La Agricultura el ABC  de la Educación

Por el Pr. Collin Standish

A TRAVÉS de los siglos las ocupaciones agrícolas dominaron las actividades profesionales y recreativas de la humanidad. La supervivencia estaba basada en ella, y la dependencia del hombre y a menudo su lucha con la naturaleza, constituía el punto básico de la vida. Las ciudades solían ser pequeñas y muy dispersas de
tal manera que la mayoría de los habitantes del mundo vivían en localidades rurales y semi rurales. La naturaleza, en su mayor parte, no era perturbada seriamente y el equilibrio ecológico era mantenido de manera natural.
Difícilmente se pudo haber esperado que los primeros genios de la revolución industrial previeran el efecto gigantesco de sus toscos inventos mecánicos. Seguramente, ninguno habría podido predecir  el impacto psicológico y sociológico de
estos emocionantes descubrimientos, ni el efecto sobre las luchas de la vida, el desarrollo físico y la salud.
Ya hacia los comienzos del siglo XX, estos cambios habían empezado a tener un impacto señalado en la distribución de la
humanidad. Enormes ciudades industriales atraían, como un imán, al creciente número de campesinos quienes eran obligados por la economía y la avanzada tecnología, a abandonar las tierras que habían sido su legado por innumerables
generaciones. Muy a menudo el complejo impacto psicológico y sociológico de semejantes cambios apresurados no era percibido o adecuadamente manejado por las agencias gubernamentales o sociales. De hecho, muy pocas de estas agencias existían y cuando, después de la Segunda Guerra Mundial, las agencias sociales se multiplicaron, era ya demasiado tarde para enfrentar un problema que ahora estaba totalmente confundido con otros asuntos urbanos.
No hay manera de evaluar adecuadamente el impacto de la industrialización sobre la experiencia humana, pero experimentos recientes de gran éxito con la agricultura, usándola como una terapia para los que están física y mentalmente
incapacitados, son indicios de la posible contribución de ésta en el crecimiento y desarrollo armonioso del ser humano.
Aunque uno pueda poner en duda la aseveración de Thomas Jefferson de que la agricultura es la ocupación mas democrática, aún es cada vez más difícil ignorar la creciente evidencia de que las actividades de la tierra son básicas para la experiencia humana.

Dios ha provisto una filosofía sistemática de la agricultura en la educación. Es sorprendente que una actividad tan integrada a la historia humana haya sido ignorada en gran parte, o quizás menospreciada, aun dentro de la iglesia de Dios. Elena de White ha dado algunas de las razones de mayor peso en cuanto a la agricultura como parte del currículo, o programa educativo.
"El estudio de la agricultura debería ser el A, B, C de la educación dada en nuestras escuelas. Es la primera labor que debe ser emprendida. Nuestras escuelas no deberían depender de
productos importados, como: granos, verduras y frutas tan esenciales para la salud." Testimonies, tomo 6, pág. 179.

Ella amplió esta declaración indicando el valor de la actividad agrícola en cada área importante de la vida. Aseveró que
ésta desarrolla la sabiduría práctica
, la habilidad para planear y ejecutar; fortalece el coraje, la perseverancia y el carácter, al
mismo tiempo que demanda el ejercicio
de la habilidad y el tacto'. Adicionalmente, ella ve el papel que juega la agricultura en contribuir a la pureza
, el contentamiento y a una relación con Dios.2

Elena de White está lejos de ser una voz aislada en encomiar el valor de la agricultura como una educación provechosa para la raza humana. Hill y Struermann en "Raíces en la Tierra", presentan como su mayor preocupación el hecho de que la compleja superestructura de una civilización tecnológica descansa sobre el grupo de obreros que manejan la tierra y los recursos naturales. Ellos dicen: "La disciplina, la paciencia, la obediencia, la responsabilidad y la dependencia propia están entre los rasgos de carácter moralmente apreciables que engendra el trabajo agrícola en el granjero." Johnson D. Hill & Walter E. Struermann, Roots in the Soil (Raíces en el suelo) , Philosophical Library, New York, 1964,21.

Aún más recientemente, Anne Moffat aconseja cuatro resultados positivos del trabajo en el jardín y la huerta:

a. Fomenta la confianza, el propósito y un sentido de realización.

b. Fomenta el respeto por las cosas vivientes.

c. Ofrece ejercicio y recompensas tangibles por los esfuerzos.

d. Ofrece oportunidad para planificar; administrar el tiempo, y desarrollar responsabilidad. Science Digest, Febrero 1980, págs. 62-65.

Arme Moffat también señala que el personal que administra atención medica ha descubierto que la jardinería:

a. Ayuda a aliviar la tensión.

b. Mejora el respeto propio y fortalece la voluntad.

c.  Desarrolla la responsabilidad.

d. Enseña nuevas habilidades.

e.  Ofrece un canal para la auto-expresión. Science Digest, febrero 1980, Págs. 64-65.

Karl Menninger, el renombrado psiquiatra de Kansas, sostiene: " .... en lo que respecta a la salud mental, los campesinos tienen todas las ventajas sobre los citadinos" . B. H. Hall & M. E. Kenworthy, A Psychologist's World,
The Selected Papers ofKarl Menninger, M D., The Viking Press, New York, 1959, pág. 11.

Es razonable asumir que antes de la industrialización de enormes porciones de la tierra, se le daba poca atención al papel extraordinario de la agricultura en el desarrollo armonioso de la humanidad. Después de todo, es difícil pensar que algo que es el destino (sin duda que algunos pensarán, la desgracia) de casi toda la humanidad, sea algo excepcional.
De este modo, es que recientemente el abandono del campo ha sido considerado como un factor principal en las grandes fracturas vistas en la sociedad contemporánea. A excepción de los Amish y sus semejantes, poderosos terratenientes dominan las extensiones de terrenos arables de los Estados Unidos que antes eran numerosas fincas pequeñas atendidas por círculos familiares. Millones de personas han sido privadas de esta manera de los efectos benéficos y el valor terapéutico del trabajo en la huerta.


En 1907, en el  decimoquinto aniversario de la fundación del' primer colegio agrícola patrocinado por el estado, el residente Theodore Roosevelt dirigiéndose a los estudiantes y a la facultad de la Universidad del estado de Michigan, dijo: "Hasta este momento, nuestro sistema escolar ha estado totalmente desprovisto de entrenamiento industrial, entrenamiento que capacita al hombre para el taller .... Los colegios agrícolas e institutos agrarios han hecho mucho a favor de la instruccíon e inspiración; han representado la nobleza de la labor y la necesidad de entrenar la mente y los músculos para la industria". Theodore Roosevelt, "El Hombre Que Trabaja Con Sus Manos", en Agricultural Thought in the Twentieth Century, editado por George McGovern, The Bobbs-Merrill Co. , Inc. 1976, págs. 27, 32.

La expresión categórica de Roosevelt: "La mejor cosecha es la cosecha de niños, los mejores productos de la granja son los hombres y las mujeres criados en ella" (Ibid. , pág. 32), se ha convertido en la voz de alerta para algunos defensores del papel crítico de la agricultura en la educación.

Por ejemplo, Hill and Struermann afirman: "El producto principal de las fincas y de la agricultura son las personas". J. D. Hill & Struermann, op. cit., pág. 22.

Quizás, la evidencia más convincente para añadir la agricultura al programa educativo, irónicamente no proviene de la investigación regular en un aula de clase. Mas bien, proviene de la creciente evidencia del éxito con los físicamente  incapacitados, los retardados mentales, los perturbados emocionalmente, el criminal endurecido y el enfermo.

Ya a comienzos del año 1768, el renombrado médico de Filadelfia, Benjarnin Rush, sostenía que el cavar en la tierra podía curar a los enfermos mentales. En el siglo diecinueve el Dr. Gregory, del norte de Escocia, aseveraba curar la demencia urgiendo a los pacientes a realizar labores agrícolas.' Probablemente el uso continúo más prolongado de la terapia hortícola se cree que ha sido realizado por el Friends Hospital en Filadelfia, el cual ha aplicado esta terapia desde su fundación en el año 1813.4
La efectividad de la horticultura en la restauración de los enfermos y personas inadaptadas parece ser perentoria.
Entre las principales declaraciones se encuentran:
1. Resultados positivos para las víctimas de embolia, accidentes y enfermedades degenerativas.

"La ocupación útil les fue señalada como una bendición, para fortalecer el cuerpo, expandir la mente y desarrollar el carácter." La Educación, pág. 18.


2. Mejoría en pacientes retardados mentales.
3. Algunos logros con enfermos desanimados y apáticos.7
4. Mejoría en pacientes psiquiátricos.8
5. Desarrollo del respeto propio en los adolescentes.9
6. Reducción del temor en niños que enfrentan cirugía. 10
7. Ayuda para las personas jubiladas a fin de que preserven una constante utilidad.11
8. Alcanza al criminal psicológicamente peligroso. 12

Con ésta rápida y creciente evidencia y la difusión de la terapia hortícola y agraria, el interrogante que enfrenta el educador cristiano es, ¿cuál es el papel que juega la agricultura en el área de la prevención? ¿Ha sido en parte, la obvia fragmentación de la sociedad occidental un resultado del abandono del campo? La respuesta es un resonante-¡sí!- La introducción de la agricultura ( o jardinería) en el currículo como materia básica de estudio constante, es algo que debe ser decidido urgentemente.
El Dr. Howard Brook, del Institute of Rehabilitative Medicine en New York dice:
"La horticultura (el trabajo en la huerta) es medicina preventiva-una que usted puede prescribirse a sí mismo." Coralee Leon, "Earth The Healing Power of Gardéning", House and Garden, febrero 1976, pág. 77.

Pero, ¿es más que una medicina? Las actividades de la tierra ofrecen una base amplia para el desarrollo de aquellas
características humanas que son esenciales para el crecimiento sano del individuo y la estabilidad de la sociedad.

Aunque es posible que la evidencia disponible no sea concluyente en el sentido máximo, ciertamente ratifica y confirma el consejo de Dios. Ante todo, hay abundante evidencia socio-psicológica de una sociedad frágil e insegura, la cual está generalmente apartada de sus raíces en la tierra. Cada día se hace más aparente la evidencia de un síndrome de dependen-
cia en la sociedad. Por otro lado, tenemos la evidencia casi irrefutable del buen resultado de la agricultura en la rehabilitación humana.

Obviamente, el trabajo de jardinería al aire libre ofrece la más amplia gama de beneficios para los participantes.
Estos beneficios incluyen el ejercicio moderado de los principales sistemas musculares del cuerpo, luz solar, aire puro (excepto si se realiza en una zona urbana). Estos no sólo son importantes para la salud física sino también para la salud mental y espiritual.

 
"La ocupación útil les fue señalada como una bendición, para fortalecer el cuerpo, expandir la mente y desarrollar
el carácter". La Educación, pág.18.
Sin embargo, donde por razones físicas o climáticas el trabajo al aire libre sea imposible, el cuidado de las plantas dentro de la casa o en un invernadero puede aún tener un considerable valor terapéutico tanto preventivo como curativo. Acerca del área terapéutica, Anne Moffat dice: "La gran satisfacción derivada del contacto manual con la tierra; preparando el terreno, plantando semillas, observando el crecimiento, nutriendo, cosechando e inclusive desyerbando, con frecuencia establece la plataforma para la recuperación". Anne Moffat, "Therapy in Plants". Science Digest, febrero 1980, págs, 62-63.

Pero ella señala además que el grupo más grande en beneficiarse de la terapia agrícola es el que tiene una huerta propia. Ella identificó tres antídotos valiosos para la tensión en la huerta doméstica: "Ejercicio, relajación y placer estético" . Ibid., pág. 65.
Con tal amplitud de beneficios, derivados de las actividades agrícolas, se puede establecer un caso persuasivo a favor de la introducción de la agricultura en el currículo educativo de cada escuela a todos los niveles de educación, comenzando desde el kindergarten hasta la universidad. Estos beneficios están basados en el consejo de Dios y en las siguientes consideraciones:

1. 
Beneficios Físicos. La agricultura, junto con otras actividades prácticas y benéficas, tiene mucha ventaja sobre los deportes, especialmente los que se juegan en equipo. Los expertos en educación física han reconocido cada vez más el fracaso general de los equipos deportivos . en establecer patrones de ejercicio que continúen durante toda la vida. El trabajo
en la huerta ofrece los duraderos beneficios de tal ejercicio.
Además, la horticultura ofrece un ejercicio independiente de las presiones asociadas con los deportes competitivos, de manera que se obtiene como resultado de ésta, relajación en vez de tensión. La tendencia de la competencia es colocar énfasis en ganar a expensas de otro individuo o equipo. La horticultura está intrínsecamente libre de tales consecuencias sociales negativas.
2.
Beneficios Intelectuales. Cuando los primeros investigadores acerca del cociente de inteligencia empezaron su labor, el énfasis fue dirigido hacia la definición de la inteligencia como una capacidad general, inherente y perceptiva. Sin embargo, los teóricos e investigadores más recientes no aceptan una definición tan simple de la inteligencia.
 La mayoría de los educadores ven una amplia gama de factores inherentes y adquiridos. De máxima importancia para este artículo es el creciente énfasis sobre las habilidades prácticas como un índice de inteligencia a la par con las técnicas verbales, numéricas y de razonamiento teórico.

Por ejemplo, Vernon define dos factores principales de inteligencia (V:ed, verbal-educacional; y K:m, kinestético-mecánico). La capacidad continua de sostener los factores prácticos llevan a la conclusión de que la teoría y la aplicación deben estar juntas en una práctica educativa completa. Aunque la agricultura no es en modo alguno la única habilidad práctica que sea de valor, ciertamente es una destreza que por encima de muchas otras se adapta a la amplia gama de la capacidad intelectual humana  y por lo tanto debería ocupar un papel preponderante en la educación aplicada.

3.
Beneficios Emocionales. Hasta ahora hemos fracasado en apreciar plenamente los devastadores efectos psicológicos del síndrome de la diversión sobre la cultura moderna. Este fracaso no sólo domina nuestras actividades durante el tiempo libre, sino que también ha invadido la educación, el trabajo, la iglesia y casi todas las facetas de la vida.
Es en este momento que hemos empezado a percatamos del efecto psicológico destructivo de vivir una vida basada mayormente en una experiencia vicaria. La mayoría de los niños ha empleado miles de horas en la experiencia fingida de la
fantasía de la televisión y otros medios de entretenimiento, mientras que ha invertido poco tiempo en experiencias de iniciativa propia. Las actividades agrícolas ofrecen un antídoto excelente para semejantes peligros de la salud mental.
Las experiencias en el mundo real, las lecciones básicas en cuanto a causa y efecto y los logros personales de la agricultura, ayudan a preservar la salud mental y ofrecen experiencias acerca de cómo afrontar los asuntos reales de la vida. Estas
lecciones contribuyen significativamente al establecimiento del respeto propio.

4.
Beneficios Espirituales. Los beneficios morales del trabajo arduo y de las actividades provechosas han sido reconocidos desde hace mucho tiempo.
La realización de deberes productivos y las recompensas de una labor honesta sostienen una plataforma de crecimiento
que facilitará la elección de lo que es digno y valioso. La ociosidad, la indolencia y el fracaso en alcanzar fines meritorios no sólo amenazan la salud emocional del individuo sino que además, lo predisponen a un comportamiento antisocial y a menudo criminal.

La agricultura junto con otros programas prácticos y de valor, puede facilitar un sano crecimiento espiritual y moral.
Aunque no está dentro de la esfera de este artículo el detallar la forma más efectiva de cómo la agricultura puede ser integrada en el currículo escolar, las siguientes observaciones pueden ser de ayuda:

1. Siempre que sea posible, las escuelas deberían tener suficiente terreno para que cada estudiante pueda tener su
propia pequeña huerta que atender.
2. Sería aconsejable proveer alguna oportunidad de trabajo agrícola en grupo, donde ese intercambio social sea
beneficioso.
3. Se supone que el éxito de tales programas depende de que todos los profesores se involucren y ayuden a los
estudiantes en sus huertas.
4. En regiones donde el clima es demasiado frío, deberían proveerse invernaderos para el programa de huerta
estudiantil.
5. Las escuelas citadinas tienen una responsabilidad aún mayor que las escuelas rurales de inaugurar programas de
cultivo. Si el espacio existente no permite esto, se puede subsistir exitosamente con invernaderos y sembradíos internos.
6. Los cursos de horticultura deben ofrecer niveles crecientes de comprensión teórica al igual que de experiencia práctica.
7. A los cursos más elevados se les pueden añadir experimentos acerca del enriquecimiento del suelo y el análisis
de la calidad de los alimentos.
La agricultura debe estar al mismo nivel de la lectura, el castellano, la caligrafía, las matemáticas y el entrenamiento bíblico, como la médula del currículo educativo. La verdadera educación cristiana le ofrecerá a los estudiantes toda oportunidad para obtener una formación agrícola. 


1 E. G. White, La Educación. pág. 107-108 Y 216.
2 E. G. White, Consejos para los Maestros, pág. 178.
3 Jody Gaylin, "Green Thumb for the Handicapped", Psychology Today Abril de 1976, pág. 118.
4 Anne Moffat, "Therapy in Plants," Science Digest, febrero de 1980, pág. 65.
5 Jody Gaylin, op. cit. pág. 118.
6 Ibid. pág. 118.
7 Ibid. V'
7 Anne Moffat, "Therapy in Plants", Science Digest, febrero de 1980, pág. 62.
9 Ibid.
10 Jack Horn, "The Green-Thumb Care for Hospital Fears", Psychology Today, pág. 99.
11 Anne Moffat, op. cit., 62.
12 Coralee Leon, "Earth The Healing Power of Gardening." Psychology Today, pág. 99.

 
Tomado de
Nuestro Firme Fundamento Tomo 5, No. 6. Págs. 4-7 En Castellano.  
 


Lea La Vida en el Campo (Country Living) por Elena G. de White en Español