La marcha.

La creciente cantidad de enfermedades por agotamiento o de tipo degenerativo, de casos de senilidad precoz y de trastornos debidos a la vida moderna, se atribuye acertadamente al hecho de permanecer sentados demasiado tiempo y a que se anda demasiado.

Entre tales enfermedades se cuentan la artrosis de las extremidades y de la columna vertebral, las dolencias de los discos intervertebrales, los trastornos circulatorios, las afecciones cardíacas, la distonía vegetativa y diversas afecciones de origen nervioso que atacan al estomago, los intestinos y los riñones. Las estadísticas de las compañías de seguros demuestran que hoy en día, la invalidez prematura se sitúa en torno a los cincuenta y cuatro años.

El hombre ha sido dotado por Dios de unos miembros inferiores aptos para la carrera, pero los músculos de los muslos y las piernas (que representan el 56 por ciento del conjunto de la musculatura) degeneran si permanecen inactivos. Un entrenamiento progresivo aumenta considerablemente la fuerza muscular. Practicados correctamente, los ejercicios musculares vivifican el metabolismo, estimulan las funciones de la piel, de las glándulas, del sistema nervioso y de la circulación.

En nuestros días, ya no andamos: preferimos usar el automóvil. Hasta en los campos de golf se usan los “golfmovils” para desplazarse de un hoyo a otro. Existen bancos en los que puede tener acceso a la caja sin salir de su coche, cines e iglesias al aire libre en los que se puede asistir a la sesión o al culto desde el automóvil. Nos hemos convertido en una población de automovilistas, que ya no se mueven sino que se dejan llevar. La marcha y el paseo han tenido que convertirse hoy en una de las prescripciones médicas.

Esto sucede desde que el doctor L. Oertel consiguió excelentes resultados en sus pacientes cardiacos haciéndoles dar paseos cada vez más largos y en cuesta. En sus “curas de paseo”las piernas obligan al corazón a fortificarse y a aumentar su rendimiento.

La “cura de paseo” se recomienda después de una enfermedad grave o de una prolongada permanencia en cama, para fortalecer la musculatura debilitada.

Ni los medicamentos ni los aparatos para hacer gimnasia en la habitación pueden suplir la acción bienhechora de andar, porque gracias a los accidentes del camino y a su longitud ofrece la posibilidad de diferentes fases de esfuerzo, algo muy necesario para una terapia activa del movimiento.

Frente a los esfuerzos que se realizan en los aparatos gimnásticos fijos (bicicleta y remo), el paseo con sus distintas fases tiene la enorme ventaja psicológica de la variedad de paisajes y del ejercicio al aire libre.

El grado de dificultad puede variarse también discrecionalmente cambiando el ritmo.

Para restablecer las funciones musculares y circulatorias se requiere, naturalmente, fuerza de voluntad para aumentar el rendimiento y perseverancia.

Andar hace disminuir el colesterol.

La forma algo ampliada de la cura de paseo, que recomienda el Peter Beckmann como “cura de Ohsltadt”, influye de forma evidente sobre la composición de la sangre, a saber, sobre su contenido de colesterina y sobre las combinaciones grasa – proteínas (lipoproteínas beta). En 24 pacientes varones se determinaron los valores sanguíneos mencionados antes y después de una cura de paseo. En 22 de ellos el nivel de colesterina, originalmente elevado, se redujo en un 58 por ciento por termino medio: en todos los pacientes el nivel de lipoproteínas beta se redujo 95 miligramos por ciento como media. El médico que efectuó el estudio , el doctor L. Diekmeier, extrajo la conclusión de que la cura de paseo es capaz de reducir la proporción excesiva de colesterol y lipoproteínas beta en suero incluso con una dieta normal.

Además, esta cura ejerce un efecto benéfico sobre la musculatura debilitada de los sedentarios, sobre los corazones vagos y sobre la obesidad, a condición, eso sí, de que se evite todo exceso durante el entrenamiento y que el esfuerzo corporal se vaya incrementando de manera muy paulatina.

Como todo tratamiento, la cura de paseo deber ser prescrita y dosificada por el médico.

La marcha, fuente de energía.

Pese a los esfuerzos de los clubes excursionistas, no se aprecia demasiado la marcha hoy en día. Las caminatas han ido cayendo lentamente en el olvido; por el contrario, las carreteras de salida de las ciudades están congestionadas todos los fines de semana, por una oleada de vehículos llenos de pasajeros impacientes por la idea de no llegar a su destino en el tiempo deseado, o desplomados en sus asientos medio adormilados, por la intoxicación producida por el monóxido y el dióxido de carbono de los gases de escape.

Claro que si carecemos de entrenamiento y estamos mal equipados, la caminata podrá, al principio, parecer fatigosa. Se aconseja ponerse ropa ligera y calzado que no sea pesado, ni muy rígido y que tenga tacón ancho.

Pero, para comprender la importancia de la marcha, es necesario conocer su acción sobre el organismo.

Nuestras piernas son por naturaleza ideales para caminar rítmicamente. El arco del pie soporta el peso del cuerpo y favorece la elasticidad del paso merced a la adhesión progresiva del pie, desde el talón hasta los dedos. Los músculos de las piernas y muslos proporcionan la tensión y fuerza necesarias, a condición de que estén ejercitados. Ahora bien es ejercicio los nos falta con mucha frecuencia. Así que muy cierto es el célebre aforismo: “Todo andaría mejor si anduviéramos.”

¿Qué es la marcha?

La marcha puede definirse como un paseo realizado con energía y ritmo.

Un ritmo de marcha enérgica, corresponde a 114-120 pasos por minuto, siendo de unos 80 centímetros de longitud de cada uno, y duración de medio segundo. Así el caminante andará a cinco kilómetros y medio por hora. Para las marchas prolongadas, este ritmo economiza energía.

La marcha, un eficaz remedio para prevenir y curar numerosas afecciones.

Es bien sabido que la marcha permite a las personas, sobre todo las de edad madura, mantener su peso normal. Esto tiene mucha importancia, toda vez que las estadísticas de las compañías de seguros demuestran que el exceso de peso acorta la vida: si es del 15 por ciento, la mortalidad aumenta un promedio de 25 por ciento; si es del 16 por ciento al 25 por ciento, la mortalidad crece en un 45 por ciento.

El incremento del índice de mortalidad puede llegar al 75 por ciento si el peso sigue aumentando. La marcha es muy eficaz para estos casos. Durante un paseo de una hora se queman doscientas a cuatrocientas calorías.

La marcha también ejerce una influencia benéfica sobre la función cardiaca y la circulatoria. Provoca en los miembros un tono muscular bien equilibrado, que facilita la circulación sanguínea y especialmente el retorno al corazón de la sangre venosa. Por el contrario, una musculatura débil y mal desarrollada, unida a un elevado contenido de grasas en la sangre facilita la aparición de trombosis, embolias e infartos. La marcha prolongada mejora, pues, la corriente circulatoria y la oxigenación del corazón. La función de bombeo del músculo cardíaco se refuerza, la dilatación de los vasos sanguíneos genera una sensación de agradable calor en las manos y los pies y da un color rosado al rostro.

Se evita así una serie de trastornos circulatorios muy penosos: extremidades frías, tendencia al enfriamiento, palidez, sabañones, etc.

Durante la marcha, el reflujo de sangre hacia el corazón se activa por el masaje sobre las venas situadas entre los músculos; así se evita la tendencia a la congestión pasiva y a la flebitis. Las fibras musculares del  corazón, mejor irrigadas, se fortalecen. La marcha bien dosificada, es pues, el medio más sencillo y natural de prevenir la angina de pecho y los infartos al miocardio.
 

Además la marcha favorece la respiración, y, con ello produce una notable mejoría en el funcionamiento de los pulmones y el diafragma. Cuanto más se prolongue la marcha, más profunda se hará la respiración, pues los pulmones y el diafragma tendrán que efectuar un rendimiento mayor: inspiración de mayor volumen de oxigeno y espiración correspondiente de gas carbónico. Los lóbulos pulmonares se despliegan con más fuerza, están mejor irrigados y, por lo tanto, mejor protegidos contra los microbios.

Se verifica al mismo tiempo una aceleración del movimiento de vaivén del diafragma, lo que permite enviar por la vena porta y el hígado mayor cantidad de sangre al corazón, ejerciendo un efecto de masaje sobre el hígado, el estómago y los intestinos. El mejor funcionamiento de estos órganos se manifiesta por una mejor asimilación de los alimentos y una eliminación más rápida de los residuos. El metabolismo se regulariza y el hígado, mejor irrigado, cumple sus funciones de desintoxicación; las deposiciones son normales, hecho cada vez menos frecuentes entre las personas a quienes falta el ejercicio.

La marcha produce un efecto produce un efecto muy especial en los tratamientos postoperatorios: favorece la cicatrización de los tejidos seccionados especialmente de las fibras musculares. Apenas el médico le autorice a levantarse, el paciente debe empezar a hacer paseos, que ampliará cada día, para fortificar la musculatura y así poder practicar la marcha.
 

En su obra titulada Gesunde Schwangerschaft, glûckliche Gehurt (Embarazo sano, nacimiento feliz), la doctora Liechti von Brasch subraya la importancia de lamarcha y la gimnasia durante el embarazo y puerperio (después del parto). Señala que la marcha fortalece los músculos y les permite recobrar su elasticidad. Recuerda también que la marcha, al reforzar los músculos abdominales, combate eficientemente la tendencia a la caída de órganos (intestinos y órganos pelvianos).


La relajación nerviosa que se manifiesta
durante la marcha al aire libre y la mejor irrigación de todos los órganos y tejidos – incluidos el cerebro y los nervios suprimen la diferencia de potencial eléctrico que es, en parte responsable del colapso cardíaco.
 

Para concluir este capítulo citaremos el caso notable de tuberculosis de evolución lenta curado merced a la práctica de la marcha, que nos revela el médico ingles , el doctor Muthu. El médico suizo Max Edwin Bircher, escribe a este respecto:

“Durante los primeros años de su matrimonio, una joven atacada de tuberculosis leve, que había necesitado varias curas en la alta montaña, aparecía frágil, con tendencia a los resfriados y se fatigaba con suma facilidad.”

“Pero , como ocultaba celosamente su estado a su marido, éste la arrastraba a dar largos paseos con él, cada ves que podían. Con gran esfuerzo de voluntad, ella soportó durante años estas duras fatigas.”

“Finalmente venció a la tuberculosis, que no dejó otras huellas que muchas cicatrices. 

Esta “cura” involuntaria, evidentemente había producido un efecto tan vivificante, que las sustancias tóxicas del metabolismo habían sido rápidamente eliminadas De resultas de este hecho, el doctor Muthu, del Sanatorio de Mendip Hillsm suprimió las curas de sobrealimentación y, aparte de las curas de reposo, introdujo las curas de marcha al aire libre y una alimentación ligera a base de frutas y verduras. Apenas bajaba la fiebre del paciente y cesaba casi totalmente de toser y expectorar, daba largos paseos, que al final duraban varias horas, pero seguidos cada vez de una lapso de descanso. El médico acompañaba en sus marchas a los pacientes para animarlos y distraerlos.

“Así el doctor Muthu ha demostrado que las afecciones pulmonares se pueden curar definitivamente mediante paseos largos y regulares, sin sensación de fatiga.”


    Por su parte, la doctora Liechti von Brasch considera que la marcha y la carrera de resistencia constituyen, como todo ejercicio muscular intenso, un medio único de protección contra la gripe y todos los peligros de infección en general. Efectivamente, la marcha enérgica eleva la temperatura del cuerpo y refuerza así las defensas contra las infecciones. Muchas experiencias han demostrado que una elevación de temperatura de uno o dos grados centígrados por encima de lo normal destruye gran cantidad de bacterias, o por lo menos, las debilita, y permiten eliminar rápidamente sus toxinas.

En períodos de epidemias gripales, cada uno debiera dedicar, por lo menos, una hora diaria a marchas a buen paso o hacer ascensiones, para provocar un recalentamiento de todo el organismo.

Incluso cuando se observa un principio de infección –resfriado o gripe- con ronquera, dolores de garganta, molestias en las vías respiratorias, jaquecas, estornudos, escalofríos y otras molestias es posible neutralizarlas por medio de marchas enérgicas o excursiones a la montaña.

Tomado de La Salud por la Naturaleza. 5ª. Edición. Dr. E. Schneider. Asociación Publicadora Interamericana.

El ejercicio ayuda a los dispépticos porque da a los órganos digestivos un tono saludable. El empeñarse en estudio profundo o en ejercicio violento inmediatamente después de comer, perturba el proceso digestivo; porque la vitalidad del organismo, que se necesita para realizar el trabajo de la digestión, es distraída a otras partes. Pero una corta caminata después de una comida, con la cabeza erguida y los hombros echados atrás, realizando así un ejercicio moderado, resulta de gran beneficio. La mente es distraída de uno mismo y llevada a las bellezas de la naturaleza. Cuanto menos atención se preste al estómago, tanto mejor. Si tenéis constante temor de que vuestro alimento os dañe, con toda seguridad lo hará. Olvidaos de vuestras molestias; pensad en algo alegre. CSRA 123 (1890) C.T.B.H. 101

Cuando el tiempo lo permite, todos los que puedan hacerlo, debieran caminar al aire libre en verano e invierno. Pero la ropa debiera ser apropiada para el ejercicio, y los pies debieran estar bien protegidos. Una caminata, aun en invierno, sería más benéfica para la salud que todas las medicinas que los médicos puedan prescribir. para los que pueden caminar, es preferible caminar en vez de cabalgar. Los músculos y las venas pueden realizar mejor su trabajo. Habrá un aumento de la vitalidad, tan necesaria para la salud. Los pulmones tendrían una actividad bien necesaria, puesto que es imposible salir al tonificante aire de una mañana invernal sin llenar bien los pulmones. Testimonios para la iglesia, tomo 2, págs. 468-473 (1870).

Veo algunas cosas aquí en Suiza* que pienso que son dignas de imitar. Los 202 maestros de las escuelas a menudo salen con sus alumnos mientras están jugando y les enseñan cómo recrearse, y están cerca para reprimir cualquier desorden o faltas. A veces sacan a sus alumnos y tienen una larga caminata con ellos.Me gusta esto; pienso que hay menos oportunidades para que los niños cedan a las tentaciones. Los maestros parecen participar de los deportes de los niños y regularlos.. 5T 653 (1889).

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Última actualización 20 de Feb.  2,002
19/12/2009