¿Por qué creo que Dios es el creador?La creación da evidencia observable de Dios

 

Por Marco T  Terreros.

UNA FAMILIA DE RATONES vivía en un gran piano. Para ellos, simplemente, la música provenía del instrumento. Se sentían cómodos con el pensamiento de que el invisible que producía la música estaba arriba, pero cerca. Les gustaba pensar en el gran pianista que no veían.
Un día una ratita atrevida trepó al piano y volvió con una nueva teoría. El secreto estaba en las cuerdas. Más tarde otro explorador vino con una nueva explicación: los martillos eran el secreto. El pianista invisible llegó a ser considerado un mito. Sin embargo, el pianista continuaba tocando...’ 1
Es común que manifestemos asombro ante lo desconocido y que creamos o aceptemos con fe la explicación que recibimos de personas que consideramos autorizadas para aclarar lo que nos parece misterioso. Sin embargo, es frecuente que a medida que exploramos y crecemos en conocimiento, la actitud de asombro desaparezca y que la fe dé lugar, primero al agnosticismo, y después a la incredulidad.2
A medida que la ciencia ha venido explicándonos cómo operan algunos procesos de la naturaleza que antes considerábamos misteriosos, la capacidad de asombro y la fe en él como Creador del universo han desaparecido de muchas personas que adoptan una visión puramente mecánica del mundo y llegan a considerar al Dios de la creación como un mito.
A pesar de a amplía aceptación de que disfruta la teoría de la evolución, creo que existen razones muy poderosas para rechazarla; razones por las cuales creo que Dios es el Creador.


Importancia para nuestras vidas.

Reconocer a Dios como Creador es importante para nuestras vidas por muchas razones.

Primera: Tal reconocimiento nos ayuda a aceptar la elevada dignidad de nuestro origen. Nos ayuda a aceptarnos como hijos del Monarca supremo del universo. No somos descendientes de los brutos, es decir, de formas de vida inferiores a la nuestra. Nuestro origen es sublime. Afirma el libro de los orígenes, el Génesis: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:1, 26-27).

Segunda: El reconocimiento de que Dios es el Creador da sentido de propósito a nuestra vida presente. Viviremos como lo que somos, los hijos de un Rey. Esto incidirá en nuestro desarrollo integral: físico, mental, espiritual y social. Creceremos como creció Jesucristo: “Jesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52)
Tercera: Reconocer a Dios como el  Creador del mundo y de la vida humana confiere a nuestra vida un destino glorioso.

Si no fuimos creados, nuestro destino final será el mismo de las bestias. Pero Dios no obra sin propósito. Si Él nos creó, lo hizo para que desarrollemos nuestro máximo de nuestro potencial y para que finalmente, estemos con él para siempre (Juan 14:3; 17:24), disfrutando de la vida plena y abundante que sólo él puede otorgar (Juan 10:10); esto es, vida eterna (Juan 3:16).
Habiendo reconocido la importancia y, por ende, la trascendencia del tema, el lector está ahora en mejor condición como para que el autor exponga las razones por las cuales acepta a Dios como Originador, y también Sustentador, de todo cuanto existe.

¿Por qué creo que Dios es el Creador? 


Primero. Creo que Dios es el Creador porque sólo la vida engendra vida.3

No aceptar a Dios como el Creado implica aceptar que en algún momento en el remoto pasado la vida brotó de lo que no tenia vida; es decir de la materia inerte. El concepto de que lo vivo puede surgir de lo no vivo, o abiogénesis, fue propuesto desde hace mucho tiempo por el filósofo griego Anaximandro (c. 610- 547 a.C.) y condujo, con el paso de los siglos a la creencia en la generación espontánea de la vida.


La teoría evolutiva descansa, en última instancia, sobre la validez de la generación espontánea. Porque si Dios no creó la primera manifestación de la vida, ésta tuvo que generarse a sí misma, espontáneamente. El gran problema es que la generación espontánea ya ha sido derrotada. Recibió su golpe de muerte con los experimentos meticulosos realizados por el gran benefactor de la humanidad, el químico y biólogo francés Luis Pasteur (1822-1895). No existe la generación espontánea de la vida, no importa que las apariencias derivadas de la observación común parezcan decirnos lo contrario. Las primeras formas de vida, vegetal, animal, y humana, tuvieron su origen en la fuente de la vida, que es Dios (Génesis 1:11, 20, 24, 26-27). Por eso creo que él es el Creador.

Segundo Creo que Dios es el Creador porque de ello da testimonio su Palabra, la Biblia: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Admito que la creación no puede ser comprobada según el método científico, dentro del ambiente controlado del laboratorio. Pero tampoco puede serlo la creencia alternativa más popular, la evolución, ni ninguna otra cosmogonía (teoría sobre el origen del cosmos). Todas requieren que, en última instancia, ejerzamos fe. Ya lo habían afirmado los autores inspirados de la Biblia. El apóstol san Pablo escribe:
‘Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Hebreos 11:3).
Prefiero y elijo creer en la segura Palabra profética (2 Pedro 1:19) la cual es confiable porque Dios no miente (Tito 1:
1-2). No puede hacerlo sin negar su propia esencia. Los actores en el escenario de la creación (Juan 1:1-3; Génesis 1:2), quienes a su vez mencionan testigos oculares (Job 38:3-7), han dado y registrado su testimonio en la Biblia y yo lo acepto como verdadero. Por eso creo que Dios es el Creador.

Tercero. Creo que Dios es el Creador porque la creación, con su maravillosa adaptación de los medios a los fines, da evidencia de diseño. Y todo diseño presupone la existencia de un diseñador. El azar y la casualidad no son buenos diseñadores. Un buen diseño presupone la intervención de una inteligencia.
Estrella formada por lápices que cayeron al suelo.¿Cuántas son las probabilidades de que a usted se le caigan diez lápices y que éstos al chocar contra el piso formen una estrella, arreglándose en una figura sencilla como la que sigue?
Las probabilidades son tan mínimas, o tan nulas, que los lápices no a formarán por sí solos, así pasen miles o aun millones de años, a menos que una mente inteligente intervenga para diseñar tal figura simétrica.
El punto es que las obras de la creación y los seres vivos están llenos de diseños casi infinitamente más complejos que la estrella de la ilustración. Tómese como ejemplo algo tan pequeño como un copo de nieve. La naturaleza proclama, silenciosamente y a gritos, que una Inteligencia superior, la mente divina, lo creó.
Los diseños de la naturaleza son hermosos. Hablan del buen gusto de su Diseñador; de su amor por lo bello. Los animales generalmente despliegan una alegría y un retozar que sería eliminada por la selección natural que demanda una lucha destructiva de la que tan sólo sobrevive el más apto.
Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Salmo 19:1). “Porque las cosas invisibles de él Dios], su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa (Romanos 1:20, ver los versículos siguientes). Por eso creo que Dios es el Creador.

Cuarto. Creo que Dios es el Creador al observar el carácter moral y auto consciente del ser humano. Como humanos no somos materia. Poseemos una naturaleza espiritual y un carácter moral que no existiría si el hombre descendiera de las bestias. El ser humano evidencia una conciencia desconocida en el mundo animal; a tal punto que existe una clara discontinuidad, no una continuidad, entre los animales y los seres humanos. Nosotros estamos orientados hacia arriba. Por eso creo que Dios es el Creador.

Quinto. Creo que Dios es el Creador porque no hay evidencia realmente empírica de evolución. Es decir, la evolución orgánica de la vida mediante la cual formas de vida surgen de otras de especie diferente, no puede ser demostrada en el laboratorio. Tampoco lo demuestra la observación común. Lo que sí podemos observar es que los animales siguen siendo animales y los hombres siguen siendo hombres. Así ocurre con todas las especies.
Todas las especies de animales existen simultáneamente. Ninguna ha desaparecido porque haya dado lugar a otra por evolución. La desaparición de algunas especies se ha debido más bien a la lamentable extinción ocasionada por el hombre. Los monos nacen, crecen, se reproducen y mueren como monos, y los seres humanos nacen, se desarrollan, se reproducen y mueren como humanos.

La creación da evidencia observable e incontrovertible de que todos sus procesos ocurren de la manera establecida por Dios en la semana de la creación. Así lo registra inicialmente el libro de Génesis y lo sustentan los otros libros de las Sagradas Escrituras que constituyen  la Palabra revelada e inspirada de Dios. Por eso creo que Dios es el Creador.

Reconocer a Dios como el Creador

Conclusión
Estimado lector, Dios nos dice: “Interroga a los animales, y ellos te darán una lección; pregunta a las aves del cielo, y ellas te lo contarán; habla con la tierra y ella enseñará; con los peces del mar, y te lo harán saber. ¿Quién de todos ellos no entiende que la mano del Señor ha hecho todo esto? En sus manos está la vida de todo ser vivo y el hálito que anima a todo ser humano (Job 12:7-10). Al analizar la obra de sus manos, lo comprenderá mejor y se sentirá inspirado a aceptarlo como su Creador.
Le invito a aceptar a Dios como Creador y, por lo tanto, como supremo Señor del universo y de su vida. La recompensa será grandiosa. “Sométete a Dios; ponte en paz con él y volverá a ti la prosperidad (Job 22:21).

 


Referencias
1. Tomado de Diálogo Universitario, vol. 5, N” 1 (enero—abril 1993), p. 25.
2. Carlos Darwin pasó por este proceso. Después de experimentar asombro ante las maravillas de la naturaleza y expresar gran deleite al observar la exuberante flora brasilera, pasó luego a un estado mental en el que escribió: “De esta manera me rondaba el escepticismo, hasta que al final me convertí en un incrédulo completo Johannes Hemleben, Darwin (Madrid: Gráficas Breogán, 1971(, p. 72.
3. Ver Walter T. Brown, In tire Beginnirsg...” (Phoenix, Arizona: C5C, 5th ed., 1989), pp. 1,2.

El autor de este artículo Marco Terreros ,Ph.D. en Teología Sistemática, es autor de La evolución teísta y sus implicaciones teológicas (1996) y Teología sistemática concisa (2000). Actualmente es director de la Escuela de Teología de la Universidad Adventista de Colombia (LINAC) y coordinador para Colombia del SETAI (Seminario Teológico Adventista Interamericano).
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Tomado de PRIORIDADES PARA HOY JUNIO 2005. Págs12-14. Inter-American Division Publishing Association.
 


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