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Sistema de siembra de la Soya

Merece destacarse la técnica de siembra directa que se está empleando en la actualidad en Brasil, Argentina y Chile, principalmente, ya que quizá se trate de la mayor revolución agrícola llevada a cabo en el mundo en las últimas décadas.

El sistema comienza con la siembra de un cultivo de invierno que produzca mucha biomasa y tenga capacidad para cubrir toda la superficie, con objeto de que actúe como protector contra la erosión hídrica. Los mejores resultados se han logrado utilizando avena negra como cultivo invernal. La avena se siembra a voleo tan pronto como termina la recolección del cultivo del verano precedente, por lo común en los meses de marzo o abril. Durante mayo, junio y julio se aprovecha como pasto por el ganado. Las deyecciones de los animales contribuyen a aumentar el contenido en materia orgánica del suelo. En agosto se retira el ganado para que la avena se desarrolle lo más posible, y a finales de septiembre o a principios de octubre se siega; inmediatamente después se aplica un herbicida total para facilitar las tareas de siembra.

La capa de biomasa segada se deja sobre la superficie para que se ay descomponiendo de forma natural, controle el desarrollo de las malas hiervas y proteja el suelo de la erosión. Dos o tres días después de aplicar el herbicida, se siembra la soya. Las operaciones mecánicas se reducen drásticamente, ya que desaparecen los métodos convencionales de preparación del terreno. Ello supone, además de una disminución de los problemas de compactación del suelo, un descenso significativo de los costes de producción.

Por otra parte, al poco tiempo de llevar a cabo este tipo de prácticas se observan efectos positivos en el medio ambiente que, por supuesto, benefician al productor: de esta forma se desarrollan especias que ayudan a mantener en equilibrio el ecosistema creado por el cultivo y que habían desaparecido con el método tradicional.

Al recolectar la soya, se instala un triturador de paja en la parte trasera de la cosechadora para facilitar la descomposición de la paja e, indirectamente, la germinación de las semillas de avena que se han de sembrar con posterioridad.

El método se utiliza en más de un millón de hectáreas en el sur de Brasil y en extensiones significativas de Argentina y Chile, y ha supuesto una reducción drástica en la utilización de agroquímicos, la recuperación de los manantiales y los suelos tras años de cultivos extensivos, una disminución en los costes y un aumento en la productividad de los cultivos de verano. La utilidad de este método ha sido ya sobradamente demostrada en diferentes cultivos como la soya, el maíz y el girasol.

Además, pueden emplearse con él técnicas de lucha biológica, como la que se utiliza para el control de la oruga de la soya, una de las mayores plagas que afectan a este cultivo, mediante aplicaciones de Baculovirus gemmatalis.

Malas hierbas de la Soya

Con las modernas técnicas de uso de herbicidas, el control de las malas hierbas en los cultivos de soya ofrece innumerables posibilidades al productor. Los agricultores que prefieren los métodos de cultivo tradicionales tienen a su disposición una amplia gama de productos de eficacia comprobada para controlar la mayor parte de estas malezas.

Cuando se trabaja con técnicas de siembra directa, sólo se aplica el herbicida total, por lo general a base de glifosato, que se utiliza para secar la biomasa producida por el cultivo de invierno y facilitar la siembra.

El glifosato es la materia activa de muchas marcas de herbicidas de post emergencia de las malezas y se caracteriza por la ausencia de efectos residuales, porque no desarrolla una acción selectiva y por ser absorbido por vía foliar, traslocándose lentamente por toda la planta, hasta llegar a los órganos subterráneos. Tras su aplicación, la avena se seca, formando una capa que impide el desarrollo de las malas hierbas hasta que la soya alcanza el tamaño adecuado para sombrear ella misma el suelo, impidiendo así el desarrollo de las especies perjudiciales.

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