INFORMACIÓN sobre el daño del Alcohol sobre algunos órganos.

 

 

LOS RIÑONES: SÚPER FILTROS.

 

 Los riñones son dos órganos de coloración roja morena y consistencia firme, destinados a segregar y excretar la orina. Están situados a ambos lados de la columna vertebral, a la altura de las dos últimas vértebras dorsales y las dos primeras lumbares (el derecho algo más bajo que el izquierdo). Miden 12 centímetros de largo, 7 de ancho y 3 a 4 de grueso. Si se pudieran desenredar los riñones como se haría con una prenda tejida, se encontraría que contienen aproximadamente 22 kilómetros de finísimos túbulos y dos millones de filtros minúsculos o nefrones. Durante las 24 horas del día la sangre circula muchas veces por estos tubitos finísimos para ser purificada. Las impurezas salen al exterior en la orina (un litro diario). Existe una estrecha relación entre el buen funcionamiento de los riñones y la presión normal de la sangre. El Dr. Boris Sokoloff, especialista en medicina interna, declaró:

 

 "Recientemente hemos comenzado a comprender que en los riñones se encuentra la causa de la elevación anormal de la presión de la sangre". Debido a la delicada estructura anatómica de los riñones y a la importante función que desempeñan para mantener el cuerpo con buena salud, hay que ser muy cuidadosos con lo que se come y se bebe. La pimienta, el vinagre y otros condimentos fuertes consumidos habitualmente y el uso de bebidas alcohólicas, té, café, drogas y otros estimulantes, pueden dañar los riñones. Para tener riñones sanos hay que hacerse curar prontamente las enfermedades infecciosas, se debe tener un régimen de alimentación sencillo y nutritivo y hay que beber abundante agua pura o jugos de fruta


CÓCTELES Y RELAJACIÓN

Numerosas personas que durante el día deben soportar tensiones, nerviosismo y preocupaciones como resultado de su trabajo y sus responsabilidades, al final de la jornada tratan de relajarse tomándose unos cócteles o tragos fuertes.

Pero no se dan cuenta que el método de relajamiento con cócteles es perjudicial. Los toxicólogos clasifican el alcohol como un veneno, en la misma categoría que las drogas narcóticas, el hidrato de doral (anestésico), el cloruro, el cloroformo, el éter y el benzeno. El alcohol es un tóxico que actúa sobre el cerebro como un anestésico. Un trago de bebida fuerte pone en funcionamiento el complicado sistema de defensa y reparación del organismo. Al someter el cuerpo a repetidas reacciones a situaciones de emergencia debido a la ingestión de cócteles fuertes, el sistema de defensa y otras delicadas estructuras del organismo resultan dañados y debilitados. Debido a esto, aunque al final del día una persona se sienta muy tensa, preocupada o nerviosa, no conviene que use tragos fuertes para relajarse. Conseguirá mejores resultados dándose un baño tibio, tomando una tisana (agua aromática) de menta o de otra hierba que produzca relajación, o bien haciendo una caminata a paso rápido.

Después de eso puede jugar un rato con sus hijos, si los tiene pequeños, o bien conversar con la esposa y ayudarle a dar los últimos toques a la comida de la noche. Estas y otras actividades semejantes pueden aliviar eficazmente las tensiones y disponer el espíritu para pasar una velada feliz en compañía de la familia.

SUENO REPARADOR

 

Si Ud. desea beneficiar su organismo con un sueño profundo y reparador, no se vaya a la cama pensando en sus negocios, en el trabajo que dejó sin terminar ni en cosas que preocupan. Una caminata, un baño tibio, unos momentos de lectura o un tiempo pasado escuchando música suave son recursos que preparan la mente y el cuerpo para una noche de sueño benéfico. No se acueste con el estómago recargado. Es mejor que coma temprano. Antes de acostarse puede tomar un vaso de leche. Eso bastará para que el exceso de sangre abandone el cerebro recargado, lo que facilitará la llegada del sueño. Además, la leche contiene calcio, sustan­cia que alimenta las terminaciones nerviosas en el cerebro que en el ciclo del sueño conducen los estímulos entre el centro del sueño, los nervios, los múscu­los y el torrente sanguíneo.

 

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