
LA
BIBLIA es una impresionante colección de libros antiguos. Entre la época de
Moisés hasta el apóstol Juan hay un período de aproximadamente mil quinientos
años. Durante esos quince siglos no solo se produjo un cambio de idioma sino
también de cultura. Se pasó de la vida nómada de los patriarcas hasta la
imponente época de la civilización greca latina.
Atrás quedaron los imperios de los reyes y' faraones, para dar lugar a los
césares. Todos estos cambios quedan reflejados de una u otra manera en la
redacción del texto bíblico. Por ejemplo, cuando leemos el Génesis nos asombra
ver algunas de las cosas que hicieron los patriarcas; sin embargo, eran acciones
normales en su época. Y si avanzamos hasta llegar al libro de los Hechos,
encontramos alusiones a la cultura, la política y la geografía del Imperio
Romano.
Debido a estos cambios, el estudio de la Biblia tiene que recurrir a algunas
ciencias que nos ayudan a entender mejor el mundo que forma parte de sus
relatos. Una de estas ciencias es la arqueología.
La palabra «arqueología» viene del griego arjaios (antiguo) y lagos (palabra,
discurso, asunto). La arqueología es el estudio de las cosas antiguas. Esta
palabra ya fue utilizada por Tucídides en el mundo griego, por Dionisio de
Halicarnaso en el mundo roma no y por Josefo el judío. Fue, sin embargo, a
finales del siglo XVIII que el término comenzó a usarse para referirse al
estudio de las civilizaciones antiguas. En este sentido, más que el estudio de
los objetos antiguos, la arqueología tiene por finalidad el estudio de los
testimonios de los utensilios, edificaciones, restos humanos y monumentos que
nos ayudan a conocer mejor la religión, la historia, la política y las artes y
ciencias de la antigüedad.
¿Cómo nos ayuda a entender la Biblia?
La arqueología nos ayuda a
entender la Biblia desde tres perspectivas:
• Nos ayuda a entender pasajes dudosos
• Aporta evidencias
Gracias a la arqueología, nos resulta menos chocante que tanto Sara como Raquel
y Lea dieran sus criadas a sus respectivos maridos con la intención de tener
hijos de ellos Génesis 16: 1-4 y 30:1-13). No hay evidencias de esta práctica en
la época del Éxodo ni en la de los Jueces, como así tampoco durante la
monarquía. Entre los hebreos se practicó únicamente en la era patriarcal. Ahora
bien, cuando analizamos documentos que provienen de esa época, tales como el
Código de Hammurabi
o los textos de Nuzi, descubrimos que ese patrón de conducta social era común
entre los integrantes de las familias patriarcales. En los textos de
Nuzi se explica que era deber de la esposa estéril buscar una segunda
esposa para su marido.
Durante mucho tiempo se había puesto en duda la credibilidad de Lucas, el
evangelista y autor de los
Hechos de los Apóstoles. Se citaba como ejemplo su uso de un término griego
donde llama politarkos a las autoridades de la ciudad de Tesalónica (Hechos 17:
6). Más allá de esa única mención, en ningún otro documento antiguo aparecía
esta palabra. Hace algunos años se descubrió en la ciudad de Tesalónica una
inscripción, que actualmente se exhibe en el Museo Británico, donde se menciona
a estos funcionarios públicos en un arco del siglo 1 d. C. situado en la calle
Egnatia, que empieza diciendo justamente así: «En el tiempo de los politarkos
... ». Más adelante se descubrieron más de treinta documentos antiguos que hacen
referencia a los politarkos. Esto demuestra el buen conocimiento que tenía Lucas
de la ciudad de Tesalónica y de lo fiables que son sus libros en sus más mínimos
detalles.
• Nos ayuda a confirmar la historia bíblica
Durante mucho tiempo, los críticos de la Biblia se mofaron del rey David, uno de
los personajes centrales de la Biblia, alegando que era un mito, ya que su
nombre jamás había aparecido en algún documento antiguo fuera la Biblia. En el
verano de 1993, mientras excavaban en Tell Dan, el Dr. Avraham Biran y su equipo
realizaron un espectacular descubrimiento: una estela de basalto negro con
inscripciones en arameo.
La estela estaba compuesta por trece líneas, en unas de las cuales se leían
con toda claridad dos frases: «el rey de Israel» y «casa de David». Esta era la
primera vez que su nombre aparecía fuera de las Escrituras. El hallazgo pone de
manifiesto que hubo una dinastía que comenzó con David y que reinó sobre la
nación israelita. Esto nos permite concluir que David fue un personaje histórico
y que los reinos de Judá e Israel eran conocidos en toda eran conocidos en toda
la región. El Dr. Hershel Shanks, el editor de la Revista de Arqueología
Bíblica, dice que "la estela da vida al texto bíblico de una manera
maravillosa".
Es bueno precisar que nuestra fe no se basa en confirmaciones arqueológicas de
cada detalle de las Escrituras. Confiamos en la Biblia simplemente porque es la
Palabra de Dios. Sin embargo, la arqueología confirma nuestra fe y aporta
argumentos objetivos que corroboran la veracidad de las Escrituras. El eminente
arqueólogo Nelson Gluek escribió: «Podría decirse categóricamente que ningún
descubrimiento arqueológico ha rebatido una sola referencia bíblica. Se han
hecho muchísimos hallazgos arqueológicos que confirman en un claro bosquejo o
con detalles exactos las afirmaciones hechas por la Biblia».
Pero, incluso, sin todos estos hallazgos a favor de la fiabilidad de los relatos
bíblicos, la transformación que la lectura de las Sagradas Escrituras ha
producido en millones de personas, en todas partes del mundo y en todas las
épocas, resulta más que suficiente para que creamos, aceptemos y prediquemos lo
que en ella aparece escrito.
Un ateo se convierte al cristianismo
El arqueólogo e historiador inglés
William Ramsay, que
era ateo e hijo de ateos, procuró demostrar que la Biblia no es un documento
serio y que todas las aseveraciones históricas que hace son falsas. Así que
decidió examinar dos de sus libros, el Evangelio de Lucas y Hechos de los
Apóstoles, ya que en estos libros se mencionan muchos lugares, nombres y fechas
que pueden ser fácilmente corroborados o desmentidos por las fuentes históricas
seculares.
Para lograr su objetivo, Ramsay recorrió con detenimiento las
tierras bíblicas y se dedicó a investigar el tema durante veinticinco años. Le
resultó sorprendente comprobar por medio de sus excavaciones arqueológicas que
los 32 países, 54 ciudades y nueve islas mencionados por Lucas en su segundo
libro eran lugares reales.
En lugar de demostrar la falsedad de la Biblia, Ramsay
encontró decenas de pruebas fehacientes que confirmaron su veracidad histórica.
Él mismo llegó a decir que existían muchas razones «para colocar al autor de
Hechos de los Apóstoles entre los historiadores de primera categoría». El mundo
quedó asombrado cuando William Ramsay se convirtió en un célebre defensor de la
verdad bíblica.
Son muchas las personas que han dudado, y continúan
haciéndolo, del poder que tiene la Palabra de Dios. La Biblia no es un libro de
historia, ni de ciencia, ni de filosofía; es la verdad de Dios. Los
descubrimientos arqueológicos nos ayudan a confiar más en su Palabra.
Agradecemos a Dios por ello, y en especial por la transformación que el estudio,
la meditación y la práctica de las verdades bíblicas han producido en la vida de
muchos hombres y mujeres semejantes a William Ramsay.
J. Vladimir Polanco es editor asociado de la revista Ministerio Adventista, publicado por APIA.
Tomado de Prioridades para
Hoy, Año 5, Octubre 2009. Págs.20-21.