
2 Timoteo 1:7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.
2 San Pedro Apóstol 1:5-6 vosotros también, poniendo
toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la
virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio
propio, paciencia; a la paciencia, piedad;
229*.Adán y Eva en el Edén eran de noble estatura, y perfectos
en simetría y belleza. Eran sin pecado, y tenían perfecta
salud. ¡Qué contraste con la raza humana actual! La
belleza ha desaparecido. La perfecta salud es desconocida. Doquiera
que miremos vemos enfermedad, deformidad e imbecilidad. He averiguado
las causas de esta sorprendente degeneración, y se me señaló
el Edén. La hermosa Eva fue seducida por la serpiente a comer
de la fruta del único árbol del cual Dios les había
prohibido comer, o aun tocar, para no morir.
Eva tenía todo lo que podía hacerla feliz. Estaba
rodeada de frutas de toda variedad. Sin embargo el fruto del árbol
prohibido apareció más deseable a sus ojos que el fruto de
todos los otros árboles del huerto de los cuales podía comer
libremente. Fue intemperante en sus deseos. Comió, y
por su influencia, su esposo también comió, y una maldición
descansó sobre ambos. La tierra también fue maldecida
a causa del pecado de ellos. Y desde la caída, ha existido
la intemperancia en casi todas sus formas. El apetito ha dominado
la razón. La familia humana ha seguido una conducta de desobediencia,
y como Eva, ha sido engañada por Satanás para descuidar las
prohibiciones que Dios ha establecido, haciéndose la ilusión
de que las consecuencias no serían tan terribles como se había
creído. La familia humana a violado las leyes de la salud, y ha
ido a los excesos en casi todo. La enfermedad ha estado aumentado
firmemente. La causa ha sido seguida por el efecto.
Consejos sobre el régimen alimenticio, Pág. 171-172
Jesús, sentado en el monte de los Olivos, dio instrucciones a sus discípulos concernientes a las señales que precederían a su venida: "Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre" (Mat. 24:37-39). Los mismos pecados que trajeron los juicios sobre el mundo de los días de Noé, existen en nuestro tiempo. Los hombres y las mujeres llevan hoy su comer y beber tan lejos que degenera en glotonería y embriaguez. Este pecado prevaleciente, la complacencia de un apetito pervertido, inflamó las pasiones de los hombres en los días de Noé, y produjo una corrupción generalizada. La violencia y el pecado alcanzaron hasta el cielo. Esta corrupción moral fue finalmente eliminada de la tierra por medio del diluvio. Los mismos pecados de glotonería y embriaguez entenebrecieron las sensibilidades morales de los habitantes de Sodoma, de manera que el crimen parecía ser la delicia de hombres y mujeres en aquella ciudad malvada. Jesús amonesta así al mundo: "Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del hombre se manifieste" (Luc. 17:28-30). (1890) C.H. 23, 24 Consejos sobre el régimen alimenticio, Pág. 173
254*.Es imposible que cualquiera disfrute de la bendición de
la santificación mientras sea egoísta y glotón. Los
que tal hacen gimen bajo una carga de enfermedades debido los malos
hábitos en el comer y beber, que hacen violencia a las leyes de
la vida y la salud. Muchos están debilitando sus órganos
digestivos al complacer un apetito pervertido. El poder que tiene
la constitución humana de resistir los abusos que se cometen con
ella es admirable; pero los hábitos erróneos persistentes
que consisten en comer y beber en exceso debilitarán toda función
del cuerpo. Que estas personas débiles consideren lo que podrían
haber sido si hubieran vivido en forma temperante, y promovido la salud
en lugar del abuso. En la gratificación del apetito y la pasión
pervertidos, aun los profesos cristianos incapacitan a la naturaleza en
su obra, y aminoran el poder físico, mental y moral. Algunos
que lo están haciendo, pretenden estar santificados para Dios; pero
tal pretensión no tiene fundamento...
R. & H., enero 25 de 1881
Por el poder de la voluntad y la gracia de Dios
259*.Por medio del apetito, Satanás gobierna la mente y el ser
entero. Millares que podrían haber vivido, han ido a
la tumba como náufragos físicos, mentales y morales, porque
sacrificaron todas sus facultades en la complacencia del apetito.
La necesidad de que los hombres de esta generación llamen
en su auxilio el poder de la voluntad, fortalecido por la gracia de Dios,
a fin de soportar las tentaciones 199 de Satanás, y resistir
hasta la menor complacencia del apetito pervertido, es mucho mayor de lo
que era hace varias generaciones. Pero la actual generación
tiene menos poder de dominio propio que los que vivieron entonces.
260*. Pocos tienen la fibra moral para resistir la tentación,
especialmente del apetito, y para practicar la negación de sí
mismos. A algunos les resulta una tentación demasiado fuerte
para ser resistida el ver a otros tomar la tercera comida; e imaginan que
están con hambre, cuando la sensación no es un llamado del
estómago de que se le dé más alimento, sino un deseo
de la mente que no ha sido fortificada con los principios firmes, y disciplinada
para negarse a sí mima. Los muros del dominio propio y de
la restricción de sí mismo no deben en ningún caso
ser debilitados y desmoronados. Pablo, el apóstol de los gentiles,
dice: "Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que
habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado" (1 Cor.
9:27).
Los que no vencen en las cosas pequeñas, no tendrán poder
moral para soportar las grandes tentaciones.
261*. Fijaos con cuidado en vuestra alimentación.
Estudiad las causas y sus efectos. Cultivad el dominio propio.
Someted vuestros apetitos a la razón. No maltratéis
vuestro estómago recargándolo de alimento; pero no os privéis
tampoco de la comida sana y sabrosa que necesitáis para conservar
la salud.
262* . En nuestro trato con los incrédulos, no permitamos que
nos desvíen de los principios correctos. Al sentarnos a sus
mesas, comamos con templanza, y únicamente alimentos que no confundan
nuestra mente. Evitemos la intemperancia.
No podemos debilitar nuestras facultades mentales o físicas,
e incapacitarnos para discernir las cosas espirituales. Mantengamos
nuestra mente en tal condición que Dios pueda inculcarle las preciosas
verdades de su Palabra.
Consejos sobre el régimen alimenticio Págs. 199-200.