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EL AIRE


Aire Sol  Abstinencia Descanso Ejercicio Regimen Alimenticio Agua Confianza en Dios  Índice Home

Atmósfera, mezcla de gases que rodea un objeto celeste (como la Tierra) cuando éste cuenta con un campo gravitatorio suficiente para impedir que escapen. La atmósfera terrestre está constituida principalmente por nitrógeno (78%) y oxígeno (21%). El 1% restante lo forman el argón (0,9%), el dióxido de carbono (0,03%), distintas proporciones de vapor de agua, y trazas de hidrógeno, ozono, metano, monóxido de carbono, helio, neón, kriptón y xenón.



La ayuda del aire puro

159*. La influencia del aire puro y fresco hace que la sangre circule en forma saludable por el organismo.  Refresca el cuerpo, y tiende a fortalecerlo y a hacerlo saludable, mientras que al mismo tiempo su influencia se siente en forma definida en la mente, pues imparte cierto grado de compostura y serenidad.  Excita el apetito, y hace que la digestión sea más perfecta, induciendo un sueño sano y dulce.

160*. Hay que conceder a los pulmones la mayor libertad posible.  Su capacidad se desarrolla mediante el libre funcionamiento; pero disminuye si se los tiene apretados y comprimidos.  De ahí los malos efectos de la costumbre tan común, principalmente en las ocupaciones sedentarias, de encorvarse al trabajar.  En esta posición es imposible respirar hondamente.  La respiración superficial se vuelve pronto un hábito, y los pulmones pierden la facultad de dilatarse.  Se produce un efecto semejante al apretarse el corsé. . .
Así se recibe una cantidad insuficiente de oxígeno.  La sangre se mueve perezosamente.  Los productos tóxicos del desgaste, que deberían ser eliminados por la respiración, quedan dentro del cuerpo y corrompen la sangre.  No sólo los pulmones, sino el estómago, el hígado y el cerebro quedan afectados.  La piel se pone cetrina, la digestión se retarda, se deprime el corazón, se anubla el cerebro, los pensamientos se vuelven confusos, se entenebrece el espíritu, y el organismo entero queda deprimido e inactivo y particularmente expuesto a la enfermedad. Consejos sobre el régimen alimenticio, Pág. 123-124

El aire como remedio.

Los médicos y los enfermeros deben animar a sus pacientes a pasar mucho tiempo al aire libre, que es el único remedio que necesitan muchos enfermos.  Tiene un poder admirable para 203 curar las enfermedades causadas por la agitación y los excesos de la vida moderna, que debilita y aniquila las fuerzas del cuerpo, la mente y el alma.
Para los enfermos cansados de la vida en la ciudad, del deslumbramiento de tantas luces y del ruido de las calles, ¡cuán grata será la calma y la libertad del campo! ¡Con cuánto anhelo contemplarían las escenas de la naturaleza! ¡Qué placer les daría sentarse al aire libre, gozar del sol y respirar la fragancia de árboles y flores! Hay propiedades vivificantes en el bálsamo del pino, en la fragancia del cedro y del abeto, y otros árboles tienen también propiedades que restauran la salud. Ministerio de Curación. Pág. 203

El alma necesita alimento, y a fin de conseguirlo, debe estudiarse la Palabra de Dios. . Para curar la enfermedad es esencial inspirar aire puro.  Y no es menos esencial que la atmósfera que respiramos en la vida espiritual sea pura.  Esto es imprescindible para el crecimiento saludable en la gracia.  Respiren la atmósfera pura que produce pensamientos puros y palabras nobles.  Escojan asociarse con los cristianos.  El cristiano no tendrá salud espiritual a menos que sea cuidadoso con respecto a sus compañías. . . Alza tus ojos Pág. 173.

Madres, dejad a los pequeñuelos jugar al aire libre; dejadlos escuchar los cantos de las aves, y aprender del amor de Dios según se expresa en sus hermosas obras.  Enseñadles lecciones sencillas del libro de la naturaleza y de las cosas que los rodean; y a medida que sus mentes se expandan podrán añadirse las lecciones de los libros, y grabarse firmemente en su memoria. (Consejos para los Maestros, pág 112)

Si Dios fue tan exigente que ordena la limpieza en el viaje por el desierto, cuando estaban continuamente al aire libre, no requiere menos de nosotros que vivimos en casas cerradas, donde las impurezas se ven mejor y tienen una mayor influencia sobre la salud (Counsels on Health. pág. 82).

Cualquier forma de desaseo fomenta la enfermedad. Los gérmenes mortíferos abundan en los rincones oscuros y descuidados, en los desechos pútridos, en la humedad y el moho. No se toleren cerca de la casa los desperdicios de verduras ni los montones de hojas caídas que se pudren y vician el aire. No debe haber tampoco dentro de la casa cosas sucias  o descompuestas. En ciudades consideradas completamente sanas, más de una epidemia de fiebre se debió a sustancias pútridas toleradas alrededor de la casa de algún propietario negligente.
La limpieza perfecta, la abundancia de sol, la cuidadosa atención a las condiciones sanitarias de todo detalle de la vida doméstica, son esenciales para librarse de las enfermedades y para alegrar y vigorizar a los que vivan en la casa (El Ministerio de Curación, pág. 210).

La madre debiera ser la maestra y el hogar la escuela donde cada niño reciba sus primeras lecciones, y esas lecciones debieran incluir hábitos de laboriosidad.  Madres, permitid que los pequeños jueguen al aire libre; permitidles que escuchen los cantos de los pajarillos y conozcan el amor de Dios tal como se expresa en sus bellas obras.  Enseñadles sencillas lecciones del libro de la naturaleza y de las cosas que los rodean, y a medida que sus mentes se expandan, pueden añadirse lecciones de los libros y pueden fijarse firmemente en la memoria.  Pero aprendan también a ser útiles, aun en sus años más precoces.  Enseñadles a pensar que, como miembros del hogar, han de realizar su parte con interés y espíritu de ayuda, compartiendo las tareas domésticas y buscando el ejercicio saludable en la realización de los deberes necesarios del hogar (Fundamentals of Christian Education, págs. 416, 417).

A fin de que los niños y los jóvenes tengan salud, alegría, vivacidad y músculos y cerebros bien desarrollados, deben estar mucho al aire libre, tener trabajo y recreación bien regulados (Consejos para los Maestros, pág. 66).

Los niños deben ocupar bien su tiempo.  La debida labor mental y el ejercicio físico al aire libre no quebrantarán el organismo de vuestros muchachos.  El trabajo útil y el conocimiento de los secretos del trabajo doméstico serán de beneficio para vuestras niñas y alguna ocupación al aire libre es positivamente necesaria para su organismo y salud (Testimonies, tomo 4, pág. 97).

Buscad la ayuda del poder de la voluntad, que resistirá al frío y dará energía al sistema nervioso.  Después de un corto tiempo, os daréis cuenta del beneficio del ejercicio y del aire puro hasta el punto de que no viviríais sin esas bendiciones.  Vuestros pulmones, desprovistos de aire, serán como una persona hambrienta desprovista de alimento.  Ciertamente, podemos vivir más tiempo sin comida que sin aire, que es el alimento que Dios ha provisto para los pulmones (Testimonies, tomo 4, pág.. 533).

No se debiera permitir que los estudiantes sigan tantos estudios hasta el punto de que no tengan tiempo para el ejercicio físico.  No se puede conservar la salud a menos de que se dedique una parte de cada día al ejercicio muscular al aire libre.  Debieran dedicarse horas previamente señaladas para un trabajo manual de alguna clase, algo que ponga en actividad todo el organismo.  Empléense por igual las facultades mentales y físicas, y la mente del alumno será refrigerada.  Si está enfermo, con frecuencia el ejercicio físico le ayudará a recobrar la normalidad.  Cuando los estudiantes salen del colegio, debieran tener mejor salud y una mejor comprensión de las leyes de la vida que cuando entraron en él.  Debiera preservarse la salud tan sagradamente como el carácter (Christian Temperance and Bible Hygiene, págs. 82, 83),

El estudiante de fisiología debería aprender que el  objeto de su estudio no es meramente la obtención de un conocimiento de hechos y principios.  Este sólo daría poco beneficio.  Puede ser que comprenda la importancia de la ventilación; su pieza puede tener aire puro, pero a menos que llene debidamente sus pulmones, sufrirá los resultados de una respiración imperfecta.  Debe comprenderse, pues, la necesidad de la limpieza, y proveerse las facilidades necesarias, pero todo será inútil a menos que sea puesto en práctica.  El gran requisito en la enseñanza de estos principios, es impresionar al alumno con su importancia, de modo que los ponga escrupulosamente en práctica (La Educación, pág, 196).

Haría una insensatez muy grande si entrara en una habitación fría habiendo transpirado; sería un mayordomo insensato si me sentara en una corriente de aire, y así me expusiera a resfriarme.  Sería insensato si me sentara con los pies y los miembros fríos y así congestionara el cerebro y los otros órganos internos con la sangre de las extremidades.  Siempre debiera proteger mis pies en tiempo húmedo.  Debiera comer regularmente de los alimentos más saludables que me proporcionarán la mejor calidad de sangre, y no debiera trabajar con intemperancia, si es que puedo evitarlo.  Y cuando viole las leyes que Dios ha establecido en mi ser, debo arrepentirme y reformarme, y colocarme en la condición más favorable bajo el cuidado de los médicos que Dios ha provisto: el aire puro, el agua pura y la preciosa y curativa luz solar (Medical Ministry, pág. 230).

El vestido debiera ser holgado, sin que obstruya la circulación de la sangre ni la respiración libre, plena y natural.  Los pies debieran estar protegidos adecuadamente del frío y la humedad.  Con esta vestimenta, podemos hacer ejercicio al aire libre, aun con el rocío de la mañana o de la noche, o después de una lluvia o nevada, sin temor de resfriarnos (Christian Temperance and Bible Hygiene, págs. 89, 90).

Los padres pueden llevar a sus hijos al aire libre para contemplar a Dios en la naturaleza.  Pueden señalar a las flores en capullo y a los capullos abiertos, los elevados árboles y las bellas briznas de hierba, y enseñar que Dios hizo todas estas cosas en seis días y descansó en el séptimo día y lo bendijo.  En esa forma, los padres pueden dedicarse con afán a instruir a sus hijos, de modo que cuando ellos contemplen las cosas de la naturaleza, recuerden al gran Creador de todas ellas.  Sus pensamientos serán elevados al 506 Dios de la naturaleza, llevados a la creación de nuestro mundo cuando se establecieron los fundamentos del sábado y todos los hijos de Dios clamaron de gozo.  Tales son las lecciones que han de impresionarse en la mente de nuestros hijos.

No hemos de enseñar a nuestros hijos que no deben ser felices durante el sábado, que es un error salir a dar un paseo al aire libre.  Oh, no.  Cristo condujo a sus discípulos a la orilla del lago durante el sábado y les enseñó.  Sus sermones sabáticos no siempre fueron predicados entre cuatro paredes (Manuscrito 3, 1879).

Enseñad a los niños a ver a Cristo en la naturaleza.  Sacadlos al aire libre, bajo los nobles árboles del huerto; y en todas las cosas maravillosas de la creación enseñadles a ver una expresión de su amor.  Enseñadles que él hizo las leyes que gobiernan todas las cosas vivientes, que él ha hecho leyes para nosotros, y que esas leyes son para nuestra felicidad y nuestro gozo.  No los canséis con largas oraciones y tediosas exhortaciones, sino que por medio de las lecciones objetivas de la naturaleza, enseñadles a obedecer la ley de Dios (El Deseado de Todas las Gentes, pág. 475).

El sistema de educación llevado a cabo desde generaciones ha sido destructor de la salud, y aun de la vida misma.  Muchos tiernos niños han pasado cinco horas diarias en aulas que no estaban debidamente ventiladas, ni eran bastante grandes para acomodar saludablemente a los alumnos.  Así el aire se transforma pronto en veneno para los pulmones que lo inhalan.  Los niñitos, cuyos miembros y músculos no son fuertes, y cuyo cerebro no está desarrollado, han estado encerrados para su perjuicio.  Muchos comienzan la vida con poca resistencia vital, y el estar encerrados día tras día en la escuela los vuelve nerviosos y enfermos.  Su cuerpo queda atrofiado debido al agotamiento de sus nervios. Consejos para Maestros, Pág. 78

Muchos niños han sido arruinados para toda la vida al aguijonear su intelecto y descuidar el fortalecimiento de las facultades físicas.  Muchos han muerto en la infancia por la conducta seguida por padres y maestros poco juiciosos que forzaron sus jóvenes intelectos por la adulación y el temor, cuando eran demasiado jóvenes para estar en un aula de clases.  Recargaron sus mentes con lecciones, cuando no se les debiera haber incitado a estudiarlas, sino impedido que lo hiciesen hasta que su constitución física fuese lo bastante fuerte para el esfuerzo mental.  Los niños pequeños deben ser dejados sin trabas como los corderos para correr al aire puro, ser libres y felices, y se les deben conceder las oportunidades más favorables para echar el fundamento de una constitución sana. La Educación Pág. 78

La única aula que debieran tener los niños hasta los ocho o diez años, es el aire libre, en medio de las flores que abren sus capullos y las hermosas escenas naturales, y su libro de texto más familiar, los tesoros de la naturaleza.  Estas lecciones, grabadas en su mente en medio de las escenas agradables y atrayentes de la naturaleza, no se olvidarán muy pronto. . .
En la primera educación de los niños, muchos padres y maestros no comprenden que la mayor atención debe darse a la constitución física, a fin de que se pueda asegurar una condición sana del cuerpo y de la mente.  Ha sido costumbre animar a los niños a asistir a la escuela cuando eran simples infantes que necesitaban del cuidado de una madre.  Cuando son de tierna edad, con frecuencia se los apiña en un aula mal ventilada, donde permanecen sentados en malas posiciones sobre bancos mal construidos y, como resultado, se deforma el esqueleto joven y tierno de algunos. Consejos para Maestros Pág. 80

A fin de que los niños y los jóvenes tengan salud, alegría, vivacidad, y músculos y cerebros bien desarrollados, deben estar mucho al aire libre, tener trabajo y recreación bien regulados.  Los niños y los jóvenes a quienes se los mantiene en la escuela, atados a los libros, no pueden tener sana constitución física.  El ejercicio del cerebro en el estudio sin el correspondiente ejercicio físico, tiende a atraer la sangre al cerebro y desequilibra su circulación a través del organismo.  El cerebro tiene demasiada sangre y ésta falta en las extremidades.  Debe haber reglas para regir y 82 limitar los estudios de los niños y los jóvenes a ciertas horas, y luego una parte de su tiempo tiene que dedicarse a la labor física.  Si sus hábitos de comer, vestir y dormir están de acuerdo con la ley natural, pueden educarse sin sacrificar la salud física y mental. . . Consejos para Maestros Pág. 82

Un sinnúmero de mujeres están nerviosas y agobiadas de inquietud porque se privan del aire puro que purificaría la sangre, y de la soltura de movimientos que la haría correr por las venas, dándoles vida, salud y energía.  Muchas 291 mujeres han contraído una invalidez crónica cuando hubieran podido gozar de salud, y muchas han muerto de consunción y otras enfermedades, cuando hubieran podido alcanzar el término natural de su vida, si se hubiese vestido conforme a los principios de la salud, y si hubiesen hecho abundante ejercicio al aire libre. Consejos para los Maestros Pág. 290-291

Las mujeres  faltas de salud pueden mejorar mucho su estado merced a un modo de vestir razonable y al ejercicio.  Vestidas convenientemente, hagan ejercicios al aire libre, primero con mucho cuidado, pero aumentando la cantidad de ejercicio conforme aumente su resistencia.  De este modo muchas podrían recuperar la salud, y vivir para hacer su parte en la obra del mundo   (El hogar y la salud, págs. 68-73 )

Hay modos de recreación que son altamente beneficiosos para la mente y el cuerpo. Una mente ilustrada, discernidora, hallara abundantes medios de entretenerse y divertirse, en fuentes que no sean solamente inocentes, sino instructivas.  La recreación al aire libre, la contemplación de las obras de Dios  en la naturaleza, serán del más alto beneficio (Testimonies for the Church, Tomo 4, págs. 648-653).

A aquellos cuyo empleo sea sedentario o los obligue a estar entre cuatro paredes, el ejercicio al aire libre les resultará benéfico para la salud.  Todos los que puedan hacerlo deben considerar como un deber el seguir esta conducta.  No perderán nada, sino que ganarán mucho.  Podrán volver a sus ocupaciones con nueva vida y valor, para dedicarse a su trabajo con celo, y estarán mejor preparados para resistir las enfermedades (Testimonies for the Church, Tomo 1, págs. 514, 515).

 Para tener buena salud, debemos tener buena sangre, pues la sangre es la corriente de la vida.  Repara los desgastes y nutre el cuerpo.  Provista de los elementos convenientes y purificada y vitalizada por el contacto con el aire puro, da vida y vigor a todas las partes del organismo.  Cuanto más perfecta sea la circulación, mejor cumplida quedará aquella función.
CSRA Pág.  109
 
 



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Websiervo: Christian Gutiérrez
Última actualización 13 de Feb  2,001