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Pan del cielo.

 

Me gusta observar los detalles pequeños de las personas: como caminan, los gestos que hacen al hablar, los tonos de las voces, etc.

¡Pero me fascina ver a la gente comiendo! Si, es uno de esos momentos en los que siento un agradecimiento hacia Di-s por proveer el alimento a esta persona. Los niños son fascinantes verlos cuando comen: ríen, conversan, comparten, sus caritas llenas de comidas es todo un cuadro que nos recrea. Que gusto nos da cuando nuestros hijos están comiendo. ¡Que agradecidos nos sentimos con Di-s por proveernos a nosotros para luego proveerles a ellos! Los niños solamente sienten hambre y se vuelven hacia sus padres para que les provea esa necesidad.

 

¿Sabes lo que es tener mucha hambre y no poder comer? No por estar enfermo, sino tener mucha hambre y no poder comprar comida por falta de recursos. Eso es otra cosa.

 

Al tener hambre el estomago (que según nuevos estudios científicos es un cerebro que se maneja por si solo) envía señales hacia nuestro cerebro que faltan nutrientes y el nivel de glucosa está bajando en la sangre. El estómago comienza a segregar jugos gástricos listos para recibir el alimento y sentimos lo que llamamos “ardor” en el estómago.

 

Sabemos que es momento de comer. Es cuando entonces nuestro bondadoso Padre nos provee de una forma u otra los alimentos.

 

¿Cuando Usted come  se ha preguntado de donde viene ese alimento? ¿Quién lo sembró? ¿Quién lo cuidó? ¿Cómo fue el proceso industrial o artesanal para que llegara a su plato? ¿Cómo Di-s con Su gran poder hizo que esa semilla germinara, creciera y madurara? ¡Cuán poderoso eres mi Señor!

 

Di-s siempre se ha preocupado para que nosotros recibamos nuestro alimento a su hora. “Bienaventurada, tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen á su hora, por refección, y no por el beber!” Eclesiastés  10:17 .

En el jardín de nuestros primeros padres les proveyó un jardín con todo lo que necesitaban para vivir.

 

A los Israelitas les proveyó su alimento durante los 40 años de travesía en el desierto.

 

“Y Jehová dijo á Moisés: He aquí yo os haré llover pan del cielo; y el pueblo saldrá, y cogerá para cada un día, para que yo le pruebe si anda en mi ley, ó no.” Éxodo 16:4 

¿Qué? ¿Pan del cielo? ¡Por favor! ¿Se imagina eso? ¡I-n-c-r-e-i-b-l-e!

Pero así ocurrió. Cuando vamos con el carrito de compras a comprar, muchas veces olvidamos que las cosas buenas que están allí, es porque Di-s con su gran poder permitió que estén allí.

Muchas veces olvidamos que es por misericordia que estamos comprando esos alimentos. A veces creemos que es por nosotros mismos que tenemos las cosas.

 

 

Joh 6:31 Nuestros padres comieron en el desierto el maná, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo".

 

Joh 6:49 Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron.

Cada día Di-s nos envía doble porción de pan: el espiritual y el físico. Sin los dos moriríamos irremediablemente.

 

Joh 6:32 Les respondió Jesús: -En verdad, en verdad os digo que Moisés no os dio el pan del cielo, sino que mi Padre os da el verdadero pan del cielo.

Joh 6:51 Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. Si alguno come este pan vivirá eternamente; y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

Joh 6:58 Éste es el pan que ha bajado del cielo, no como el que comieron los padres y murieron: quien come este pan vivirá eternamente.

 

Jesús es el verdadero pan. Muchas veces el Nombre lo usamos para nuestros mezquinos propósitos humanos. Lo encerramos en el marco de nuestros pensamientos egoístas. Y así le negamos la doble porción de pan que Di-s envía para todos los humanos.

 

La próxima vez que comas tus alimentos no solo ores pidiendo a Di-s que Él provea al que no lo tiene, sino que provee a otros dentro de tus capacidades.

 

Dentro de del círculo de nuestras iglesias o amistades hay muchos que están sin empleos. Muchas veces solo sabemos decirles a estos hermanos: “El Señor te proveerá. Ten fe”. Nosotros somos los llamados a ayudar. Nosotros somos los proveedores del pan para otras personas.

 

Cuando leemos en el evangelio del Pentateuco – si el Pentateuco es el evangelio también – están hermosas ideas de cómo ayudar a tus hermanos que no están en buenas posiciones económicas. Por ejemplo:

 

 (Deu 15:7)  Cuando hubiere en ti menesteroso de alguno de tus hermanos en alguna de tus ciudades, en tu tierra que Jehová tu Dios te da, no endurecerás tu corazón, ni cerrarás tu mano á tu hermano pobre:

(Deu 15:8)  Mas abrirás á él tu mano liberalmente, y en efecto le prestarás lo que basta, lo que hubiere menester.

 

¡Esto es el Evangelio en acción! Pero, ¿Lo hacemos? O comenzamos a poner excusas de todo tipo.

 

“No endurecerás tu corazón” Hemos podido ayudar a alguien y tal vez ésta persona nos hizo algo malo anteriormente o pensamos que no nos podrá recompensar de alguna manera.

 

(Lev 25:35)  “Y cuando tu hermano empobreciere, y se acogiere á ti, tú lo ampararás: como peregrino y extranjero vivirá contigo.”

El texto dice que nosotros seremos los que lo debemos de  acoger o sea enviarle pan del cielo. Di-s nos usará como herramientas para enviar el pan del cielo a las personas.

 

Santiago 2:15  Y si el hermano ó la hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día,

Santiago 2:16  Y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y hartaos; pero no les diereis las cosas que son necesarias para el cuerpo: ¿qué aprovechará?

 

No dice que le demos sermones o golpecitos en la espalda. O que le digamos que tenga fe que el Señor le proveerá.

O le decimos que tenga fe, que se mantenga firme guardando el sábado cuando sus niños están llorando de hambre o cuando su renta está atrasada y no metemos nuestra mano a la bolsa.

¿Quieres comer del maná escondido que el Señor tiene guadado?  Apocalipsis 2:17.

 

Nosotros somos los llamados a proveer ese pan del cielo.

Nosotros somos los llamados a acoger a nuestros hermanos pobres.

Nosotros somos los llamados a proveer o ayudar a los hermanos sin trabajo.

Nosotros somos los llamados a ver por las necesidades de los hermanos.

 

 

Termino con la siguiente ilustración:

Un compañero de trabajo era miembro de una comunidad católica. El tuvo unos atrasos de unos pagos varios. Pero él lo mantuvo en secreto por aquello de la pena o el orgullo. Inevitablemente el líder de la comunidad se enteró y le regañó porque no había acudido a su comunidad. Al final le ayudaron a solventar sus pagos.

 

Estamos a días de camino del cielo.

Querido hermano y amigo: Espero con toda mi alma que ésta pequeña reflexión nos mueva a la acción.

 

Di-s te bendiga.

 

 

Lectura relacionada:

Asistencia a los Desvalidos sin trabajo ni hogar del Ministerio de Curación por Elena White.
El efecto Santiago

 

 31/07/2010 05:23:05 p.m.