El Génesis y la Geología Parte 7

 

B. Desprestigio del uniformismo
El concepto del uniformismo (Sección II-A) ha sido definido de muchas maneras. Por lo general se refiere al principio de interpretar los sucesos del pasado en términos de los actuales. En su definición histórica más estricta, implica que el ritmo de los procesos geológicos actuales es suficiente para explicar los cambios del pasado. Esa doctrina es opuesta al catastrofismo, que sostiene que las catástrofes del pasado son de una escala mayor de las que se observan ahora. El diluvio descrito en el Génesis sería el ejemplo principal. El catastrofismo ha sido tradicionalmente rechazado por los geólogos modernos que han convertido el uniformismo "en una especie de dogma religioso" (Hooykaas 1970). Esta última referencia dará al lector una excelente comprensión de lo que está implicado en esa controversia.
Las últimas dos décadas han presenciado una nueva definición y un desprestigio del concepto del uniformismo. Ya no se ponen de lado por completo las catástrofes, y el uniformismo está siendo definido de nuevo como para permitir la idea de un pasado diferente del presente. La idea de la uniformidad está siendo aplicada a las leyes de la ciencia y no específicamente a los procesos geológicos (Gould 1965). Por lo tanto ella está perdiendo su importancia en geología. Una evidencia de esta nueva tendencia son algunos artículos que tienen títulos como éste: "El uniformismo es una doctrina peligrosa" (Krynine 1956) y "El presente es la clave del presente" (Valentine 1966). Para muchas de las objeciones hechas al uniformismo son básicas estas preguntas: ¿Por qué los ritmos del pasado tienen que ser iguales a los de hoy? ¿No puede el cambio variar un ritmo de cambio? ¿No es evidente que el pasado fue diferente del presente? Más informaciones en cuanto a esto se encontrarán en las referencias de Simpson (1963) y Kitts (1963).
Junto con el desprestigio del uniformismo clásico ha habido un resurgimiento del catastrofismo. Por ejemplo, Brenner y Davis (1973) afirman: Por lo general, el análisis de los sedimentos de los ambientes antiguos rechaza la muy difundida opinión de que la formación de los sedimentos y su dispersión debe su origen a la operación de procesos normales... Creemos que una vez que los estudios del holoceno (reciente) y de los antiguos sedimentos de capas horizontales aporten suficientes comprobaciones para el reconocimiento de los depósitos debidos a tormentas, entonces esos depósitos serán ampliamente reconocidos en muchos lugares geológicamente similares. Ager (1973, pág. 49) refleja este mismo pensar: "Los huracanes, las inundaciones o las tsunamis pueden hacer más en una hora o un día que lo que alcanzaron a hacer los procesos ordinarios de la naturaleza en mil años".
La revolución más significativa de este siglo en lo que se cree acerca de los procesos de sedimentación es el concepto de turbidita o aluvión subacuático. Este concepto también refleja la tendencia hacia el catastrofismo. Las turbiditas son de interés especial para un estudio del diluvio porque pueden ser enormes, se presentan debajo del agua y son rápidas. Un ejemplo moderno ilustrará esto.
El 18 de noviembre de 1929, un terremoto sacudió la costa de Nueva Inglaterra y las provincias marítimas del Canadá. Ese terremoto, conocido como el Gran  Terremoto de los Bancos, ocasionó un deslizamiento de una gran masa de sedimentos dentro del océano en el borde de la plataforma continental. También liberó otros sedimentos que formaron lodo suelto que se deslizó por el talud continental hacia la parte más profunda del océano Atlántico norte. Finalmente se esparció por la planicie abismal al pie del talud. Algunas partes recorrieron más de 700 km. Uno podría pensar que una masa de lodo suelto fluyendo en el océano rápidamente se mezclaría con el agua del mar y se confundiría con ella perdiendo sus características propias de unidad, pero ése no fue el caso. El lodo suelto tiene una densidad mayor que el agua de mar debido a que es una combinación de agua con muchas rocas, arena, arenilla y partículas de arcilla. Este lodo fluye debajo del agua del mar que es más liviana, algo así como el agua fluye sobre la tierra debajo del aire. Sólo hay una pequeña mezcla entre el lodo y el agua que está encima. Tal flujo subacuático de lodo es llamado corriente de turbidez, y la nueva capa de lodo depositada donde se detiene la corriente es conocida como turbidita.
Afortunadamente para la ciencia, pero desgraciadamente para la telegrafía comercial, 12 cables transatlánticos cerca de la corriente de turbidez de los "Grandes Bancos" se rompieron con esa catástrofe, algunos en dos o tres lugares. Se pudo apreciar con precisión el tiempo de la primera rotura de cada cable debido a la interrupción de las transmisiones telegráficas y su ubicación fue determinada mediante pruebas de resistencia y de capacitancia. Los cables que estuvieron más cerca del epicentro del terremoto, cerca de la parte más alta del talud continental, se rompieron casi instantáneamente, quizá debido a la descarga de los sedimentos, al paso que yendo más lejos se pudo comprobar una sucesión más ordenada de roturas a medida que la corriente de la turbidez iba rompiendo sucesivamente los cables. Se calculó que los ritmos de desplazamiento a veces superaron los 100 km. por hora. El último cable, que estaba a más de 650 km., fue roto un poco más de 13 horas después del terremoto (Heezen y Ewing 1952). Se ha estimado que la turbidita resultante procedente de esa corriente de lodo cubrió más de 100.000 km² y tenía un espesor promedio de un poco menos de un metro. Su volumen es suficiente para cargar 20 hileras de barcos tanques que rodearan la tierra, uno al lado del otro, en torno del ecuador (Kuenen 1966).
Podría parecer insólito que depósitos tan enormes pudieran asentarse tan rápidamente; sin embargo parece que se trata de un fenómeno bastante común. En Lake Mead, Arizona, grandes cantidades de sedimentos se acumulan en el extremo oriental donde el río Colorado entra en el lago. Ocasionalmente, un tipo de esta corriente de turbidez transporta algo de ese sedimento hasta el extremo opuesto del lago que está a más de 150 km. de distancia. En este caso, el ritmo del desplazamiento parece ser extremadamente lento, pues requiere varios días para cubrir la distancia. Se han encontrado turbiditas en algunos lagos de Suiza. En 1954, varios cables fueron rotos por una corriente de turbidez provocada por un terremoto. Se originó en la costa de Argelia y penetró en el Mediterráneo. En el lecho del Atlántico Sur, una serie de turbiditas con capas de restos de plantas de varios centímetros de espesor se encuentran a unos 1.450 km. de su origen en el río Amazonas, lo que indica el desplazamiento por una corriente de turbidez hasta una distancia considerable (Bader y colaboradores, 1970). Heezen y Ewing (1952) afirman que ha habido desplazamiento de turbiditas hasta una distancia de 1.600 km. en el Atlántico norte.
Las turbiditas tienen ciertos rasgos característicos, tales como una sedimentación granulométrica normal (el cambio gradual del tamaño de las partículas, de gruesas a finas, a medida que se asciende en el depósito), la orientación de los granos, contactos especiales entre ellos, y características internas. Debido a esto las turbiditas pueden 89 ser identificadas en los sedimentos antiguos que se encuentran en la corteza terrestre. En una catástrofe de alcance mundial, tal como fue el diluvio descrito en el Génesis, debería esperarse un gran número de turbiditas, y tal es el caso. Su abundancia y amplia distribución en los sedimentos, que se encuentran muy por encima del nivel del mar y en grandes zonas de los continentes, aumentan más la verosimilitud de una catástrofe tal. Una sola turbidita puede tener 20 m de espesor, siendo "depositada por un solo 'chorro' de agua turbia" (Ager 1973, pág. 35), y el volumen del flujo que producen las más grandes se estima en 100 km.3 (Walker 1973).
Desde que surgió el concepto de las turbiditas en torno de 1950, docenas de miles de capas sedimentadas granulométricamente, amontonadas unas sobre otras, que anteriormente se interpretaban como que se habían depositado con lentitud en aguas poco profundas, ahora se interpretan como el resultado de corrientes de turbidez rápidas (Walker 1973). Aun la capa que está en medio de ellas, que consiste en sedimentos encontrados "entre" algunas de las turbiditas, se interpreta a veces como el resultado de la deposición rápida de corrientes de turbidez (Rupke 1969, SEPM 1973).
La evidencia científica indica que algunos sucesos de la historia de la tierra pueden haber acontecido mucho más rápidamente de lo que antes se creía. Esto es lo que podría esperarse de una catástrofe tal como la del diluvio. Pero no debe suponerse que el concepto de los uniformistas sea pronto descartado. Aunque se lo ha combatido vigorosamente en los últimos años (Valentine 1973), todavía es considerado por muchos como uno de los dogmas fundamentales de la geología. Las tendencias contemporáneas están ocasionando una nueva definición que reduce su utilidad para el estudio de la geología. Puesto que no tiene mucho significado para el estudio de otras ciencias, su importancia podría llegar a ser mayormente histórica.

 

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  Tomado de: Comentario Adventista del Séptimo Día, Tomo I El Génesis y la Paleontología


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10/03/2010