La
Navidad, tal como la conocemos hoy, es una creación del siglo XIX.
El árbol de navidad, originario de zonas germanas, se extendió
por otras áreas de Europa y América. Los villancicos fueron
recuperados y se compusieron muchos nuevos (la costumbre de cantar villancicos,
aunque de antiguos orígenes, procede fundamentalmente del siglo
XIX). Las tarjetas de navidad no empezaron a utilizarse hasta la década
de 1870, aunque la primera de ellas se imprimió en Londres en 1846.
La familiar imagen de Santa
Claus,
con el trineo, los renos y las bolsas con juguetes, es una invención
estadounidense de estos años, aunque la leyenda de Papá Noel
sea antigua y compleja, y proceda en parte de san
Nicolás
y una jovial figura medieval, el espíritu de navidad. En Rusia lleva
tradicionalmente un cochinillo rosa bajo el brazo.
Actualmente, la Navidad
es una fiesta más profana que religiosa. Es tiempo de gran actividad comercial e
intercambio de regalos, reuniones y comidas familiares. En Occidente se celebra
la Misa del gallo en iglesias y catedrales. En los países de América Latina, de
arraigada tradición católica, se celebra especialmente la Nochebuena (24 de
diciembre) con una cena familiar para la que se elaboran una diversidad de
platos, postres y bebidas tradicionales. También se acostumbra asistir a la Misa
del gallo y celebrar con cohetes y fuegos artificiales. En México, la Nochebuena
constituye la culminación de una celebración que dura nueve días a la que se
llama “las posadas”. Éstas empiezan el 16 de diciembre y conmemoran el viaje de
María y José en su búsqueda de alojamiento antes del nacimiento de Jesús. El
número nueve también alude a los nueve meses de embarazo de María. Parte
esencial de la fiesta es pedir posada mediante unos cantos en los que unos
asistentes solicitan
el favor de ser
recibidos y otros responden, primero negándose, y al final concediéndolo, con lo
que todos estallan en júbilo
por el feliz final de la travesía
de los peregrinos. Otro elemento fundamental es la piñata que, junto
con el canto de la letanía, los juegos tradicionales, los dulces
y las bebidas propias de la época aglutinan las enseñanzas
introducidas por los evangelizadores en la Nueva España en la segunda
mitad del siglo XVI. El origen de las posadas parece hallarse en el convento
de San Agustín de Acolman, en donde los monjes agustinos aprovechaban
la coincidencia de las fechas cristianas y las de los ritos de los aztecas,
quienes festejaban el nacimiento de su máxima deidad, el dios Huitzilopochtli.[1]
Ultima Modificación en
15/03/2010
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