VI. Modelos del Diluvio y La Secuencia de Fósiles y el Diluvio.


A. Ubicación del diluvio en la columna geológica

   
Los esfuerzos para combinar la información procedente de la geología y del Génesis deben tener en cuenta el estado actual de la fusión en los dos sectores del pensamiento geológico, lo cual es de importancia particular para establecer modelos del diluvio: la tectónica de placas y el catastrofismo. Por lo tanto, deben usarse con precaución las opiniones actuales.
Las mediciones demuestran que los sedimentos en la actualidad se acumulan muy lentamente, al paso que el espesor total de los sedimentos que se encuentran en la corteza de la tierra es inmenso. Teniendo en cuenta el ritmo actual, se necesitaría un tiempo larguísimo para que se acumularan esos sedimentos.

    Una veintena de estudios (Eicher 1976, pág. 14) han llevado a la conclusión a una cantidad de investigadores de que los sedimentos se han estado acumulando desde hace 3 millones de años, y algunos hacen subir la cifra a 1.500 millones. El término medio de esas estimaciones es solamente un 5 por ciento de la edad que ahora se supone que tiene la Tierra, pero todos los cálculos superan en mucho a los pocos miles de años que da la cronología bíblica. El creacionista resuelve el indudable conflicto suponiendo que la mayoría de los sedimentos de la columna geológica se depositaron durante el diluvio a un ritmo mucho más rápido del que podría esperarse teniendo en cuenta las observaciones actuales. Para poder reconciliar el ritmo común de sedimentación y la cronología bíblica debe admitirse que la mayoría de la columna geológica tiene que ubicarse en el diluvio.
Algunos creacionistas y evolucionistas teístas han sugerido que el diluvio podría 90 ser un acontecimiento del pleistoceno o más reciente. No es posible postular esto a menos que se parta de la suposición de que hay un largo intervalo entre el comienzo de la creación (la mayor parte de los sedimentos inferiores contienen algunos fósiles) y el diluvio. La descripción del Génesis no sugiere esto. Tampoco hay lugar cerca de la cúspide de la columna geológica para señalar con precisión el diluvio mundial en el cual "todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos" (Gén. 7: 19). Algunos han postulado un diluvio local. Sin embargo, un diluvio local de esa naturaleza no concuerda con la descripción dada en el Génesis, y parece irrazonable la preparación de una enorme arca construida para preservar animales terrestres limpios e inmundos cuando habría una cantidad grande de ellos en las zonas no inundadas.
    La columna geológica muestra diferentes clases de seres vivientes en diferentes niveles (Sección IV-E). Los evolucionistas explican que esto representa una secuencia evolutiva. Sin embargo, faltan los eslabones intermediarios que debieran existir, y parece que nunca hubiera sucedido la macro evolución (véase el artículo precedente). Los creacionistas atribuyen al diluvio las diferencias en la flora y la fauna en los diferentes niveles en la columna geológica (Sección VI-C). Si se le asigna mucho tiempo a la columna geológica, es necesario tratar con diferentes clases de seres vivientes en diferentes tiempos (niveles). Esto implica evolución o una serie de creaciones en diferentes tiempos (creación progresiva) (Ramm 1956, pág. 226). Este último concepto no concuerda con el Génesis ni con las palabras más directas de Dios en el cuarto mandamiento: "Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay" (Exo. 20: 11). ¿Sería posible que el Dios que se describe en la Biblia como un Creador veraz, fiel y justo, nos engañara cuando nos dio los Diez Mandamientos? ¿Es posible postular un Dios que crearía vida en una serie de creaciones o mediante un proceso de evolución, a través de largos períodos, y luego nos dijera que lo hizo en siete días? Esto parece enteramente en discordancia con el carácter del Dios veraz que se describe en la Biblia (Isa. 45: 19; Tito 1: 2).

B. Modelos * (Representaciones mentales o materiales que se suponen ser la realidad. Contra ellas se aplican los datos conocidos para ver si concuerdan. Si no concuerdan, se modifican los modelos o se descartan.- N. del T.)

Poco esfuerzo se ha hecho para amalgamar en un modelo abarcante la nueva información de la geología y de la revelación. Debe tenerse precaución, porque algunos de los datos usados son provisorios. Sin embargo, también hay una abundancia de datos más objetivos que deberían ser tomados en cuenta por cualquiera que tratara de ensamblar las informaciones de la revelación y las de la ciencia. Es de esperar que se lleve a cabo esa síntesis. Por ahora, sólo pueden darse algunas sugerencias provisorias.
1.Modelo basado en el hundimiento de los continentes.-
Este concepto es básicamente simple (Fig. 3). Supone que antes del diluvio la capa subyacente de los continentes era granito tal como la de ahora. (Sección V- A). El espesor término medio de las bases de granito era menor de lo que es ahora, por lo que las montañas eran más bajas de lo que son ahora. Y habría abundado más el granito, lo que habría dado como resultado mares más pequeños, algunos en diferentes niveles, como ocurre ahora en la tierra (por ejemplo, el mar Caspio y el Gran Lago Salado). Algunos de esos mares estaban ubicados en la base granítico de los continentes, al paso que los mares más bajos y más extensos tenían un lecho de basalto, como tienen los océanos de hoy en día (Figs. 2 y 3). Había mucha agua oculta en la tierra (Sección III). 91
 

FIGURA 3. UN MODELO TENTATIVO DEL DILUVIO


El movimiento de la astenosfera en la profundidad de la tierra, concepto básico de la teoría de tectónica de placas, (Fig. 2) podría emplearse para explicar un diluvio de alcances mundiales. Iniciado por la intervención divina, un desplazamiento gradual de esta astenosfera desde debajo de los continentes hasta debajo de los océanos habría hecho que los continentes se hundieran y los océanos se elevaran. Cuando el lecho del mar alcanzó un nivel por encima de los continentes, los sedimentos marinos abisales habrían sido llevados hasta una parte más baja de los continentes en proceso de hundimiento. Esto estaría en consonancia con la declaración de E. G. de White que dice: "Arcilla, cal y caparazones que Dios había esparcido en el fondo de los mares fueron elevados y arrojados de acá para allá" (White 1886). El diluvio no aconteció súbitamente (Sección III), y a medida que las aguas subían lentamente, destruían gradualmente el panorama fisiográfico 92 prediluviano creando así algún orden en los depósitos. El agua provino de mares prediluvianos, de adentro de la tierra ( "las fuentes del grande abismo", Gén. 7: 11) y de la lluvia que quizá procedió en parte de volcanes. El vapor de agua es el principal constituyente de los gases volcánicos. Puesto que hay evidencias de actividad ígnea y de la formación de montañas en toda la columna geológica, en ocasión del diluvio debe haber habido actividad volcánica, intrusión de rocas ígneas y un levantamiento relativo de zonas locales. Las corrientes de turbidez deben haber sido comunes.
Después de que toda la tierra había sido cubierta con agua, mediante la intervención divina podría haberse iniciado la reversión del proceso descrito. Los continentes, siendo más livianos, se habrían levantado entonces y los mares se habrían hundido, cada uno hasta su nivel normal posterior. Esto habría acontecido durante la última parte del diluvio. Un gran viento habría secado algunos de los sedimentos, y aun habría derribado algunas de las cumbres de las montañas (White 1890, pág. 98). Durante esta última parte del diluvio, los intercambios de la astenosfera y la litosfera habrían producido el lecho actual de los mares y la forma de los continentes de acuerdo con el concepto de las placas tectónicas (Sección V-A), pero a un ritmo más rápido. Los continentes resultantes habrían sido más pequeños, con una base granítica más gruesa para sostener una carga más pesada de sedimentos y una topografía más pronunciada (White 1947, pág. 20). Los cambios en la corteza terrestre habrían continuado por mucho tiempo después de que Noé salió del arca, haciendo que disminuyeran gradualmente hasta llegar a los niveles actuales. Una gran cantidad de cenizas volcánicas en la atmósfera podría haber reducido la temperatura al impedir la llegada de parte de la energía radiante del Sol (Brooks 1949, pág. 208). Esta reducción podría haber contribuido a la formación de extensas glaciaciones, especialmente en los polos.
Este modelo provisorio podría ser considerado como un esquema para investigaciones futuras.

2. Modelo de la inversión de continentes y océanos.-

Este concepto presupone que durante el diluvio las partes de la corteza de la tierra que ocupaban los niveles más altos fueron llevadas por el agua a los mares prediluvianos. Se postula que esos mares eran más pequeños que los actuales. A medida que las lomas más elevadas desaparecían debido a la erosión de las lluvias y las aguas del diluvio, algunas fuerzas isostáticas (movimientos verticales de la corteza de la tierra como resultado de cambios de carga) las habrían hecho elevarse, facilitando una erosión posterior, al paso que sedimentos de mayor espesor se acumulaban en los océanos prediluvianos. Finalmente, los "continentes" prediluvianos habrían desaparecido completamente debido a la erosión mientras que los sedimentos más profundos de los mares estaban sometidos a un metamorfismo (véase Sección IV-B). La absorción de la parte inferior de estas zonas de depósitos (mares) dentro del magma blando del interior de la tierra habría hecho que fueran menos densas las partes que quedaban, y los movimientos isostáticos habrían ocasionado su elevación y habrían formado los continentes actuales. El resultado habría sido una inversión de los mares y continentes prediluvianos. Estos acontecimientos habrían estado acompañados de una gran actividad volcánica, lo que explicaría algo de la difundida abundancia del basalto que ahora se encuentra sobre la corteza sedimentaria de la tierra y dentro de ella. El desplazamiento de estos nuevos continentes podría haber producido la forma actual de la distribución continental y la estructura del lecho de los océanos. Sin embargo, esa traslación y los movimientos isostáticos habrían ocurrido a un ritmo mucho más rápido que el que ahora supone la mayoría de los geólogos. 93
Muchos de los detalles de esta teoría de la inmersión (Sección VII-B-1), tales como el vulcanismo, la glaciación, las corrientes magnéticas de turbidez, etc., pueden coincidir con el modelo de inversión. La destrucción completa de los continentes prediluvianos, supuesta por el modelo de inversión, no parece concordar con lo que sugiere E. G. de White de que algunas partes de los continentes fueron menos afectadas que otras: las montañas se fragmentaron y se hicieron escabrosas y no se destruyeron, y las planicies (no los océanos) se convirtieron en montañas (White 1890, pág. 98).

3. Otras ideas.-

A fines del siglo XIX existió la teoría de que la tierra se contrajo al enfriarse, produciendo cadenas de montañas por plegamientos, proceso similar a las arrugas de una manzana que se seca. Esa idea llegó a ser un dogma geológico, pero ya ha dejado de ser popular. Tiene algunas posibilidades interesantes para el modelo de diluvio, especialmente en lo que se refiere al origen de los plegamientos cordilleranos y al surgimiento de continentes, debido a que adquirió mayor espesor la corteza de la tierra cuando ésta se encogió.
Una hipótesis más osada, la de la expansión de la tierra, ha recibido más atención desde que surgió la teoría de la tectónica de placas. Si bien en la actualidad la mayoría de los geólogos rechazan esa idea, en las publicaciones científicas se persiste en darle apoyo (Carey 1975; Stewart 1976). Queda todavía por verse lo que las investigaciones científicas del futuro puedan revelar en cuanto a este concepto, o hasta qué grado, si es que existió, pudo haber ocurrido esa expansión. Esta teoría tiene algunas características de interés para el creacionista, y es una posibilidad que no debiera ser excluida arbitrariamente. Podría relacionarse con el tercer día de la creación (Gén. 1: 9-10) o con el fin del diluvio, como la causa de la separación de los continentes y la formación de nuestros océanos actuales.
Estas ideas son meras especulaciones, pero presentan posibilidades interesantes. No son aceptadas generalmente, y sin embargo hace sólo unos pocos años la idea de la deriva continental era considerada incorrecta.

4. Conclusiones.-

Es obvio que los modelos presentados no pueden ser todos correctos, pero podrían relacionarse mutuamente. Hay un elemento del modelo de la inversión en el modelo del hundimiento, en vista de lo que sucedió a los mares prediluvianos ubicados encima de la corteza granítico (Fig. 3). Una moderada expansión y contracción de la tierra podrían haber estado implicadas en cualquiera de esos modelos. Lo que sucedió realmente podría coincidir en parte con cada uno de los modelos aquí tratados y de otros todavía no propuestos. Con frecuencia la verdad no es tan simple como nuestros intelectos limitados tienden a hacerla.

C. La secuencia de los fósiles y el diluvio

Los tipos de seres vivientes encontrados en la columna geológica (Fig. 1) indican que los que ahora se consideran como las formas más completas de vida no aparecen en las partes inferiores. La configuración general de la distribución de los fósiles en los sedimentos es explicada por muchos creacionistas sobre la base de una secuencia natural, ecológica, cuando fueron sepultados por el diluvio. Se postula que antes del diluvio la distribución de las plantas y de los animales variaba de un lugar a otro como varia ahora. Esto se advierte fácilmente en las zonas montañosas donde las plantas y los animales de un nivel más bajo con frecuencia son muy diferentes de los animales de un nivel más alto de la misma región.
Al considerar cómo el diluvio puede haber causado la secuencia que se encuentra en el registro de los fósiles, es necesario hacer la diferencia entre las pequeñas inundaciones locales con las cuales estamos familiarizados y un suceso de alcances 94 mundiales insólito como el que se describe en el Génesis. Con frecuencia pensamos en una inundación que arrastra sedimentos de una zona más alta hasta una más baja y los mezcla más o menos desordenadamente. Dentro de los alcances de una inundación mundial, el proceso no sería tan desordenado. Como resultado habría una secuencia a medida que se elevaran gradualmente las aguas de la inundación y destruyeran los diversos paisajes prediluvianos con sus seres vivientes peculiares. Se esperaría que hubiera grandes olas durante una catástrofe tal. E. G. de White se refiere a que el arca era arrojada de una ola a otra (White 1890, Pág. 88) y añade que "árboles, edificios, rocas y tierra eran lanzados en todas direcciones" (ID., Pág. 87). Una ola de 3 m puede producir una presión de 70 gramos por cm². Con frecuencia las corrientes de turbidez (Sección V-B) llevarían sedimentos a las zonas más bajas depositando una capa encima de la otra de una manera más o menos ordenada, tal como se observa en muchas de las secuencias sedimentarias de la corteza terrestre. El orden de los fósiles en estas secuencias en cierta medida reflejaría el orden de las tierras erosionadas, destruidas por la elevación gradual de las aguas. Esta idea, a la que se hace referencia como a la "teoría de la zonificación ecológica", fue desarrollada por H. W. Clark. La figura 4, tomada de su libro (Clark 1946), ilustra un supuesto paisaje prediluviano. Si un paisaje tal hubiera sido destruido por el diluvio tal como ya fue descrito, se obtendría la secuencia que ahora encontramos en el registro de los fósiles. (Véase el diagrama de las Págs. 96 y 97.)
A la izquierda están los períodos geológicos. El diagrama muestra típicas formas de vida de cada división, dispuestas en orden, tal como aparecerían en un panorama antiguo. Puede verse cómo las zonas de vida (o biológicas) reemplazan a las divisiones del tiempo.
La sugerencia de una secuencia evolutiva progresiva en la columna geológica igualmente podría indicar que en la superficie prediluviana del planeta diversas clases de seres vivientes eran característicos de diversas alturas. Esto es algo similar a lo que ocurre ahora. Por ejemplo, no encontramos águilas y vacas en el fondo de los océanos.
A veces hay una tendencia a simplificar demasiado la hipótesis de la zonificación ecológica igualando la distribución ecológica actual con la que existía antes del diluvio. El registro de los fósiles no permite esto. Por ejemplo, en la actualidad los seres vivientes marinos casi exclusivamente están al nivel del mar o más abajo. Cuando miramos la secuencia de los fósiles, encontramos una abundancia de plantas terrestres en el carbonífero, generalmente diferentes de las que ahora existen. Más arriba, en el pérmico, encontramos por encima de esas plantas terrestres organismos marinos en abundancia, con frecuencia diferentes de los que están más abajo. Esta disposición se repite otra vez en el mesozoico. Una disposición similar no se encuentra en la actual superficie de la tierra. Suponiendo que los mares prediluvianos hubieran estado ubicados en diferentes niveles (Figs. 3 y 4), se podría explicar su secuencia sobre la base de una diferente distribución ecológica prediluviana. Una segunda alternativa es la hipótesis de que hubiera habido levantamiento y/o hundimiento de algunas de las zonas ecológicas singulares, antes de la destrucción ocasionada por la subida de las aguas que habría cambiado la secuencia normal. Naturalmente, admitimos que también podrían sugerirse otros modelos.
El grado de singularidad de los fósiles en diferentes niveles de la columna geológica y la amplia distribución de algunos de esos tipos fósiles hace que el modelo de zonificación ecológica sea la mejor explicación general para la secuencia de los fósiles, si se acepta el concepto de un diluvio. Esto también explica la presencia del 95 "fósil índice".* Otros factores que se han usado para explicar la secuencia de los fósiles incluyen una selección provocada por la gravitación (los seres vivientes más pesados se hundieron más profundamente durante el diluvio), la capacidad de locomoción (los seres vivientes más movibles escapaban a las alturas mayores durante el diluvio), y las características de flotación. No hay duda de que estos factores serían significativos, en cierta medida, durante el diluvio, pero es sumamente dudoso que uno solo de los factores pudiera explicar todas las secuencias de fósiles. Quizá las causas fueron una combinación de la distribución ecológica original, una selección, la capacidad de locomoción y de flotación.
El modelo de zonificación ecológica supone una ecología prediluviana diferente de la actual. Se supone que el diluvio debiera haber alterado grandemente la ecología de la tierra. Los datos paleontológicos indican un pasado muy diferente del actual. Por ejemplo, las temperaturas del pasado pueden ser estimadas en base de organismos fósiles de clima cálido o frío. La zona de clima cálido de la tierra parece haber sido mucho más amplia en el pasado (Menzies y colaboradores, 1973, pág. 350). Brooks (1949, pág. 204) estimaba que la temperatura pasada de las regiones continentales que ahora están entre las latitudes 40º-90º norte, por término medio tenían una temperatura 7º C más cálida que la actual a través de todo el cámbrico y el mioceno. ¡Indudablemente el pasado es la clave del pasado!
Como se ha indicado en la Sección VI-A, por lo general los creacionistas incluyen en el diluvio la mayor parte de aquella porción de la columna geológica que contiene fósiles (fanerozoico). Sería deseable poder afirmar dónde comenzó y terminó el diluvio en la columna geológica. Sin embargo, una afirmación tan sencilla no debería esperarse para un acontecimiento tan complejo como el diluvio. En una parte del mundo los últimos depósitos efectuados por el diluvio pueden haber sido del tipo jurásico sin tener ningún depósito encima, mientras en otros lugares pueden haber sido del tipo del mioceno. El mioceno quizá represente el último período del diluvio, puesto que hay significativos cambios climáticos y de fósiles en este punto de la columna geológica. El comienzo del diluvio también podría ser difícil de definir, puesto que podrían haber existido algunas fosilizaciones antes del diluvio. Ciertamente, éste sería el caso si hubiera arrecifes de coral. Estas estructuras consisten principalmente en fósiles. Se habrían destrozado en el diluvio, habrían sido transportadas y vueltas a depositar formando fósiles que fueron nuevamente depositados. El cámbrico podría representar el comienzo de la actividad del diluvio en muchas zonas, al paso que en otras partes el comienzo puede haber sido a un nivel superior o inferior.
Se ha informado la existencia de algunos fósiles raros de gusanos y medusas en el precámbrico superior. Esos fósiles podrían representar depósitos prediluvianos o diluvianos. No está bien definido el límite entre el cámbrico y el precámbrico (Cowie y Glaessner 1975; Stanley 1976). Son raros los fósiles del precámbrico, y entre ellos hay una cantidad cuya identificación es dudosa o ha sido rechazada (por ejemplo, Cloud 1973; Knoll y Barghoorn 1975). Los estromatolitos, estructuras que se supone que han sido producidas por algas, son bastante abundantes en algunos sedimentos del precámbrico. Algunos de ellos están bien abajo en los sedimentos del precámbrico (Mason y Von Brunn 1977). Si se comprobara que esto es una evidencia real de vida pasada, representarían depósitos prediluvianos, o sería necesario trasladar el comienzo del diluvio a un nivel mucho más bajo del que generalmente aceptan los creacionistas, que con frecuencia lo ubican en el paleozoico inferior. 96-97
 

FIGURA 4. ECOLOGÍA PREDILUVIANA SUGERENTE. 98


D. Evidencias del diluvio del Génesis

Puesto que el diluvio, tal como se lo describe en las Escrituras, fue un acontecimiento singular, es difícil establecer un modelo hipotético de su desarrollo. Debido a que lo mismo puede decirse de algo que nunca ocurrió, ésta no es una razón válida para negar que ocurriera el diluvio. Un sistema lógico de investigación debiera admitir acontecimientos singulares. Al paso que no es posible obtener evidencias directas del diluvio, una catástrofe inmensa de tales proporciones debiera dejar evidencias circunstanciales abundantes en apoyo de su existencia.

1. Distribución de los sedimentos marinos.-

Una característica singular de las capas de sedimento que están sobre la tierra es que la cubierta sedimentaria de los continentes tiene un espesor cuyo promedio es unas cinco veces mayor (1,5 km.) que el grosor de la cubierta que se encuentra en el lecho de los océanos (Fig. 1). Algunos de los sedimentos originalmente llevados al océano por los ríos pueden haber sido absorbidos por un proceso de inmersión que hace penetrar la litosfera dentro del manto (Sección V-A). Sólo se puede conjeturar cuánto fue lo que podría haber sido inmerso. Para la cuestión de un diluvio de alcances mundiales, es más importante el hecho de que más o menos un tercio de los sedimentos que están sobre los continentes contienen fósiles marinos, y por lo tanto se originaron en el mar. Esto concuerda bien con la idea del levantamiento de sedimentos marinos dada por E. G. de White (Sección III). Una inferencia interesante es que en la actualidad los sedimentos del océano son escasos porque se han acumulado tan sólo a partir de las últimas etapas del diluvio y después de él. Los sedimentos marinos de los continentes representan lo que había en los océanos antes del diluvio. Los geólogos que no creen en una catástrofe de alcance mundial, como el diluvio, por lo general explican la presencia de abundantes depósitos marinos en los continentes suponiendo que extensas zonas de los continentes acumularon depósitos marinos mientras estaban debajo del nivel del mar durante largos períodos (por ejemplo, Brooks 1949, pág. 206; Sloss y Speed 1947). Esta idea no se ha librado completamente de desafíos (Wise 1972). La idea de continentes ubicados a un nivel inferior en lo pasado es similar al primer modelo que ya presentamos (Sección VI-B-1), según el cual los continentes se hundieron durante el diluvio. Si esto no se toma en cuenta, la gran abundancia y amplia distribución de depósitos marinos en los continentes resulta insólita, a menos que se acepte un diluvio como el del Génesis.

2. Abundancia en los continentes de depósitos terrestres singulares.-

La abundancia en los continentes de depósitos sedimentarlos singulares que contienen fósiles terrestres es una evidencia de una acción catastrófica sufrida por los continentes que no admite analogías en el presente. En el suroeste de los Estados Unidos, el conglomerado Shinarump del triásico, que pertenece a la formación Chinle, es un ejemplo notable de conglomerado fosilífero que contiene madera. Este conglomerado, que ocasionalmente se convierte en arenisca de grano grueso, por lo general tiene menos de 30 m de espesor, pero ocupa casi 250.000 km² (Gregory 1950). Esto sugiere que se necesitaron fuerzas mucho mayores que las actuales para esparcir un depósito continuo y grueso, como es éste, sobre una zona tan amplia. Es difícil imaginarse que actividades sedimentarias locales, tal como lo pretenden algunos, pudieran producir semejante continuidad. Conglomerados que se presentan en la base de otras formaciones muestran la misma evidencia.
La naturaleza amplia, continua y singular de muchas formaciones también indica una extensa deposición en una escala que sugiere un diluvio mundial. Por ejemplo, la 99 formación Morrison, jurásica, multicolor y con fósiles de dinosaurios, en el oeste de los Estados Unidos, se extiende desde Kansas hasta Utah y desde el Canadá hasta Nuevo México (Hintze 1973). Sin embargo su espesor por término medio es sólo de unos 150 m. Estas amplias formaciones, de las cuales podría presentarse una extensa lista, reflejan una continuidad de deposición lateral en una escala desconocida en la actualidad. Muchos geólogos las explican como un conjunto de características sedimentarias locales. De nuevo es sumamente difícil imaginar fenómenos de sedimentación local que produjeran esas formaciones relativamente delgadas pero amplias y continuas. Uno también se pregunta cómo pudo haber sido tan uniforme una actividad local durante los largos períodos supuestos para la deposición de las formaciones. Los datos concuerdan mejor con la idea de un diluvio catastrófico como el que se describe en el Génesis.

3. Menor limitación territorial en el registro de los fósiles.-

La ubicación en zonas determinadas (localización de distribución) de seres vivos es mucho mayor ahora que en el registro de los fósiles. En otras palabras, las especies fósiles aparecen mucho más esparcidas en la superficie de la tierra que las especies vivas. Muchos paleontólogos se han referido a esta diferencia (por ejemplo Sohl 1969; Barghoorn 1953; Valentine y Moores 1972; Valentine 1973). Se espera menor localización de fósiles en un diluvio de alcances mundiales en el cual tuvieron que ocurrir algunos esparcimientos laterales de seres orgánicos. Esto también podría haber sido el resultado de condiciones climáticas más uniformes en la tierra original (White 1890, pág. 46; 1947, pág. 46). En cualquiera de estos casos, los datos confirman la descripción dada mediante la inspiración divina.
 

4. Turbiditas.-

El nuevo concepto de rápida sedimentación por agua, provocada por corrientes de turbidez, tratado en la Sección V-B, concuerda bien con una catástrofe tal como el diluvio del Génesis. Sólo el tiempo dirá qué proporciones de los sedimentos se identificarán finalmente como depósitos de turbiditas. Las turbiditas con frecuencia son complejas, no siempre se sedimentan granulométricamente, y a veces no se pueden identificar. Dott (1963) identifica "algo menos del 50 por ciento" de turbiditas en algunos sedimentos de la cuenca de Ventura, en California. En una sección que abarca desde el devónico hasta el eoceno, del noroeste de los Estados Unidos, él estima que el 30 por ciento son turbiditas sedimentadas granulométricamente, 15 por ciento son rocas calcáreas, 15 por ciento volcánicas, y 40 por ciento son de origen incierto.
Es posible postular corrientes de turbidez en grandes lagos y sobre porciones continentales sumergidas, y luego suponer la intervención de largos períodos de tiempo. Pero el número creciente de depósitos en los continentes que se identifica como turbiditas, indica actividad subacuática en una escala que correspondería con el diluvio y que no concuerda con los procesos actuales de sedimentación en los continentes.

5. Escasez de características de erosión en las discordancias.-

Las discordancias que representan "hiatos"* provocados por el tiempo en el registro geológico son frecuentes en muchas secuencias sedimentarias. Esos hiatos de tiempo extenso debieran mostrar los efectos del tiempo. La erosión durante esos largos hiatos debiera ser evidente, y a veces debiera haberse preservado, al quedar sepultadas esas características debajo de un nuevo ciclo de sedimentación. La falta casi completa en las discordancias de las características principales de la erosión, tales como los 100 numerosos cañones que ahora vemos en la superficie de la tierra, sugiere poco tiempo entre los ciclos de sedimentación, tal como podría esperarse en un diluvio. Existen pocos cañones fósiles (Cañones antiguos que han quedado cubiertos por sedimentos más recientes en los cuales quedan impresos sus moldes.- N. del T.)  -por ejemplo, Cohen 1976-, pero su casi completa ausencia en todos los sedimentos antiguos comparada con su actual abundancia en la superficie de la tierra apoya el concepto de que la deposición de los sedimentos en el pasado fue rápido y dio poco tiempo para la erosión.
Algunos geólogos han usado el concepto de las penillanuras en un esfuerzo por explicar la ausencia de características grandes de erosión en las discordancias. Las penillanuras son consideradas como superficies amplias erosionadas de bajo relieve. La secuencia singular de acontecimientos requeridos para producir penillanuras (Thornbury 1969, págs. 185-188) ha inducido a muchos a poner en duda este concepto (por ejemplo, Holmes 1965, pág. 575; Foster 1971, pág. 65). Si las penillanuras son una característica común del registro de los fósiles, debería haber ejemplos modernos. Sin embargo, Bloom (1969, pág. 98) pone en duda la existencia de penillanuras modernas.
Parece evidente que las características de las discordancias en el registro geológico apoyan la acumulación relativamente continua requerida por un modelo del diluvio.
 

Comentario Bíblico Adventista del Séptimo Día. Tomo I
El Génesis y la Geología. VI Modelos del Diluvio.