Privilegio conyugal, el Feliz sábado y la Cena del Señor

 

Antes de examinar éste artículo quiero aclarar algo: no soy dueño de la verdad, ésta es solo una reflexión. No soy machista y creo en la igualdad de oportunidades y que ambos somos iguales de hacer las mismas cosas y de hecho hay muchas cosas que las mujeres hacen mejor que los hombres.

 

Todo énfasis suplido a menos de que se indique lo contrario.


¿Cuántas veces hemos vista a una pareja de ancianos caminando tomados de las manos? A mi mente vienen muchos pensamientos. Algunos como:  “¡Que lindos!”, “¿Cómo lo lograron?”, “Ojalá yo lo logre también.” E imaginado casándome y llegar a ancianitos como el que hemos visto y nos proponemos en nuestro corazón: “Con la ayuda de Di-s lo lograré.”

Cuando una pareja hace planes y se compromete en el sagrado vinculo del matrimonio, las ilusiones y esperanzas están al máximo de las expectativas.

Pensamos: “A otros les ha ido mal, pero a nosotros no”. Y eso es bueno, porque se tiene una perspectiva que todo irá bien.

Se comienzan a hacer los preparativos de la fiesta, los invitados, etc.

Pero muchas veces los novios no se conocen bien – alguien dirá con razón, nadie termina de conocer a nadie – bueno dejémoslo en lo suficiente como para vivir bajo un mismo techo durante TODA la vida.

Muchas parejas van al matrimonio en nuestras iglesias sin recibir ni una charla matrimonial de parte de los hermanos de más experiencia en la iglesia.

La iglesia está compuesta por familias. La sociedad está compuesta por familias. Pero en la iglesia observamos separaciones, divorcios e infidelidades casi como en el mundo secular.  Vemos familias que no se sientan juntas en los servicios de la iglesia. Esposos que se sientan en lugares diferentes y los hijos en otros lugares también.

Aquello que alguien dijo en algún lugar: y los dos serán una sola carne;  así que no son ya más dos,  sino uno.” (Mar 10:8 ) ¿Adonde está? A la hora de tomar decisiones cada quién la toma por su lado. Y lo de “yo también trabajo y aporto con dinero a esta casa, así que yo decido también”. 

Cuando se escucha aquello de: “¿Y quién eres tú para decirme que hacer?” , de parte de cualquiera de los cónyuges.

¿Y que cuando uno de los padres da  instrucción a los hijos y el otro padre la desaprueba a espalda del otro padre?

 

Ahora la moda es decir que aquello que la Escritura dice de: “(Efesios 5:23)  porque el marido es cabeza de la mujer,  así como Cristo es cabeza de la iglesia,  la cual es su cuerpo,  y él es su Salvador.”, está pasada de moda.  Y cuando de lee este verso: “(Eph 5:24)  Así que,  como la iglesia está sujeta a Cristo,  así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.” Se miran muchos ceños fruncidos, caras largas y si pudieses escuchar las mentes nos daríamos cuenta de más pensamientos.

 

Comienzan los argumentos de parte de las damas cristianas: Qué eso era para otros tiempos,  la Biblia fue escrita por hombres, eso no es así como se lee, etc.

 

Los principios bíblicos no son abolidos por el tiempo. La Biblia da clara instrucciones para que los esposos no abusen ni de sus esposas ni de sus hijos.

 

A los maridos: “(Efesios 5:25)  Maridos,  amad a vuestras mujeres,  así como Cristo amó a la iglesia,  y se entregó a sí mismo por ella,”

(Efesios 5:31)  “Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre,  y se unirá a su mujer,  y los dos serán una sola carne.”

 

Pero la mayoría de nuestras hermanas dicen que no creen en eso, o por lo menos asienten creerlo. Pero en la práctica es el conflicto de los siglos.

 

Alguien escribió: “A Eva se le habló de la tristeza y los dolores que sufriría.  Y el Señor dijo: "A tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti." En la creación Dios la había hecho igual a Adán.  Si hubiesen permanecido obedientes a Dios, en concordancia con su gran ley de amor, siempre hubieran estado en mutua armonía; pero el pecado había traído discordia, y ahora la unión y la armonía podían mantenerse sólo mediante la sumisión del uno o del otro.  Eva había sido la primera en pecar, había caído en tentación por haberse separado de su compañero, contrariando la instrucción divina.  Adán pecó a sus instancias, y ahora ella fue puesta en sujeción a su marido.  Si los principios prescritos por la ley de Dios hubieran sido apreciados por la humanidad caída, esta sentencia, aunque era consecuencia del pecado, hubiera resultado en bendición para ellos; pero el abuso de parte del hombre de la supremacía que se le dio, a menudo ha hecho muy amarga la suerte de la mujer y ha convertido su vida en una carga.” Ellen White escribe en Patriarcas y Profetas Página 42.

 

“En la creación Dios la había hecho igual a Adán.” Es claro y evidente que ninguno estaba sujeto al otro. Nadie tenía ningún tipo de autoridad sobre nadie. O para ir de acorde con el lenguaje de estos tiempos: los dos tenían el mismo rol.  Pero debido a que nuestra primera madre Eva cayó primero e hizo caer a nuestro primer padre Adán, Di-s la sujetó a su marido.

 

Elena White (Ellen White) reflexiona y dice que “Los ángeles habían prevenido a Eva que tuviese cuidado de no separarse de su esposo mientras éste estaba ocupado en su trabajo cotidiano en el huerto; estando con él correría menos peligro de caer en tentación que estando sola.  ” Patriarcas y Profetas Página 36.

 

El separarse de su marido fue uno de los problemas que Eva tenía.

“Pero distraída en sus agradables labores, inconscientemente se alejó del lado de su esposo.” Patriarcas y Profetas Página 36.



No es que se separó a propósito. No es que estaba de holgazana, no.  “Inconscientemente” casi sin darse cuenta. No es que nuestra primera madre fuera tonta. Ni que las mujeres de hoy en día lo sean. Ocupada haciendo el bien, buenas cosas, casi no se dio cuenta de que se alejaba de su Adán.

 

Hoy en día muchas de las Evas modernas ni cuenta se dan que se alejan de sus modernos Adanes (claro no somos tan lindos como lo pudo haber sido nuestro padre Adán), no se dan cuenta o  “inconscientemente” olvidan que están sujetas a sus esposos. Y comienzan los problemas: Muchas Evas actúan como que fueran solteras siempre. Les falta respeto a sus esposos en público y en privado. No escuchan a las peticiones de sus esposos.

 

Si esto es en el círculo íntimo del hogar, ¿Qué será en la iglesia?

Los hijos crecen viendo como la madre desobedece sistemáticamente al papá. ¿Qué imagen tendrán estos pequeños de lo que es la relación esposo-esposa? Y así como la vieron en casa la repetirán cuando les toque formar sus propios hogares.

Pero la cita principal termina diciendo: “…Pero el abuso de parte del hombre de la supremacía que se le dio, a menudo ha hecho muy amarga la suerte de la mujer y ha convertido su vida en una carga.” Ellen White escribe en Patriarcas y Profetas Página 42.

Por eso las Escrituras nos amonesta con amor: “(Efesios 5:25)  Maridos,  amad a vuestras mujeres,  así como Cristo amó a la iglesia,  y se entregó a sí mismo por ella,”

 

Los razonamientos de parte de muchas hermanas van desde el escepticismo hasta la rebeldía. 

¿Cuantos “golpes” no se han llevado los hogares por el hecho de ignorar este principio de sujeción de uno hacia el otro?

Ahora la “sujeción” es por amor. No es una esclavitud. No es un calvario, porque un hombre en el temor del Señor no aprovechará esto para oprimir a su esposa.

 

Otro de los principios violados que daña muchos matrimonios es que los esposos se niegan sexualmente el uno al otro como medio de castigo

(1Co 7:3)  El marido cumpla con la mujer el deber conyugal,  y asimismo la mujer con el marido.

(1Co 7:5)  No os neguéis el uno al otro,  a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento,  para ocuparos sosegadamente en la oración;  y volved a juntaros en uno,  para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.

     Muchas hermanas o hermanos argumentarán con justa razón: Es que tenemos problemas. Entonces aplicamos el otro principio bíblico: “(Efesios 4:26)  Airaos,  pero no pequéis;  no se ponga el sol sobre vuestro enojo,” O sea que antes de ir a dormir la pareja debió de haber solucionado sus problemas. Pero usar el privilegio conyugal como arma para lograr nuestros objetivos, no está dentro de los parámetros bíblicos. O esperar que unos de los cónyuges se “anime” y luego decirle que no tendrá el privilegio conyugal ese día porque no hizo esto o lo otro. ¡Eso llega al extremo de la crueldad!

 

Tristemente  esa es la situación de muchas parejas de nuestras iglesias.  Violan sus derechos unos a otros y a la hora de recibir el día Sábado ignoramos que ese día tiene un espíritu con el cual lo debemos de recibir. Esposos en desacuerdo, hijos molestos con sus padres, hermanos disgustados unos con otros. Conyugues que solo conocen dos método para hacer las cosas: como  quiere o como se dice. Luego se canta y se ora juntos para recibir el sábado, sin haberse perdonado ni solucionado los problemas.

 

    ¿Y qué decir cuando se recibe la cena del Señor?  En el rito de humildad nos lavamos los pies con nuestros amigos. ¿Pero que tal con el hermano que estamos enemistados? ¿Qué tal si antes de tomar los símbolos del cuerpo y sangre de nuestro Señor se arreglan las diferencias entre esposos? Tristemente el corazón humano cuando se llena de orgullo actúa de maneras insospechadas.  Muchas veces sabemos que tenemos serios problemas y que no debemos de tomar los símbolos, pero para que los hermanos no digan “que ando mal” tomo los símbolos indignamente. “Porque el que come y bebe indignamente,  sin discernir el cuerpo del Señor,  juicio come y bebe para sí.”  (1Co 11:29)  

 

Hermanos, Amigos, no piensas que antes de llevar nuestra ofrenda – no hablo de dinero, que el orín y polilla corrompen – ¿No dice la Biblia que primero arreglemos con nuestro hermano? (Mat 5:23)  Por tanto,  si traes tu ofrenda al altar,  y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti,
 (Mat 5:24) 
deja allí tu ofrenda delante del altar,  y anda,  reconcíliate primero con tu hermano,  y entonces ven y presenta tu ofrenda.

 Pero tenemos problemas en el matrimonio, tenemos problemas con hermanos de la iglesia, tenemos problemas con “Mundo y Raimundo”, ¿Qué será de nosotros?

 Muchas veces nos puede pasar como la moneda de la parábola de moneda perdida (Lucas 15:8) La moneda no se da ni cuenta que está perdida, es valiosa en sí misma, pero perdida. La oveja de la parábola perdida, la oveja sabía que estaba perdida pero no sabía el camino a casa.

 

Queridos hermanos: todos necesitamos del Buen Pastor para que nos encuentre.

 “Antes de la Pascua, Judas se había encontrado por segunda vez con los sacerdotes y escribas, y había cerrado el contrato de entregar a Jesús en sus manos.  Sin embargo, más tarde se mezcló con los discípulos como si fuese inocente de todo mal, y se interesó en la ejecución de los preparativos para la fiesta.  Los discípulos no sabían nada del propósito de Judas.  Sólo Jesús podía leer su secreto.  Sin embargo, no le desenmascaró, Jesús sentía anhelo por su alma.  Sentía por él tanta preocupación como por Jerusalén cuando lloró sobre la ciudad condenada.  Su corazón clamaba: "¿Cómo tengo de dejarte?"  El poder constrictivo de aquel amor fue sentido por Judas.  Mientras las manos del Salvador estaban bañando aquellos pies contaminados y secándolos con la toalla, el impulso de confesar entonces y allí mismo su pecado conmovió intensamente el corazón de Judas.  Pero no quiso humillarse.  Endureció su corazón contra el arrepentimiento; y los antiguos impulsos, puestos a un lado por el momento, volvieron a dominarle.  Judas se ofendió entonces por el acto de Cristo de lavar los pies de sus discípulos.  Si Jesús podía humillarse de tal manera, pensaba, no podía ser el rey de Israel.  Eso destruía toda esperanza de honores mundanales en un reino temporal.  Judas quedó convencido de que no había nada que ganar siguiendo a Cristo.  Después de verle degradarse a sí mismo, como pensaba, se confirmó en su propósito de negarle y de confesarse engañado.  Fue poseído por un demonio, y resolvió completar la obra que había convenido hacer: entregar a su Señor.” El Deseado de Todas las Gentes, Pág. 602.

 

Muchas veces somos constreñidos a arreglar nuestros problemas matrimoniales – si es que existe – pero así como Judas, preferimos desatender los llamados del Señor.

 

Y aun así pretendemos recibir el sábado y cantar y decir a nuestros cónyuges: “Feliz Sábado.”

 

 

Que tengas un feliz sábado.


Lecturas relacionadas:
Relacionado: Sermones

¿Mujer libre o la esclava?
El Espíritu del sábado.

Los cinco lenguajes del amor

¿Cómo está la salud de su matrimonio?

Como enfrentar las desilusiones en el matrimonio.

Los fundadores del hogar.

El Casamiento de Isaac

 

Separación y razones para el divorcio.
La cabeza del hogar
La influencia del hogar
Yo me casé con un alcohólico