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Los descubrimientos arqueológicos ¿nos ayuda a entender el texto bíblico?
 

Por. J. Vladimir Polanco

LA BIBLIA es una impresionante colección de libros antiguos. Entre la época de Moisés hasta el apóstol Juan hay un período de aproximadamente mil quinientos años. Durante esos quince siglos no solo se produjo un cambio de idioma sino también de cultura. Se pasó de la vida nómada de los patriarcas hasta la imponente época de la civilización greca latina.
Atrás quedaron los imperios de los reyes y' faraones, para dar lugar a los césares. Todos estos cambios quedan reflejados de una u otra manera en la redacción del texto bíblico. Por ejemplo, cuando leemos el Génesis nos asombra ver algunas de las cosas que hicieron los patriarcas; sin embargo, eran acciones normales en su época. Y si avanzamos hasta llegar al libro de los Hechos, encontramos alusiones a la cultura, la política y la geografía del Imperio Romano.
Debido a estos cambios, el estudio de la Biblia tiene que recurrir a algunas ciencias que nos ayudan a entender mejor el mundo que forma parte de sus relatos. Una de estas ciencias es la arqueología.

La palabra «arqueología» viene del griego arjaios (antiguo) y lagos (palabra, discurso, asunto). La arqueología es el estudio de las cosas antiguas. Esta palabra ya fue utilizada por Tucídides en el mundo griego, por Dionisio de Halicarnaso en el mundo roma no y por Josefo el judío. Fue, sin embargo, a finales del siglo XVIII que el término comenzó a usarse para referirse al estudio de las civilizaciones antiguas. En este sentido, más que el estudio de los objetos antiguos, la arqueología tiene por finalidad el estudio de los testimonios de los utensilios, edificaciones, restos humanos y monumentos que nos ayudan a conocer mejor la religión, la historia, la política y las artes y ciencias de la antigüedad.

¿Cómo nos ayuda a entender la Biblia?

La arqueología nos ayuda a entender la Biblia desde tres perspectivas:

Aporta evidencias
Gracias a la arqueología, nos resulta menos chocante que tanto Sara como Raquel y Lea dieran sus criadas a sus respectivos maridos con la intención de tener hijos de ellos Génesis 16: 1-4 y 30:1-13). No hay evidencias de esta práctica en la época del Éxodo ni en la de los Jueces, como así tampoco durante la monarquía. Entre los hebreos se practicó únicamente en la era patriarcal. Ahora bien, cuando analizamos documentos que provienen de esa época, tales como el Código de Hammurabi o los textos de Nuzi, descubrimos que ese patrón de conducta social era común entre los integrantes de las familias patriarcales. En los textos de Nuzi se explica que era deber de la esposa estéril buscar una  segunda esposa para su marido.

  Nos ayuda a entender pasajes dudosos

Durante mucho tiempo se había puesto en duda la credibilidad de Lucas, el evangelista y autor de los
Hechos de los Apóstoles. Se citaba como ejemplo su uso de un término griego donde llama politarkos a las autoridades de la ciudad de Tesalónica (Hechos 17: 6). Más allá de esa única mención, en ningún otro documento antiguo aparecía esta palabra. Hace algunos años se descubrió en la ciudad de Tesalónica una inscripción, que actualmente se exhibe en el Museo Británico, donde se menciona a estos funcionarios públicos en un arco del siglo 1 d. C. situado en la calle Egnatia, que empieza diciendo justamente así: «En el tiempo de los politarkos ... ». Más adelante se descubrieron más de treinta documentos antiguos que hacen referencia a los politarkos. Esto demuestra el buen conocimiento que tenía Lucas de la ciudad de Tesalónica y de lo fiables que son sus libros en sus más mínimos detalles.


• Nos ayuda a confirmar la historia bíblica

Roca conteniendo la inscripciónDurante mucho tiempo, los críticos de la Biblia se mofaron del rey David, uno de los personajes centrales de la Biblia, alegando que era un mito, ya que su nombre jamás había aparecido en algún documento antiguo fuera la Biblia. En el verano de 1993, mientras excavaban en Tell Dan, el Dr. Avraham Biran y su equipo realizaron un espectacular descubrimiento: una estela de basalto negro con inscripciones en arameo. La estela estaba compuesta por trece líneas, en unas de las cuales se leían con toda claridad dos frases: «el rey de Israel» y «casa de David». Esta era la primera vez que su nombre aparecía fuera de las Escrituras. El hallazgo pone de manifiesto que hubo una dinastía que comenzó con David y que reinó sobre la nación israelita. Esto nos permite concluir que David fue un personaje histórico y que los reinos de Judá e Israel eran conocidos en toda eran conocidos en toda la región. El Dr. Hershel Shanks, el editor de la Revista de Arqueología Bíblica, dice que "la estela da vida al texto bíblico de una manera maravillosa".

Es bueno precisar que nuestra fe no se basa en confirmaciones arqueológicas de cada detalle de las Escrituras. Confiamos en la Biblia simplemente porque es la Palabra de Dios. Sin embargo, la arqueología confirma nuestra fe y aporta argumentos objetivos que corroboran la veracidad de las Escrituras. El eminente arqueólogo Nelson Gluek escribió: «Podría decirse categóricamente que ningún descubrimiento arqueológico ha rebatido una sola referencia bíblica. Se han hecho muchísimos hallazgos arqueológicos que confirman en un claro bosquejo o con detalles exactos las afirmaciones hechas por la Biblia».
Pero, incluso, sin todos estos hallazgos a favor de la fiabilidad de los relatos bíblicos, la transformación que la lectura de las Sagradas Escrituras ha producido en millones de personas, en todas partes del mundo y en todas las épocas, resulta más que suficiente para que creamos, aceptemos y prediquemos lo que en ella aparece escrito.

Un ateo se convierte al cristianismo

Sir William RamseyEl arqueólogo e historiador inglés William Ramsay, que era ateo e hijo de ateos, procuró demostrar que la Biblia no es un documento serio y que todas las aseveraciones históricas que hace son falsas. Así que decidió examinar dos de sus libros, el Evangelio de Lucas y Hechos de los Apóstoles, ya que en estos libros se mencionan muchos lugares, nombres y fechas que pueden ser fácilmente corroborados o desmentidos por las fuentes históricas seculares.
    Para lograr su objetivo, Ramsay recorrió con detenimiento las tierras bíblicas y se dedicó a investigar el tema durante veinticinco años. Le resultó sorprendente comprobar por medio de sus excavaciones arqueológicas que los 32 países, 54 ciudades y nueve islas mencionados por Lucas en su segundo libro eran lugares reales.
    En lugar de demostrar la falsedad de la Biblia, Ramsay encontró decenas de pruebas fehacientes que confirmaron su veracidad histórica. Él mismo llegó a decir que existían muchas razones «para colocar al autor de Hechos de los Apóstoles entre los historiadores de primera categoría». El mundo quedó asombrado cuando William Ramsay se convirtió en un célebre defensor de la verdad bíblica.
    Son muchas las personas que han dudado, y continúan haciéndolo, del poder que tiene la Palabra de Dios. La Biblia no es un libro de historia, ni de ciencia, ni de filosofía; es la verdad de Dios. Los descubrimientos arqueológicos nos ayudan a confiar más en su Palabra. Agradecemos a Dios por ello, y en especial por la transformación que el estudio, la meditación y la práctica de las verdades bíblicas han producido en la vida de muchos hombres y mujeres semejantes a William Ramsay.

J. Vladimir Polanco es editor asociado de la revista Ministerio Adventista, publicado por APIA.

Tomado de Prioridades para Hoy, Año 5, Octubre 2009. Págs.20-21.