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El hombre fósil.-El Hombre de Neanderthal.-Homo erectus.-

1. El Hombre de Neanderthal.-
Se hace referencia colectivamente, aunque bien en forma vaga, a un gran número de fósiles de Europa, África y aun del Asia como que fueran representantes del tipo llamado Hombre de Neanderthal. En realidad, la mayoría de los fósiles procedentes del Cercano Oriente, África y Asia quizá deberían ser descritos como "neanderthaloides" o "semejantes a Neanderthal", puesto que son diferentes del tipo clásico del Hombre de Neanderthal de la Europa Occidental. Los especímenes de la Europa Occidental son característicos y parecen representar un tipo algo especializado de hombre que vivió en la Europa Occidental durante la edad de hielo.
Siguiendo la dirección del erudito francés Marcellin Boulé (1911-1913), por mucho tiempo se pensó que el Hombre de Neanderthal poseía numerosas características simiescas. Algunas reinterpretaciones más recientes, tales como el estudio hecho por Strauss y Cave (1957), han demostrado que se exageraron muchísimo las pretendidas características simiescas. Por ejemplo, la interpretación de Boulé se basaba principalmente en un solo esqueleto que habla sufrido grandes estragos provocados por osteoartritis espinal. Las distorsiones artríticas del esqueleto tenían su equivalente en el concepto igualmente distorsionado del Hombre de Neanderthal como un "eslabón perdido", parcialmente simiesco, tal como lo afirmaba Boulé teniendo en cuenta ese esqueleto.
Aunque diferente del hombre moderno en ciertos rasgos prominentes del cráneo así como también en algunos aspectos más sutiles de la calota craneana, no hay una razón convincente para creer que el Hombre de Neanderthal fuera en ninguna manera intelectualmente inferior al hombre moderno, o una forma "degenerada" del hombre de hoy día. El registro arqueológico referente al Hombre de Neanderthal 65 demuestra que poseía preocupaciones estéticas y religiosas típicamente humanas, y plena capacidad intelectual y cultural humana. El punto de vista una vez sostenido por los evolucionistas de que el Hombre de Neanderthal todavía no se había escapado de los ecos de su pasado simiesco así como el punto de vista a veces expresado por los creacionistas de que el Hombre de Neanderthal era una forma degenerada del hombre moderno, ambos podrían haber sido motivados por un prejuicio similar etnocéntrico: la suposición de que lo que es diferente del hombre moderno debe ser inferior.

2. Homo erectus.-
Este grupo de restos fósiles de hombres antiguos incluye el famoso Hombre de Java encontrado por Eugenio Dubois en 1892 y el igualmente famoso Hombre de Pekín extraído de la caverna de Choukoutien, cerca de la ciudad china de Pekín, en 1927. La forma reservada en que Dubois se ocupó de su hallazgo original, tan sólo avivó la controversia que rodeó a los restos fósiles de su Hombre de Java durante tantos años. Dubois mismo vacilaba en su interpretación, arguyendo al principio que el Hombre de Java era un "eslabón perdido", pero más tarde llegó a la conclusión de que el "Hombre" de Java en realidad era un gibón extinguido. La incertidumbre acerca de la interpretación del Hombre de Java y del de Pekín se incremento debido a la pérdida de los restos fósiles del Hombre de Pekín durante la Segunda Guerra Mundial. Existen descripciones detalladas, fotografías y moldes de yeso de algunos de esos materiales, pero estas cosas no pueden compensar plenamente la pérdida de los originales. Afortunadamente, nuevos hallazgos, algunos a partir de la Segunda Guerra Mundial, han dado solidez al significado tanto del Hombre de Java como del Hombre de Pekín. El descubrimiento de fósiles similares procedentes tanto de Java como de la China, así como del África y de Europa, proporcionan aparente credibilidad a la interpretación del Homo erectus como un tipo específico del hombre antiguo que existió ampliamente en el antiguo mundo.
Lo poco que se sabe de la calota craneana del Homo erectus sugiere que, en comparación con el hombre moderno, las diferencias son ínfimas. Es en el cráneo en donde el Homo erectus se diferencia principalmente del hombre moderno. El tamaño relativamente pequeño del cerebro se ha presentado como una evidencia de que el Homo erectus representa una etapa de la evolución humana durante la cual el cerebro no había alcanzado todavía plenamente sus proporciones modernas, pero es arriesgado apreciar la inteligencia basándose en el tamaño del cerebro, puesto que hay factores cualitativos que pueden ser tan importantes para determinar la inteligencia como lo es el mero tamaño. El registro arqueológico no presenta una clara evidencia de que el Homo erectus poseyera capacidades culturales e intelectuales inferiores a la plena condición humana.
Aunque algunos creacionistas prefieren considerar los restos fósiles del Homo erectus como restos de monos que no son humanos (por ejemplo, Gish 1972, pág. 102), los parecidos generales y específicos del Homo erectus con el hombre actual hacen difícil ver en el Homo erectus algo que no sea una forma de un verdadero hombre. Es significativo que en años recientes los antropólogos han cambiado el nombre de estos fósiles de Pithecanthropus, nombre científico que significa "hombre-mono" a Homo erectus, palabras latinas que significan "hombre erguido". Los especialistas en el estudio de los hombres prehistóricos hoy en día concuerdan en su creencia de que el Homo erectus fue un hombre verdadero, creencia que concuerda bien con el concepto creacionista de los orígenes del ser humano. Debiera advertirse que algunos creacionistas, al paso que atribuyen pleno carácter humano al Homo erectus, creen que al fin de cuentas se encontrará alguna prueba que demuestre que 66 los restos fósiles del Homo erectus corresponden con individuos afectadas con deformaciones patológicas que vivieron contemporáneamente con hombres plenamente modernos.

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