, los cambios ocurridos en los últimos años son  realmente impresionantes. El macizo monolítico de hace 50 años se ha desintegrado.

            No cabe duda… ¡el Dr. Price se asombraría!

 El Dr. Loron Wade es catedrático en la Universidad de Montemorelos, México, y director de la revista DINÁMICA. Imparte la materia de Ciencia y Religión. Este artículo fue escrito originalmente para la Revista Centinela.

 Referencias.

  1. Oakland, California: Pacific Press Publishing Association, p.10.
  2. Introducción al libro de M. Pitman, Adam and Evolution (Londres, Rider & Co. 1984), p.10, 11.
  3. Harold Clark, The Battle Over Genesis (Washington D.C. Review & Herald Publishing Association, p. 165.
  4. Washington D.C. Review & Herald Publishing Association, p. 1941.
  5. A Price le pareció que su trabajo había producido poco fruto. Muy distinto es la opinión del apologista evangélico Bernard Ramm quien califica de “stagering” (colosal) la influencia de Price; en The Christian View of Science and Scripture (Grand Rapids, MI, EEUU. William B. Erdsman Publishing Co. 1954) P. 125.
  6. 1 Samuel 17:51
  7. Clark, p. 170.
  8. Clark, p. 173.
  9. 1981
  10. Jean Flori y Hendri Rasolofomasoandro (1979).
  11. Londres: Rider and Co. 1984.
  12. Chicago: Inter-Varsity Press. 1991.
  13. Opinión de Michael Denton citada en Christianity Today, ag. 19 de 1991, p. 33.
  14. Ibid
  15. p. 11
  16. Kart Popper. “Science: Problems, Aims, Responsabilities, “Federation Procededings, 22 Julio-Agosto, 1963), 961-972. American Federation of Biological Research Societies.
  17. Ibid.
  18. Stonehouse, Op. Cit. P. 11,12.
  19. Por ejemplo, Dorothy Nelkin, The Creation Controversy (N. Cork: Norton y Co., 1962) y Hernan McMullin, Evolution and Creation (Notre Dame, Indiana, EUA, University of Notre Dame Press, 1951.
  20. Véase una elocuente exposición de estos conceptos en Francis Hitching, The Neck of the Giraffe: Where Darwin went wrong (El cuello de la jirafa: donde erró Darwin), (N. Cork, Ticknor & Fields, 1982.)
  21. Michael Denton, Evolution, a Theory in Crisis. Londres: The Hutchinson Publi. Group, 1985.

 Tomado de Ciencia de los Orígenes. Enero-Abril 1997. No. 46.


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