PREFACIO CADA DÍA
CON DIOS
Esta vez se ha seguido un plan diferente al seleccionar el material
para este libro devocional con trozos de Elena G. de White. En lugar
de reunirse selecciones de un tema central, hemos elegido para cada día,
más o menos al azar, mensajes inspiradores apropiados escritos o
presentados oralmente por Elena G. de White. Estos escritos, que
por regla general constituyen una unidad, se han elegido entre el material
producido durante 46 de los 70 años de su ministerio. Al elegirse
el material de cartas de consejo y ánimo y de sermones y artículos,
se ha tenido la oportunidad de escoger presentaciones que versan sobre
una amplia gama de temas útiles.
Este procedimiento ha permitido captar algunos aspectos interesantes,
y con frecuencia insólitos, del ministerio de esta mensajera especial
de Dios. Por ejemplo, hemos notado su hábito frecuente de
escribir consejos importantes temprano por la mañana mientras el
resto de la familia dormía. Tal fue el caso de un mensaje
escrito en 1905. El Nuevo Año había comenzado hacía
sólo una hora cuando ella se levantó ese domingo de mañana,
1.º de enero, y se dirigió hacia su cuarto de escribir para
comenzar las actividades del día. En esa oportunidad escribió
lo siguiente:
"Esta es una mañana muy fría. Encendí fuego.
Me postré en oración delante del Señor. Hay
tantas cosas que me preocupan. Le pedí al Señor Jesús
que me dirigiera, que me guiara. ¡Qué escribiré con
mi pluma esta mañana!...
"Necesito que el Gran Guía controle mi mente. Que me muestre
lo que debo escribir primero con mi pluma... ¡Oh, cómo siento
que necesito la dirección del Espíritu Santo!" (Manuscrito
173, 1905).
En esta ocasión se encontraba cómodamente en su sala
de escribir en el extremo oriental del segundo piso de su casa de Elmshaven,
California, conocida por tantos adventistas. Esa mañana el
Espíritu Santo guió su mente primero hacia los alumnos del
Colegio de Oakwood, para quienes ella escribió un mensaje de ánimo
de cuatro páginas. En los años anteriores había
escrito en diversos lugares, tales como su casa "Sunnyside" en Cooranbong,
en Australia; su departamento del segundo piso de la Casa Editora Central
en Basilea, Suiza; en su casa de Healdsburg, cerca del Colegio del Pacífico,
en el norte de California; y en su casa de Battle Creek, Míchigan.
En los primeros años que pasó en Battle Creek, cuando su
casa era pequeña y con frecuencia estaba llena de niños y
visitantes, ella acostumbraba escribir en un rincón de la biblioteca
de la Review and Herald. 7
También escribía mientras viajaba en tren, en barco o
en coche tirado por caballos. Al final de este libro se da una corta
relación histórica de sus actividades y viajes con el fin
de ubicar al lector en el caso de diversas lecturas.
Temprano en su ministerio, Elena de White decidió incluir consejos
personales en sus libros publicados, debido a las "advertencias e instrucciones"
que se aplicaban a una persona determinada, pero que con frecuencia
contenían principios y consejos que podían muy bien aplicarse
a otros (véase Testimonies for the Church, tomo 5, pp. 658, 659).
No recibió luz para cada una de las personas necesitadas de consejo.
En 1905, a la edad de 77 años, al aproximarse al final de los
años en que mantuvo una abundante correspondencia, escribió:
"Por la gracia de Dios estoy tratando de escribir cartas que serán
una ayuda, no solamente para sus destinatarios, sino además para
muchas otras personas que también las necesitan" (Carta 79, 1905).
Esas cartas podían contener únicamente un mensaje importante
para las personas a quienes se dirigían; o bien, si habían
sido escritas a familiares, podían contener noticias personales
o de la familia, tanto como verdades espirituales basadas en las muchas
visiones recibidas a través de los años. El contenido
de este interesante libro está constituido por selecciones tomadas
entre los miles de cartas guardadas en los archivos de la correspondencia
de Elena G. de White. Algunas son cartas escritas a presidentes de
la Asociación General, en cambio otras fueron enviadas a dirigentes
de asociaciones locales. Una de las cartas se refiere a una madre
atormentada. Hay también cartas dirigidas a gerentes de sanatorios,
a médicos, a personas asediadas por la tentación, y a ancianos
ya jubilados. Hay cartas para los dirigentes y redactores de la Review
and Herald. Hasta hay cartas escritas a sus propios hijos, quienes,
como cualquier adventista, necesitaban consejo y ánimo. Finalmente,
hay una cantidad de cartas dirigidas a obreras y a esposas de obreros.
El material de este libro contiene, además, extractos de manuscritos
generales escritos para hacer frente a diversas situaciones, y también
de los diarios de la Sra. de White. Este material abunda en lecciones
espirituales, en ánimo y en consejo. Cientos de sermones se
tomaron taquigráficamente y hoy se encuentran en los archivos de
los manuscritos de E. G. de White. Todos estos escritos constituyen
una fuente abundante de la que se han extraído las lecturas que
aparecen en esta obra.
Con el fin de introducir variedad se han tomado algunos trozos de los
escritos de Elena G. de White publicados en la Review and Herald y en Signs
of the Times a través de un período de más de sesenta
años.
Al final de cada lectura aparece la fuente de la que se ha tomado,
que incluye el archivo donde se encuentra, y el nombre, la posición
y la residencia de la persona a quien se dirigió. En el caso
de sermones y manuscritos, se incluye el título y la fecha cuando
se presentó. Antes de leer el mensaje, no está de más
consultar esta referencia al final del 8 mismo para saber en qué
circunstancia se escribió. Si una persona a quien se dirige una
carta tuvo diferentes cargos a través de los años, se la
identifica mediante el que tenía en el momento cuando Elena G. de
White le escribió.
Cuando la Sra. White decidía publicar un mensaje que era de
índole muy personal o confidencial, tenía buen cuidado de
proteger la identidad de la persona a quien lo había dirigido, no
publicando su nombre. Continuando con esta práctica, en unos pocos
casos no hemos usado nombres en este libro. Sin embargo, en todos los demás
casos hemos incluido los nombres y los lugares geográficos, porque
ayudan a comprender mejor el consejo dado. Lo que acaba de decirse proporciona
información incidental que de otra manera no se hubiera tenido,
y ayuda a convertir este libro devocional en una rica fuente de consejos
para personas de todas las edades.
Algunos nombres aparecen con frecuencia, tales como Dr. J. H. Kellogg,
director médico del Sanatorio de Battle Creek; pastores G. I. Butler
y A. G. Daniells, presidentes de la Asociación General; G. B. Starr,
evangelista y capellán del sanatorio; J. A. Burden, gerente del
sanatorio en Australia y California; y W. C. White, quien asistió
a su madre y ocupó diversos cargos directivos en la iglesia.
Varias cartas están dirigidas a su otro hijo, Edson White, o a Edson
y Emma de White, después de su casamiento en 1870. Algunos
mensajes escogidos para recién casados los escribió para
Edson y Emma en los primeros años de su vida matrimonial.
Edson fue gerente de casa editora, autor de himnos, dirigente de escuela
sabática, y finalmente misionero pionero entre la gente de color
en el sur de los Estados Unidos.
En tres o cuatro casos se ha hecho un arreglo de los párrafos
para que la selección concluya con un tono positivo. Fuera
de esto, los párrafos aparecen en el mismo orden en que Elena G.
de White los escribió originalmente.
Es nuestra oración que el libro Cada día con Dios ayude
al lector a hacer frente a cada día con mayor gratitud hacia Dios
que lo colma de su gracia, y con la renovada determinación de vivir
en armonía con su voluntad para que todos podamos estar con los
redimidos en el mar de vidrio en el cielo.
Los Fideicomisarios de la Corporación Editorial Elena G. de
White 9
There have been Thanks!!
Welcome!
¡CRISTO TRIUNFANTE!AÑO
2001 ¡MARANATA: EL SEÑOR VIENE!
AÑO 2000
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Christian Gutiérrez
Última actualización 26 de
Diciembre 2,001